Más precarizados que nunca: Endeudados en pandemia

De acuerdo al Banco Central, durante la emergencia sanitaria el endeudamiento de los hogares en Chile llegó a un promedio del 76,4% del ingreso familiar y según estudios del Sernac, más del 80% dice haber sentido algún grado de acoso por parte de las empresas de cobranza. Ansiedad y estrés es lo que vive una gran cantidad de familias endeudadas por alimentación, salud, vivienda y estudios. Nos adentramos en cuatro historias de personas que han debido cargar el peso de la crisis económica causada por el confinamiento y la escasez de beneficios por parte del Estado.


Ester Benoni (64) es pensionada, pero actualmente continúa trabajando al igual que muchos adultos mayores de nuestro país. Su esposo, Jaime Torres (65), es jubilado por invalidez producto de un accidente vascular que lo afectó cerebralmente hace ya 24 años. Él a comienzos de mayo se contagió de coronavirus. No sabrían decir en qué momento el virus llegó a su casa en Conchalí, ya que desde marzo fueron estrictos en las medidas de distanciamiento social, lavado de manos y uso de mascarillas. Incluso, hasta el día de hoy no han querido salir de su casa, ni siquiera para ir de compras al supermercado, sentarse en un parque a tomar el sol o visitar algunos familiares. Su vida cambió por completo y se han sentido solos, como tantas otras personas de la tercera edad.

-Yo le tengo mucho respeto al coronavirus. Me da pena la cantidad de casos nuevos y tengo mucho susto de lo que viene-, explica al otro lado del teléfono.

Ester cuenta que su esposo en abril estuvo con múltiples malestares físicos y síntomas vinculados al COVID-19, pero el 22 de mayo comenzó con fiebre y dificultad respiratoria. Rápidamente el temor de perder a su compañero de vida por 45 años aumentó. Junto a su hijo, que afortunadamente se encontraba en Chile y quien la acompañó en esos momentos duros, buscaron la alternativa más cercana para trasladarlo, siempre con el miedo de haberse contagiado. El Hospital J.J Aguirre fue la primera opción, pero no tenía camas disponibles. Así, contra el tiempo y angustiados por el miedo, llegaron hasta la Clínica Tabancura. Allí fue inmediatamente intubado y durante dos semanas permaneció conectado al respirador. El 18 de junio, y tras luchar por su vida casi un mes, Jaime tuvo la anhelada alta médica y llegó a su casa con veinte kilos menos. Apenas caminaba.

-Fue una angustia terrible, porque lo atacó el virus y estuvo grave, pero después vino la angustia por la deuda-, confiesa Ester.

Durante las Fiestas Patrias recibió en su correo electrónico el monto adeudado. El total de la hospitalización por los 28 días en la Clínica Tabancura ascendió a $27.464.374. Finalmente, con los descuentos de su plan de Isapre y la bonificación de la Cobertura Adicional para Enfermedades Catastróficas (CAEC), el monto adeudado a pagar es de  $3.833.108. Con el poco dinero que reciben como pensionados esa cifra parece inalcanzable.

Hoy Ester y Jaime se encuentran apelando a la Superintendencia de Salud los montos adeudados. No saben cuántos meses tendrán que esperar respuesta. Acusan que la Isapre Consalud dejó un monto de la cuenta sin cobertura CAEC y reclaman que están cobrándoles la terapia de fonoaudiología post intubación, apelando a que el tratamiento fue ambulatorio, sin embargo, ella sostiene que su marido estuvo en todo momento hospitalizado por la normativa Covid. Por si fuera poco, el mes pasado, la clínica la contactó vía correo electrónico avisando que protestarían el pagaré que había firmado por el costo total, cercano a 30 millones de pesos.

Ester no lo podía creer.

-La cantidad no es menor en estos tiempos y la clínica me presiona por el cobro enviando correos, eso es muy deprimente. Yo no puedo pagar 4 millones de pesos al contado. La clínica me dice que pague con una tarjeta de crédito a 12, 24 o 36 cuotas, pero yo les digo que no me voy a endeudar en la banca, porque qué pasa si después no puedo pagar, en este momento yo estoy trabajando, pero los dos somos pensionados-, explica.

