Matamala. ¿El nuevo pastor de la modernización?

Hoy Matamala se devela como un Peña Millennial, y deviene una especie de comunicador del orden, cuya tarea es impugnar elites carenciadas y los excesos del octubrismo -a riesgo de su lírica-.  Un liberal que no goza de teoría del progreso (Caso de Peña González), sino que cultiva la “razón cínica” sin explicar los orígenes del pesimismo existencial

                                                                                               a la  Amapola.

En medio de tanto hábito parroquial, nuestro péndulo mediático nos obliga a  repensar la relación entre “neoliberalismo corregido” y las corporaciones mediáticas. Nuestra elite, reducida a gente con dinero, y los periodistas de Vitacura, con sus clasismos mediáticos, lepra arribista y herencias morales, han derogado la potencia de la experiencia plebeya (2019).

El “fascismo capilar” de los últimos días, ha encumbrado la posición de nuestro nuevo Bernardo de la Maza -postperestroika-. Aludimos al liberalismo higienizante de Daniel Matamala que, como buen pastor, fustiga con buenas razones a José Antonio Kast, al extremo de dejarlo como un psicópata o un potencial demente, pero con un matiz (culposo) que por ningún motivo se puede dejar pasar. Dicho velozmente el Periodista y “escritor” de CNN envía un subtexto anti-elitario a sus audiencias gaseosas.

Digámoslo así, ¡cómo se les ocurre votar por un fanático nazi como Kast, cuando  los verdaderos elegidos somos nosotros, los que admitimos el abuso del privilegio elitario, y podemos gobernar, pero sin romper con este mismo círculo” ! Allí anida la “aristocracia benevolente” de Matamala, que, cual vanguardia, toma distancias de nuestro “capitalismo para yernos”. Texto frugal, moderno y “demócrata abstracto”, pero al interior del partido neoliberal. De un lado, la aceleración de acumulación financiera arrastra al “porno capitalismo” -la violencia del pos/fascismo- necesario e inevitable en los casos de Bolsonaro y Trump y el mismo Kast y, de otro, elites que requieren mantener distancias y liturgias para interpelar la restauración fanática del presidenciable y contener los flujos descontrolados de capitalismo digital. De allí esa necesidad de la oligarquía por suscribir la burrada in abstracto, donde “todo totalitarismo es condenable por igual” (Stalin, Hitler, Bolsonaro o Noriega). Matamala territorializa los afectos para oligarquizar a un “pueblo pedagógico” invocando la verdadera y prístina élite, cual programa de gobernabilidad.

En tanto vanguardia es necesario gerenciar el lugar tanático de la modernización, y sus desgastes, restituyendo la liturgia del “orden ilustrado” y la sensatez elitaria (Caso del IES, el CEP y L&d en la convergencia en la “Subsidiariedad ampliada”). El texto del periodista agudiza el principio de realidad y nos alecciona, “sin nosotros vuelve el horror mediante un loco suelto en el poder que pone en riesgo la acumulación de capital y las políticas focales”. Por ello la diáspora de la revuelta debe ser clasificada y normada, admitiendo desigualdades bajo un nuevo dispositivo transicional.

Más aún cuando la caída de Sichel ha exacerbado peligrosamente la embriaguez elitaria, Cubillos se inmola por el abanderado del piñerismo y Juan Sutil apoya la agenda de Kast.  Y ya lo sabemos, el piñerismo solo nos ofertó la ponzoña del futuro triste y abstracto, la social demócracia fue la insolencia de una impunidad sin tributos. Bachelet, un neoliberalismo protestante. Y el FA, un espectro lingüístico que, en pérfidas pupilas, no es más que “sueños de oportunismos” en el confesionario moralizante de Matamala. De allí ese target (35/40) de “demócratas insatisfechos” (buenismo neoliberal), que promedia entre Ñuñoa y Providencia y practica la homilía de los jesuitas escuchando la monserga del periodista contra el “oligarca homicida”.  En suma, se hace evidente el pacto chicago-concerta-gremialista para asegurar el “flujo de capital” y evitar nuevos demonios.

