Las madres del caso Hualpén: La historia de las tres mujeres que denuncian presuntas adopciones irregulares

Las madres del caso Hualpén: La historia de las tres mujeres que denuncian presuntas adopciones irregulares

Estos son las nuevas acusaciones que apuntan al Hogar Nido- organismo colaborador de Sename- que es investigado por los presuntos abusos sexuales a dos niños residentes que habrían sido encubiertos por su directora a cambio de donaciones. Ahora, estas madres de niños institucionalizadas en el lugar, acusan que fueron alejadas de sus hijos y desconocen sus paraderos. Estas son sus historias.

*Los nombres de los menores de edad fueron cambiados para proteger su identidad.

Valentina nació el 26 de mayo, del 2011 en el Hospital Las Higueras de Talcahuano. Cuando a Gianina Ricciardi (27) le entregaron su hija en los brazos, quedo fascinada con en el pelo ensortijado, esos “chochos” que parecían remolinos. Había nacido con algunas dificultades, tenía el brazo izquierdo inmovilizado producto de una lesión en la clavícula durante el parto. Lloraba mucho, había que arrullarla por horas.

Gianina apenas tenía 18 años y la llegada de Valentina le dio la fortaleza que necesitaba para terminar con su pareja, quién por seis años la maltrató física y económicamente. Estampó la denuncia en Carabineros y esta se derivó a un centro de la mujer de la región. Ahí comenzó todo.

El caso después fue registrado en el Tribunal de Familia de Talcahuano y se ordenó el ingreso de su hija al Hogar Nido de Hualpén.

-A los pocos meses me llegó una notificación de Tribunales para una audiencia preparatoria, no me presenté y ellos llegaron directamente a mi casa a llevarse la niña, me dieron tres meses como plazo de investigación. Fue en el 2014, tenía tres años y tres meses cuando ingresó al Hogar Nido (antes llamado Llequén)- recuerda.

Gianina se separó y consiguió un trabajo como garzona en la Vega Monumental, también arrendó una casa que le costaba 230 mil pesos en la población San Francisco de Talcahuano, todo para cumplir las exigencias que le pedían y tener de vuelta a su hija. Quedó con dos visitas a la semana: martes y jueves.

En el hogar Nido conoció a Evelyn Oñate, en ese tiempo era la sicóloga del centro. La recuerda autoritaria y constantemente remarcaba lo cercana que era a los niños del hogar. También le llamó la atención que los pequeños siempre recibían visitas de personas que no eran sus familiares.

Transcurrido un año de institucionalización recibió de vuelta a su hija, se puso contenta porque al fin había logrado lo que le había costado tanto esfuerzo. Se mantuvo un seguimiento de su caso por seis meses. A cargo de las visitas quedaron Evelyn Oñate y una asistente social.

Mientras Gianina trabajaba, era su madre, doña Nélida, quien se quedaba cuidando a la niña.

-Cada vez que me criticaban porque la niña estaba gorda u otros comentarios, yo me quedaba callada, sabía a lo que me arriesgaba. Ellas me amenazaban si contestaba o les hacía cualquier problema, yo siempre cabeza gacha no más-, explica.

Gianina sentía el acoso, la asistente social llegaba su casa a cualquier hora.

-Una vez me tuve que humillar con mi jefa, llegué transpirando a la casa para poder abrirle la puerta-, dice.

Lo que Gianina nunca supo es que doña Nélida, quizás por temor, hablaba con la sicóloga del centro a sus espaldas y le pedía ver a la niña una vez a la semana. Cuando Evelyn Oñate asumió como directora del hogar, llamó a Nélida y le exigió que fuera a dejar voluntariamente a la niña al hogar o iría Carabineros a quitársela. Dijo que se la llevarían por la fuerza, porque era una orden del juez. Ella hizo caso.

Valentina solo alcanzó a estar siete meses con ella.

-Evelyn le lavaba el cerebro a mí mamá, le decía cosas, se aprovechaba de ella, cuando me enteré quedé súper mal, peleamos y me fui de la casa. Con mi hija de vuelta al hogar, empezó todo de nuevo- comenta.