Actualmente la pareja de adultos mayores tramita otro pagaré en cuotas y se sienten preocupados por el abandono del Estado en materia sanitaria. Creen que al igual que ellos, muchas chilenas y chilenos están pasando duros momentos endeudados por la pandemia.

-Tal vez no es tanto, porque la vida de mi esposo vale mucho más que eso. Tener que endeudarnos en salud es muy triste, los viejos dimos todo en nuestra vida laboral. Siento que el gobierno no ha hecho nada en la pandemia por favorecernos. El presidente tuvo que haber obligado a las Isapres a asumir los costos (…) si lo llevamos a sumas y restas, igual es negocio, porque las clínicas son los mismos dueños de las isapres”, dice antes de terminar la entrevista.

***

Marcela Piceros (38) ha visto reducido en un 60% sus ingresos debido a la pandemia. Ella es cocinera y a comienzos de abril el restaurante en el que trabajaba la ingresó al listado de empleados con suspensión laboral y entró en cuarentena total en la comuna de Santiago por varios meses.

-Tuve que vender pan, galletas y empanadas para pagar el arriendo. Afortunadamente tuve el apoyo de mi comunidad y nunca me faltó para comer-, cuenta.

El segundo semestre del 2019 por fin había podido tomarse algunas semanas de vacaciones. Por lo mismo, solicitó un crédito de consumo al Banco Santander para viajar a Estados Unidos con sus amigos y disfrutar la costa de California. Al llegar a Chile, se encontró con el país en pleno estallido social y su empleo sufrió las primeras consecuencias de la crisis, el Barrio Bellavista ya no recibía el mismo flujo de turistas y visitantes debido a las protestas.

El 4 de noviembre de este año recibió un correo electrónico de un “ejecutivo castigo-judicial” del Banco Santander perteneciente a la Gerencia de Recuperaciones. En la oportunidad, se le ofreció una oferta de pago con un importante descuento y le informaron que la llamarían para dar mayores novedades. Seis días después, la misma persona la contactó telefónicamente y le aconsejó insistentemente que utilizara el retiro de fondos de la AFP en pagar la deuda bancaria.

“Don Guillermo, sé que debo pagar, pero estamos en pandemia. No tengo trabajo y mi rubro se está activando. Pero hoy su llamado superó los cánones de ética de cobranza. Siendo que yo le dije reiteradas veces que no tengo dinero para pagar otras cosas. Usted siguió burlándose de mi condición y al final de la conversación terminó diciendo que pagara con el retiro de mi 10%. Me sentí completamente ofendida porque usted no debe decir qué debo hacer con mi dinero. Esto lo haré saber a Santander y que me designen a otro ejecutivo”, le respondió Marcela por email.

4 de Septiembre del 2016/SANTIAGO Un grupo de personas participar de la Marcha convocada por la Confech “Endeudados por Estudiar”, manifestación que es de carácter familiar y su recorrido es de Plaza Italia hasta plaza Los Heróes FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

Para ella, el llamado telefónico, o más bien acoso telefónico es indignante. Sobre todo por la mención al retiro de fondos.

“Yo quiero formular el pago de la deuda, quiero pagar y justamente estaba viendo repactarlo en cuotas (…) por supuesto que me enojé. Me dieron otro ejecutivo, puse reclamos pero jamás me pidieron disculpas”, explica.

***

Hace pocos días, Dominique Fonseca (32) junto a otras personas, lanzaron el movimiento “Deuda Social” que busca condonar las deudas que refieren a derechos sociales.

Dice que la idea de la organización es convocar a más gente que vive situaciones similares. De alguna manera reforzar la red de ayuda de los hogares endeudados que se precarizaron aún más durante la pandemia.

