La prisión política desde la perspectiva de una madre: La historia de Paola Palomera y su hijo Nicolás Piña

La noche del 12 de febrero de 2021, Paola Palomera vio como dos sujetos retenían a su único hijo. Luego, otro grupo de individuos vestidos de negro llegó a golpear a Nicolás Piña para posteriormente subirlo a una camioneta que escapó raudo del lugar. Paola observó cómo secuestraron a su hijo. Nicolás partió rumbo a la 33° Comisaria “detenido” por Carabineros mientras su madre aún buscaba una explicación de lo que presenció. 


Es un día frío en Santiago. Hace solo unas horas a Nicolás Piña, más conocido como “el ingeniero”, se le negó el cambio de medida cautelar de prisión preventiva a arresto domiciliario. Nicolás ya lleva seis meses en reclusión provisoria y deberá pasar sesenta días más producto de la extensión de la investigación.

Camino por las cercanías del Parque de Los Reyes. Hay una enorme feria. En la esquina una persona toca el Charagua de Víctor Jara. No encuentro la dirección. Llamo por teléfono a Paola y sale por la ventana de un departamento haciéndome una señal.

Nos sentamos en la mesa. Paola toma café mientras se acomoda sus lentes y me cuenta, someramente, cómo creció su único hijo y el cual lleva por nombre Nicolás. “Fue un niño feliz, muy buen compañero y muy buen estudiante. Él fue extremadamente feliz y siempre muy ejemplar”, recuerda Paola.

Nicolás Piña. Archivo familiar.

Un abrazo lleno de lágrimas y la esperanza de un mejor porvenir

La noche del 18 de octubre de 2019, en el centro Santiago, Paola Palomera (54) estaba junto a Nicolás Piña (35), ambos seguían de cerca lo que estaba aconteciendo en las calles de la capital. Paola, mientras los militares se desplegaban por las diferentes avenidas, decidió mirar a Nicolás y pedirle disculpas entre sollozos.

“Yo abracé a mi hijo y le pedí disculpas. Sentí que ese despertar que tuvo Chile, de alguna u otra forma, la sociedad impulsa a estudiar a los chiquillos, a generar, más que nada a que se conviertan en números más que personas. Entonces, yo abracé a mi hijo y me puse a llorar. Le dije que no quería que terminara pateando piedras como la generación de los 80. Esa noche lloramos juntos y luego salimos a cacerolear”.

Paola Palomera
Paola Palomera, Nicolás Piña y familiares en Plaza de la Dignidad.

Paola y Nicolás comenzaron a asistir regularmente a la Plaza Baquedano, la que fue rebautizada por las y los manifestantes como Plaza de la Dignidad. El lugar se volvió el centro neurálgico de las manifestaciones y de la esperanza de millones de personas. La alegría, los sueños y la unión se pasó a la crueldad y violencia desplegada por el gobierno de Sebastián Piñera para intentar frenar las manifestaciones.

La crudeza de la violencia policial desatada

El 15 de noviembre de 2019, Paola y Nicolás se encontraban en el sector de Plaza de la Dignidad cuando un joven se desplomó ante sus ojos. La gran cantidad de gases lacrimógenos lanzados por Carabineros y la patología cardíaca que sufría Abel Acuña (29), hicieron que el Abel cayera al suelo debido de un paro cardiaco. Paola sacó rápidamente su celular y encendió su linterna para que el joven fuera atendido. Al lugar llegaron rápido rescatistas de salud. Sin embargo, y a pesar de los constantes esfuerzos para que el personal de carabineros dejara de lanzar gases lacrimógenos, Abel Acuña falleció a los pocos minutos en el corazón de Plaza de la Dignidad. Carabineros no solo continuó lanzando gas, sino que también comenzó a atacar el lugar donde estaba siendo atendido Abel con el carro lanza aguas.

Otro hecho que marcó profundamente a Nicolás y Paola ocurrió el 2 de octubre del 2020. Esa tarde, el carabinero Sebastián Zamora arrojó a la ribera del río Mapocho a un menor de 16 años en una persecución que se dio luego de una jornada de movilización.  La brutal acción circuló rápidamente por todo el mundo y Paola, testigo del hecho, quedó en shock producto de la deshumanización y el bestial operativo de la institución policial.

La violenta detención de Nicolás Piña ante los ojos de su madre

El 12 de febrero del presente año, Nicolás se encontraba en el sector de Patronato, cercano al centro de Santiago, realizando compras junto a su novia. Ambos se reunieron con Paola alrededor de las 18:00 horas para asistir a una jornada de protesta en la Plaza de la Dignidad para exigir la libertad de las y los presos de la revuelta y la renuncia de Sebastián Piñera.

