Michel De L’Herbe analiza el manejo de la pandemia en Chile: “Hoy día se incuba un estallido social con la emergencia, que podría escalar sin techo»

Michel De L’Herbe analiza el manejo de la pandemia en Chile: “Hoy día se incuba un estallido social con la emergencia, que podría escalar sin techo»

El Consultor internacional en gestión de emergencias, Michel De L’Herbe es reconocido por ser capaz de advertir las catástrofes, como cuando en 2017 previno a la Cámara de Diputados de incendios forestales de gran magnitud en la zona centro sur, antes de que se desatara el mayor incendio forestal de nuestra historia. Hoy advierte que, si no se entiende que nuestra emergencia es social y no sanitaria, se desencadenará un estallido social que, a diferencia del de Octubre, no tendrá techo al punto de poner en riesgo la institucionalidad. También augura que en dos semanas más, o antes, vamos a tener 10 veces la cantidad de fallecidos que el 27F.

En esta entrevista, De L’Herbe llama a un cambio drástico en la gestión de la emergencia, a dar un giro desde las comunidades y los municipios y, que desde allí, derive una comunicación de riesgo en sintonía con la necesidad de proteger y salvar vidas. Un par de días antes de que la ciudadanía cuestionara duramente a las autoridades por negar la estrategia de “Inmunidad de Rebaño”, académicos de Ciencias Sociales y Humanidades informaron en una carta que fortalecer la confianza y la comunicación era urgente.

De L’Herbe se explaya sobre los 40 años de atraso de Chile respecto a los sistemas de emergencia modernos. De cómo el modelo que tenemos es centralizado, “desde el nivel superior hacia abajo”, mientras que en los sistemas modernos los niveles centrales van en apoyo de los niveles locales y no en su reemplazo. Esto tiene un impacto en la comunicación, que está asociada al liderazgo y la credibilidad que se necesita en una emergencia.

“En nuestro país uno espera que los liderazgos los tome un ministro o el Presidente de la República, cuando en realidad desde el punto de vista de la confianza hay un capital que se construye diariamente con los municipios. Este es el primer eslabón y el más importante. La organización y entrenamiento comunitario está precisamente en el territorio. Mira todas las instituciones que están en las localidades y la importancia que tienen el consultorio, Carabineros y Bomberos. El hilo conductor está ahí. Ahora en la crisis del Covid-19, a un nivel más bien declarativo, se está reconociendo la importancia de la Atención Primaria de Salud (APS) y de los municipios, pero es porque de alguna manera los resultados lo han obligado. Pero eso no se ha traducido en la instalación de capacidades o la entrega de los recursos necesarios”, explica.

Foto: Agencia Uno

-¿Cómo debe ser la comunicación de riesgo en este modelo moderno de emergencia?

-Debe ser simple y de alcance masivo. Si nosotros establecemos una comunicación desde el nivel central es muchísimo más difícil, porque ese mensaje no va llegar de la misma manera a Arica o Magallanes o a una ciudad como Santiago. Por ejemplo según dónde estés, al mismo pan se le llama Pan Francés, Marraqueta o Pan Batido. Porque depende de la zona, el uso de las palabras. No es lo mismo entregar un mensaje, en una emergencia, en una ciudad como Santiago que hacerlo en una localidad rural. El tema en el fondo es el mismo, pero la forma tiene que cambiar e incluso los medios. Para el 27F el gran medio de comunicación en la región del Maule fue radio “Paloma” versus en Santiago probablemente donde la comunicación fluye principalmente a través de la radio, la televisión y por Internet, cosa que no ocurre en todo el país.

