Mejor votar por Boric en las primarias

¿Es cuestionarse las estrategias y las formas un signo de debilidad? Por el contrario, es lo que hace más fuerte la acción política, ya que mediante el cuestionamiento lo que se adquiere es la noción de sujeto político. La eterna excusa, en cambio, solo logra que veamos en el otro la responsabilidad, cuestión que no colabora, como hemos visto, al momento de intentar gobernar un país.                         


Las elecciones del domingo dejaron aprendizajes importantes para quien quiera darse cuenta. La candidatura de Karina Oliva, quien parecía ser la carta ganadora a la gobernación metropolitana, no logró el triunfo esperado, lo que pudo ser el escenario preciso para buscar lecciones que la historia da en tiempo real. Sin embargo, aún no se ve nada que indique algo parecido a una autocrítica.

¿Es cuestionarse las estrategias y las formas un signo de debilidad? Por el contrario, es lo que hace más fuerte la acción política, ya que mediante el cuestionamiento lo que se adquiere es la noción de sujeto político. La eterna excusa, en cambio, solo logra que veamos en el otro la responsabilidad, cuestión que no colabora, como hemos visto, al momento de intentar gobernar un país.

Parece importante que, aunque suene evidente, cada medida o paso a seguir sea analizado desde una mirada amplia de todo el quiebre social y político que vive el país. Urge que las candidaturas a la primera magistratura, en medio de una instancia única como la Convención Constitucional, puedan analizar todos los escenarios y entender que los procesos no son lineales, ni que existen verdades reveladas en contextos tan líquidos como el actual.

La única persona que en Apruebo Dignidad fue capaz de hacer eso públicamente, fue el odiado y despreciado Gabriel Boric. A pesar de que en todas las apariciones públicas sale detrás de Daniel Jadue como si fuera su escolta en vez que su contrincante en una primaria, su diferenciación con gran parte del sector en el que se desempeña se hizo notar cuando dejó en claro que el triunfo de Claudio Orrego, gobernador electo, no es simplemente el miedo de una derecha que salió, como suele hacerlo cuando no existe políticamente, a parar lo que ven como una “marea roja” que parece no ser atajada por ninguna regla institucional. Porque, aparte de “las tres comunas” en las que recaen todas las culpas para algunos, hay un mundo rural no menor al que no se ha llegado.

Lo que pasó con la candidatura de Oliva, como al parecer Boric y otros lo entendieron, tiene que ver con el emborrachamiento que produce el triunfo en constituyentes y en la primera vuelta de gobernadores y alcaldes. Es el poco peso que se le tomó a una posición única en la historia reciente de Chile. Es haberse sentido parte más de una moda que de un movimiento que dice tener como horizonte cambiar el país.

Boric fue más cauto que Oliva y Jadue. Y es que el alcalde de Recoleta no luce como alguien muy acostumbrado a las revisiones, a las preguntas, sino más bien es un ferviente creyente de que los avances sociales y políticos son logros planos, sin grietas, sin hoyos en el camino. Cuestión curiosa siendo el representante de un partido como el Comunista, que de derrotas sabe.

Por esto es que vale la pena mirar más allá de los discursos, de la bella retórica, y hacerse preguntas radicales como si el edil es el líder necesario para encabezar un proyecto que no solo pretende cambiar paradigmas, sino también dar gobernabilidad. Porque este factor es más importante de lo que se cree.

Hablar de gobernabilidad, como todo en estos días, está manchado por la definición que se tenía en los noventas. Al igual que cuando se habla de acordar, la gobernanza está empapada por un consenso falso, en el que la imposición ideológica de “lo correcto” determinaba quién era realmente demócrata o totalitario.

Hoy la política debe ser capaz de recuperar estos conceptos siempre sobre la base de la confrontación de ideas y miradas ideológicas. Y pareciera que en la primaria entre el Partido Comunista y el Frente Amplio es Boric quien sabe más al respecto. Al menos ha demostrado tener conciencia de que el ejercicio de lo político no debe ser llevado a cabo por la pureza de los excluidos, porque tal pureza no existe.

No digo con esto que sea el mejor candidato. Digo que es el único que parece dispuesto a reconocerse equivocado cuando lo está. Y eso es bastante en un lugar en que parece que la equivocación, a ratos, es un pecado.

Las opiniones vertidas en las columnas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representa necesariamente el pensamiento de La voz de los que sobran.

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