Larroulet se sirvió a Desbordes

Larroulet se sirvió a Desbordes

¿Por qué parece una idea de Larroulet y no tanto de Piñera? Porque la estrategia es más consistente que una simple apuesta de mercado como las del Presidente. Hay un hilo, un motor que mueve al nuevo gabinete. No es solo traer otro ritmo al gobierno, sino también conformar un equipo con resistencia al conflicto más mínimo. Alinear a un sector disperso, llamándolo al orden. Y esta acción parece eso.

El último cambio de gabinete del gobierno de Sebastián Piñera, tras una derrota política importante como la aprobación del retiro del 10% de las AFP, no fue con el objeto de lograr cierta gobernabilidad, pensar eso es negar lo evidente, lo que los nombres que fueron convocados a formar parte de la administración de Chile Vamos representan por sus perfiles y su forma de mirar el poder.  Un ejemplo es Víctor Pérez. Él no podrá conducir el trabajo político del Ejecutivo, porque carece de capacidad real para ello; es más bien una persona de semblante duro, un buen empleado que dejará contentos por un rato a los integrantes del gremialismo debido a su historia y por su poca importancia en este. Por ser uno de los tantos voceros de un relato político del que él no es más que uno de sus adherentes más acérrimos, dejando de lado la llamada “ambigüedad” de un Gonzalo Blumel que parecía haber perdido, si es que tuvo alguna, toda injerencia en la articulación del gabinete.

Lo que sí hizo muy bien esta operación política, llevada a cabo con una maquiavélica perfección, fue silenciar el debate al interior de los partidos; metió en ministerios a personajes como Andrés Allamand y Mario Desbordes, quienes, cada uno defendiendo su posición, eran el núcleo de la discusión partidaria en Renovación Nacional, dejando a este último como tal vez el gran muerto.

 ¿La razón?  El expresidente de RN no tuvo elección. Su situación al interior de la colectividad, debido a su poco roce social y carencia de capital económico, se complejizaba cada vez más por no ser solo Allamand su principal adversario. Había fuerzas no electas que veían al exintegrante de Carabineros como un peligro por no pertenecer a un grupo bastante desclasado al interior del oficialismo, y por tener, en cambio, una conciencia de clase que transcendía al clásico raciocinio gremialista/neoliberal, ante el que se había sucumbido hace tiempo por esos lugares.

Desbordes no era Carlos Larraín y todo lo que conlleva serlo respecto a su historia familiar y económica, por lo que no gozaba de una independencia que lo pudiera hacer salir de buena forma de su conducción partidaria. Por lo tanto, Cristián Larroulet, y en menor medida Sebastián Piñera, parece haber entendido cómo se lo podía desactivar, cómo se lo podía despolitizar. Todo esto, bajo una historia bien construida, la que tiene como eje principal el amor hacia los uniformes del personaje en cuestión y su compromiso con el proyecto del gobierno.

¿Por qué parece una idea de Larroulet y no tanto de Piñera? Porque la estrategia es más consistente que una simple apuesta de mercado como las del Presidente. Hay un hilo, un motor que mueve al nuevo gabinete. No es solo traer otro ritmo al gobierno, sino también conformar un equipo con resistencia al conflicto más mínimo. Alinear a un sector disperso, llamándolo al orden. Y esta acción parece eso.

Mario Desbordes fue vaciado políticamente. Si bien su historia uniformada puede darle, más adelante, cierta significancia a su cargo, lo concreto es que no está ahí para eso, sino para callarse, para detener un griterío que a La Moneda le resultaba tremendamente molesto. Por lo que esto no es un premio ni una misión patriótica, sino la muestra más clara del poco poder que tenía, aunque parecía que ejercía más. Es una penitencia, un “no lo vuelvas a hacer”. La cena estuvo servida y Larroulet se sirvió al ahora titular de Defensa.

Sobre el Autor

Francisco Mendez

Analista Político.

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