Los guardianes del medioambiente: La historia de lucha de cuatro ecologistas chilenos

Son activistas y desde sus distintos territorios buscan defender y preservar el medio ambiente con el objetivo de disminuir las consecuencias del cambio climático. Pese a representar distintas sensibilidades políticas y vivir en distintas regiones, comparten una visión crítica del modelo de desarrollo económico chileno.


Sebastián Benfeld “Mientras existan niños creciendo con plomo en sus pulmones estamos muy lejos de lograr ser un país verde”

Sebastián es un activista medioambiental, tiene de 19 años y mira con escepticismo el futuro. Explica que estamos en medio de un proceso de adaptación ecosistémica y que si no actuamos de aquí al 2025 las consecuencias del cambio climático van a ser irreversibles.

“Se plantea mucho la idea de proteger el medio ambiente, pero en la práctica se han hecho muy pocas cosas. Por lo menos para mí mientras haya niños creciendo con plomo en sus pulmones estamos muy lejos de lograr ser un país verde”, dice sobre la política medioambiental del gobierno de Sebastián Piñera.

Es soñador, pertenece a esa generación que despertó y gritó “basta”, y su rabia encontró eco el pasado 18 de octubre. Para él ser joven significa tener una profunda convicción de que a veces es posible traspasar las barrera de lo imposible para construir un mundo mejor. El sueña justamente con eso: con un Chile distinto. Dice que busca a través de la lucha medioambiental terminar con las desigualdades y reivindicar la dignidad.  

Con apenas diez años comenzó una campaña para incentivar el reciclaje de papel en su curso, a los 14 mezclaba su pasión por la práctica del boxeo, con la limpieza de playas y balnearios de la región de Valparaíso. Nueve años después lidera la campaña “Escazú Ahora”, iniciativa que busca instar al gobierno chileno para que firme el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe.

Reconoce que no le gusta que lo denominen líder, sino que se considera “parte de una cadena de liderazgos”. Pero se distingue por su certeza, inteligencia y su incansable necesidad de comunicar las injusticias medioambientales, inquietud que lo llevó a estudiar periodismo.

Desde pequeño trabajó con adultos hasta que encontró en la organización “Friday for future” o “Viernes por el futuro” de Greta Thunberg, un espacio para conocer a otros jóvenes que al igual que él estaban interesados en salvar el planeta, “Eso fue lo que más me llamó la atención porque siempre estaba rodeado de personas de más edad”, declara.

Fue vocero de la organización y participó en la fallida COP 25, realizada en pleno estallido social chileno. “Era importante visibilizar que aunque Chile se vende a la comunidad internacional como un país verde, tiene zonas de sacrificio para darle qué comer al norte global”, comenta.

Sebastián reconoce que la cumbre fue “una vergüenza internacional” y que el no lograr un acuerdo para enfrentar el cambio climático es perpetuar el daño que ya existe, un impacto directo en las comunidades que viven cerca de una termoeléctrica, habitantes que seguirán con los pulmones contaminados.

Lo que marca el inicio en el activismo es la región en donde vive: Valparaíso.

 “La quinta región no es una zona de sacrificio en pos del desarrollo de Chile, sino que en pos del desarrollo del norte global completo (…) Por ejemplo, hoy se les quita el agua a los vecinos del valle del Aconcagua para regar las paltas que después se consumen en Europa”, explica a modo de ejemplo.

La región de Valparaíso como diría su autor favorito -Eduardo Galeano-es una vena abierta que no derrama sangre, sino que conflictos socioambientales como los de Quintero- Puchuncaví, la sequía de la provincia de Petorca, la contaminación de las cementeras y el impacto de tener dos de los puertos más grandes del país.

Pese a que la actual constitución reconoce el derecho de todas las personas a vivir en un ambiente libre de contaminación, Sebastián comenta que no existe una especificación de qué es contaminación, por lo tanto, no se puede llevar a la práctica este derecho.

Pese a que ser activista medioambiental, de alguna manera significa hacer política, señala que no se proyecta cómo político porque en su opinión ninguno está comprometido con las demandas que hoy tiene la ciudadanía. Sebastián es fiel a las ideas de la democracia y la justicia social, se identifica de izquierda, pero cree que su lucha es “por el sentido común” y descarta de plano seguir una carrera política.

Agrega que guarda esperanza en el futuro proceso constituyente.

“Se abre una ventana para no cometer los mismos errores, que incluya artículos que hablen sobre un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado e integre el derecho a tener justicia ambiental”, espeta.

