Las mujeres de Lo Hermida: la primera línea de defensa y ayuda a la población

“Las medidas del gobierno no llegan a los pobres”, señalan tajantemente distintas mujeres del sector de Lo Hermida, Peñalolén, y es por lo mismo que se han organizado, a través de distintas redes, para salvaguardar la vida de las y los vecinos. Sin ir más lejos, dentro de la emblemática población existe una organización llamada Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida y que está compuesta casi exclusivamente por mujeres. Aquí relatamos sus historias y visibilizamos sus propuestas.


Durante este último año esta red ha repartido 2.000 cajas de mercadería en el lugar. Además, han creado lazos con distintas organizaciones y comedores populares en Lo Hermida y han alimentado 21 ollas comunes a las cuales han donado mercadería, dinero y 3 millones de pesos en vales de gas para ampliar su rango de ayuda a la comunidad. 

Estos son los fragmentos que componen la historia de cinco mujeres, cinco pobladoras, cinco orgullosas luchadoras populares que han sufrido, han llorado, pero que se han levantado con más fuerza que nunca y con la frente bien en alto para ayudar a su comunidad en medio de la grave crisis sanitaria y social que atraviesa el país.  

Jenny Huillin (31) ha vivido toda su vida en Lo Hermida. Como abogada participó de la Comisión de Derechos Humanos de la población y actualmente es parte de la Defensoría Popular, pero antes que todo lo mencionado, es pobladora y así lo demuestra con orgullo. 

Jenny nació en una familia humilde. Sus padres, jóvenes trabajadores mapuche, llegaron a Lo Hermida cuando esta aún era una toma de terreno. Los recuerdos que tiene Jenny sobre su infancia son los mismos que tienen cientos de niños del sector en la actualidad: carros lanza aguas y gases, micros llenas de fuerzas especiales desplazándose por los estrechos pasajes de la población para reprimir a las y los pobladores, sobre todo en las fechas conmemorativas como, por ejemplo, el 11 de septiembre.  A propósito de esa fecha, Jenny recuerda “la rabia y tristeza que sentía ese día. A pesar de estar encerrados en la casa, en las noches sentíamos ese olor a gas lacrimógeno y escuchábamos los gritos de resistencia y lucha de nuestros vecinos”. 

A pesar de los días grises que se vivió Jenny en su infancia, y que siguen viviendo los niños de Lo Hermida, el principal recuerdo de la joven abogada es la solidaridad entre vecinos; “cuando alguno tenía un problema grave, se realizaban peñas o bingos a beneficio para apoyarlos. Recuerdo a mi madre donar tortas y queques para las iniciativas solidarias”

Es por lo mismo, que no resulta extraño que Jenny sea una de las fundadoras de la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad, ella desde pequeña vio la represión y vivió la solidaridad. Al respeto de la formación de esta organización, Jenny comenta que está compuesta principalmente por mujeres y se inició a raíz de las graves consecuencias que generó la violencia policial en la población Lo Hermida por la toma simbólica de las Viñas Cousiño Macul en el mes de noviembre del año 2019. A partir de esa fecha pudieron observar cómo se violaron los derechos humanos a través de la tortura, apremios ilegítimos, violencia sexual, traumas oculares y represión constante por el uso indiscriminado de bombas lacrimógenas en el sector en donde viven, principalmente, adultos mayores, sus hijos y nietos.

En cuanto a las donaciones que han recibido, Jenny señala que “llegaron al acopio alimentos que provenían de familias, vecinos y vecinas, estudiantes secundarios, de la primera línea de Plaza Dignidad, restoranes, abogados, médicas feministas, trabajadores de Cesfam, estudiantes universitarios, colectivos y colectivas de arte y prensa independiente, asambleas territoriales, centro de padres, poblaciones hermanas. A nivel internacional nos apoyaron migrantes chilenos radicados en Suecia, Alemania, España y Estados Unidos, los y las cuales se organizaron para apoyar nuestra iniciativa. Gracias a ello logramos entregar 2.000 cajas de alimento a nuestros vecinos más empobrecidos en el contexto que estábamos viviendo. Así también nos permitió comprar carnes, verduras y abarrotes para distribuirlas a 21 ollas comunes levantadas autónomamente por vecinos y vecinas, no institucionalizadas por la municipalidad y que cada día entregaban 200 a 250 platos de almuerzo”.

