Licenciamiento y patentes para la industria innovadora en Chile

“Lo único constante en la vida es el cambio”, la antigua frase (siglo V a.C.) del filósofo griego Heráclito es la expresión que mejor identifica la palabra innovar y es que, hoy en día, en un mundo globalizado y competitivo, la innovación parece ser la única salida para mantenerse vigente.

Para crear valor agregado y generar impacto, mejorar la economía, mover la frontera del conocimiento, abrir nuevas oportunidades de negocios, aumentar la productividad, generar soluciones a problemas nuevos, contribuir al desarrollo del país, competir en el mercado mundial, y por otras muchas razones, es que la innovación es una de las principales fuentes de competitividad.  

La innovación va de la mano de la ciencia y de la tecnología, esta triada forma un círculo virtuoso capaz de resolver distintos problemas en una sociedad, pero además es uno de los ejes principales en las estrategias que llevan adelante los países del mundo para seguir en la senda de desarrollo.

Es por ello que cada día son más los incentivos para que las organizaciones inviertan en investigación, desarrollo e innovación. Esto gracias a la gran cantidad de información disponible, información que se ha aprovechado y se ha transformado en conocimiento, lo que se denomina economía del conocimiento, y que ha contribuido en la generación de ideas innovadoras que pueden o han sido protegidas por derechos de propiedad intelectual.

La propiedad intelectual genera valor al conocimiento del creador y reúne los múltiplos derechos que tiene un innovador gracias a la capacidad de creación de su intelecto. Los derechos son diversos y entre los más conocidos están las patentes, los derechos de autor, los registros de marcas, secretos comerciales, entre otros. 

La importancia de obtener una patente, cuando un creador ha logrado un producto innovador con posibilidades de éxito comercial, radica en que por medio de ésta se protegen los intereses del innovador, impidiendo que terceros fabriquen su idea. Al mismo tiempo, permite al creador formar empresas mixtas, comercializar, vender y entregar licencias de sus innovaciones para que otros puedan utilizarlas, teniendo así el control comercial de su invención. 

Es así que, cuando un innovador decide patentar su idea tecnológica, toda la información técnica y comercial que se genera pasa a ser parte de la información pública, por tanto, cada vez que se confiere una patente se incrementa el volumen de información tecnológica disponible, lo que es de gran ayuda a la hora de crear nuevas ideas. La valiosa información técnica que contienen los documentos públicos sobre patentes a nivel mundial puede ser útil para crear productos adaptados a realidades locales, y al mismo tiempo puede orientar la decisión de desarrollar o no una idea.

Los recursos económicos que generan las tecnologías que tienen éxito comercial y que están protegidas por patentes, permiten inyectar más recursos en el área de investigación y desarrollo (I+D), al menos, esa debería ser la lógica, aunque no todas las ideas que se generan resultan ser exitosas desde el punto de vista comercial, o bien no todas puedan ser patentadas.

Datos obtenidos de la oficina europea de patentes (OEP), revela que anualmente se conceden más de 800 mil solicitudes de patentes. En Chile, en tanto se aprecia un sólido régimen de derechos de propiedad, el año 2010 Chile fortaleció su régimen de propiedad intelectual al adherirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 

Chile ha firmado todos los principales acuerdos internacionales sobre la propiedad intelectual, como la de marzo de 2009, fue el 140º país en firmar el Tratado de Cooperación en materia de Patentes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y en adherirse a la Unión Internacional de Cooperación en materia de Patentes.

No obstante, el cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual continúa siendo poco estricto, particularmente en lo referente a la piratería de derechos de autor y a la protección de patentes.

La inversión de Chile en investigación y desarrollo (I+D), como porcentaje del PIB está a la par del promedio latinoamericano, y a su vez nuestro país cuenta con una amplia base de investigadores para I+D, y según cálculos del Banco Mundial, en un nivel superior a la media de la mayoría de los países no integrantes de la OCDE.

Estos auspiciosos datos plantean una interesante ruta de vinculación de los centros de investigación y las universidades para promover alianzas con el sector productivo, sea cual sea el sector, las innovaciones se encuentran en el día a día, y en la necesidad de resolver problemas de distinta naturaleza, una alianza efectiva entre quienes enfrentan estos problemas, y quienes disponen de la información y/ datos para resolverlos, surgiría como una herramienta necesaria para que la competitividad de nuestro país se siga fortaleciendo.

Por Jorge Alvial Pantoja 
Ingeniero constructor MBA UACh – MBA U de LLeida
Académico Universidad Austral de Chile

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