Gianina contrató un abogado particular para recuperarla. Cada vez que lo intentaba en el hogar le decían “Eres sola”, “cómo le vas a dar de comer”, cuestionando sus posibilidades de mantenerla.

Finalmente, el 12 de febrero del 2018, las citaron a ambas al hogar. “¡Gianina. Nos van a entregar la niña, nos van a entregar la niña!”, le decía su madre entre gritos. El día anterior había estado arreglando la pieza para su nieta.

En el hogar Nido la recepción fue fría. Una pareja de Carabineros se acercó y las escoltó a la oficina de la directora. La noticia que recibieron fue totalmente inesperada.

-Gianina tienes que calmarte, pero quiero que sepas que la niña es susceptible de adopción, tu mamá firmó un documento y ya no podrás ver más a tu hija- le dijo Evelyn Oñate.

Gianina lloró, discutió con su mamá, quién insistía que no había firmado nada. Luego Nélida recordó que entre medio de las visitas –cuando Evelyn conversaba a solas con ella- firmó un papel que le pasó supuestamente relacionado con la comida y dieta de la niña.

-Ese fue el fin, ni si quiera me pude despedir de la niña-, recuerda emocionada Gianina.

Con el tiempo fueron decenas las veces que fue y se paró frente al hogar para preguntar por su hija. Algunas “tías” le dijeron que la niña seguía ahí, otras le dieron respuestas incoherentes como que la niña seguía estudiando en el mismo colegio. Ella cree que solo eran datos para despistarla.

-Después de una depresión grande solo me quedó seguir adelante, siempre con la esperanza de saber dónde está mi hija, necesito recuperarla, luego me enteré de que otras mamás del hogar Nido también pasaron por lo mismo, que primero les cortaron las visitas y ahora saben dónde está sus niñas-, dice.

Cuando el 27 de abril escuchó la noticia en la televisión sobre el cierre del hogar de menores “Nido” de Hualpén, tras las denuncias de abusos sexuales a niños, Gianina sintió que el corazón le iba a explotar, pensó que al fin se haría “justicia divina”. Habían pasado dos años desde que perdió todo contacto con su hija. Pero la alegría, se transformé en angustia y la angustia en interrogantes.

La noticia también la llevó a pasar por distintos estados de ánimo, a recordar que cuando la visitaba los días jueves a veces la encontraba con moretones y mordiscos en los brazos, algo que documentó en fotos.

Tras las denuncias contra el hogar, Gianina conoció a María Ávila, quien le contó que había pasado por una situación similar, se sumó el caso de un padre y otra mujer. Protestaron afuera del lugar y hasta hoy -en medio de la investigación- se sabe muy poco de los niños que permanecían en este centro colaborador de Sename. La mayoría habrían sido derivados a otros hogares de la región.

-No quiero pensar a que a mi hija le pudo pasar algo, eso que le hicieron a los otros niños, lo que dicen en la tele…-, agrega antes de colgar

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María Avila fue mamá el 3 de junio del 2013 a los 16 años. En ese tiempo vivía de allegada donde familiares y conocidos, tras  fugarse de un Hogar de María Ayuda. Después del parto volvió a Penco a vivir con una amiga, que era como su familia, pero ya era tarde, su caso pasó al Tribunal de Familia de Talcahuano,.

Cuando le preguntan por su infancia, María responde que es un recuento de hogares de niños. Era la menor de cinco hermanos. Su mamá murió cuando tenía cuatro años; su padre, cuando tenía once. Recuerda sus años en el hogar La Medalla Milagrosa -de la Compañía de las hijas de la caridad San Vicente de Paul- y una residencia de la Sociedad Protectora de la Infancia. Por eso le duele que la historia se repitiera con su hija.

El 8 de octubre del año 2015 estaba de visita en la casa de su hermano en Talcahuano. Monserrat tenía un año y cuatro meses, iban rumbo a una plaza de juegos, cuando las interceptó una pareja de carabineros que la buscaba.

Pidió despedirse de ella, la abrazó fuerte, no pudo dejar el bolso que le llevaba. A ella la trasladaron al Cread Capullo de Concepción por ser menor de edad y a Monserrat al Hogar Nido de Hualpén, donde también conocería a Oñate.

