Marcela Cubillos, Mariana Aylwin, Jorge Burgos y más ¿No les da vergüenza querer ser constituyentes?

Impudorosa brilla en su distrito Marcela Cubillos, quien sin ningún asco lanza una candidatura para llegar a escribir la constitución que nunca quiso que se escribiera ¿Con qué cara anuncia que está lista para dar el “debate de ideas” en la convención, “sin descalificaciones”, si lo único que hizo el último año fue desacreditar con furia la idea de una nueva carta magna, culpando a la violencia de un país como la causante del camino al que ahora se quiere sumar sin disimulo?


¿Es tanto el afán de protagonismo, es tanto el ego o la sed de poder que sienten que el futuro de Chile no puede dejar de contar sus voces? Sus voces, las de Marcela Cubillos, Mariana Aylwin, Jorge Burgos, Felipe Harboe, Cristián Monckeberg, Antonio Walker, que son las mismas voces que construyeron este país que estalló hace un poco más de un año ¿Nos pueden explicar por qué insisten en copar los asientos del poder de la asamblea que exigió el pueblo en las calles, un pueblo rebelado ante, precisamente, sus años de ejercicio del mando? 

Podrán responder que es legal, que es su derecho ciudadano, pero el cuestionamiento de fondo no es ese, es que mientras cientos de candidatos independientes luchan en las redes sociales para poder legalizar sus postulaciones, mientras los indígenas tratan de juntar las firmas para representar a sus comunidades, mientras líderes vecinales levantan opciones desde la población luego de haber destacado en la organización de ollas comunes, ustedes nuevamente hacen uso de sus privilegios que se asoman sin escrúpulos en sus anuncios de caritas sonrientes.

Impudorosa brilla en su distrito Marcela Cubillos, quien sin ningún asco lanza una candidatura para llegar a escribir la constitución que nunca quiso que se escribiera ¿Con qué cara anuncia que está lista para dar el “debate de ideas” en la convención, “sin descalificaciones”, si lo único que hizo el último año fue desacreditar con furia la idea de una nueva carta magna, culpando a la violencia de un país como la causante del camino al que ahora se quiere sumar sin disimulo? Impacta pero no impresiona, así funcionan los representantes de la élite, los políticos de carrera que hallaron la gloria en la transición: donde está el poder, están ellos; donde se toman las decisiones están ellos; donde puede haber gente nueva, fresca y representante de los intereses ciudadanos más genuinos, mejor es que estén ellos, con todo el peso de la historia que esta convención busca superar.

Si uno revisa las palabras de Marcela Cubillos hace un par de meses y las contrasta con su nueva candidatura constituyente, puede entender por qué al final del día las personas dejan de creer en los políticos; porque ¿cómo es posible que alguien que en septiembre dijo, criticando al Apruebo y la convención, que “van a ser los políticos que decidan a sus representantes y no los ciudadanos de a pie (…) la composición va a ser muy parecida al Parlamento actual donde prácticamente no hay independientes”, hoy se presente como candidata?

Hace cuatro meses rechazabas la nueva constitución porque engañaba a la gente, porque no garantiza participación de los chilenos de a pie, y ahora tú vienes a ocupar el lugar de esos chilenos de a pie que se desviven juntando firmas para participar en una asamblea por la que tú misma, Marcela, votaste e hiciste campaña en contra ¿No te da un poco de vergüenza?

Pero así funcionan los viejos políticos que se acostumbraron a que el poder en Chile es de ellos, los que no comprenden un país sin sus discursos, negociaciones e intereses. Es el caso de la reluciente “independiente” Mariana Aylwin, exministra de Estado, hija de Presidente, notable integrante de mesas de trabajo del gobierno de Piñera, quien luego de demonizar y ridiculizar la idea de una nueva constitución, hoy se inscribe para escribirla ¿Es una burla? ¡Si usted misma dijo hace algunos años que “tener una nueva Constitución me parece típico del realismo mágico”! ¿No sería más sano para la democracia que usted tanto busca proteger, que la nueva carta magna la redacten quienes sí creen que es bueno para Chile su existencia, y no quienes ridiculizaron su opción?

Para qué hablar de las intenciones de Jorge Burgos, el ministro del Interior de Bachelet que llegó a La Moneda para frenar todo tipo de cambio estructural, para bloquear toda intensidad de reformas, para tumbar el ideario político creado por su propia jefa. Este hombre, el que hace cinco años elogiaba la Constitución actual en seminarios, el que dijo que “la Constitución vigente ha sido una Constitución eficaz”, hoy pretende escribir la nueva carta magna en lugar de quienes llevan décadas luchando por un cambio. 

¿Dirá Jorge Burgos en la convención, si al final se inscribe como candidato -300 militantes DC llamaron a no incorporarlo-, y si resulta electo, lo que dijo como ministro del Interior en la Universidad del Desarrollo, que la Constitución del 80 ha logrado “las dos metas a las que, desde una perspectiva democrática, liberal y republicana, aspira cualquiera en su género: regir eficazmente las diferencias políticas, garantizando el orden, el goce de las libertades y un creciente disfrute de los derechos”?

Y para qué nombrar las autoridades actuales que han renunciado a sus cargos para pasar a la historia como convencionales. Felipe Harboe, que deja tirada a toda su región; los ministros Monckeberg y Walker, aplaudidos por el presidente del 4%. Todos juntos, en la misma ruta, la de porfiar por continuar escribiendo los destinos del país, ocupando el tan anhelado espacio de representación de ciudadanos de a pie, organizaciones sociales, asambleas territoriales, pueblos originarios; pese a llevar décadas ejerciendo el mando, bebiendo del privilegio del poder, aquel poder que construyó el Chile que la misma asamblea en las que se esperan sentar apunta a superar. No se cansan.

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