“Nano Calderón”, un tipo que fue criado sin conciencia de lo común

¿A qué me refiero? A que, a todas luces, el grupo familiar en cuestión es aquel que enarbola, tal vez sin decirlo, la idea de “con mis hijos no te metas”, sumándole el nefasto “les daremos a nuestros hijos lo que no tuvimos cuando niños nosotros”, lo que sí han dicho públicamente algunos de sus integrantes. ¿No es ese el principal problema? ¿No es esta idea de que, una vez adquirido cierto capital, se puede convertir a los descendientes en la extensión de lo que los padres, para que sean lo que ellos no fueron en su adolescencia?

Por más que para algunos sea un tema menor en lo que a contingencia se refiere, siempre hay factores socioeconómicos y morales que se expresan en casos como el de la familia Calderón Argandoña, que volvió a la palestra debido a que el hijo, Hernán, apodado “Nano”, apuñaló a su padre en la mano por las supuestas insinuaciones que éste le habría hecho a su novia.

Sin detenernos en esto último, es decir el asunto amoroso, cabe preguntarse la razón por la que un sujeto de su edad recurre a estas actitudes, pero también qué puede ser lo que provoca que haga algo como lo que se ha descrito en todos los canales de televisión y en las redes sociales.

La explicación más simple, y a la que se aferran los más conservadores, es que le habría faltado los padres, debido a que estuvieron ausenten por motivos laborales. Siempre la idea de una familia “bien constituida” aflora en discusiones al respecto; pero sería bueno ir más allá y preguntarse si, a lo mejor, es precisamente lo opuesto: la excesiva presencia de estos. O la “presencia ausente”, si es que queremos denominarla de alguna forma.

¿A qué me refiero? A que, a todas luces, el grupo familiar en cuestión es aquel que enarbola, tal vez sin decirlo, la idea de “con mis hijos no te metas”, sumándole el nefasto “les daremos a nuestros hijos lo que no tuvimos cuando niños nosotros”, lo que sí han dicho públicamente algunos de sus integrantes. ¿No es ese el principal problema? ¿No es esta idea de que, una vez adquirido cierto capital, se puede convertir a los descendientes en la extensión de lo que los padres, para que sean lo que ellos no fueron en su adolescencia?  Acá el “aspiracionismo” de los Calderón Argandoña parece un detonante importante en la situación que viven actualmente.

Es cosa de ver la entrevista que se le hizo a Raquel, la madre. Cada vez que podía, ella recalcaba la enfermedad que tendría “Hernancito”, cuestión que no puede ser descartada, pero en ningún momento puede ser motivo para evitar recordar que lo que cometió fue un delito.

En un momento de dicha entrevista, Argandoña dice que le había dicho a Hernán, el padre, que lo más sensato era solucionar el problema entre ellos, con sus propias reglas, y que este tema no fuera a la justicia. ¿No es eso no un problema de “ausencia”, sino de no tratar a quienes criaste como personas con responsabilidades ante la sociedad? Ese es el drama de vivir bajo las reglas propias, una vez que conseguiste el dinero; y de creer que no hay responsabilidades hacia una comunidad, aunque el ataque haya sido al padre.

Es, en definitiva, estar convencido de que, entre ellos, todo se puede solucionar, sin ir a instancias legales que traten al “niño” como un adulto que debe rendir cuentas según la vigente.

Por lo tanto, acá el asunto tiene que ver con construir personas, habitantes de una sociedad, que sean lejanos a esta debido a sus privilegios; la peligrosa convicción de que los criados son objetos propios, algo que escapa de la convivencia en un terreno donde hay más personas. Aquella en la que no hay mayor conciencia del otro afuera de un núcleo de, en este caso, cuatro personas.

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