En medio de la depresión, la dupla psicosocial del hogar la ayudó para agilizar las visitas. Iba a ver a su hija todos los jueves. Dejó de estar institucionalizada, volvió a vivir de allegada en casa de familiares en Penco, vendía parche curitas en las micros y ropa usada en la calle. Con la plata que ganaba se pagaba los pasajes para viajar una hora hasta Hualpén para verla.

En muchas ocasiones las visitas – que eran de diez de la mañana hasta las doce y media del día- eran interrumpidas.

-Incluso salió un informe del hogar diciendo que maltrataba a mi hija, yo nunca la reté ni nada, la misma Evelyn hacía los informes, yo la visitaba todos los jueves, muchas veces me cortaron las visitas una hora y media antes porque iba gente a ver a las niñas-, recuerda María.

María también aprovechaba las visitas para revisar a su hija en el baño. Varias veces encontró con golpes y los documentó.

-A veces tenía mordiscos que parecían de una persona adulta, yo me quedaba cuando las tías llegaban a buscarla, ella se ponía a llorar y me tomaba de la ropa para que no se la llevaran, me decía que le dolían las piernas y la veía cada vez más triste. Otras veces tenia golpes en la cara, ella me decía que se caía de la cama, las tías movían la cabeza como diciendo que eso no había sido así-, recuerda

María debió soportar más de dos años esta situación hasta que el 3 de junio del 2018 -cuando la niña tenía cuatro años- Evelyn Oñate la citó a una reunión en su oficina, supuestamente para firmar un documento que autorizaba visitas más seguidas.

-Yo no entendía específicamente lo que decía. Llamé un familiar y le mandé una foto del papel, él me dijo que lo firmara pero que hiciera otra firma, que la falsificara por si me estaban tratando de hacer lesa. Creo que allí ella me engañó, después de eso me dijeron que no podía verla más, me la negaron, ni siquiera pude despedirme de ella-, confiesa.

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El 27 de abril se conoció en la prensa la querella presentada por la Defensoría de la Niñez contra la directora de la residencia colaboradora del Sename de Hualpén Hogar “Nido”, por presuntos delitos de violación, abuso sexual agravado y explotación sexual infantil. Dos días después el seremi de Justicia de la Región del Biobío, Sergio Vallejos, ordenó el cierre del hogar de menores.

Dos semanas después de la querella, el Ministerio Público adicionalmente recepcionó nuevos antecedente sobre una presunta adopción irregular en el mismo hogar revelada nuevamente por Patricia Muñoz, quien denunció este hecho ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. La información llegó hasta la Fiscalía Local de Talcahuano y el equipo conformado para la investigación de esta OCA.

La explosión del caso tuvo como consecuencia  la renuncia de Susana Tonda, la directora nacional del Servició Nacional de Menores (Sename). Sumado a eso, hace dos días el gobierno pidió la salida de Ximena Morgan,  la directora regional de la Institución. En medio del escándalo los familiares de los niños comenzaron a organizarse. Gianina y María fueron al hogar a buscar información, pero nadie les contestó. Luego acudieron al registro civil para sacar los certificados de nacimiento de sus hijas, pero no había rastro de ellas.

Este medio consultó a dos abogados de familia sobre este tema, ambos explicaron que cuando el niño es adoptado se cancela su inscripción civil original y se efectúa una nueva, por lo que el niño queda con un nuevo certificado de nacimiento, como hijo de la familia que lo adoptó, donde se consigna su nuevo rut e identidad. Ellas nunca fueron notificadas de una adopción, por lo que esta situación constituiría una adopción irregular.

Para abordar la precariedad legal sobre temas de infancia que enfrentan las familias víctimas de Hogares de Sename, estuvo en discusión el Sistema de Garantías de Derechos de la Niñez en la Comisión de Familia, pero el proyecto de ley quedó en pausa y se priorizó el proyecto que crea un Nuevo Servicio nacional de Protección de Derechos.

Consultado por el tema el abogado y ex director de Sename, Francisco Estrada, con vasta experiencia en el tema, responde que esto le parece un error de tramitación.

