Libertad, igualdad y fraternidad. ¿En qué canal?

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¿Me extrañaron? Yo no. La verdad es que ver tele por estos días –y casi siempre– es un acto nocivo para la salud que bien debería tener una advertencia visible. ¿Por qué no la tiene? El efecto que tiene sobre nuestros pre-conceptos sigue siendo de gran impacto para marcar tendencias, poniendo en una posición compleja la discusión de lo que realmente entendemos por reflexión y por imposición/repetición sistemática. La tele sigue atentando contra la libertad. ¿O no se han dado cuenta aún de la influencia que tiene en el debate diario lo que pasa en ella? Las redes sociales son hoy el canal preponderante de comunicación, dense una vuelta y fíjate lo que marca tendencia.


¿Qué mierda es la libertad? Medio en broma, medio en serio, tuvimos que bancarnos el críptico plan #FondéateEnCasa del Gobierno, que con interpretaciones cruzadas y contrapuestas desde el mismo oficialismo, no hizo más que confundir a la población. De paso, multiplicándose en memes respecto a cuántos comensales podían estar en tu casa, cuántos tenías que cortar de plano, a qué hora empezaba el toque de queda y cuánto duraba el permiso para salir a tomar terremotos y comer como si no hubiese un mañana (lo que curiosamente, en estos tiempos, no es una hipérbole). Ni para eso pudimos ser libres, porque con eso afectamos a otros.

Por otro lado, ¿qué tan secuestrados estamos realmente? Nuestra idea de libertad es un constructo que de por sí tiene márgenes que la regulan. Dice mi viejo “tu libertad termina donde empieza la del otro”, y aunque esto parezca realmente razonable, no es tan así. Hay libertades y libertades, catalogadas según un factor común: tu proximidad con las cuotas de poder. Lo dispuesto por la parrilla programática de los canales nacionales en estos últimos días no es más que un esfuerzo por seguir manejando la construcción de nuestras nociones y conceptos respecto a temas en particular. Y aunque reneguemos y exijamos todos “hablar de cosas más importantes”, la influencia que tiene la pantalla no la podemos desconocer. Hacerlo le fortalece.

La tele se pasea entre matinales con políticos devenidos en verdaderos bufones (como la dupla Lavín/Vidal pasándose todos los pueblos posibles). O el caso de Nano Calderón, que ha pasado por varias etapas. Primero con lo de las medidas cautelares especiales en un inicio y luego viendo cómo tuercen el ejercicio legal; siguiendo con la concepción que se tiene de los abusos contra la mujer; la verdadera impunidad en que vive la alcurnia y hasta cómo se mueven los hilos con tal de proteger “al nene”.

Luego, el derroche de creatividad y oportunismo chovinista de Mario Kreutzberger , “El Padrino” de nuestra tevé, con su campaña “Vamos Chilenos”. En esta ocasión, viendo la oportunidad de usar como palanca a otro sector abandonado por el Estado como lo son los adultos mayores. Todo para beneficio de sus amigos empresarios que aprovechan de lavar su imagen cono eso de la solidaridad. Pero esta vez, verlo en pantalla desde el encierro y fallando en la meta autoimpuesta, me dio una sensación de alegría. Como las de esas pequeñas grandes cosas que nos pueden llevar a triunfar.

Pero algo es cierto y lo he dicho: existen espacios en donde se vislumbran algunos rayitos luminosos de esperanza, información y periodismo de calidad. Ya he hablado en otras columnas de Tolerancia Cero de CNN con sus rotativas de panel quincenal; también de Pauta Libre y Mentiras Verdaderas de La Red, con la conducción del hijo pródigo Eduardo Fuentes (quien hasta ha recibido amenazas por ser parte de un espacio de debate que ha dejado en evidencia lo débiles que son desde un sector para con sus argumentos). O los mismos programas de este medio de comunicación independiente.

Por ahí es donde una prensa libre llegue a ser incómoda para un sector, hasta el punto de que la amenaza constituye el único medio posible por el que se articula su trinchera. Y lo que es peor: la deuda del supuesto canal estatal. ¡No tiene ni un solo producto que destacar!

Han pasado tantas cosas que esta columna será una ensalada rusa de contenido. Durante estos días de ausencia, se pre-estrenó Tengo Miedo Torero. La película inspirada en la novela de Pedro Lemebel, dirigida por Rodrigo Sepúlveda y protagonizada por el aplaudido Alfredo Castro. Sin quedar al margen de las críticas, llamó la atención tanto el éxito que tuvo en el “corte de tickets” como en el verdadero monzón de comentarios en redes sociales.

