La victimización de Hugo Gutiérrez

Foto: Agencia Uno

Hugo Gutiérrez prefirió quedarse en el terreno de la negación. Le resultaba más fácil. Prefirió militar en esa cierta facción de la izquierda en la que las ganas de ser perseguidos son más fuertes que la voluntad de preguntarse algo. Le fue más atractivo mostrarse implacable y denunciar una persecución que no ha sido probada y que, si fue así, habrá que poner más antecedentes sobre la mesa que las solas ansias de no reconocer una mala actitud.                       

Hay un video circulando en el que el diputado Hugo Gutiérrez les enrostraba a funcionarios de la Armada su cargo y su posición política, dándoles instrucciones de lo que tenían o no que hacer. A diferencia de lo que uno podría esperar, los funcionarios le agradecieron y dejaron que se subiera al automóvil y siguiera rumbo a su destino. Al menos en las imágenes no se ve prepotencia de los uniformados, sino a un integrante del Congreso diciéndoles que, si lo fiscalizan, él podría fiscalizarlos de vuelta.

Si nos detenemos en el fuero parlamentario, el que parece sumamente importante en una democracia representativa, Gutiérrez tenía la razón, en lo que no estaba en lo cierto, es que una fiscalización de esa especie pudiera atentar contra ese fuero. Pero tal vez lo más importante y lo que más llamó la atención, parece muy relevante decirlo, es no solo la curiosa relación entre “fiscalizaciones” que expuso a quienes de inmediato lo dejaron seguir, sino también el nulo reconocimiento posterior de absolutamente nada.

Luego de filtrado el video, y casi de manera inmediata, se corrió el rumor de que el sector de José Antonio Kast lo había hecho correr en redes. Desde ese momento, mucha gente encontró la excusa perfecta para no ver lo que se estaba viendo. Era una maquinación del ultraderechista, por lo que todo el contenido que había en las imágenes quedaba de inmediato inhabilitado. Y ahí, según creo, hay un error importantísimo y dramático en el que debemos reparar quienes creemos pertenecer a la izquierda, y es que es urgente que empecemos a concebirnos como sujetos de acción y no siempre como objetos de tramas, aunque estas existan.

¿Qué quiero decir con esto? Que parece claro que hay una filtración con motivos políticos, pero eso, particularmente en esta ocasión, no nos puede imposibilitar reconocer lo que vimos, aunque el video pueda estar cortado, porque lo esencial está a vista y paciencia de todos. Debemos entender que no siempre nuestros errores o nuestra prepotencia puede ser justificada solamente con la acción del otro, porque, desde ese momento, dejamos de mirarnos, criticarnos y  corregirnos.

Gutiérrez prefirió quedarse en el terreno de la negación. Le resultaba más fácil. Prefirió militar en esa cierta facción de la izquierda en la que las ganas de ser perseguidos son más fuertes que la voluntad de preguntarse algo. Le fue más atractivo mostrarse implacable y denunciar una persecución que no ha sido probada y que, si fue así, habrá que poner más antecedentes sobre la mesa que las solas ansias de no reconocer una mala actitud.

Esto, realmente, es preocupante. La historia de Chile reciente que trae consigo la estigmatización, tortura y desaparición de la que fue objeto gran parte del Partido Comunista, no puede llevarnos a usarla para negar la responsabilidad de los actos. Y menos es posible que quienes cuestionemos las formas de una persona que dice estar de nuestra vereda seamos mirados desde la sospecha, desde la constante acusación de traición. Porque así no debe funcionar el raciocinio político, ni mucho menos las controversias.

Tratar la política como un enfrentamiento de equipos de fútbol nos hace poner la pasión por sobre la mirada crítica y la “camiseta” por sobre las erradas acciones de quienes dicen tenerla puesta. No pensar ni decir en voz alta ciertos pensamientos, para no ser identificado con el “otro equipo”, es reducir el factor ideológico de los antagonismos políticos solamente a una pelea de lealtades estériles que mata las ideas. Y Gutiérrez es experto en eso.

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