En su opinión, el problema real es más amplio porque reside más bien en los problemas serios de gestión del sistema residencial, y de diseño del sistema proteccional. Algo que se ha visto y criticado en la discusión del Proyecto de Ley Servicio Nacional de Protección Especializada de la Niñez y la Adolescencia.

– Hay básicamente problemas en el sistema de diagnóstico, problemas en el diseño, licitación, financiamiento, ejecución y supervisión de los programas ambulatorios y residencias, carencia de un sistema autónomo de defensa jurídica especializada para niños internados, déficit en la oferta de salud mental infantil. Es decir, me parece que más que problemas legales (adopciones irregulares), los problemas son de la gestión del sistema- concluye.

Sobre la situación del Hogar Nido, en el Informe de Residencias del Poder Judicial – de septiembre de 2019- se menciona el caso de diez niños que se encontraban con “Larga permanencia” y se pone énfasis en la restitución de sus derechos de vivir en familia. Una de las observaciones que más preocupa, habla sobre vulneración de un niño por parte de su cuidadora. “Finalmente informar que nuevamente se produce denuncia por maltrato intra residencial hacía niño, educadora de trato directo se encuentra suspendida de funciones, por lo que se hace necesario reiterar supervisión de manejo conductual de educadoras (..)”. Además en la observación aparece que 16 de los niños tienen un proceso abierto por adopción.

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Deyanira Pezoa (23) también vivió una historia de institucionalización a muy corta edad, en ciertos pasajes su biografía es calcada a la de María. Sus padres eran trabajadores de la “Vega techada” y vendían frutas para mantenerse. A los seis años llegó al Hogar Sor Vicenta -también de la Compañía de las hijas de la caridad de San Vicente de Paul. Solo terminó octavo básico. El 2013 -a los 16 años- quedó embarazada y tuvo a Pedro. En ese tiempo vivía con el papá de su hijo en la población Contreras Gómez, ambos pasaron por un periodo de consumo de pasta base, fueron denunciados por sus vecinos y el niño fue llevado al Hogar Llequén de los Ángeles. El pequeño tenía apenas un año ocho meses.

-Lo fui a ver hasta que cumplió cinco años, me dejaron hacerle el cumpleaños. Después la directora habló conmigo me dijo que Pedro había sido declarado susceptible de adopción, fue raro porque yo había denunciado que al niño le habían pegado, tenía moretones en la espalda y las tías me dijeron que se había caído, nunca más lo volví a ver-, explica.

Juntas con su prima averiguaron que el niño habría sido llevado al Hogar Nido de Hualpén. Información que respalda una autoridad de la región: parte del equipo de ese hogar habría llegado al hogar Nido.

-Una asistente social me dijo que al niño lo iban a trasladar a Hualpén, lo mismo me confirmaron otras mamás. En el hogar también me dijeron que había abandonado al niño y yo siempre iba sagradamente los lunes y los viernes. Me quedaba en las tardes frente al portón hasta que llegaban carabineros a sacarme, no fue el Tribunal quien me impidió ir a verlo, fue la gente de Nido-, aclara.

A Deyanira le cuesta hablar del tema, con las noticias publicadas sobre el hogar siente que todos esos recuerdos se revolvieron de golpe. También confiesa que ahora es otra mujer.

Antes de la cuarentena estaba terminando primero y segundo medio y aprendiendo peluquería. Estuvo en rehabilitación, siente que todo ese tiempo quedó atrás.

En el celuar conserva varias fotos de su hijo, en algunas Pedro aparece con el rostro pintado con las banderas de Chile en medio de un partido de fútbol, en otra posa feliz a la cámara con las manos en la cintura. Atrás se ve un árbol de cartulina.

-Yo solo quiero saber si se fue en adopción nada más, saber que está bien, que no pasa hambre ni frío (…) El Tribunal aún me tiene en observación con mi hija chica, pero no voy a dejar que me quiten la niña, no va a pasar lo mismo que con Pedro, nunca más me van a volver a hacer lo mismo, eso, eso es lo que le dije a la asistente social que me visitó…-, dice antes de despedirse.

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