“Miguel quedó como una guagua de un año”: El ignorado caso del trabajador al que Carabineros entregó en estado crítico durante el estallido social

Miguel Rojas salió caminando de un supermercado Lider de Independencia en medio de un saqueo y terminó siendo dejado casi muerto por funcionarios policiales en un centro de salud. ¿Qué ocurrió en ese trayecto? La policía asegura que por tratarse de una intensa jornada de protestas no se registró la hoja de ruta del furgón en que se trasladaban los uniformados y que tampoco contaban con GPS. Un drama brutal que hace inevitable recordar lo ocurrido con el temporero Mario Acuña.


“Rosa, Miguel está perdido, no lo encuentran desde la una y media cuando salió del local”, le dijo su cuñado a Rosa Fuentes Riquelme (43). Eran alrededor de las 18:00 horas del martes 22 de octubre de 2019, tan solo cuatro días después del inicio en Chile del llamado “estallido social”. “No lo creía”, narra la mujer en conversación con La voz de los que sobran. Como todos los días, se habían despedido con Miguel Rojas (43), su esposo, a eso de las 10 de la mañana para irse cada uno a sus respectivos trabajos. Ella al minimarket donde atendía, él al local de confección de ventanas de aluminios y otras estructuras donde prestaba servicios, ubicado en la comuna de Independencia. Algo no andaba bien.

Rosa decidió entonces llamar al jefe de su esposo, Ricardo, para intentar saber qué había ocurrido. “Salió con su compañero de trabajo, Cristóbal, y fueron a tomar una medidas, pasaron por un (supermercado) Lider, y Cristóbal dice que apareció Carabineros y que metieron a Miguel para adentro”, le señaló Ricardo. 

Un relato que semanas después, el 2 de diciembre de 2019, Ricardo reiteraría en su declaración ante la Brigada Investigadora de Delitos contra los Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones (PDI). Entonces dijo que Miguel partió desde su local comercial alrededor de las 13:00 horas a tomar unas medidas para la instalación de unas ventanas en la calle El Olivo en la comuna de Independencia junto a Cristóbal, y que a eso de las 14:00 horas regresó solo este último, señalándole que se habían encontrado con una turba que estaba saqueando el supermercado Lider de Avenida Independencia con El Olivo, que le habían intentado quitar la camioneta a Miguel y que le habían roto una ventana trasera del lado derecho del vehículo. Dicho esto, Ricardo apuntó que Cristóbal le señaló lo siguiente: “Que en ese momento fueron detenidos por Carabineros y que (Cristóbal) logró zafarse para darse a la fuga, perdiendo toda comunicación con Miguel”.

Con estos antecedentes y ante la imposibilidad de salir a la calle a buscarlo por el toque de queda que había impuesto el Gobierno ante las masivas protestas que tenían lugar en el país, Rosa decidió comenzar a realizar distintos llamados. Infructuosamente se contactó con hospitales y con la 5ta Comisaría de Conchalí, el recinto policial de Carabineros más cercano al lugar donde se le había perdido el rastro a su esposo, y donde el padre de este ya había consultado durante la tarde sin obtener una respuesta. “Ni siquiera nos dijeron ‘tenemos un NN que fuimos a dejar…’. Ellos siempre se fueron totalmente de negativa”, advierte Rosa. 

A las 6:30 am del miércoles 23 de octubre, Fuentes estaba afuera del supermercado Lider de Independencia. La camioneta de Miguel seguía al interior del recinto, con un vidrio quebrado. “Cuando mi hijo la abre, en el volante estaba la billetera de Miguel. Seguramente cuando él bajó de la camioneta, se le tiene que haber caído”, apunta Rosa. De ahí entonces la posibilidad de que -donde fuera que estuviera- su compañero no pudiera ser identificado con rapidez. Había entonces que buscarlo como un NN.      

Tras ir en persona a la 5ta Comisaría de Conchalí y a la 26º de Pudahuel, donde ingresó una denuncia por “presunta desgracia”, la esposa de Miguel lo encontraría finalmente en el Hospital San José, confirmando brutalmente los miedos que la habían acompañado en esta angustiante búsqueda. “Una doctora me dice que está en estado crítico. Cuando entré a verlo lo encontré con un tubo en la boca, con un golpe en el lado derecho de la cara y con rasguños en los brazos”, relata. 

