Las esquirlas del caso Catrillanca: El hostigamiento policial que vive el adolescente testigo clave del asesinato

A pocas semanas de que culmine el juicio por el asesinato de Camilo Catrillanca, donde siete policías y un abogado son investigados por el Ministerio Público como autores de homicidio consumado y apremios ilegítimos, el testigo presencial que acompañaba al comunero mapuche ese día, M.P.C, de 17 años, vive momentos de angustia. Personal de Carabineros de la Comisaría de Ercilla lo hostiga en sus actividades diarias, lo detienen y golpean cada vez que visita el pueblo. También han agredido a su padre y a su tío. “¡Cuando termine el juicio te vamos a matar! Ahora te va a tocar y te vamos a hacer lo mismo que hicimos con tu peñi”, fue la última amenaza que recibió de la policía.


El miércoles 14 de noviembre de 2018 es un día que jamás olvidará M.P.C. En ese entonces  el joven tenía 15 años y se trasladaba junto a Camilo Catrillanca a bordo de un tractor en la comunidad Autónoma de Temucuicui. Ambos eran amigos, confidentes y “M” sentía admiración por él. Iban en búsqueda de cilantro para el ñachi que prepararían, ya que junto a familiares y cercanos comerían un asado de cordero para celebrar los tijerales de una casa en construcción de lo que iba a ser el hogar del comunero en lo que antes fuera la tierra de René Urban, un conocido terrateniente de la zona. El resto ya es historia conocida: En el trayecto se encontraron con un operativo del Grupo de Operaciones Especiales de Carabineros, conocido popularmente como “Comando Jungla”, quienes dispararon a la cabeza del comunero mapuche. M.P.C fue amarrado de manos, empujado al suelo, golpeado con fusiles en las costillas y trasladado a la comisaría de Ercilla. Esa fue la última vez que vio a su “hermano”.

Han pasado poco más de dos años y próximamente, durante las primeras semanas de diciembre, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Angol dictará sentencia en contra de siete funcionarios de Carabineros y un abogado de la institución policial, acusados por la Fiscalía de Alta Complejidad de La Araucanía como autores de los delitos de homicidio consumado de Catrillanca; homicidio frustrado y apremios ilegítimos del adolescente M.P.C., obstrucción a la investigación, falsificación de instrumento público, infidelidad en la custodia de documentos y prevaricación.

“Por primera vez nos encontramos con una investigación que ha sido realizada de forma íntegra por la justicia civil. Anteriormente todas las causas donde un comunero mapuche terminaba muerto por parte de funcionarios de Carabineros, la investigación era realizada por la justicia militar. La justicia civil tiene la oportunidad de establecer las responsabilidades penales de funcionarios del Estado de Carabineros de Chile en relación al conflicto mapuche”, dice Sebastián Saavedra, abogado de M.P.C. e integrante del Centro de Investigación y Defensa Sur (Cidsur).

Onésima Lienqueo es la protectora y una de las personas más importantes en la vida de M.P.C, desde que su padre fuera recientemente detenido por Ley Antiterrorista e investigado en calidad de imputado por la quema de un camión en el sector de Toquihue (Victoria). Fue acusado junto a otras dos personas y el gobierno se querelló en su contra, agregando al incendio el carácter de ‘Terrorista’.

Ella es la fundadora de la Red por la Defensa de Infancia Mapuche y ha cumplido, de alguna manera, el rol maternal en su vida, algo que el joven no conocía.

-A mí me robó el corazón, es como mi hijo. A la primera persona que recurre es a mí. Conmigo llora, me dice la verdad y cuando tiene miedo-, relata Onésima.

Por eso conoce de cerca y describe los episodios de hostigamiento y amenazas que ha debido enfrentar cada vez que circula por las calles del pequeño pueblo de Ercilla.

-Él está siempre alerta, luego del proceso que vivió le han pasado distintos hechos de violencia. Nosotros enviamos una petición a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para hacer una protección y él se entrevistó con la comisión cuando vino a Chile. Les presentamos las dificultades que está viviendo, que está siendo hostigado por la presencia policial constante en los lugares donde va. También de manera constante es detenido, le piden su carnet de identidad, sabiendo quién es él. Lo retienen, golpean y lo sueltan cada vez que anda por Ercilla pueblo-, relata.

A lo largo de todo el proceso de investigación, M.P.C ha tenido que enfrentar diversas situaciones que aumentan su revictimización y ahondan las carencias afectivas con la que ha crecido a lo largo de su vida. “Él una vez fue detenido y lo golpearon súper fuerte en los pulmones, por lo que hubo un tiempo en que estuvo vomitando sangre. Fue al médico y afuera del hospital lo tomaron detenido. Lo sacamos y me lo traje al hospital Intercultural que es donde se atiende. Ahí estuvo en tratamiento por 11 días, hospitalizado”, cuenta Lienqueo.

