Mario Amorós: “La DC quiere pasar de puntillas en su responsabilidad grave en el golpe de Estado”

El periodista e historiador español publica su último libro en el que, a partir de un amplio material documental y bibliográfico, pone foco en las entidades civiles responsables del derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular. En esta entrevista el autor pone énfasis en el rol invisibilizado de la DC en la caída de la democracia en 1973.

“Es increíble la cantidad de jóvenes historiadores de todo el mundo que estudian la experiencia de la Unidad Popular (UP). Por ejemplo, conocí en Madrid a un muchacho de Corea del Sur que se cautivó por este período y está haciendo su tesis doctoral sobre la UP”, cuenta Mario Amorós (Alicante, España, agosto de 1973). Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona y periodista, publicó este año Entre la araña y la flecha. La trama civil contra la Unidad Popular (Ediciones B, 2020), en la que pone foco en diversos actores preponderantes del mundo político y económico nacional que bregaron por el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende.

El primer fruto impreso sobre historia de Chile fue 2004, para dar un salto hasta 2013, con la biografía a Salvador Allende. Ese trabajo lo empujó a meterse de lleno en el género biográfico ya que de ahí en adelante publicó sobre Miguel Enríquez y el dictador Augusto Pinochet (2019).

Estas y otras investigaciones se volvieron el derrotero que lo orientaron a su nuevo trabajo, esta vez en el rol de los civiles en la fragua del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

A partir de un acucioso trabajo de archivo, Amorós da cuenta del permanente accionar desestabilizador de sectores poder de la sociedad civil, destacando a consabidos personajes como Agustín Edwards (entonces dueño de El Mercurio),  Sergio Onofre Jarpa (líder del Partido Nacional, PN), Pablo Rodríguez («jefe nacional» de Patria y Libertad), Orlando Sáenz (presidente de la Sociedad de Fomento Fabril), Jaime Guzmán (fundador del movimiento gremial en la Universidad Católica) y León Vilarín (referente de la Confederación Nacional de Transporte Terrestre). Asimismo, profundiza en la responsabilidad del golpe de Estado de un partido político que habitualmente no está dentro del foco: la Democracia Cristiana (DC). 

Con la documentación que obtuvo de la propia DC, Amorós ilustra el devenir de la actitud falangista en los años de la Unidad Popular, la que pasó de respetar la asunción y mandato de Allende hasta mayo del 73, cuando se hace más explícito su alineamiento con las fuerzas desestabilizadoras. “Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin tienen una responsabilidad grave, junto a otros sectores conservadores de la DC, en la preparación de las condiciones del golpe de Estado”.

DESTACADO: Si Frei Montalva se la hubiera jugado en salvar la democracia (…) el golpe de Estado habría sido mucho más difícil”.

El contexto nacional y global sigue siendo necesario para comprender el asunto: el Concilio Vaticano II, la conferencia de los obispos de América Latina de 1968, atizaron la llama de un cristianismo popular que permeó a parte de la DC. Una parte se escinde de ella con el fin de buscar alternativas al capitalismo, como lo fue el MAPU en 1969 más la candidatura presidencial de Radomiro Tomic.

Aylwin y su “lucha sin cuartel contra la tiranía comunista”

El periodista e historiador comenta que Frei Montalva y Aylwin, si bien manifestaban su rechazo a la idea del golpe de Estado, al momento de consumarse lo apoyaron públicamente. “Y esto, en el análisis histórico, tiene que pesar mucho más de lo que pesa hoy y tiene que invitar a los partidarios y herederos de su legado, a hacer una autocrítica que no han hecho. Esto sí lo ha hecho la izquierda, de forma recurrente y casi obsesiva, en la cual me incluyo. La DC quiere pasar de puntillas en su responsabilidad grave en el golpe de Estado. En el libro se muestra cómo Frei Montalva, Aylwin y la dirección de la DC apoyaron públicamente el golpe de Estado y la dictadura. A partir de todos sus prejuicios anticomunistas, dijeron que era el mal menor ya que, según ellos, Chile iba rumbo a una dictadura  estalinista”, comenta.

