Las peripecias por una licencia pre y post natal: Más que un derecho, un privilegio

Las peripecias por una licencia pre y post natal: Más que un derecho, un privilegio

Mi hijo nació en abril pasado en medio de la pandemia. Además de los temores propios de la maternidad, que se exacerbaron producto de las medidas y el miedo contra el colonial-virus y un post parto complicado, debido a una anemia severa y problemas de lactancia, tuve que hacer frente al pésimo funcionamiento de COMPIN y pelear por mi licencia maternal, lo que ya anticipaba desde antes del parto.

Por mucho tiempo me negué a la posibilidad de ser madre. No porque no quisiera serlo per se, sino por lo difícil que es, en particular, cuando vives en un país donde los derechos sociales no están garantizados, ni existe una protección efectiva para las madres y puérperas.

Mi hijo nació en abril pasado en medio de la pandemia. Además de los temores propios de la maternidad, que se exacerbaron producto de las medidas y el miedo contra el colonial-virus y un post parto complicado, debido a una anemia severa y problemas de lactancia, tuve que hacer frente al pésimo funcionamiento de COMPIN y pelear por mi licencia maternal, lo que ya anticipaba desde antes del parto.

El año pasado, cuando comencé a investigar respecto a este beneficio, me di cuenta de los cientos de casos de madres que no pudieron acceder a este subsidio o que de plano les rechazaron sus licencias. También leí muchos testimonios que señalaban que el COMPIN les había calculado mal el pago de su pre y postnatal o que lo recibieron meses o un año después. Lo peor fue saber que no todas las mujeres que trabajan tienen derecho a este subsidio.

Mabel Cobos

Si eres trabajadora dependiente o independiente y no tienes cotizaciones desde tres meses antes de quedar embarazada o no trabajaste o cotizaste antes de quedar embarazada, no podrás acogerte a este beneficio. ¿Y por qué digo beneficio?Porque si fuese un derecho, sería universal, y no importaría si eres trabajadora dependiente o independiente, si cotizaste o no, si eres chilena o extranjera. Un derecho es un derecho, y el pre y post natal lo entiendo como un derecho que toda mujer tiene por el solo hecho de convertirse en madre. Y es que esos seis meses que una está en casa cuidando a su bebé es un trabajo, que debería ser remunerado, sin condiciones. Porque seamos claros, una mujer trabaja tanto si tiene un empleo afuera del hogar, como si trabaja dentro de éste. Sin embargo, en la realidad, para acceder a este “derecho” en Chile, debes cumplir con varios requisitos.

En mi caso pese a cumplir con las exigencias, me he encontrado con varios problemas. Primero, rechazaron mi licencia pre natal pues me pedían antecedentes para comprobar mi embarazo, además de que debía especificar la fecha de concepción (¿?). Inaudito, considerando que tengo ficha en el consultorio y me saqué varias ecografías por Fonasa. Enojada, tuve que pedirle a mi matrona que emitiera un certificado corroborando el embarazo e indicando expresamente la fecha de concepción, el cual debía mandar a COMPIN. Lamentablemente, esto sucedió cuando comenzaba la pandemia y, por ende, no podía ir a las dependencias de esta institución a dejar los antecedentes , ya que sus oficinas sólo aceptaban licencias y no apelaciones.

La opción que quedaba, por defecto, era utilizar la plataforma en línea de COMPIN, pero ésta jamás cargó los documentos que debía subir. Intenté varios días, en distintos horarios, por diferentes exploradores de internet, pero nada. Al final tuve que hacerlo por otro medio y la licencia postnatal mandarla por correo electrónico. Tres meses después, pude confirmar por el portal www.milicenciamedica.cl que me habían aprobado ambas licencias. Sabía que COMPIN se demoraba en pagarlas, así lo corroboran los miles de testimonios y reclamos en contra de esta institución (reclamos y no felicitaciones como señaló el ministro Mañalich), por lo que me las aprobaran y pagarán tres meses después. Me pareció lo “normal”, incluso, “rápido”.

Para mi sorpresa, se me informó que como afiliada a Fonasa, debía retirar el subsidio de manera presencial en una sucursal de Banco Estado. Claramente con un recién nacido en casa no quería exponerme a contagiarme de Covid-19, así que traté infructuosamente de llamar a Banco Estado y a COMPIN para que de alguna manera me depositaran el beneficio en mi cuenta. Hasta escribí a la Superintendencia de Salud, la que me indicó que el requerimiento excedía sus funciones. Finalmente encontré un documento en línea de una caja de compensación que explicaba, paso a paso, cómo acceder al pago de licencias a través de la cuenta Rut y la página de Banco Estado y eso hice.