Así lo dicen los números también, ya en julio el Banco Central calculaba la recesión en -7, 5% para este año. Eso en un país donde el 50% de los trabajadores gana 400 mil pesos. Ya en ese mismo mes la Fundación Sol anunció que debido a los efectos de la crisis se estimaba que en Chile, el 80% de los hogares está endeudado y con el plan de apoyo a la Clase Media del Gobierno, después de la pandemia se podría llegar a 85% de hogares endeudados.

– No solo es vivienda, pasa por educación y salud que son nuestros derechos básicos. Que no tengamos que vivir para pagar deudas. Esto nace como una necesidad para ayudar a quienes no tienen tanta voz-, explica.

Dominique es deudora del CAE y habitacional, ambos créditos otorgados mediante el Banco Scotiabank. Estudió en la Universidad del Pacífico la carrera de Dirección y Producción de Eventos, de la que no pudo titularse debido a los problemas económicos de su padre. Hoy el banco quiere rematar la vivienda social en la que vive en Peñaflor junto a sus dos hijos, pese a que ella siempre ha tenido la intención de pagar.

-Estamos en una situación país súper compleja y las mujeres somos perjudicadas por lo que está pasando. Por ejemplo, en mi caso, quedé sin trabajo en marzo como muchas otras personas que han tenido que generar recursos no formales, y no te alcanza para vivir. Las pensiones de alimentos no son pagadas. La mujer se endeuda el doble y ser mujer en la actualidad sigue siendo complejo ¿Cómo se sostiene eso? Yo no tengo apoyo con los niños, tengo que andar con ellos  para arriba y para abajo, y con la presión de perder mi casa el estrés familiar que vivimos es constante. Yo evito que los niños escuchen hablar sobre este tema, pero tampoco se los puedo esconder -, dice.

Durante los meses más complejos de la pandemia se las ingenió para vender frutas y verduras, pero cuenta que debido a las altas temperaturas no puede continuar vendiendo los alimentos con los que pudo solventar su casa y gastos de sus hijos. Ahora tendrá que reinventarse de nuevo.

31 de diciembre de 2018/SANTIAGO En el marco del feriado bancario no se abrirá ninguna sucursal de los bancos que funcionan en el país. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

Cada vez que el celular de Bernardita Torres (36) recibe un llamado telefónico de un número desconocido, siente un nudo en el estómago, apenas puede dormir. Siempre es un nuevo cobrador. También se asusta cuando preguntan por ella afuera de su casa. Desde hace años aparece en el archivo de DICOM por la deuda universitaria contraída tras estudiar ingeniería comercial en la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

-Ahí comenzó mi martirio. He tenido que vivir siempre con ´si preguntan por mí, digan que yo no vivo ahí´ y en tiempos de coronavirus ha sido cada vez más recurrente-, dice.

Bernardita vive junto a su hijo y pareja en las cercanías de Carampangue. No tiene un trabajo estable desde hace varios años. Tuvo que emprender vendiendo ropa para niños y con mucho esfuerzo logró levantar un pequeño local comercial en la Región del Biobío. Cuenta que no ha podido acceder a beneficios sociales, Fondo de Garantía para Pequeños Empresarios (FOGAPE), ni al retiro del 10% pues siempre trabajó a honorarios y no cotizaba en el sistema previsional.

-Traía un año de deuda que arrastraba del CAE. Estuve todo este año esperando la Ley Chao Dicom para poder acceder al FOGAPE o algún crédito y mejorar mi situación. Cuando aprobaron la ley me puse contenta, porque me di cuenta que borraron las cuotas que adeudaba del CAE, sin embargo, dejaron dos cuotas ahí, no sé por qué motivos. A los bancos les aparecen estas cuotas en el histórico, así que aún para ellos represento un cliente riesgoso-, relata angustiada.

Debido a la pandemia y las dificultades económicas, Bernardita tuvo que echar mano a los exiguos ahorros con los que contaba.

-Todo ha sido duro y complicado, sobre todo ahora con el coronavirus. Los bancos me rechazan todo lo que pido. Me he tenido que comer el capital de trabajo y le debo plata a los proveedores. Yo solo quiero trabajar honradamente y dejarle lo mejor a mi hijo- , confiesa.

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