Los aturdidos

  La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es, pues, el miedo.”

                                                                                                                          Spinoza, TTP.

Desde el 18 de octubre, la intelectualidad del poder está aturdida. Las proclamas resuenan en sus oídos, el espanto frente al “odio” desatado les aferra a sus elegantes sillas, sus columnas y libros acerca del “estallido” se colman de “condenas” frente a la revuelta que –dicen- tiene nula organización, falta de liderazgos, vocación destructiva, tono agresivo, odio consumado, infantilismo político y, en último término, sufre de la generalizada “anomia” que envuelve al país.


Un fantasma recorre Chile: el fantasma de la revuelta. Abogados y periodistas, sociólogos y economistas han intentado “explicar” porqué irrumpió la asonada popular, porqué emergió el partido de Octubre.

Explicar y explicar deviene el ritmo burocrático de una episteme no cansada de pensar, sino precisamente de estar imposibilitada de hacerlo. Asombrada del progreso conseguido, de la pobreza reducida, de la democracia alcanzada, del supuesto “triunfo” durante 30 años, no pueden saber porqué hoy estamos ad portas de una inédita y decisiva transformación constitucional.

Desde el 18 de octubre, la intelectualidad del poder está aturdida. Las proclamas resuenan en sus oídos, el espanto frente al “odio” desatado les aferra a sus elegantes sillas, sus columnas y libros acerca del “estallido” se colman de “condenas” frente a la revuelta que –dicen- tiene nula organización, falta de liderazgos, vocación destructiva, tono agresivo, odio consumado, infantilismo político y, en último término, sufre de la generalizada “anomia” que envuelve al país.

“Anomia”, término fetiche del poder. Desarrollado por Émile Durkheim durante el siglo XIX para articular una ciencia de las instituciones que reordene policialmente la sociedad, “anomia” ha pasado a ser, para intelectuales progresistas o no, el término pivote de toda su “reflexión”.

Una “reflexión” que es digna de su nombre, si acaso por ella se entiende a un pensamiento que se piensa a sí mismo (re-flexiona) y que, por tanto, solo se ve a sí mismo tranquilizándose consigo mismo. La intelectualidad del orden no sale jamás de sí, sino que se sujeta fuertemente a sus convicciones “democráticas” o, lo que es igual, a sus conceptos “democráticos” que, por años, les han ofrecido de una cartografía fundamental para administrar la intensidad del país, tal como el positivismo sociológico durante el siglo XIX lo hizo frente a la polarización entre conservadores y revolucionarios.

Están aturdidos, han recibido un golpe. ¿Golpe? ¿Cuál? El de 1973 como primer aturdimiento que obligó a “renovar” al socialismo (neoliberalizándolo) y el “golpe” popular de 2019 –que golpea al Golpe de 1973- como segundo aturdimiento que les arrojó a la impotencia cognitiva. Entremedio, ellos. Naufragando, lanzando manotazos para sobrevivir. Siempre nos llenaron de monsergas realistas, de fábulas para crecer moralmente y no dejarse llevar por lo impulsos de juventud. Fuimos muy jóvenes y con “poca mayoría” quisimos realizar cambios sustantivos; fuimos muy jóvenes y sin los “consensos” suficientes pretendimos transformarlo todo. Peor aún, “fuimos socialistas” –se lamentan.

Fueron muy jóvenes –lamento infinito que debió restaurarse neoliberalmente durante los 30 años de transición. Los aturdidos mostraron, por vez primera, que sabían gobernar. En virtud del aturdimiento de 1973 se graduaron en materias gubernamentales y se convirtieron en los mayordomos de la hacienda restaurada.  

Administraron la hacienda, lo hicieron estupendo, tanto así que llegaron a decir que habían constituido “la coalición más exitosa de la historia de Chile” –sin interrogarse acerca del uso del término “éxito” que provenía de la cantera discursiva neoliberal y que para ellos resonaba como algo natural.  Ello demuestra cuán aturdidos estaban.

Un fantasma recorre Chile- digamos mejor: la imaginación popular no ha dejado de irrumpir en Chile, y los intelectuales del orden –de izquierdas a derechas, en lo que ello pueda significar- no saben del asalto imaginal que nos atraviesa. No lo saben porque fueron aturdidos por 1973 y luego, doblemente aturdidos por el 18 Octubre de 2019. Cuando parecía que tenían la mayordomía ganada, dominada, controlada, un conjunto de niños “evade” los 30 años de ininterrumpido “progreso”. ¿Cómo no aturdirse por segunda vez? ¿Cómo no experimentar inquietud y desplegar todos los esfuerzos intelectuales para reelaborar nueva cartografía del poder?

No pueden saber que su episteme está agotada. Difuminada junto a la Constitución que abrazó y al sistema que legitimó. La posición objetiva de los intelectuales del orden –el lugar de poder desde el cual se ubican y ubican su escritura- les impide saber que al esforzarse por descifrar el presente hacen síntoma de su aturdimiento, exponen su aturdimiento públicamente. Hacen síntoma, por eso no lo pueden saber, están aturdidos, por eso no pueden ver en Octubre más que la “anomia” de un pueblo que no obedece las normas.

Y justamente si Octubre termina con el “sueño dogmático” de la mayordomía, expone abiertamente lo Real del problema: no pueden hacerse obedecer, no pueden gobernar más sobre los demás, no pueden desplegar el pastoreo tan acostumbrado, la “superstición” que dominó durante más de 30 años. Han devenido impotentes. Ha terminado su momento político.  Se han lanzado a nuestra cacería.

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