“No se preocupe, tiene otro brazo”

Miguel Rojas Tapia ingresó a las 16:15 horas del 22 de octubre al servicio de Urgencias del Hospital San José con convulsiones. Fue llevado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con muerte cerebral y conectado a un ventilador mecánico. En su declaración ante la PDI ese mismo día, el médico y jefe de turno del servicio de Urgencias, Luis Ruíz Balliva, sostuvo que el afectado llegó “sin signos de contusiones ni lesiones externas y con evidente hálito alcohólico”. Agregó que “se realizó un TAC y se observó la presencia de un accidente cerebro vascular hemorrágico” y que “el paciente se encuentra en ventilación mecánica, con un pronóstico grave, ominoso”. Por último, señaló que “no existe a mi parecer participación de terceras personas, relacionadas al cuadro clínico de él, sino que corresponde a un cuadro de hipertensión arterial mal cuidado”.

Miguel usaba lentes ópticos y prótesis dental. Rosa Fuentes recuerda que cuando consultó por ellas en el Hospital San José, se le informó que su esposo no traía ambas pertenencias al momento de ingresar. Y es que ocurre que ese recinto no fue el primero donde llegó Rojas. Antes, a eso de las 15:30 horas, había sido llevado al SAPU Symon Ojeda de Conchalí. Decidió entonces ir a ese lugar, el 24 de octubre. 

En un video al que tuvo acceso La voz de los que sobran, grabado por otro paciente que a esa hora se encontraba en el exterior del SAPU de Conchalí, se observa el momento en que al menos tres funcionarios de Carabineros a bordo del furgón patente Z-7394, perteneciente a la 5ta Comisaría de Conchalí, más otros policías motorizados, van a dejar al recinto de salud a Miguel Rojas.

En su declaración ante la PDI, la Técnico en Enfermería del SAPU Symon Ojeda que recibió a Miguel cuando fue llevado hasta allá por Carabineros -cuyo nombre mantendremos en reserva- da cuenta del irregular procedimiento que realizaron en ese momento los policías, así como su indolencia frente al estado crítico que presentaba Rojas. La TENS relata que al llegar al lugar, un integrante de Fuerzas Especiales quiso sacar una silla de ruedas para subir al herido, cuestión que fue impedida por ella debido a que antes debía constatar en qué estado venía el paciente. Al llegar al vehículo policial la mujer vio que en su interior estaba Miguel “aparentemente inconsciente y con su pulso bajo”, por lo que comenzó a practicarle reanimación. “En eso me di cuenta que en sus pulmones al parecer había líquido, ya sea atribuible a vómito o a agua; además recuerdo que esta persona se encontraba con olor a alcohol, específicamente en sus ropas”, añade la Técnico en Enfermería. 

La funcionaria del SAPU agrega que al preguntar a Carabineros respecto a qué le había ocurrido al afectado, estos le respondieron que “lo habían encontrado así y que andaba saqueando en el Lider de Conchalí”. Y suma lo siguiente: “Recuerdo que él mantenía su brazo atrapado bajo la mesa y debido a la dificultad para sacarlo y para que todo se realizara con cuidado, le dije a Carabineros que mantuvieran cuidado con su brazo, ante lo cual uno de ellos me respondió que no me preocupara, que para eso tenía otro, todo esto con el paciente en estado grave al interior del móvil”. 

La TENS continúa su relato advirtiendo que mientras Miguel era atendido ya en el interior del SAPU, ella se devolvió a la entrada para formalizar su ingreso, percatándose de que los funcionarios de Carabineros “se había retirado del lugar, no entregando mayores detalles acerca del paciente y tampoco nadie se hizo cargo de la persona ni del procedimiento”. Ante esta situación, la funcionaria decidió contactarse con la 5ta  Comisaría de Conchalí con la finalidad de reclamar por el irregular accionar policial. Tras ello, a eso de las 17:00 horas, recuerda que recibió un llamado de parte de un cabo de la institución de apellido Moya, quien preguntó por el estado del paciente. “Le respondí que su estado era grave”, concluye. 

El informe de la atención de urgencia que recibió Rojas en ese centro asistencial señala que Miguel llegó en “estado de inconsciencia (Glasgow 3), pupilas mióticas, sin respuesta, olor a alcohol, con resto de aparente vómito”.    

Como una guagua de un año

Luego de su paso por el Hospital San José, Miguel Rojas fue trasladado al Instituto de Neurocirugía Alfonso Asenjo, donde se le diagnosticó una “hemorragia subaracnoidea no especificada y un Aneurisma Cerebral roto”. Lo primero consiste en un sangrado en la zona comprendida entre el cerebro y los delgados tejidos que lo cubren, emergencia que necesita atención médica inmediata. Por otra parte, se relaciona con una lesión comúnmente observada en personas mayores que han tenido caídas y se han golpeado en la cabeza. Entre los jóvenes, lo más común que lleva a este tipo de sangrado es un choque automovilístico. Por otra parte, a Miguel se le constató un TC (traumatismo craneoencefálico), precisamente un “hematoma subdural en la región fronto temporal derecha”, detallándose igualmente su condición de “secuelado y con necesidad de asistencia continua”.