Uno de los datos que apareció en Twitter me movió el piso. El pasado sábado 29 de agosto, el rating de TVN cuando estrenó el premiado documental Lemebel de Joanna Reposi, fue tan solo de tres puntos. A la misma hora, Lugares que Hablan (C13), La Divina Comida (CHV) y La Doctora Sandra Lee (Mega) superaban los dos dígitos. ¿Ver tele es parte del ejercicio de nuestra libertad? ¿Nuestras decisiones operan bajo lo que decimos que queremos ver? Continuamente criticamos los contenidos, la superficialidad, las mismas caras de siempre, pero allá vamos y seguimos marcando el paso.

Pero, en definitiva, ¿qué es la libertad? Durante todos los acontecimientos que hemos vivido desde octubre del año pasado hasta la fecha, nos empezamos a dar cuenta de lo frágil que terminó siendo la libertad individual. Toques de queda. Cuarentenas programadas. Solicitud de permisos a Carabineros. Filas y límites de compras. Prohibiciones y medidas sanitarias. Impedimentos para manifestarse, expresarse, quejarse, juntarse. Todo, en la línea de lo que sentimos como parte del ejercicio de lo que podríamos entender como libertad. Más encima, prendemos la tele y vemos a los mismos, hablando de lo mismo, riendo de lo mismo, llorando por lo mismo. Y el ciclo sigue.

Un par de apuntes: en las últimas mañanas, entre todo el juego del morbo de cada matinal, donde festinaron con las notas “dieciocheras” entre las que en clave de humor y persecución, se expuso a los infaltables pasteles que se pasan por cualquier parte las obligaciones que tenemos que seguir por pandemia.

Y si hablamos de la libertad, no podemos dejar fuera a quienes “no gozan” de ella como nosotros: los presos. Justo, durante este fin de semana, hubo un intento de motín en Santiago 1, tema que se tomó el panel de Bienvenidos el pasado lunes. Estaban ahí el alcalde de La Florida, Rodolfo “hombre de plástico” Carter; la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro; y las lumbreras de siempre: Tonka, Polo y Amaro).

Después de que el diálogo fuera en la dirección de siempre (más funcionarios, más recursos, endurecimiento de las penas), la alcaldesa Pizarro puso la pelota contra el piso.”¿Y si en lugar de buscar cómo mejorar el ambiente carcelario nos preocupamos de crear medidas para evitar que las personas tengan que llegar a perder su libertad?”. Silencio incómodo y listo, vamos con otro tema. En serio. Accidente en la Ruta 5, taco kilométrico.

Por suerte, quedaba algo más. Lo siguiente a destacar es el punto que deslizó en el mismo matinal Marisa Navarrete, abogada penalista y ex fiscal. En el marco de la conversación del interminable trámite de investigación por parte del Ministerio Público a la luz de las acusaciones y antecedentes presentados en contra del alcalde de San Ramón Miguel Ángel Aguilera (ex PS) por sus nexos con narcos y delincuentes, Marisa pone sobre la mesa un temazo: no existe en la Constitución actual una cláusula que facilite la destitución de las autoridades por el mismo mecanismo con el que las elegimos, y así darle muchísima más celeridad a este tipo de circunstancias. Estando con un pie y medio en un proceso constituyente sin precedentes, ¿por qué no aprovechar la oportunidad de incluir algo así?

Como siempre miramos para el lado, vale la pena observar lo que tiene Francia, desde su inspirador lema –Liberté, Égalité, Fraternité– hasta su Constitución. Incluso, un gobierno de derecha como el de Macron, ha implementado medidas que se empeñan, por mandato, sostener la República bajo los pilares de la fraternidad, la igualdad y la libertad de sus ciudadanos. Ni los franceses pueden desactivar a sus líderes si no es por un mecanismo complejo. ¿Y si tomamos la chance de superar esos estándares? ¿Se imaginan? Hoy, tenemos una oportunidad inigualable de escribir un acuerdo a la medida, moderno y que nos haga realmente libres.

La tele tiene de esos momentos que se escapan y que hay que estar atentos. La pantalla chica es la vitrina de la deformación constante, de lo que deberíamos mirar como supuesta base moral y ética. Es evidente que lo que podemos observar en pantalla le debe rendir a quienes ponen las lucas para que eso que ves ahí tenga ese espacio. Seguir gritándole al artefacto no va a hacer que este mágicamente sintonice lo que uno quiere ver.

La libertad, la igualdad y la fraternidad que se ve delante de las cámaras es de plástico, es un set maqueteado y lleno de maquillaje. Habla en códigos pauteados, siguiendo las voces de quienes gritan desde una muela, todo en virtud de que escuchemos y veamos lo que ellos quieren. A veces, tenemos la oportunidad de ver más allá, pero el fusible salta inmediatamente y se corrige el rumbo con tal de seguir estucando la fantasía.

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