Los crímenes de odio en la zona roja: La historia del brutal ataque homofóbico en Valparaíso

Un joven de 20 años resultó con graves heridas tras un ataque homofóbico en Rodelillo, situación que fue viralizada a través de redes sociales. El vicepresidente de Acción Gay, Marcelo Aguilar dice que históricamente, la región tiene uno de los índices más altos de agresiones, crímenes, vejaciones a la comunidad LGBTI.

Eran las dos de la tarde del 23 de agosto, Joaquín (20) y Eduardo (39) preparaban lo que sería un almuerzo dominical en compañía de una de sus amigas. Media hora más tarde, mientras conversaban, el ruido de un parlante con música a todo volumen los alertó. Eduardo, quien toda su vida ha vivido en el sector del paradero 25 de Rodelillo en Valparaíso, se asomó rápidamente por la ventana y vio que el parlante portátil del vecino de enfrente estaba colgado en su reja. No era la primera vez que tenían problemas con Jorge Hernández, antes los había amenazado y se había burlado de ambos por su orientación sexual.

Joaquín- su pareja- le pidió al vecino que sacara el parlante o bajara el volumen, el hombre no le contestó nada, solo lo quedó mirando.

Minutos después el bullicio siguió, Joaquín iba de salida a comprar algunas cosas que faltaban para el almuerzo. Fue en ese momento cuando Hernández se abalanzó sobre él descontroladamente, lo golpeó en la cara y le rompió un vaso en la nuca.

Todos vieron como el hombre lo seguía agrediendo, sin parar, hasta dejarlo en el suelo semi inconsciente.

-Apenas logré sacar al vecino de encima de él junto a mi amiga Salome. Llamé a Carabineros y a la ambulancia. No contestaron, así que me fui al hospital en auto con Joaquín, mientras su cuello estaba ensangrentado, era demasiado-, cuenta Eduardo.

Al llegar al Hospital Carlos Van Buren de Valparaíso, Joaquín fue ingresado inmediatamente debido a la gravedad de sus heridas, pero lo dieron de alta pocos minutos después. Esta situación preocupó a Eduardo por la profundidad del corte que se extendía desde su oreja izquierda hasta la mitad de la nuca.

Con Joaquín un poco más tranquilo, buscaron algún carabinero en el recinto asistencial para estampar la denuncia, pero no había ninguno. Desde el hospital, les informaron que ya no habían carabineros de guardia, así que se dirigieron al cuartel de la Policía de Investigaciones de la ciudad, ubicado en avenida Uruguay.

Joaquín tenía mucho dolor y seguía mareado, pese a su estado, estuvo declarando cuatro horas. En todo momento se dieron cuenta que el policía que los atendió no tenía la disposición de ayudarlos.

-Se oponía a realizar las gestiones, que era colocar la denuncia de agresión grave por homofobia, no quería. Fue un muy mal procedimiento y puso que se trataba de una riña-, explica Eduardo.

Durante la noche el estado de Joaquín empeoró, tuvo convulsiones. Eduardo estaba desesperado. Lo tomó como pudo y lo llevó a la Clínica Ciudad del Mar, ubicada en Viña del Mar. Allí el médico tratante le informó que Joaquín debía ser intervenido de urgencia, aún tenía restos de vidrios incrustados entre su capa capilar y cráneo.

Pensó lo peor.

-En el hospital fueron negligentes porque no hicieron limpieza en la zona, solo suturaron. En la clínica lo atendieron lo más rápido que pudieron. Ahora Joaquín está en reposo, pero muy afectado-, comenta.

***

Joaquín y Eduardo se conocieron hace tres años durante una salida de amigos. Ambos comparten amistades en común, y desde el primer momento que se vieron, se gustaron. Comenzaron a salir de a poco y se enamoraron, cuando cumplieron un año de pololeo decidieron vivir juntos. Los dos además sacaron adelante una pyme de desayunos.

Eduardo vive en el barrio hace 18 años y nunca había tenido problemas con los vecinos, hasta la llegada de Joaquín a su casa. Desde ese momento su vida se convirtió en un riesgo permanente, siempre está posibilidad de terminar muertos, como en tantos otros casos de la región.

-Nos costó luchar por este amor, por la sociedad y la diferencia de edad, pero aquí estamos, como familia peleando contra viento y marea-, confiesa.

Sienten que no solo hubo violencia en los golpes, también se sintieron desprotegidos al denunciar y en toda la revictimización que siguió después. Incluso ver a su agresor estos días, también por el peligro de que los vuelva atacar.

En las calles, en algún paseo siempre escuchan los gritos “¡Maricones!”, es algo a lo que se han acostumbrado. Siguen de largo. Lo soportan. Sin embargo lo peor era su vecino, insiste. Jorge Hernández se transformó en uno de sus peores hostigadores, quizás más peligroso por su cercanía.