Y así ha sido. “Miguel quedó como una guagua de un año, no controla esfínter, no camina, no come por sí solo, lo hace por una gastrostomía; como que habla un poquito, me reconoce a mí porque yo estoy todos los días con él, a sus hijos, pero a los 10 minutos como que se reinicia, se le olvida todo de nuevo”, explica Rosa, quien añade que prácticamente a su esposo debe cuidarlo 24/7, todo el día, todos los días. “Miguel médicamente ya no tiene solución. Lo único que puede hacer el kinesiólogo es descontracturar sus huesitos”, enfatiza.  

Una situación que se traduce en que Miguel constantemente se descompense debido a su hidrocefalia, por lo que Rosa debe partir con él una y otra vez al hospital. “Esto nos cambió totalmente la vida como familia”, enfatiza su esposa, con quien tiene dos hijos, uno de 19 años y otro de 22. El menor, de hecho, debió comenzar a trabajar recientemente. Ella tuvo que dejar su empleo y empezar a hacer pan en su hogar para vender y obtener recursos. Después de dos ocasiones, dejó de ir a pedir pañales a la municipalidad, porque eso le significó pasar por malos ratos cuando le espetaron que por qué no trabajaba, ignorando las limitaciones que ha significado para ella el estado de postración de Miguel.

Un colchón antiescaras proporcionado por el programa “Te acompaño” y la colaboración de una psicóloga, una asistente social y una abogada de forma voluntaria, es la escasa colaboración que ha recibido Rosa y su familia.  

Inevitablemente, el caso recuerda lo ocurrido con el trabajador temporero Mario Acuña (42), a quien la vida le cambió radicalmente el 23 de octubre de 2019, un día después de lo vivido por Miguel Rojas. Aquella jornada, mientras se encontraba participando de una manifestación en la población Jorge Washington de la comuna de Buin, Acuña habría sido brutalmente golpeado por un grupo de funcionarios de Carabineros, tras lo cual quedó con daños neurológicos irreversibles que hoy lo mantienen postrado. 

En el caso de Mario Acuña, se designó para este martes 16 de marzo la formalización de los carabineros Jonathan Alexis Neira Chaparro, Víctor Antonio Lastra Marguirot y Henry Giovanny Cuellar Vega, a quienes la Fiscalía les imputa -en calidad de autores- el delito de lesiones graves gravísimas con ocasión de tortura.

La “invención” de Cristóbal

El 5 de diciembre, fue el turno de declarar ante la PDI de Cristóbal, compañero de trabajo de Miguel y su acompañante cuando a este se le perdió el rastro en el supermercado Lider de Independencia, quien realizó un particular alcance al momento de narrar lo ocurrido a los policías: dijo que había “inventado” aquello de que había ido con Miguel a tomar unas medidas de ventanas, como le había dicho a su jefe la tarde de ese 22 de octubre, porque en realidad su intención al ir al aludido centro comercial era “sustraer mercadería y especies”. 

Apuntado esto, relató que al llegar al supermercado le dijo a Miguel que se quedara en la camioneta para él ingresar al recinto. Según su declaración, habría salido y entrado para sacar alimentos y dejarlos en el vehículo en dos ocasiones, percatándose al regresar del segundo ingreso que su compañero ya no estaba en la camioneta y que esta se encontraba cerrada. Mientras lo esperaba habría llegado Rojas también con mercadería, momento en que habrían acordado volver al interior del Lider juntos. “Pasado la panadería nos metimos hacia el interior de unas bodegas, yo ingresé a la segunda bodega y Miguel lo vi que pasó caminando hacia el interior de las bodegas de las carnes (…) Sustraje una caja de choclos y me quedé en la panadería esperando que saliera, como no lo hizo le grite ‘VÁMONOS’, a lo cual él nunca me respondió. Creo que esperé alrededor de 5 a 10 minutos y no salió. Debido a la gran cantidad de gente que había fue que no supe qué hacer, por lo que salí hasta el exterior y dejé las cosas en la camioneta, nuevamente en la parte posterior”, aseguró esta vez Cristóbal.

