NAKBA: Tres momentos de la limpieza étnica en Palestina

En otros términos, lo que hoy ocurre en Palestina tiene una historia precisa que concierne al modus operandi colonial impuesto por el Estado de Israel desde su fundación hasta la actualidad. Y es importante atender al hecho de que la lógica de dicha colonización no funciona orientando sus esfuerzos a integrar a la población palestina al interior del imaginario metropolitano como operaban las formas clásicas de colonialismo, sino más bien, excluyendo a la población nativa –la palestina- de sus territorios para volver a poblarlo con nuevos colonos.


Hace no más de un mes la organización Human Rights Watch emitía un informe acerca de las prácticas institucionalizadas por el Estado de Israel en los Territorios Ocupados palestinos. Su conclusión era absolutamente coherente con lo que miles de activistas, intelectuales, organizaciones no gubernamentales y la propia Autoridad Palestina han denunciado por años: Israel es un Estado en el que se ha naturalizado el apartheid y la persecución. Ambos –recalcaba el informe- delitos considerados por el derecho internacional de “crímenes de lesa humanidad”.

El establecimiento de leyes discriminatorias sobre la población palestina, carreteras separadas, revisiones permanentes y arbitrarias de parte del ejército israelí, desposesión permanente de las propiedades palestinas por parte de los colonos judíos configuran, pues, la trama del apartheid y la persecución, en la que el Estado de Israel no solo cumple con el récord de ser el Estado que más veces viola las resoluciones de Naciones Unidas, sino que, en su despliegue colonial no hace más que consumar la limpieza étnica de palestina; proceso iniciado entre 1946 y 1947, pero que cumple, al menos con, tres etapas muy marcadas en el desarrollo de la colonización y que la imaginación palestina llamará bajo el término “nakba” (catástrofe).

En una primera etapa, la limpieza étnica se configura a partir de de la conquista territorial desplegada por las fuerzas paramilitares israelíes que termina en la fundación del Estado de Israel en 1948, cuestión que implicó el no respeto de la solución de bipartición que había propuesto las nacientes Naciones Unidas y, la conquista de un 80% del territorio palestino en desmedro de un 20% que permaneció de territorio palestino. Como se sabe, tal política implicó la expulsión sistemática de 700 mil palestinos de sus casas que fueron destruidas, confiscadas o simplemente robadas por colonos sin derecho a indemnización ni menos aún, a retornar a sus lugares. Todavía el pueblo palestino exige el cumplimiento del “derecho al retorno”.

En una segunda etapa, la limpieza étnica se configura en la forma de la guerra de 1967. En ella, Israel conquista el territorio egipcio hacia el sur del Sinaí; el territorio sirio hacia el norte en las alturas del Golán y ciertos territorios palestinos en Cisjordania y Gaza que actualmente se conocen como “Territorios Ocupados”. En 1973 Egipto junto a Siria atacan a Israel en respuesta a la expansión territorial sufrida en 1967 pero, diversas circunstancias, solo Egipto se dispone a negociar posteriormente con Israel bajo la intermediación de EEUU. La administración Carter de ese entonces negocia la devolución israelí de los territorios del Sinaí a Egipto en los acuerdos de Camp David en 1978-1979 pero la ocupación israelí sobre las alturas de Golán (Siria) y los territorios palestinos se mantiene hasta la actualidad. En un esfuerzo por expulsar a la población palestina del territorio que le pertenece, Israel ha incentivado las políticas de asentamientos gracias a una fina maquinaria que combina la fuerza militar y despliegue de capital.

En una tercera etapa, la limpieza étnica se consuma bajo el modelo de la gobernanza en los Acuerdos de Oslo celebrados entre 1992 y 1993 en los que se crea la Autoridad Nacional Palestina que desplaza a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y, paradójicamente, la colonización sionista se profundiza: el paradigma económico de gobierno funciona ahora como matriz de la colonización y así, se deja a la Autoridad Palestina sin soberanía efectiva sobre los territorios, así como también se erige diez años más tarde (2003) el muro del apartheid que dividirá recursos naturales, aislara pueblos y potenciará la construcción de asentamientos judíos.

Esta tercera etapa implica, a su vez, la entrega de Gaza a la administración palestina (que controlará Hamas), pero a su vez, una completa desconexión de los territorios palestinos entre sí producto del avance de la colonización sionista y sus asentamientos. En esta etapa quedó patentizado que Israel hizo imposible la “solución de los dos Estados” porque aceleró la colonización de los territorios palestinos al punto de consumarse con la firma de los Acuerdos del Siglo durante la administración Trump.

Si la limpieza étnica tiene, al menos tres etapas diferenciadas, la última es la que contextualiza la institucionalización del apartheid, la situación que se ha vivido en las últimas semanas en Sheij Jarrah y la actual respuesta, frente a las provocaciones israelíes y su constitutiva impunidad en el ámbito internacional, de parte de los palestinos gazatíes, liderados por Hamas.

En otros términos, lo que hoy ocurre en Palestina tiene una historia precisa que concierne al modus operandi colonial impuesto por el Estado de Israel desde su fundación hasta la actualidad. Y es importante atender al hecho de que la lógica de dicha colonización no funciona orientando sus esfuerzos a integrar a la población palestina al interior del imaginario metropolitano como operaban las formas clásicas de colonialismo, sino más bien, excluyendo a la población nativa –la palestina- de sus territorios para volver a poblarlo con nuevos colonos.

Esta técnica que fue implementada por Gran Bretaña, pero, sobre todo, que yace en el origen de los EEUU en su expansión territorial devenida desde 1620 hasta la actualidad para con las naciones indígenas, es la que se ha aplicado en Israel desde su fundación en 1948: colonialismo de asentamiento.

¿En qué consiste? En un movimiento que borra la existencia de los nativos para dejar una tierra disponible para poblar por parte de los colonos. Borrar y poblar, expulsar e instaurar, desterritorializar y territorializar nuevamente configura el movimiento del colonialismo de asentamiento con las que ha operado la colonización sionista en Palestina en las tres etapas de esta “limpieza étnica” que, en cuanto nakba irrumpe como un acontecimiento que no deja de suceder. Producir el vacío, crear una tierra virgen y libre de habitantes para volver a poblarla como si fuera la primera vez (es importante el “como si”) constituye el efecto decisivo del colonialismo de asentamiento que hoy mantiene, nuevamente, a Palestina privada de mundo, sin un lugar para habitar.

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