Larga y angosta franja de mierda

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El 25 de septiembre pasado comenzó la franja televisiva por el plebiscito que definirá la posibilidad de iniciar la elaboración de una nueva Constitución Política para Chile, y si esta se hará 100% por la vía democrática (pudiendo ser la primera constitución paritaria en el mundo) o no. Las opciones disponibles son claras de inicio –apruebo o rechazo– y relativamente confusas al cierre, lo que podríamos decir que fue un triunfo del oficialismo; al reemplazar la nomenclatura “Asamblea Constituyente” por “Convención Constituyente”, es posible que sea menos intuitiva la decisión. Y precisamente es de esos resquicios de los que la campaña del ‘Rechazo’ se ha colgado y puesto en vitrina sus intenciones. No obstante, la campaña del ‘Apruebo’ tampoco se ha caracterizado por tener una estrategia mejor.


La franja no supera los 19 minutos en todas sus ediciones y se equilibra el tiempo de exposición entre ambas opciones. Lo que no se equilibró fueron los aportes para cada campaña desde las sociedades civiles, donde un elocuente 6.6% fue para el Apruebo y el aplastante 89% fue para el Rechazo, con un 4.4% de estos aportes que financiaron la opción de Convención Constituyente. ¿Cómo debiésemos interpretar estos datos? Mas de 100 millones de pesos caen en manos de quienes bajo el lema “rechazar para reformar” tuvieron la opción de invertir en los minutos que por ley tienen disponibles para convencer a los votantes. Uno podría creer que a mayor disponibilidad de recursos, mejores opciones creativas, pero no.

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@ContextoFactual

Hasta el día de hoy, teniendo en cuenta de que el cuento de “rechazar para reformar” no es asunto de esta campaña, sino que de hace varios meses ya por parte de quienes no están de acuerdo con sepultar la carta magna escrita en dictadura, aún no hemos escuchado ninguna reforma ni propuesta en esa línea. La repetición sistemática del mantra del rechazo trata de persuadir, de ganar adeptos bajo la consigna del “ex” arrepentido: “dame otra oportunidad, si voy a cambiar, te lo prometo”. Es curioso verlos ofrecer como moneda de cambio lo que como obligación del cargo estuvieron llamados a hacer por sus votantes. Lo cierto es que es más que evidente el esfuerzo de esta opción por sostener el statu quo, dejar todo como está y seguir bajo el paraguas del Tribunal Constitucional que es el principal candado que tiene el diálogo parlamentario y el responsable de frenar o ralentizar proyectos de ley democráticos.

En la esquina contraria, la franja del apruebo no tiene mejor estrategia que la de hablarle a quienes ya están convencidos, en el mejor de los casos. Porque resulta muy vergonzoso que a la luz del proceso democrático histórico que se aproxima, salgan al frente los egos y se busque protagonizar un hecho casi sin precedentes que no les pertenece. Auth, quien desde que se empezó a poner el sombrero ese que es el accesorio sine qua non de los burgueses acomodados y desconectados del medio, no hizo más que cuadrarse con la derecha en sus alocuciones, tweets y, peor aún, en sus votos en la Cámara. Pepe, ¡anda a laar! Le sigue Elizalde, a quien no se le ocurrió mejor campaña que la de autodeclararse Mesías de la palabra del “apruebo socialista”, donde parece que desde su “iluminado” discurso, su palabra trasciende generaciones, rubros, géneros, etc. Pasándose de “sociolisto”.

Seguimos con el trozo de la franja de Jiles… no tengo mucho que decir de alguien que finalmente lo dice todo con sus intervenciones y su legado de “nietitos”. Infumable “la abuela”. Y terminamos con Aguilar, que desde el Colegio de Profesores tuvo la posibilidad de alzar la voz por el espíritu del gremio, pero ¿qué hizo? Prendió el ventilador y se encargó de ningunear. En parte lo entiendo, les han dado por tanto tiempo a los profes que puedo empatizar con ese acto, pero uno espera siempre un poquito de inteligencia en los momentos críticos. Tengo que depositar esa esperanza en un banco distinto.

En el banco del rechazo llama la atención la utilización de lo que la derecha entiende como “profesiones conectadas con la gente”, así como también del perfil al que se intentan asociar desde la imagen. Claro, no van a poner al frente al perfil “Villa María” o “Verbo Divino” que sería lo más honesto, sino que salgamos con una hija de asesora del hogar hablando de la meritocracia (y de su matrimonio a los 27 años, ¡un triunfazo!), con una estudiante de trabajo social –que se dio una vuelta de chaqueta brutal desde la izquierda– que acusa haber sido víctima de intento de ser quemada en su facultad cuando un montón de versiones ponen en duda –por decir lo menos– su versión, y finalmente un trabajador social de La Pintana que resultó ser “papito corazón”.

También tenemos un profesor de historia que dice que “dos años es mucho tiempo”, ¡vaya ironía! Si dos años es mucho tiempo para un profesor de historia, estamos hasta la madre. Y así como cada personaje “de la comunidad” que han puesto en su sección de franja, el rechazo ha visto que en las redes sociales las acusaciones por misoginia, homofobia, abandono de responsabilidades paternas, levantar falso testimonio, compararse y agredir las políticas de un país vecino, utilización de propiedad intelectual de un programa televisivo, y esto agreguemos los vergonzosos resultados de sus “cuecas y cumbias” del rechazo. Sin palabras.

Tal como hemos sido testigos desde la dictadura, la desconfianza y corrupción disfrazada en diferencias ideológicas han separado a la izquierda a tal punto de hacer que, sin esfuerzo casi, la derecha se vea fortalecida. Si hay algo que hace bien la derecha no son precisamente las franjas televisivas, sino que unirse, organizarse y optar por un candidato común. Ese, y es una tesis personal, es un gran triunfo de “la dinámica de los sapeos” que impuso el régimen militar con tal de conseguir el napoleónico fin del “divide y vencerás”, y aparentemente lo lograron. La percepción que entregan ambas campañas dentro de la franja televisiva es la evidencia plena de lo que por más de 40 años hemos tenido que aguantar: mentiras repetidas hasta el cansancio por parte de un sector con tal de confundir, un análisis forense del ombligo por parte del otro, siendo este último el que tiene que proteger la visión y opción mayoritaria del país.

Lo cierto es que esta larga (tenemos hasta el 22 de octubre con este tema) y angosta (limitada, reducida en contenido, triste en la forma, carente de creatividad) franja de mierda no es más que la expresión de lo que ha venido siendo el show televisivo de la política nacional. Finalmente, de una vez por todas, cambiemos esta huevadita.

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