El trabajador añadió que esperó a Miguel Rojas unos 15 minutos en el exterior del recinto y que en eso estaba cuando -señaló- “escuché que venía Carabineros, los cuales comenzaron a lanzar lacrimógenas y la gente a correr del lugar”, agregando que también arribaron militares. Cristóbal sumó que entonces decidió volver a su trabajo, dejando las cosas extraídas en la camioneta de Rojas, apuntando esta vez que “hasta el momento que me fui, no vi a Carabineros detener a nadie”. Por último, aseguró que tras enterarse de que su compañero no había regresado, volvió al supermercado Lider y que “al llegar vi que estaban los militares cuidando las puertas y vi personas que se encontraban detenidas por Carabineros al interior, pero no a Miguel”. “Luego me percaté que la camioneta que se encontraba estacionada ahí tenía el vidrio fracturado y las cosas que habíamos sacado del supermercado ya no estaban”, concluyó Cristóbal. 

Cabos sueltos

El informe de la Policía de Investigaciones descarta rápidamente que Carabineros haya tenido alguna responsabilidad en el estado crítico en el que fue dejado Miguel Rojas en el SAPU de Conchalí. Una conclusión a la que llegan -como quedó plasmado en el informe que entregaron a la Fiscalía Local de Pudahuel- simplemente porque en las cámaras se observaría a la víctima saliendo caminando hacia el exterior del supermercado, sin cruzarse con funcionarios policiales en su recorrido. “Respecto a la intervención de Carabineros de Chile, con los antecedentes recopilados no se logró establecer que éstos hayan  tenido inferencia (sic) en el diagnóstico médico del señor ROJAS TAPIA, ya que se aprecia que abandona el supermercado caminando por sus propios medios, para luego correr en dirección a Avenida El Olivo, dejando la camioneta en la cual llegaron el lugar y con especies, de igual forma no se aprecia a personal policial golpear a la víctima”, explica la PDI.

Sin embargo, en lo que va de investigación, no existiría información respecto a un hecho trascendental en este caso: ¿qué ocurrió con Miguel Rojas desde el momento en que salió del recinto comercial hasta que fue dejado posteriormente en el SAPU de Conchalí en estado crítico? En ese sentido, es importante destacar que ante un requerimiento de la Fiscalía de Pudahuel a la 5ta Comisaría de Conchalí fechado el 10 de diciembre de 2019, respecto a la hoja de ruta del furgón Z-7394 durante toda la jornada de ese 22 de octubre -vehículo en el cual fue llevada la víctima al centro de salud-, dicha unidad policial respondió que “se pudo constatar que no se confeccionó, ante los diversos focos de quebrantamiento del orden público en la comuna”.

Exactamente la misma respuesta entregó Carabineros ante el requerimiento por parte de la Fiscalía del “Libro de población de la recogida realizada por el personal” a bordo del mismo furgón durante esa jornada. Y ante la solicitud de informar si el vehículo policial en cuestión portaba GPS, desde la 5ta Comisaría de Conchalí respondieron que el furgón Z-7394 “no cuenta con la tecnología G.P.S.”. 

Por último, el Ministerio Público requirió a Carabineros que informara si el personal del aludido vehículo institucional o aquel que se trasladaba en moto contaron durante esa jornada con equipos de tecnología SIMCCAR (Sistema de Monitoreo y Control de Carabineros), el que permite una verificación de datos de una determinada persona en línea. La respuesta de la policía fue la siguiente: “Verificada tanto las salidas desde el Libro de Suboficial Interno, como realizado un ruteo paramétrico, no se detectó ningún retiro, salida o lonjeo de esta tecnología, asociada al personal de servicio Extraordinario y que hubiese prestado servicios el día requerido y entre los rangos horarios (sic)”.

Lo que sí enviaron a la Fiscalía Local de Conchalí desde la 5ta Comisaría de esa comuna fue el detalle de los funcionarios que anduvieron a bordo del aludido furgón Z-7394 durante el “servicio extraordinario”, el que se inició a las 7:00 am y terminó a las 21:00 horas, así como también el total de los kilómetros recorridos, que fueron -según ese informe- 51.  

Yo quiero saber qué le pasó a Miguel. Sé que nunca más va a volver a ser el mismo, pero necesito saber qué ocurrió en ese Lider. Por último, si se resbaló con una cáscara de plátano, necesito ver esa imagen y cerrar este capítulo de mi vida y comenzar de nuevo sin tantas preguntas”, reflexiona Rosa, quien concluye destacando lo siguiente: “Miguel es un hombre trabajador, tranquilo; solo estaba en el lugar equivocado”.

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