IMAGEN: REDAPOYO

Priscila Sousa (37) es otra de las fundadoras de la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida, madre de dos pequeños hijos y trabajadora social. Priscila comenta que el diagnóstico del territorio es complejo, sobre todo por el piso básico y mínimo que tiene que tener una familia para poder sustentarse.  Además, muchas de las soluciones que los gobiernos buscan está en subvenciones que no se enfocan en resolver las complicaciones de fondo, además de apostar por las AFP, pero en Lo Hermida hay muchos vecinos que no tienen ni un peso en las AFP porque nunca han cotizado. El trabajo para los pobres se caracteriza por la precariedad, el abuso y la inestabilidad. 

Priscila expresa que en esta crisis se ha invisibilizado las situaciones de crisis socioemocionales y la violencia que se acrecienta. La estructura social en la cual vivimos, señala, es violenta para todas y para todos. Las formas en las que uno debe ganarse la vida, los arriendos altísimos, el nulo acceso a la educación y a la salud. La vida de una mujer que cría sola es complejísima. Además, en muchos hogares las mujeres deben vivir con su agresor por la falta de redes y medidas de protección que aseguren su vida. 

A propósito de esta desconfianza que señala Priscila sobre la institución policial, en Lo Hermida, en el mes de octubre del año 2020, fueron allanados varios domicilios en el lugar después de que un carabinero se infiltrara en las organizaciones comunitarias del sector. Priscila relata la frustración y la impotencia de las y los vecinos al ver la violencia institucionalizada, la falta de oportunidades y el encarcelamiento de quienes se han manifestado en el sector, encarcelamiento que genera más pobreza y más necesidades que la red de apoyo ha intentado, junto a las familias, solventar.

Camila Caman (24) vive en el cuarto sector de Lo Hermida, junto a su padre y su hermano pequeño. Es estudiante de quinto año de Terapia Ocupacional. Camila vive en el lugar hace cinco años. Cuenta que siempre se ha sentido interesada en los contextos sociales y por lo mismo está pendiente de lo que ocurre en su entorno. 

Camila cuenta que se involucró en la olla común de su sector debido a las necesidades que pasaron como familia.

Camila señala que desde que la olla común empezó a realizarse en el patio de su casa, se comenzó a involucrar más, ya que estaba muy inactiva con los estudios debido a que no lo estaban pasando muy bien en su hogar producto de la crisis sanitaria y económica. Sin embargo, esta situación no mermó a la familia de Camila, al contrario, comenzaron a organizarse de mejor manera y comenzaron a prestar ayuda a sus vecinos, hecho que los llenó de satisfacción y orgullo. 

Levantar una olla común no es fácil, requiere de fiereza, voluntad y compromiso, y aunque esos elementos estén, no siempre se cuenta con las donaciones para poder armar la comida. Sin embargo, contra todo pronóstico, se las arreglaron. Cada vez que le llegaban donaciones y juguetes a la junta de vecinos, ellas las vendían en la feria para comprar alimentos y poder sostener la cruzada. El panorama pasó de ser una misión imposible a una realidad palpable cuando la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida llegó para prestarles ayuda. 

Esta olla común, ubicada en Avenida Los Presidentes, muy cerca de Américo Vespucio, se formó en mayo de 2020 y ayudó, aproximadamente, a 150 vecinos del sector. 

Camila comenta que esta hazaña fue gestionada exclusivamente por la ayuda de las y los vecinos.  Las ayudas del gobierno jamás llegaron al grueso de la población, y la municipalidad solo intentó limpiar su imagen a través de los comedores populares: “vinieron dos veces acá a entregar cajas y armaron un show. Comenzaron a sacarse fotos y expusieron a la gente ante la necesidad. Nos trataron de pobrecitos, infantilizaron a los vecinos que estaban pasando hambre.  La alcaldesa no viene a Lo Hermida porque sabe que acá no es querida. De hecho, la municipalidad hizo algunas donaciones a unas ollas acá, pero era ´yo te entrego una manga de arroz, pero tienes que sacarte una foto´. Querían que hubiera fotos, que hubiera todo porque querían limpiar la imagen de la municipalidad y quedar como si ellos estuvieran solventando todas las ollas. Ocuparon esas donaciones como un instrumento para visibilizarse a propósito de la campaña que se viene”. 