Constanza San Juan: “Pascua Lama hubiese sido la muerte del valle y de las personas”

“El cierre definitivo de Pascua Lama fue un respiro y un alivio para la gente del valle”, dice  Constanza San Juan y le es difícil contener la alegría por el logro. Es Licenciada en historia y se radicó en el valle del Huasco, para luchar en contra ese proyecto minero. En veinte años de lucha, los habitantes del lugar fueron tratados de hippies, flojos, drogadictos y afuerinos, pero el fallo dictado por el Primer Tribunal Medioambiental el 17 de septiembre, confirmó que siempre tuvieron razón. Allí se ratificó que Pascua Lama no cumplió a cabalidad con su Resolución de Calificación Ambiental y se estableció que el proyecto tampoco cumplió con los compromisos relacionados al plan de monitoreo de glaciares.

“Ellos afectaban glaciares y los contaminaban”, dice Constanza, quien hoy se muestra esperanzada del futuro “Mucha gente hoy se atreve a soñar y proyectarse en el valle porque la empresa nos quitó veinte años de vida”, comenta. Al ser consultada sobre la receta del éxito confiesa que gran parte de la victoria tuvo que ver con ese primer impulso de la gente “También con persistir y no bajar los brazos nunca, pese a que todo estuviera en contra, a pesar de que se se aprobó el proyecto y luego se pusó en construcción”, agrega.

Conoció el proyecto el año 2005 mientras veraneaba en la casa de sus abuelos en Tongoy. Lo primero que le impactó fue que quisieran destruir glaciares en el desierto más árido del mundo , los que hasta ese momento, le eran desconocidos.

Recuerda que se anotó en una lista para participar con los activistas de esa causa, pero nunca la llamaron. Con el paso del tiempo, mientras estaba sentada en los pastos del campus Juan Gómez Milla de la Universidad de Chile, un grupo de jóvenes la invitó a la primera concentración afuera de las dependencias de Barrick Gold (empresa propietaria de Pascua Lama). Allí fue donde conoció a los habitantes del Valle del Huasco donde se iba a emplazar el proyecto.

En la manifestación los escuchó y se dijo “hay que hacer algo”. Es así como se unió al colectivo Re-existencia, desde donde comienzan una serie de acciones que la llevan a hacer su tesis de Licenciatura en Historia sobre el impacto social del proyecto minero en los habitantes del valle.

Constanza se enamoró de esos cerros -que parece que chocaran con el cielo-, de los ríos y de la agricultura. Todo habría dejado de existir sin ese triunfo de hace casi dos semanas.

Confiesa que antes de conocer el proyecto de Pascua Lama era muy vergonzosa, pero la injusticia que vio la impulsó a convencerse que había que jugársela por esa batalla medioambiental y poner sus conocimientos a disposición del colectivo. Además logró encauzar su inquietud por proteger la naturaleza “Siempre supe que iba para allá”, acota.

Su interés por la naturaleza le fue inculcado por su abuelo, con quien pasaba tardes enteras leyendo Icaritos sobre animales y observando bichos en el patio de la casa. Era tal el amor por el medio ambiente que en el anuario del colegio sus compañeros la plasmaron abrazada a un árbol.

“(Pascua Lama) Hubiese sido la muerte del valle, ya con el daño que alcanzaron a hacer pusieron en riesgo a las personas, durante años nos contaminaron con metales pesados y no fueron capaces de avisar; destruyeron los glaciares, pero aún queda ecosistema glaciar”, reflexiona.

Claudia Fuentes: “Como adultos tenemos que hacernos cargo del impacto en el medio ambiente”

Es vegetariana y no utiliza auto, prefiere caminar o andar en bicicleta. Desde pequeña se cuestionaba por qué en los barrios más populares de Santiago la gente “no tenía derecho a la sombra”, es decir a poder sentarse debajo de un árbol para capear el calor de los meses de enero y febrero, tener áreas verdes, lugares dignos para esparcirse.

Actualmente es militante del Partido Ecologista Verde e integrante del movimiento socioambiental ‘Por el agua y el territorio de Cerrillos’, que tiene como misión impedir la instalación del centro de almacenamiento de información web de Google en la comuna.

Este centro se encuentra en el ojo del huracán, ya que para llevar a cabo la misión de almacenar información web, debe utilizar el agua del acuífero de Santiago como mecanismo de enfriamiento de las computadoras, las mismas que deben permanecer prendidas todos los días.

Otro punto que preocupa a Claudia es el impacto que puede causar en las personas el almacenamiento de 860 toneladas de diesel, las emisiones de vapor y la radiación magnética de las futuras torres de electricidad.

Pese a que el acuífero de Santiago entró en provisión en febrero de este año, el Sistema de Evaluación Medio Ambiental aprobó la resolución de calificación ambiental de la empresa, en donde según Claudia, ellos saben que este proyecto va a traer consecuencias a largo plazo en materia de suministro de agua.

