La revolución institucional

Son tiempos de cambiar el statu quo. La estructura piramidal jerárquica que conocemos, debe ser destruida, debemos derrocar la tiranía construida por la hegemonía capitalista y la institucionalidad que la avala, para tomarnos el poder. Romper las cadenas, cortar la rueda, detener un ciclo de abusos y esclavitud moderna inhumana. Vamos en búsqueda de la libertad, de librarnos de las fuerzas opresoras, de despojar a déspotas de sus tronos e impartir un poco de justicia para los pueblos.


Una revolución comienza, cuando los deseos de muches, están dirigidos por las acciones de un grupo selecto y reducido. Es una onda de camino que empieza cuando se lanza la primera piedra a quienes tienen el poder, y solo acaba cuando una de las partes termina derrotada, o si dos partes se convierten en una. Hay revoluciones que admiten armisticios, en especial cuando las municiones se han agotado y las tropas están exhaustas. Todes quieren volver a casa, todes quieren dormir hasta el medio día sin interrupciones.

Pero hay revoluciones cuya causa es inagotable. Las convicciones que la sostienen no descansan, no comen, no duermen. Hay una energía infinita cuando se trata de lograr cometidos, de hacer justicia, de vivir con dignidad.

Son tiempos de cambiar el statu quo. La estructura piramidal jerárquica que conocemos, debe ser destruida, debemos derrocar la tiranía construida por la hegemonía capitalista y la institucionalidad que la avala, para tomarnos el poder. Romper las cadenas, cortar la rueda, detener un ciclo de abusos y esclavitud moderna inhumana. Vamos en búsqueda de la libertad, de librarnos de las fuerzas opresoras, de despojar a déspotas de sus tronos e impartir un poco de justicia para los pueblos.

Las revoluciones son violentas, así también los cambios que consigo traen aparejados. Y cuando hablamos de revoluciones a nivel institucional, los cimientos de las construcciones más firmes se desploman, se vuelven escombros. El diseño arquitectónico de nuestra nueva institucionalidad comenzó a diseñarse entre todas y todos, desde la calle. Y es esa maqueta la que debe levantarse desde el suelo, con las manos de los pueblos. Al frente del edificio, me gustaría ver izadas las banderas que se tomaron la alameda. Me gustaría que todos los colores estuvieran fusionados en uno solo.

El diseño de nuestra nueva institucionalidad, comenzó con la revolución. Quizás nos tardamos mucho en formalizarlo. Pero nunca es tarde para incorporar los cambios. Vamos por una convención que sea de todes. Por una nueva forma de entender la democracia. Más allá de lo meramente jurídico, debemos pensar como recogemos el nuevo tejido social se ha ido construyendo en esta idea de una identidad nacional unitaria, que no se corresponde con la realidad. Existen múltiples identidades culturales que coexisten en chile. Y por eso es tan relevante reconocer un estado plurinacional, las disidencias, los feminismos.

Lo fundamental es la mirada cultural con la cual construiremos un nuevo Chile (una mirada feminista, disidente, plurinacional, que proteja al medio ambiente). Necesitamos de una sensibilidad que difiera de los tecnicismos para construir la mirada cultural en una nueva constitución. Esa sensibilidad, que se expresa de las formas más diversas, es revolucionaria.

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