Camila analiza la compleja situación a la que entramos producto del alza de los contagios de COVID-19 y las restricciones sanitarias establecidas por el gobierno, implementadas sin ningún tipo de ayuda a la población. No obstante, a pesar del escenario adverso, se muestra esperanzada en el trabajo que han realizado las mujeres de Lo Hermida para salvaguardar la vida de la comunidad y su admiración hacía ellas.

A pocas cuadras de la casa de Camila, se encuentra otro comedor popular, la Olla Común Lo Hermida Activa y Combativa. Jessica Silva es quien está a la cabeza de esta cruzada solidaria. El lugar funciona desde el 25 de octubre de 2019 y diariamente se entregan cientos de platos de comida.

Jessica tiene 46 años, los mismos que lleva viviendo en Lo Hermida. Comenta que ella creció viendo ollas comunes en el lugar y que su principal motivación para ser parte de esta instancia fue ver a sus vecinos parados en las esquinas producto del desempleo y las obras que pararon posterior al 18 de octubre de 2019. En ese momento, se reunió con unas vecinas y decidieron hacer una tallarinata. Ese día entregaron más de 200 platos y se dieron cuenta que la realidad era mucho peor de lo que se pensaba, que su acción no se remitía a simple caridad, sino a supervivencia. Sus vecinos no tenían qué comer. Fue así que nació la olla común. 

La olla común, en estos momentos, se está realizando cuatro veces a la semana por falta de recursos y donaciones. El comedor funciona los días lunes, miércoles, viernes y sábado. En el lugar se entregan cerca de 1.200 platos de comida cada semana y ha sido un alivio para quienes se han visto seriamente afectados producto del desempleo, la crisis económica y las inexistentes políticas públicas para salvaguardar a la población. 

La Olla Común Lo Hermida Activa y Combativa alimenta a familias enteras. Es común en el lugar ver cómo las personas llegan con ollas o fuentes para llevar comida a sus hogares. Además, a las familias que tiene hijos o nietos pequeños se les entregaran yogures y frutas para que los más pequeños no pasen hambre. Sin ir más lejos, Manuel Vargas, vecino de Peñalolén, camina media hora todos los días para poder llevar alimento a su casa en donde viven nueve personas, entre ellas dos menores de edad.

Jessica comenta que a la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida la han apoyado un montón entre los mismos pobladores. Al respecto, señala que “nos han traído pollito, huevos, carnes, mercadería, pañales. Porque hemos hecho campaña de pañales, de toallas higiénicas, de toallitas húmedas. Con ellas hemos hecho bastantes campañas y, gracias a dios, nos han resultado porque nosotros acá tenemos hartos abuelitos, el año pasado tuvimos hartos recién nacidos y no había plata, no tenían plata para comprar pañales, la leche de los niños y todo eso. En ese sentido, ha sido súper buena la ayuda de la red de apoyo”. 

Sin embargo, y a pesar de lograr el objetivo, Jessica se muestra molesta con el nulo apoyo del gobierno y de las instituciones, que en medio de la pandemia parecen haber dado la espalda a los sectores más desprotegidos de la población. “Hacen cuarentenas y no preparan a la gente para una cuarentena, las mandan a encerrarse sin preocuparse si tienen qué comer”. Su opinión de Carolina Leitao, alcaldesa de Peñalolén, no dista mucho que la del gobierno. 

Jessica expresa que ha recibido mucho cariño por parte de las y los vecinos por realizar esta olla común y por eso se siente muy satisfecha. Además, comenta que está muy agradecida con las cosas más simples y básicas, y no por ello menos milagrosas, de la vida; de que su hijo esté vivo luego de recibir una bala loca. Él se encuentra postrado, pero vivo. Cuando ocurrió el trágico incidente, los vecinos la ayudaron y eso la emocionó al filo de las lágrimas y el compromiso popular. Es por lo mismo que ella no se puede quedar de brazos cruzados al ver a sus vecinos con necesidades alimenticias.  Además, desde pequeña vio la solidaridad entre pares en Lo Hermida y por lo mismo siempre soñó con tener un comedor popular para ayudar a la comunidad.

