Las definiciones de clase del primer candidato LGBTI a la presidencia de Chile

Las definiciones políticas y de clase de Cristián Cuevas, precandidato presidencial de la Lista del Pueblo. Cuevas, que será el primer candidato LGBTI en disputar una elección presidencial en el país, habla de su infancia, del proceso que lo llevó a asumirse abiertamente homosexual dentro de un mundo donde el machismo brotaba por doquier y su liderazgo en la lucha sindical. Estas reflexiones, atemporales, son fruto de un diálogo cómplice ente Cristián Cuevas y el Che de los Gays publicada en una entrevista de Rompiendo el Silencio, Magazine.



El carismático líder sindical que rompe los paradigmas de la política y la sexualidad en Chile, camina, viaja y recorre el país como si se tratara de un viaje a la libertad. Un tránsito apasionante que lo emociona y motiva a luchar por los derechos de los trabajadores en Chile, enfrentando con valentía los estereotipos y prejuicios sexuales que inundan nuestra vida política. Una ruta que inició con amigas lesbianas de Coronel, cómplices y responsables de su joven despertar.

“Soy hijo de Eleodoro Cuevas, obrero del carbón en Coronel y Benicia Zambrano, mi madre evangélica y socialista. Mi vocación social nació por crecer y vivir en una zona del carbón, donde la vida transcurre en los sindicatos. Si volviera a nacer, desearía volver a ser hijo del carbón y proletario, sólo cambiaría la posibilidad de compartir más con mi madre que murió cuando era un niño”, confidencia.

¿Qué recuerdas de tu desarrollo afectivo y sexual?
– Crecí en medio de 11 hermanos, rodeado de cariño, pero con ciertas rigideces. Recuerdo haber vivido un proceso de invisibilidad de afecto hacia otros en término de pareja. Sentía atracción por determinadas personas, aunque traté de que no existiera. Me dediqué a la lucha en contra de la dictadura y mi centralidad estaba en eso, nunca pensé en tener una relación de pareja. Ya en mi edad adulta, pasado los 23 años, tuve una relación con una mujer. Era mi primera relación afectiva, pero una justificación para seguir la norma.

– La norma heterosexual…
– Así es. Eso produce dolores, porque es una relación trastocada. Yo quise mucho a Felicita, pero uno no puede vivir mintiéndole a las personas, porque mi deseo sexual no pasaba por una mujer. Nadie desea vivir en una mentira y eso es doloroso.

Todos vivimos procesos de experimentación, juegos y exploración sexual. ¿Cómo viviste tú ese proceso?
– Recuerdo que cuando niño sentía que era diferente, había atracción por otros, pero también miedo. Luego defino mi sexualidad asumiendo esos temores a los 26 años. En ese tiempo participé en talleres de sexualidad en Concepción invitado por unas amigas lesbianas. Sentí que pertenecía a ese lugar, leía revistas gays, quería ser parte de eso, pero no me atrevía del todo. Luego, viví un período de reflexión y vi la película cubana “Fresa y Chocolate”. Entonces, yo, un hombre de izquierda, descubrí que era posible ser revolucionario y homosexual, entonces, me dije, por qué tengo que seguir en el ocultamiento.

Era hora de reafirmar las convicciones éticas y políticas, valorando tu homosexualidad.

– Sí, porque la película tenía que ver con la trasformación y el provocar. Ahí me di cuenta de muchas cosas. Yo sentía atracciones por hombres, pero nunca había tenido una relación sexual, siendo una persona adulta. Después de eso fui a un foro en la Universidad de Concepción sobre diversidad sexual, discriminación y VIH/SIDA, pero no me sentí identificado. Entonces, decidí hablar por primera vez abiertamente. Me paré en el escenario y dije: Soy Cristian Cuevas, socialista, trabajador de derechos humanos y la cultura. Soy homosexual y creo que los derechos no se anuncian, se conquistan. Recuerdo haber sido ovacionado. Sentí que era una ruptura de toda mi vida y eso me liberó.