-Varios expertos han señalado que, pese a que la comunicación de riesgo es una herramienta fundamental para enseñar a la población a prevenir los contagios, su uso ha sido casi inexistente

-Es que cuando defines la estrategia para enfrentar la emergencia, defines la forma de comunicar esa estrategia. En Chile del COVID-19 se ha enfrentado desde un enfoque sanitario, nuestro indicador de éxito es la cantidad de camas, de ventiladores y como operan los hospitales. El problema es que nosotros estamos frente a una emergencia que no es sanitaria. El COVID-19 es una emergencia que tiene dos grandes pilares: social y logístico, de donde se derivan componentes sanitarios y económicos, pero es eminentemente una emergencia social, porque no hay tratamiento ni vacuna. Cuando uno lo ve así, invierte inmediatamente la prioridad y el enfoque. Pasamos de lo sanitario, que pone en el centro al virus, a lo social, que pone en el centro a las personas. Y entonces lo relevante es cómo protegemos y salvamos vidas y cómo disminuimos la cantidad de fallecidos. Y para eso hay que disminuir la cantidad de personas que se contagian y lograr eso requiere involucrar a la comunidad.

-El gobierno ha hecho hincapié en mensajes como el lavado de manos y el uso de mascarillas

-Es que la comunicación es un componente mucho más complejo que hacer un check list. Yo te puedo hacer un listado para un kit de emergencia, pero si no logro engancharte tú vas a tener el kit y a los tres días no vas a saber dónde lo dejaste, ni cuando usarlo o no vas a renovar las cosas que pueden vencer. Porque no te involucraste. En una emergencia como la del COVID-19 va a haber momentos de desesperanza en parte, o en toda la comunidad. Lo que solemos decir “no se ve la luz al final del túnel”. En ese momento es cuando las personas se aferran a aquello en lo que hay confianza y credibilidad, a pesar de que no sean capaces de ver la esperanza muy cercana. Y aquí el rol de la comunicación como canal para generar confianzas y credibilidad es fundamental, porque es la base del liderazgo, y como comunidad confías en que ese camino es para proteger y salvar vidas.

-¿Por dónde partimos hoy, cuando las confianzas están muy dañadas?

– Creo que aquí inevitablemente pasa por un cambio drástico de estrategia por parte de la autoridad y en la medida en que pasan los días se pierde esa oportunidad. El momento más importante desde punto de vista de la credibilidad y retomar el liderazgo fue en el cambio de gabinete, y esta oportunidad se ha ido perdiendo. Desconozco las razones que hay detrás, pero finalmente empezamos a ver mensajes de continuidad. El problema no era el ministro Mañalich, sino la estrategia y la forma de implementar esta estrategia.

-¿Se refiere a que además de una estrategia sanitaria habría una estrategia política como han dicho algunos científicos?

-Las emergencias son sociales y por lo tanto son muy políticas, lo cual no es malo en la medida de que las prioridades en este caso fueran proteger y salvar vidas. Pero la decisión que hubo acá fue la inmunidad de rebaño, a pesar de que era una estrategia muy criticada a nivel internacional y que la propia OMS ha señalado que es una estrategia cruel. Pero como se ponía en la balanza lo sanitario y lo productivo-económico esa fue la estrategia que eligió Chile. Y los resultados que hoy día vemos son los que se podía esperar. En Nueva Zelanda el discurso es totalmente opuesto. La política pública, que baja desde la Primera Ministra, es que el Estado debe proteger y salvar vidas, porque se considera intolerable que una persona muera. La economía viene después, porque se puede recuperar. En cambio una vida no. Desconozco cuál es la ideología de la Primera Ministra, pero hay una mirada política y por eso uno no debe satanizar la política, sino tratar de analizarla para ver por dónde mejorar.

Lo que creo es que la estrategia debe ser cortar la cadena de contagios en lo táctico, y en lo conceptual es proteger y salvar vidas. De ahí se deriva todo el resto.

Verdad oficial y medios independientes

“Todo comunica”, dice el experto en emergencias. Las guerras no se ganan cuando destruyes una instalación física, sino cuando quiebras la moral del adversario. Y, en este caso-explica-se pierde la emergencia cuando se quiebra la moral de la gente. Para el experto para mantener esa moral y estado de ánimo, el mensaje que se comunica y lo que se haga es fundamental. Por eso es necesario que se empiece a entender que la emergencia es social, no sanitaria. “Se origina por un virus, pero lo sanitario es la última línea de defensa, cuando tú ya entraste a un hospital”, comenta.