–   ¿Qué papel tuvo Eduardo Frei Montalva? Su asesinato parece eclipsar su responsabilidad en el golpe de Estado.

– “Partamos por lo sabido: los documentos de la Central Intelligence Agency (CIA) de Estados Unidos, en específico el Informe Church de 1965, indican que fue financiado por ellos en su campaña presidencial de 1964. Dicha campaña abre un abismo entre él y Salvador Allende, al punto que el triunfo de la Unidad Popular en 1970 es asumido por Frei Montalva como un fracaso personal. Él tenía una visión apocalíptica de la Unidad Popular, propia de la mentalidad de la guerra fría que asociaba sin distinción a cualquier propuesta socialista con el estalinismo más duro, omitiendo la impecable trayectoria política de Salvador Allende y el apoyo que recibió del Partido Comunista en 1969 ante la sublevación del general Viaux, en el llamado ‘Tacnazo’ “.

­–  ¿Solamente tenía prejuicios Frei Montalva?

– “Bueno, lucha política también. Como presidente del Senado en mayo de 1973 era la segunda autoridad política de la nación y se mantuvo en contacto con los altos oficiales del ejército que preparaban el golpe: generales Óscar Bonilla y Sergio Arellano. Estos conspiradores fueron en su momento sus edecanes en su gobierno. Él sabía del golpe que se estaba gestando y se dispuso explícitamente con otros dirigentes DC como Andrés Zaldívar en hacer fracasar cualquier posibilidad de entendimiento con la UP. Desde 1972  la DC también alimentó el discurso que posteriormente ocupó la dictadura para legitimarse”.

El tanquetazo del 29 de junio de 1973 y el sabotage de camioneros, terratenientes y grandes empresarios, más la obstrucción férrea de los congresistas de oposición, llamaban a un inminente golpe de Estado y el temor a la guerra civil: “Allende y el PC lo tenían claro y por eso lanzaron la campaña en contra de la eventual confrontación armada, cosa que la cúpula de la DC no creía. Si Frei Montalva se la hubiera jugado en salvar la democracia como sus pares Fernando Castillo Velasco (Rector de la PUC) y Radomiro Tomic, el golpe habría sido mucho más difícil”, señala Amorós.

Cito una parte de su libro en las que Patricio Aylwin le escribió al entonces saliente presidente de la DC Renán Fuentealba.  “«Solo una lucha sin cuartel en todos los frentes», como desde 1971 preconizaban y practicaban el Partido Nacional y Patria y Libertad, podía evitar la implantación de «la tiranía comunista”. ¿Por qué tan enconada la aversión de Aylwin hacia el gobierno de Allende?

-“A nadie se le coartaron sus libertades. ¿Por qué la DC veía lo contrario? Por los prejuicios atávicos que tenían sobre la UP, donde veían que el único puerto de este proyecto era una tiranía comunista. La DC fue financiada por la CIA desde el año 1972 para ser el dique de contención ‘más inteligente’ puesto que los recursos de la derecha eran tan evidentes que, de haberlos estimulado más, solamente habrían alimentado el crecimiento de la izquierda”. 

 Finalmente, Amorós entrega una reflexión de los días que corren en Chile que busca tener un hilo conductor con la materia de su libro: “A menudo habrán jóvenes que creen que la historia comenzó con ellos el 18 de octubre pasado y eso no es así. Hay un hilo rojo que nos retrotrae a la UP, al Frente Popular, a Luis Emilio Recabarren. Hay una continuidad en la historia de la izquierda chilena y del movimiento popular de lucha, justicia social y los valores más nobles, que hoy está en un momento decisivo. El plebiscito de octubre es determinante. Si no ganara el Apruebo, no puedo pensar en el escenario de retrocesos y en la lejanía de una nueva posibilidad como ésta, surgida tras una represión tremenda”.

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