Siguiendo con los atrevimientos públicos, participaste en la primera marcha del Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH, el 4 de marzo de 1992.
– Yo vivía en Los Andes y fui a la marcha en la Alameda, encontrándome ahí con un lienzo del MOVILH. Muchos de los gays marchaban con máscaras y me puse a un costado, así como el campesinito que se suma tímidamente. Quería ser parte de eso, pero no me integré porque aún no vivía un proceso de liberación total. Sentía que pertenecía, pero tenía otras responsabilidades, otros caminos que recorrer.

– ¿Responsabilidades políticas y sociales?
– La verdad que sí, porque siento que tengo una relación casi religiosa con el trabajo social, donde lo primordial es el trabajo colectivo y político.

Cuevas, el sindicalista

El liderazgo sindical de Cristian Cuevas nació entre los sindicatos del carbón, donde vivió desde niño. “Pero mi liderazgo emergió con mayor fuerza cuando estaba en Los Andes trabajando en una empresa de alimentación subcontratista de Codelco. Me quedaba 10 días viviendo arriba en la mina con los compañeros haciendo una vida casi familiar. Comencé a escuchar los problemas y recuerdo que lo primero que hice fue escribir en los baños aquí se abusa de los derechos. Al otro día estaba todo lleno de proclamas, incluido llamados al paro. Yo me enfrentaba a las jefaturas, incluso tuvieron la oportunidad de despedirme cuando les dije a los jefes en su cara que estaban violando los derechos de los trabajadores. El administrador, prepotente, me respondió: tú todavía creís en Jesucristo. El primer sindicato se formó en julio de 1997 y en noviembre del mismo año integré la directiva. Desde ese momento el sindicato tomó vida y mi experiencia social, política y comunitaria, la apliqué al sindicalismo”.

¿Qué importancia tuvo Gladys Marín en tu lucha?
– Mucha. Cuando veía y escuchaba a Gladys me estremecía por la fuerza de sus discursos, porque era como escuchar a una Eva Duarte de Perón hablando a las masas descamisadas de Argentina o era como oír a la Pasionaria de España. Cuando escuchaba a Gladys Marín me imaginaba hablar con la misma fuerza, sin dobleces, con la pasión de la lucha política. Yo me defino como un marinista.

¿Y cómo asumías tu diferencia sexual en medio de un sindicalismo históricamente machista?
– Naturalmente. Ya le había comentado a uno de mis compañeros que era homosexual, pero un día en un bus, recuerdo haber subido para hablar y alguien me tira un beso. Yo pregunté quién había sido y uno de ellos se para muy choro asumiendo el gesto. Entonces, yo le pregunto qué hace en la mina. Él me dices que es auxiliar, y yo le digo, irónicamente, “no pues compañero, yo salgo con los cascos blancos, con los jefes, porque sino, nos cagamos todos de hambre”. Desde ese momento, nunca más he recibido ni he sido objeto de burlas, porque la firmeza del liderazgo te valida.

En el año 2008, entrevistado por la periodista Alejandra Matus, hablaste abiertamente de tu homosexualidad. “Hablo por primera y última vez, cansado de la amenaza constante de quienes quieren hacerme daño. La verdad libera”, dijiste. ¿Por qué decidiste hablar?
– Lo decidí porque admiro a Alejandra Matus desde que escribió El Libro Negro de la Justicia Chilena. En esa entrevista le hablé de mis dolores y ausencias, pensando que estaba con un dolor intenso por un profundo amor que perdí. Frente a ese luto, me entregué a la entrevista. Luego, rumbo a Los Andes, la dimensioné y pensé en los costos para la organización sindical.