-¿Los municipios o agrupaciones sociales o podrían encausar estos mensajes si recibieran asesoría de expertos para enfrentar el Coronavirus desde sus localidades?

-Eso es algo que podría mitigar de cierta forma. Pero debemos comprender que somos un país pequeño, con pocos medios de comunicación y con un alto nivel de concentración de la propiedad, que no permite una mirada tan diversa como en otros países. Uno lo que ve en esta pandemia es que son los medios electrónicos alternativos los que han generado o provocado la transparencia de datos, que terminaron con un cambio de ministro. No fue la prensa tradicional. Y eso en un país como Chile, donde la verdad oficial pesa muchísimo y cuestionar es políticamente incorrecto. De hecho, miremos mensajes en los últimos meses: si se critica a la autoridad, el mensaje que viene inmediatamente devuelta es que no es el momento de criticar. Hay que ponerse detrás de la autoridad. Y eso es sumamente complejo porque se pierde el pensamiento crítico y desincentiva la posibilidad de aportar. Pero además, éticamente, es sumamente complejo, porque si la autoridad te lleva al barranco ¿tienes que ponerte detrás de la autoridad? Tenemos un problema cultural, de lealtad mal concebida, de aquel que no te critica. Y ahí se generan esta burbuja en los gobiernos, donde se fortalece la desconexión con el territorio, que además Bloomberg lo describe de manera bastante dura.

-Dijo que estábamos pensando que éramos un país rico y con la pandemia nos dimos cuenta de que éramos pobres

– Exacto. Y terminamos descubriendo que teníamos muchos pobres. Lo que dice Bloomberg es muy cierto y eso traspasa al gobierno actual. Viene de una forma de hacer política con una desconexión que existe entre quienes dirigen y el territorio, que afecta de manera muy significativa. El último acuerdo nacional que se hizo, terminó siendo un acuerdo económico bastante acotado, cuando en realidad lo que nosotros requeríamos era que se cambiará la estrategia para proteger y salvar vidas. La verdad oficial permite que la Ministra Vocera y la Subsecretaría de Salud nieguen que en Chile se había adoptado una estrategia de inmunidad de rebaño, a pesar de que esté por escrito y grabado. Y es tan fuerte la verdad oficial, que te hace dudar. Y en la TV dicen “no, pero en realidad esto era un contagio progresivo, no era inmunidad de rebaño”. Bueno, quiero señalar que contagio progresivo es lo mismo que inmunidad de rebaño.

-Y ante eso, los medios independientes han empujado los temas, como la revelación de que el DEIS era la única fuente oficial de estadísticas de mortalidad, que publicamos en La Voz de los que Sobran

– Totalmente. Creo que en esta emergencia, si hay un tipo de medios que ha jugado un rol preponderante en transparencia y acceso a la información, han sido los medios independientes. Creo que eso va a quedar en Chile en la historia de la pandemia y en la historia del periodismo. Porque aquí se develó, y creo que no lo hemos sopesado, situaciones muy, pero muy graves, en materia de falta de transparencia de los datos. En cualquier país desarrollado el escándalo habría sido mayúsculo. En Nueva Zelanda se descubrió que el Ministro de Salud no había respetado la cuarentena y había ido a su casa en la playa o algo así. Al día siguiente tuvo que renunciar. Eso está lejísimo del estándar que hemos tenido permanentemente. Una falta de transparencia en los datos sin que haya habido mayor responsabilidad al punto de que se diga que no hubo estrategia de inmunidad del rebaño.

Que en un país como el nuestro, la verdad oficial te haga dudar, es sumamente complejo, como usted indica, desde el punto de vista social destruyes la confianza y la credibilidad. Terminas en un momento en que la emergencia está escalando a un estallido social.