Jessica está orgullosa de ayudar a sus vecinas y vecinos y, por sobre todo, está muy orgullosa de ser una mujer pobladora de Lo Hermida.

Las mujeres de Lo Hermida se han organizado en ollas comunes, redes de apoyo y contención, pero también en comités de vivienda. De hecho, según el diagnóstico del último Plan de Desarrollo Comunal, en Peñalolén más de 18 mil familias no tienen acceso a la casa propia y un gran número de estas familias se concentra en Lo Hermida.

El objetivo del comité es lograr una solución habitacional en la comuna, comenta Julia. Señala que quieren quedarse en la comuna que las vio nacer y donde tienen sus redes de apoyo y que luchan, principalmente, por el terreno de la Villa Cousiño, ya que es la continuación natural de Lo Hermida. 

La crisis social, económica y sanitaria ha golpeado con fuerza a las familias que viven de allegados en el sector de Lo Hermida. La falta de ayuda por parte de las instituciones y el Estado ha derivado en una grave crisis humanitaria, comenta Julia. Sin embargo, la solidaridad ha florecido y expandido sus redes por toda la población gracias a las redes de apoyo que se han ido formando a partir de una organización en específico: la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida. 

Julia asegura que Lo Hermida, por suerte, ya estaba organizada antes de la pandemia a través de ollas comunes, hecho que garantizaba que los vecinos no pasaran hambre, pero el gobierno no hizo nada con las cuentas, no congeló ninguna cuenta básica. Los vecinos tuvieron que sacar todos el 10% para sobrevivir. 

La lucha de la vivienda es una batalla permanente en Lo Hermida, comenta Julia. Lo Hermida nació por tomas de terrenos. Luego, se organizaron en comités para poder ampliar la población en los años noventa. Hay una deuda histórica con Lo Hermida y el hacinamiento que ha explotado el aumento de casos de COVID-19. 

Julia repasa la rica historia de Lo Hermida en términos de organizaciones como un vestigio de su origen popular, hecho que sirvió para afrontar de mejor manera la crisis por la cual atravesamos. “Cuando dicen ‘Lo Hermida nunca dormida’, es verdad. Esta pandemia nos pilló bien parados gracias a la escuela que teníamos de nuestros padres, de las mismas tomas, supimos reaccionar rápidamente”, reflexiona la dirigente habitacional. 

La pandemia, la crisis social, la organización, la represión y la reivindicación del derecho a la vivienda se cruzan en la vida de Julia y del comité en el cual se desempeña como vocera.

A través de un catastro, el comité de vivienda, comenzó a analizar la situación de quienes componen la organización habitacional para saber quiénes necesitan ayuda urgente.  La ayuda vino por parte de la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida que entregó más de 100 canastas familiares para ir en ayuda de las y los pobladores que componen el comité. 

Jenny Huillin, parte activa de la Red de Apoyo Mutuo por la Dignidad de Lo Hermida, reflexiona acerca del trabajo que han realizado y cómo han podido ayudar a la comunidad de la que son parte. Cree fielmente en la fuerza de las pobladoras que han levantado sobre sus hombros un gran esfuerzo organizativo para salvaguardar a la población. Finalmente, ella dispara fulminante que “en el contexto actual que vivimos los sin voz, los obreros, las asesoras de hogar, los coleros de la feria, los adultos mayores que tienen que salir a recoger latas para llegar a fin de mes, porque tienen pensiones miserables, vamos a seguir luchando, organizándonos por reivindicar la dignidad y asegurar la alimentación que es un derecho humano. Nuestro objetivo principal es seguir el legado histórico de las campesinas, nuestras ñañas de hoy, que botaron los cercos y se tomaron estas tierras y que por el hambre de sus hijos y su conciencia de clase levantaron ollas comunes en este mismo territorio hace 50 años”.

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