Matamala, nuestro “pastor liberal” implica una heroicidad  informacional que se encuentra climatizada en un “discurso objetivante”, políticamente “progre”, donde el pacto final es nuevamente una Concertación recauchada (3.0) que nos libre del Inferno. Cabe admitir que se ha dado el trabajo de elaborar un texto que ficcciona la neutralidad, pretendidamente aséptico, desde las contradicciones grotescas de la élites. Pero ello está lejos de representar una explicación de la cadena de abusos en sus raíces. 

En fin, es otro Chile, que dista de aquel que cultivaron Raquel Correa, Julio López Blanco, Mónica González, entre su afán educativo, altas asesorías y un verbo moralizante que representa la imposibilidad del periodismo. El alicaído Villegas, otrora pigmalión de las elites, y los intereses cruzados de Matías del Río en inversiones educacionales -con la “excepción” de un totémico Paulsen-. Un despertar del Chile postransicional que luego de la revuelta entroniza de golpe con los mercados globales (donde Matamala pone a tono la sensatez con los tiempos, las modas y una estética extraída de algún personaje de Woody Allen).En suma, un liberal sexy para los viejos formatos televisivos de Ascanio Cavallo y un gremialismo moribundo.

Hoy Matamala se devela como un Peña Millennial, y deviene una especie de comunicador del orden, cuya tarea es impugnar elites carenciadas y los excesos del octubrismo -a riesgo de su lírica-.  Un liberal que no goza de teoría del progreso (Caso de Peña González), sino que cultiva la “razón cínica” sin explicar los orígenes del pesimismo existencial. En suma, representa un dispositivo de la “comunicación memética” que busca hacer del poder una “práctica pedagógica”.  

Con relación a las elites ocurren cuestiones tibiamente similares con sus compañeros de ruta. En Tolerancia Cero es capaz de generar una evangelización  sin centro ni vértice, con un texto eficiente que monopoliza la sensatez y declara la interdicción de situaciones que no se ajustan a sus “principios de realidad”. El mensaje es claro, la democracia será liberal o no será democracia. En el Chile de las “subjetividades plásticas”, el discurso Matamala comprende un lenguaje que le permite administrar un texto hermafrodita (anti-elitario) que hoy, por cuestiones parroquiales, aún no sale a la luz pública.

En resumen, se trata del déficit cognitivo de una democracia cesarista cuando intentamos pensar la imagen de una voz disidente y develar la crítica protegida desde las corporaciones. Por qué será que Peña inviste el régimen de un “silencio normalizador” mutilando el iris de la cognición, la siniestrada burocracia cortesana (Joignant, Güell, Navia) elaboró un “eufemismo explicativo” por la vía de reducir todo a “malestar fugaz”.

Dicho de otro modo, el sujeto de marras es la “lengua liberal” de la democracia corporativa, dado que su evangelio, más que obrar como un acto genuinamente desacralizador o rupturista, es más bien la defensa “erótica” (tomen nota del tal fascinación) de la relatoría del orden. Hay que decirlo. Los funcionarios cognitivos del orden nos dejaron sin espejos, abundaron en la inmediatez, en burocracias laxas, luego avanzaron ciegos y felices a un mundo inasible, endeble, de infinitos consumos. Después fumigaron toda voz antagónica. Los bardos huyeron por las cornisas y por el hambre de la calle octubrista (2019).

Por ello nuestra multitud policial, esa “masa de proletas” que sigue a Kast, no puede ofrecer luz, solo penumbras, si nadie garantiza el ciclo de acumulación del capital.

Hojarascas…

Total
39
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts
Leer más

Pensamientos de muerte en la vida viral

Esas marchas, cuya condena transversal y sin matices sonó tan silenciosa como las calles de esta pandemia y su confinamiento obligatorio, quedó como una fotografía congelada en el tiempo, como un recuerdo traumático indigerido, una escena sin ligazón posterior que permita su significación.
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.