El Presidente del 6%: Los hitos bochornosos que han marcado el segundo mandato de Piñera

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Andres Pina/Aton Chile

Sebastián Piñera cumplió tres años de mandato y con ello, recordamos algunos de los momentos aciagos de su gestión. Un gobierno caracterizado por su baja aprobación, las reiteradas violaciones a los derechos humanos por parte de las policías y las insólitas acciones del presidente.


Este 11 de marzo, el segundo gobierno de Sebastián Piñera cumplió tres años desde que asumió sus funciones en el Palacio de La Moneda.

Lo anterior, en medio de la peor crisis sanitaria que ha enfrentado nuestro país. Situación que se ha mezclado con la crisis social surgida en octubre de 2019 y nuevos auges de la violencia política y policial en La Araucanía, entre otros fenómenos.

En ese marco, revisamos algunos de los episodios que han marcado la última gestión de Sebastián Piñera como Presidente de Chile.

El asesinato de Camilo Catrillanca

El 14 de noviembre de 2018 quedó en la historia como el día que el GOPE Carlos Alarcón asesinó al comunero mapuche Camilo Catrillanca. La situación causó inmediata indignación en gran parte de la población y generó diversas protestas en todo el país. Aquello, sobre todo por la violencia policial desatada en La Araucanía y el antecedente del montaje de la Operación Huracán años antes.

Tan solo unos meses antes, el presidente Piñera presentó a nivel público la unidad policial encargada de la Macrozona Sur, misma que se hizo conocida como Comando Jungla. Sin embargo, a cinco días del asesinato del comunero, Piñera surgió con curiosas declaraciones. Ya que, al ser consultado por si haría cambios con este comando luego del asesinato, el mandatario aseguró que este no existía y que era “un nombre que pusieron algunos medios de comunicación. Lo que sí existe son fuerzas especiales, como existen en todas las regiones”, aseguró.

La visita de Piñera a Cúcuta

A comienzos de 2019. el presidente decidió hacerse un espacio en su agenda para visitar la frontera entre Colombia y Venezuela. Esto, con el fin de participar en un concierto benéfico llamado “Música por Venezuela”.

La cita pretendía hacer presión internacional para derrocar a Nicolás Maduro y levantar al opositor Juan Guaidó como presidente encargado de ese país. Sin embargo, terminó por ser más bien un panfleto donde Piñera pretendía erigirse como líder de la derecha en Latinoamérica.

Entre los polémicos dichos que marcaron su visita, estuvo su llamado al ejército venezolano. “Que dios (…) ilumine a las fuerzas armadas para que se pongan del lado correcto, de la democracia y no de la dictadura. Que inspire al presidente Juan Guaidó, que tiene un gran liderazgo y misión a cumplir”, dijo en una entrevista.

Una pizza mientras Chile ardía

El viernes 18 de octubre de 2019 fue la fecha en que surgió una de las revueltas más multitudinarias que ha visto el país. Aquello, en una semana marcada por las protestas estudiantiles por el alza del pasaje del Metro de Santiago. Decenas de evasiones masivas en distintos puntos del tren subterráneo culminaron en la quema y vandalización de varias de sus estaciones, en hechos que aún están siendo investigados por la precisión y coordinación de los actos.

Mientras ocurrían estos hechos que conmocionaban a la ciudadanía por su gravedad, y que eran transmitidos por los canales de televisión, Sebastián Piñera decidió ir a un restaurant a celebrar el cumpleaños de uno de sus nietos. Esta llamativa decisión indignó a millones de ciudadanos, quienes veían cómo su presidente se comía una pizza mientras la capital ardía. Esa misma noche, tras los graves incidentes (donde se suma el incendio de la torre de Enel), como sobremesa Piñera decretaba Estado de Excepción y, días más tarde, declaró que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no le teme a nada ni a nadie”.

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Los informes internacionales sobre DD.HH.

La publicación de los informes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos acerca de las graves violaciones de derechos humanos cometidas por agentes del Estado, puso sobre la mesa –con datos y evidencia contundente– la delicada situación vivida en Chile desde el 18 de octubre. Los abusos (mutilaciones, torturas, violaciones, desapariciones, golpizas) fueron denunciados desde los primeros días por el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

Todas estas situaciones, muchas de ellas registradas audiovisualmente, eran desmentidas por las autoridades y el mismo Piñera, quien llegó a decir que “muchos de los videos” sobre violaciones a los derechos humanos “son filmados fuera de Chile”, y que desde el gobierno realizaron un estudio a las comunicaciones en redes sociales y hallaron que “la inmensa mayoría de ellas son para provocar más desorden” y que participan “grupos de narcotraficantes, grupos anarquistas, pero también hay una mano extranjera”.

Un año más tarde, y tras los dolorosos informes internacionales, el mandatario tuvo que asumir los excesos de las policías y militares en los días más violentos tras la declaración del Estado de Excepción. “Sí hubo atropellos a los derechos humanos”, declaraba a más de un año iniciada la revuelta.

El bochorno de la COP25

Previo al estallido social, el gobierno de Piñera se comprometió a liderar dos eventos de alta importancia a nivel mundial: La COP25 y la APEC. Sin embargo, ante el complicado contexto se decidió que este último se cancelara, mientras que la COP fue trasladada a Madrid, donde Chile sostuvo la presidencia de la cita.

Fue en el cierre de esta que las críticas mundiales recayeron sobre la delegación de nuestro país, encabezada por la ministra del Medioambiente, Carolina Schmidt. Esto, debido a que no se logró que los países con mayores emisiones de carbono se comprometieran a disminuirlas.

A esta falta de acuerdos, se sumó una vergonzosa petición de la ministra al resto de las delegaciones. Ya que, cuando se disponían a reunir las declaraciones finales de cada país, les solicitó a los presentes que enviaran el documento por correo. Aquello, ante su propio retraso para ir al aeropuerto.

La cifra de la vergüenza de Piñera

A comienzos de 2020, tras varios episodios insólitos del gobierno y el nulomanejo de la crisis desatada tras el estallido social a nivel nacional, Sebastián Piñera alcanzó un lamentable record de popularidad. Y es que, según la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), para enero el mandatario contaba tan solo con un 6% de aprobación ciudadana.

Esta cifra se convirtió en la peor evaluación de un presidente chileno desde la vuelta a la democracia. Algo que de inmediato hizo recordar a muchos el llamado de Piñera a cambiar el gobierno de la Nueva Mayoría dada su baja aprobación en 2017. Para ese entonces afirmó que “la verdadera solución no es cambiar personas, es cambiar el gobierno. Uno que recupere la unidad y la confianza entre los chilenos”.

La foto en la Plaza Dignidad

A pocos meses de iniciado el estallido social, la crisis sanitaria producida por el COVID-19 forzó a millones de personas a quedarse en casa para resguardarse del virus. Esta situación se debió en gran parte al Estado de excepción decretado por el gobierno y las posteriores cuarentenas por razones sanitarias.

Debido a esto, la Plaza Dignidad, “zona cero” de la revuelta popular, quedó desierta por un largo periodo. Situación que fue aprovechada por el mandatario para sacarse una fotografía en aquel lugar ya simbólico para todo el pueblo movilizado. Aquella decisión fue tomada por muchos como una directa provocación a los manifestantes que por largas semanas se instalaron a protestar junto a la estatua del general Baquedano.

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