-Pero a diferencia del estallido vivido en octubre, hoy día se incuba un estallido social con la emergencia, que podría escalar sin techo y yo te diría que tiene las características y condiciones para que eventualmente estallara al punto de poner en riesgo nuestra institucionalidad. Sin embargo se sigue en la misma línea. A favor de que la verdad oficial se imponga. Pero tengo mis dudas de que eso se logre con la cantidad de fallecidos que hay. De aquí a dos semanas más, o antes, vamos a tener 10 veces la cantidad de fallecidos que tuvimos para el 27F. Estos son procesos sociales complejos, que no se liberan tan fácilmente. Menos cuando tú tienes un porcentaje de la población tan alto afectado de manera multidimensional, del punto de vista de la vida, la salud y del punto de vista económico, la rabia se canaliza en problemas de confianza y de credibilidad del liderazgo y de conducción, que están todos sumamente frágiles.

El rol de los municipios en la pandemia

Al comienzo de la pandemia las municipalidades fueron actores clave, ejerciendo un contrapeso de poder ¿Haría un llamado a que la Asociación de Municipios se hiciera cargo de la Comunicación de Riesgo para proteger a su gente?

-Absolutamente. Quisiera señalar que es el eslabón más débil porque son administraciones, no gobiernos locales, con pocas facultades que dependen mucho de los dineros del nivel central. Pero sí son claves, porque están en el territorio. El alcalde, el carabinero del retén y el sacerdote conocen a la gente y están vinculados, y por lo tanto sí, coincido contigo. Hay un pero, de tener cuidado con reinventar la rueda. Los alcaldes deben ser cuidadosos en términos de las reivindicaciones que levantan. Te voy a poner un ejemplo cuando en un principio se planteó la cuarentena nacional ese era un debate que lo perdieron desde el momento en que lo plantearon, porque no estaban debidamente asesorados en términos de comprender que una cuarentena nacional es inviable.  Pero, si la primera medida hubiera sido que los alcaldes pidieran el cierre de las fronteras regionales de la Región Metropolitana, como principal foco exportador de casos y que se cerrara el aeropuerto para viajar a regiones y las carreteras manteniendo la línea de abastecimiento, no habría generado ninguna alteración en la RM, pero habría generado un gran impacto para las regiones.

¿Este apoyo que necesitan los alcaldes podría dárselo el grupo de Ciencia Sociales y Humanidades por ejemplo? ¿Existe una comunicación entre ambas partes actualmente?

-No, no existe. Yo pertenezco a este grupo de científicos y expertos que se formó de manera bastante espontánea. Pero no ha habido comunicación y eso también es comprensible con el nivel de presión que tienen los alcaldes. Y porque tenemos también una forma de hacer política donde no se busca mucho ser asesorados, y no nos olvidemos que los alcaldes también son políticos. Mientras en países desarrollados, el hacerse asesorar es algo que agrega valor, no es así acá. Tenemos una aproximación fragmentada, donde cada uno va abordando la cosa como su compartimiento.

Pero se puede hacer – dice De L’Herbe- y no es caro de implementar, porque los municipios ya tienen una capacidad instalada con asistentes sociales, profesores, personal de salud, etc., que conocen la realidad de su gente y de su territorio.

La ingeniería fina, que en inglés se llama micro management es mucho más fácil hacerla en un municipio. No requiere tantos recursos porque estamos hablando de una especie de centro coordinador, que genere una trazabilidad social, no solamente médica. Por ejemplo si tienes adultos mayores con hipertensión o diabetes, independiente de que no estén contagiados, no queremos que salgan a la calle. A esas personas les llegó un bono y tienen que ir a un cajero automático. Entonces debería existir un sistema municipal donde se haga una atención domiciliaria, le lleve el cheque, la alimentación o los medicamentos y revise cómo están dos veces al día. Se puede incluso establecer integración horizontal con otros municipios y con el sector privado, aún cuando no esté en su jurisdicción, para que aporte recursos económicos o logísticos que mejoren las condiciones en temas tan sencillos como tener instalaciones alternativas, para que las personas puedan permanecer allí mientras son atendidas en una urgencia. Todo ello con un sistema de comunicación veraz, donde la gente pueda llamar por teléfono y aunque no haya llegado el medicamento o lo que necesitan, le digan la verdad y le den una solución.

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