Sin embargo, me di cuenta que los montos asignados por las licencias de pre y post natal eran erróneos y volví a enojarme. Me pagaban menos del sueldo mínimo (siendo que mi salario es dos veces más que esto) y no tenía idea cómo habían calculado los montos. Con rabia, levanté reclamos por ambas licencias y solicité que me recalcularan lo asignado. A más de un mes y medio de eso, aún no me contestan. Y lo más seguro es que vuelva a trabajar y aún no obtenga respuesta.

Pero eso no es todo. Lo que vino a generar mi absoluta rabia e impotencia es que al llamar a COMPIN preguntando por la licencia post natal parental, me dicen que esta es una extensión de la anterior licencia, que se expide automáticamente y que el primer pago, de cuatro, será depositado el día 13 de julio. Luego de esa llamada, abrí la página de Banco Estado y veo que mi primer pago es por 5.437 pesos. Y mi indignación se acrecienta al ver el detalle de las liquidaciones de pago, en las que mi AFP se llevaba 259.041 pesos por ambas licencias.

Lo anterior es francamente una burla. ¿Qué hago con 5 mil pesos al mes? ¿Por qué la AFP recibe más dinero que yo? Y no me digan que eso es para mi futuro, porque sabemos que es dinero para inversiones y no para pensiones. Por cuestiones como ésta es que exigimos el 10%. ¿No se dan cuenta de que la gente está pasando miseria, hambre y estas empresas mientras tanto lucran con nuestros ahorros?

Dejando mi caso a un lado, lo más espantoso de todo es que las licencias son para muchas madres una esperanza de sustento en estos minutos. Y que de seguro hay madres que en medio de este contexto tan complejo y difícil como el actual, con altos porcentajes de cesantía, sus licencias quizá sean el único ingreso del hogar. Pero, ¿de qué sirve si las licencias las rechazan, no las pagan, pagan lo que quieren o las pagan meses después? ¿De qué derecho me hablan? Afortunadamente mi pareja no perdió su trabajo y podemos vivir con su sueldo, pero ¿qué pasaría si fuese madre soltera? ¿Cómo podría vivir con menos del mínimo mes a mes? ¿Cómo hacer frente a la maternidad si las condiciones materiales no están cubiertas?

Lo que cuento acá es, incluso, un privilegio, porque muchas mujeres por distintas razones no han podido ni siquiera obtener su pre y post natal y menos tienen el tiempo para escribir una columna como está denunciando estas injusticias. Hay mujeres que tuvieron licencias por enfermedad antes del embarazo que les impidió trabajar, madres estudiantes que aún no han cotizado, trabajadoras informales que no cotizan, trabajadoras a honorarios con cotizaciones intermitentes o trabajadoras cuyos empleadores no les pagaron sus cotizaciones y así, un sinfín de otras situaciones que impiden que las madres puedan optar a este beneficio.

Desgraciadamente esta es la realidad que se enfrentan las madres en Chile hoy, que no sólo tienen que criar (y el esfuerzo monumental que ello involucra sobre todo los primeros meses), sino también deben pensar cómo subsistir y no morir en el intento, en medio de una brutal crisis económica y sanitaria. Sin licencia maternal, sin bonos, sin cajas, sin ayuda y con la prohibición de trabajar.

No puedo evitar pensar entonces que tener una real licencia pre y post natal es un privilegio. Que son miles las madres que no sólo están pariendo y criando en pandemia, sino que además lo están haciendo casi desprotegidas, mientras el Estado falla en resguardar los derechos de mujeres embarazadas, puérperas y madres, y, por consiguiente, en proteger los derechos de bebés, niños y niñas. Y, por otro lado, aquellas madres que pudieron acogerse a la licencia maternal, y se les terminó o está por terminar, esperan con temor e incertidumbre volver a trabajar en este contexto, y ruegan porque se apruebe el post natal de emergencia, que tantas críticas ha suscitado.

Al final, sólo nos queda esperar que este proyecto prospere y luchar porque más temprano que tarde el Estado asuma la deuda que tiene con la maternidad y la niñez en el país.

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