“Cerrillos es una de las comunas más aquejadas por la contaminación de suelo, el aire y estamos viviendo en una comuna en donde se trenzan los espacios urbanos con terrenos industriales. Para nosotros es súper importante defender los territorios de estos proyectos que se instalan en la comuna y que son prácticamente nulos en materia medioambiental, que pasan con una resolución realizada sin base científica por los dueños de los proyectos”, explica.

En Cerrillos se concentran gran cantidad de industrias químicas y metalúrgicas, las que según Data Chile producen 1,4 billones de pesos. Entre las principales industrias se encuentra Indura, Metalúrgicas Sorena, Pepsico, Isesa, Prisa y elevadores ThyssenKrupp.

Para Claudia lo más indignante no es que se instale Google en la comuna, sino que es una transnacional con los recursos para hacer otro tipo de proyecto, pudiendo llevar a cabo un estudio de impacto ambiental.

“Que se niegue a hacerlo, es vergonzoso (…) Hay que ser consecuente con lo que estamos viviendo hoy; tenemos una crisis sanitaria que está profundamente relacionada con la crisis ecológica y social”, comenta Claudia mientras camina por las cerca de 23 hectáreas en las que se emplazará el Data Center de Google.

Para ella es fundamental que en el futuro proceso constituyente se respete el medio ambiente, el suelo, el aire “eso es realmente vivir en dignidad”, sentencia.

Carolina Orellana: “En Quintero se viola sistemáticamente los derechos humanos”

“Siempre se dice que los derechos humanos son violados por agentes del estado, en el caso de Quintero no es así, sino que aquí estos son violados por omisión desde hace 55 años”, dice Carolina.

Y agrega “Para los gobiernos no es suficiente con saber todo el daño que han hecho, sino que ellos siguen instalando proyectos en el cordón industrial”.

Carolina Orellana es cofundadora de la organización Mujeres en Zona de Sacrificio, trabaja en la casa de la Mujer, instancia feminista fundada por su madre en los años 80 y también participa de la mesa social de Quintero en donde se agrupan ocho organizaciones de la comuna.

Llegó a vivir a Quintero con su familia cuando apenas tenía cinco años, desde muy pequeña comenzó a darse cuenta de la contaminación existente en la zona. Cada vez que hacía el recorrido de su casa al colegio podía observar como el cielo parecía opacado por una nube tóxica, que variaba entre el color verde o amarillo. Muchas veces su pelo quedaba con olor a metal oxidado; en otras ocasiones olía a huevo.

Con el tiempo entendió que era producto del arsénico y el dióxido de azufre, uno de los tantos metales pesados que libera el cordón industrial Quintero – Puchuncaví el que en menos de 500 hectáreas contiene 19 empresas contaminantes. Un lugar que Carolina puede avistar desde el balcón de su casa.

Quintero ha estado en el foco de la noticia desde 2014 con el derrame de petróleo causado por el buque Mimosa mientras descargaba combustible en la refinería de Enap.

Las evidencias físicas de la contaminación en los vecinos se agudizaron en el 2018 y 2019, como consecuencia de los materiales particulados emanados por las empresas.

Fue tremendamente impactante ver niños con sus piernas dormidas, vomitando y llorando por no saber qué les pasaba”, recuerda Carolina.

Para ella fue un momento muy duro al que se sumó la muerte de su amigo, Alejandro Castro, joven dirigente de los pescadores que falleció en extrañas circunstancia. Esto marcó en ella su distanciamiento del activismo por un tiempo hasta el 18 de octubre, fecha en que- dice- volvió a la carga.

 “Mientras más años vives, más contaminación tiene en tu cuerpo”, explica.

Agrega además que ese deterioro orgánico afecta más a las mujeres que a los hombres, ya que los contaminantes emitidos por el cordón industrial se pueden heredar hasta seis generaciones y es la mujer quien transmite ese gen. Este proceso se llama imprinting, lo que puede generar la desactivación del gen vigía del cáncer, malformaciones congénitas o problemas neurológicos.

“A veces nos sentamos a conversar con mujeres más jóvenes y me decían ´No sé si quiero ser mamá, pero no tengo plata para cambiarme, tengo a toda mi familia aquí”, recuerda Carolina.

Pese a todo, tiene la certeza de que seguirá viviendo en Quintero.

“Creo que lo único que ha aliviado todo esto es el deseo de que se haga justicia y que ojalá se pueda avanzar en acciones concretas y contundentes para mejorar de forma rápida la vida”, concluye.

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