-Siempre cuando salíamos a comprar o a caminar, él estaba tomando en las esquinas, nos gritaba “Ahí van estos maricones”, “Las yeguas”, nosotros nunca pescábamos-, cuenta Eduardo.

***

El vicepresidente de Acción Gay, Marcelo Aguilar dice que históricamente la región tiene uno de los índices más altos de agresiones, matanzas y vejaciones a la comunidad LGBTI. Habla, con la experiencia de los veinte años que lleva trabajando Valparaíso. Cuenta sobre grupos organizados que han salido a golpear a mujeres transgéneros que trabajan en el comercio sexual, que las han violado con botellas o las han dejado en coma por meses con secuela por el resto de sus vidas.

-Esto no es ajeno tampoco a lo ocurrido con Nicole Saavedra, en la comuna de Quillota, también conocemos varios casos de golpizas a familias homoparentales en sectores más vulnerables, como lo que pasó con Joaquín en Rodelillo-, dice.

Marcelo Aguilar

Las caras cortadas de las trans, con decenas de puntos son una constante. Aguilar habla de ese Valparaíso de noches de bares, pero en donde la calle, para algunos, está la muerte. Habla también de esos barrios que son territorio de ataques físicos y verbales a parejas de lesbianas o gays.

Comenta que los dos últimos meses, antes de la agresión a Joaquín, hubo una situación similar con una transgénero atacada por sus vecinos en otro cerro de Valparaíso y un segundo caso donde una pareja de lesbianas también fue agredida.

Como organizaciones sociales hemos trabajado con el sindicato Afrodita, con la concejala Zuliana Araya, con “Padres de la Diversidad Sexual” y la municipalidad de Valparaíso, donde se organizó la oficina de la Diversidades y Disidencias. Desde allí criticamos el actuar de las policías, son los primeros en recibir este tipo de denuncias y les faltan herramientas para abordarlos. Esto tiene que ver con la formación de las escuelas de Carabineros y la Policía de Investigaciones, dónde la educación en crímenes de odio de Violencia Intrafamiliar o agresiones -que incluya el tema de la diversidad- está totalmente minimizado, incluso antes quedaba en la burla-, explica.

Concejala Zuliana Araya

Según Aguilar en esa pirámide de discriminación son sus compañeras transgénero y lesbianas el grupo más invisibilizado a nivel regional y apunta a las policías y los fiscales como responsables de esa desprotección. Sin la presión de algún político regional o de una autoridad la investigación no se realiza con la misma celeridad de otros de alta connotación pública.

Según el último Informe Anual de Derechos Humanos de la Diversidad sexual y de Género, dado a conocer por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), la homofobia, lesbofobia y transfobia aumentaron un 58% durante 2019.

De los 1.103 abusos y denuncias que considera desde asesinatos, agresiones físicas o verbales, hasta violaciones a derechos humanos en lugares comunitarios, entre otros, Valparaíso concentró el 56,1% del total de casos y denuncias a nivel nacional, seguido por las regiones Metropolitana (20,76%) y Biobío (2,81%).

-Acá hemos tenido asesinatos en las calles que han quedado en nada, sin culpables. Este gobierno hizo una seudo mesa para trabajar temas de discriminación y capacitar a las policías y a gendarmería, fue todo para la foto con la seremi de Gobierno y después no supimos de nada. En Viña del Mar y en Quillota hubo grupos organizados que se autodenominaban “neonazis” que agredían con cadenas a las compañeras y compañeros que ejercían el comercio sexual en las calles, había una verdadera carnicería nocturna que se invisibilizó. Cuando hacíamos las denuncias los casos quedan en una nebulosa, siempre desde prejuicio, de la culpabilidad, siempre con el cuestionamiento. Lo que le pasó a Joaquín no es algo aislado, acá el fiscal argumentó en este caso que la persona que los agredió tenía ciertos problemas psicológicos y que ya no se podía hacer nada más- dice el vicepresidente de Acción Gay.

Hoy, a través del municipio y el apoyo la concejala Zuliana Araya, se está preparando una querella en contra del agresor de Joaquín.

Mientras tanto, a pesar de haber realizado la denuncia ante la Policía de Investigaciones (PDI) y que su caso se ha hecho conocido en la región, Joaquín y Eduardo tienen miedo. La golpiza, de alguna manera, cambio sus vidas para siempre.

Hernández ni siquiera fue detenido, solo se le reprendió con el compromiso de no molestarlos más. Algo que ellos saben que no pasará.

Están cansados del asedio y la persecución. Hoy la pareja ha pensado en dejar el barrio.

– El amor es igual para todos, a estas alturas del siglo veintiuno no podemos limitar a las personas por expresar lo que sienten-, confiesa Eduardo.

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