En aquella entrevista denunciabas amenazas.
– Yo cuido mi vida privada, porque las grandes transnacionales y sus empresas a través de sus aparatos de seguridad, incluida cierta prensa, siempre buscarán formas para destruir liderazgos. Eso fue una certeza a partir de llamadas, recados y papeles. Tuve dudas y lo conversé con Alejandra. Uno piensa en lo que representa, no sería ahora un problema para uno en lo personal. El otro día, por ejemplo, mi hermana me llamó cuando yo opinaba en una nota de TVN sobre la homosexualidad de Ricky Martín. Mi hermana me dice que mi papá vio la televisión y miró con pena, entonces, uno debe tener cuidado de no causar dolores en su entorno. Si se tratara la homosexualidad con respeto no habría problemas, pero se trata desde el morbo.

¿Y cómo reaccionaron tus compañeros sindicalistas con la entrevista?

Fue una reacción muy positiva, desde ejecutivos de Codelco, hasta trabajadores de otras empresas. Incluso un trabajador, un hombre macho, podríamos decir, el representante del minero de faena, le dicen los que nunca faltan, “mira, sale en la prensa tu dirigente homosexual”. Entonces, el trabajador, hombre duro, minero, le dice: “sí, po, es homosexual, pero es nuestro líder”. Eso a mí me fortalece, porque indica que la dimensión de tu sexualidad pasa a segundo plano cuando representas los derechos de muchos y muchas. Yo camino por las faenas y lo hago sin miedo, sin complejos, porque me siento acompañado por el pueblo.

Un “hueco” al parlamento

Una de las experiencias políticas de Cristian Cuevas, fue postular a diputado por la zona de Lota y en la lista de izquierda, una experiencia que él mismo define como “compleja”. “Pero me quedo con lo mejor, logramos estremecer a la zona, convencer al desencantado, alcanzando 23 mil votos. Fue una campaña llena de contradicciones en una zona donde no existe trabajo social y sí existe, es muy precario. Pese a todo, logramos desarrollar una campaña hermosa, aunque faltó tiempo y recursos”.

Cristián Cuevas junto a la diputada transexual Carla Antonelli, el activista LGBTI de Madrid Toni Poveda y Víctor Hugo Robles después de presentar “El Diario del Che Gay” en España. Madrid, septiembre 1995.

Ahí también viviste situaciones de desprestigio por parte de los otros candidatos a diputados.
– Sí, la derecha jugó a eso, pero no estaba solo, porque el candidato de la Concertación también se sumó a la campaña de desprestigio de la UDI, usando mi orientación sexual para influir negativamente en un pueblo mayoritariamente evangélico.

En la otra vereda, nuestros compañeros de la disidencia sexual, luego de tu proclamación en el Galpón Víctor Jara en Santiago, publicaron una nota en su sitio web, señalando que llegaba un “hueco al parlamento”. ¿Cómo analizas esa mirada irónica?
– Encuentro que eso es la expresión de algo fatal en los homosexuales, porque en vez de decir, “aquí podemos tener una voz propia en el Parlamento”, teniendo esa cercanía, esa responsabilidad política, lo que hacemos es denostar, generando un debate de café y sin sentido.

¿Qué piensas de la doble discriminación que viven las mujeres lesbianas en Chile?

Creo que una de las situaciones que ocurren en nuestro país y que debemos terminar, es la misoginia unida al patriarcado. Nuestras compañeras lesbianas viven la doble discriminación, incluso, el propio colectivo gay invisibiliza las problemáticas de las mujeres. Muchas lesbianas viven la dureza de ser jefas de hogar, vivir solas ese tránsito de la maternidad o en su edad adulta, asumir su sexualidad. Karen Atala es parte de los nuevos paradigmas, así como Mónica Briones que fue asesinada en los años 80. Ellas y muchas otras, como las compañeras de Ayuquelen, Susana Peña, la “Su”, son nuestra conciencia política y colectiva. Yo creo que mi liberación homosexual la viví con las lesbianas, específicamente un grupo de amigas lesbianas de Coronel.

Extracto de la entrevista publicada en Rompiendo el Silencio Magazine, septiembre de 2010.
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