También sus familiares directos han vivido hostigamiento y violentas agresiones físicas, pese a que existe un recurso de amparo que debiera proteger a M.P.C y sus cercanos. El cinco de diciembre de 2018, pocas semanas después del asesinato de Camilo Catrillanca el padre del adolescente denunció que fue detenido y golpeado con patadas y combos por seis carabineros de Ercilla. Dentro del calabozo, los policías apretaron su cabeza contra el piso e incluso intentaron lanzar una bomba lacrimógena dentro de la celda en la que estaba. Dionisio, su hermano y tío del menor, el mismo día y en la misma comisaria, fue apuntado con un arma mientras le preguntaban si quería morir, lo mismo ocurrió con otros “peñis”.

El último episodio de acoso policial ocurrió hace pocos días cuando M.P.C caminaba junto a su pareja. Llevaban a su hija recién nacida a la consulta médica cuando fueron seguidos por funcionarios de Carabineros.

“Fue a la nutricionista. Lo siguieron afuera del control y se quedaron ahí. Luego, ellos avanzaron y los siguieron al otro lugar. Ha recibido amenazas donde le han dicho `¡Cuando termine el juicio te vamos a matar! Ahora te va a tocar y te vamos a hacer lo mismo que hicimos con tu peñi`. Son amenazas que son directas, no de los mismos oficiales claramente, porque ellos están en proceso, pero sí son oficiales de carabineros de la misma dependencia y eso es grave. Lo que se busca es generar un momento de quiebre emocional donde van a tensionar hasta que el adolescente pueda explotar contra su vida o de cualquier otra forma sin encontrar solución”, confirma Onésima.

Su abogado aclaró que si bien no existe una denuncia formal sobre los últimos hechos, siguen de cerca las condiciones en las que se desenvuelve el joven, ya que es el eje clave de  la causa. “Evidentemente se trató de un caso gravísimo, cometido por agentes del Estado, en un ambiente donde se vive una situación de tensión constante que evidentemente altera el normal desenvolvimiento de cualquier adolescente, y en particular su caso, con riesgos de represalias siempre presentes, ya que él es el testigo principal de cargos, es un testigo presencial de los hechos. Él está en una situación súper compleja”, explica.

Después de tantas situaciones violentas, y amenazas a través de redes sociales, hoy M.P.C  siente temor. Ha tenido que lidiar con la presión y hostigamiento no solo de la policía, también se sumaron grupos como APRA (Asociación de Paz y Reconciliación en la Araucanía) y `Mujeres Unidas por la Paz`, que han hecho publicaciones con frases como `no era un angelito el que acompañaba a Camilo Catrillanca` y lo han ido criminalizado con cada situación que pasa en su entorno.

Crecer de golpe en el Wallmapu

Cuando M.P.C tenía un año, en 2004, el informe Diagnóstico e Intervención del Servicio de Salud Araucanía Norte ya hablaba de cómo los allanamientos y la constante vigilancia de Carabineros, Investigaciones y Fuerzas Especiales afectaba a las familias de las comunidades mapuche. El documento arrojó que los niños eran golpeados contra el suelo y la pared, que recibían culatazos con armas de fuego y se advertía sobre el trauma de esas agresiones: no dormían, no se concentraban, tenían flashback de los ataques. En definitiva, que no podían vivir, situación que se extiende hasta hoy.

Claudia Molina es psicóloga infantil e integrante del Centro de Investigación y Defensa Sur. Durante diez años ha documentado e investigado el impacto de la violencia del Estado Chileno hacia los niños y niñas de la comunidades Mapuche. Desde el 2019 ha acompañado en sesiones psicológicas a M.P.C y ha sido testigo cómo el asesinato de Camilo Catrillanca tuvo un profundo impacto en la vida del joven.

“Hemos avanzado, pero cuando pasan estas cosas retrocedemos. Evidentemente hay una sensación de injusticia, desprotección, de sentirse solo. No puede andar tranquilo. Se sigue viendo amenazado. No ha habido una protección efectiva y me sumo a esto que se habla, de que tenemos una policía casi ingobernable (…) Eso es revictimizante, porque genera trauma, y el trauma genera una respuesta fisiológica que se imprime, y cuando es muy intensa, se genera un daño más permanente y la respuesta de miedo se instala con más fuerza”, dice la experta.

Hoy M.P.C es padre de una niña de cinco meses de edad con la que siente una conexión especial y está feliz viéndola crecer en compañía de su pareja. A pesar de la violencia cotidiana, mantiene firmes sus sueños y se le ha visto ilusionado con el futuro. No quiere repetir la crianza solitaria que vivió.

Es entrenador de un equipo infantil de fútbol y la fotografía continúa siendo una de sus grandes pasiones. Pasa gran parte de su tiempo pescando y trabajando en el campo.

 “Hoy día tiene una pequeña en quién centrar su atención. Si no tuviera a la bebé y su pareja, otra cosa estaría pasando. Ellas llegaron como un regalo, porque él tiene una sensación de que todo lo bueno que llega a su vida se va (…) No quiere darle a su hija lo que él vivió, es un padre que muda, que le da leche a la bebé, que no se hace problema de estar siempre con su guagua. Él sufre cuando no ve a su hija, hoy está con una familia que lo acogió, con una niña que también es muy buena mamá, que se cuidan y acompañan”, concluye Onésima, quien será madrina de la pequeña.

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