“El ambiente estaba muy convulsionado, muy extraño. Ese día vimos un helicóptero de Carabineros sobrevolando Pio Nono, pero era muy abajo” recuerda Paola. Además, comenta que “el carro de bomberos quería atravesar hacia Pio Nono, pero no le dejaron pasar”.

Paola, Nicolás y su novia vieron cómo mucha gente corría de un lado hacia otro. Ellos avanzaron hacia Pio Nono, lugar en donde se estaba concentrada una gran cantidad de personas. Al avanzar un par de metros, vieron cómo un furgón de Carabineros estaba completamente incendiado. Decidieron, al igual que muchos manifestantes, sacarse fotos con el carro policial incendiado, pero a una distancia lejana por el temor a que el vehículo explotara.

Luego de las fotos, Nicolás les señaló que tenía ganas de orinar y se devolvieron al parque que está en la vereda norte del río Mapocho. En el lugar, siempre estuvieron rodeados de muchas personas. En ello, la novia de Nicolás se perdió entre la multitud y cruzó la avenida pensando que Paola y su hijo también lo habían hecho.

Nicolás llamó a su novia y quedaron en reunirse en la calle Antonia López de Bello, a pocos metros del lugar donde el carro policial había sido incendiado.

“Entramos por Bombero Núñez con Nicolás, en eso pasó un auto gris y se bajaron dos hombres que comenzaron a caminar muy rápido. Todo esto en la esquina con Antonio López de Bello. Yo me quedé parada y comencé a observarlos, ellos se miraban y se hacían señas con las manos. Ellos pasaron a Nicolás y uno comenzó a golpear una cortina de metal. Yo llamé a mi hijo para que se devolviera porque la situación era muy extraña. Nicolás venía hacia mí y el tipo que estaba golpeando las cortinas le obstruyó el paso. En eso, Nicolás le preguntaba qué pasaba y el tipo le respondía que pasara”.

Paola Palomera
Nicolás Piña junto a su tío. Piña siempre iba acompañado de familiares a manifestarse.

Cuando Nicolás comenzó a caminar en dirección a la cordillera por Antonia López de Bello, apareció el otro tipo que se había bajado del auto y que se mantenía escondido. En cosa de segundos, sin mayor provocación, se abalanzaron sobre Piña, lo tomaron del cuello y lo hicieron chocar con unas rejas. Paola, comenzó a defender a su hijo que estaba siendo retenido. Sin embargo, de un instante a otro, aparecieron muchos más hombres vestidos de negro en el lugar.

Paola comenta que los primeros dos individuos se asustaron por la aparición del segundo grupo de hombres que llegaron al lugar. En eso, escuchó una fuerte frenada de una camioneta, y quienes habían retenido primero a su hijo, escaparon raudos del lugar.

“Las personas que se quedaron ahí le decían a mi hijo, te pillamos hueón, tú erís paco, te cachamos. Lo insultaron, le sacaban la madre. Mi hijo asustado les dijo, al contrario, yo no soy paco, yo soy ingeniero. Yo trataba de sacarlo de ahí, pero los sujetos me golpeaban y tironeaban. A Nicolás le estaban pegando golpes de puño en su cabeza y en su estómago para tratar de reducirlo”.

Paola Palomera

Paola comenta que ella vio todo el actuar de los hombres de negros que golpearon a Nicolás. Ellos jamás la miraron, tenían sus ojos puestos en su hijo. Paola fue víctima de golpes de puños y pies por parte de los individuos que, al mismo tiempo, le pedían a gritos el documento de identidad a Nicolás.

Nicolás les pasó el documento, tenía junto al suyo otros dos documentos de identificación y que pertenecían a sus hijos. Nicolás les rogaba para que no se los perdieran. De repente, apareció una mano y los tres documentos desaparecieron. Yo me preguntaba qué estaba pasando. Le grité a mi hijo que no dijera nada y sobre la misma, apareció una camioneta blanca con vidrios polarizados, se bajaron tres hombres y se llevaron a Nicolás”.

Paola Palomera

El grupo que golpeó a Nicolás y lo retuvo se dividió en dos luego que llegó la camioneta con los vidrios polarizados. Paola se quedó en el lugar desesperada y buscando alguna explicación a lo sucedido. En eso, apareció un carro policial, igual que el que se había incendiado, pero con las luces apagadas, “es como si estuvieran escoltando a los hombres que golpearon y se llevaron a mi hijo”, comenta Palomera.

Entre que retuvieron, golpearon y se llevaron a Nicolás no pasaron más de 10 minutos, pero para Paola fue una eternidad. Varios minutos después, Palomeros recibió un llamado de un funcionario policial del OS9 indicándole que su hijo estaba detenido y que debía llevarle ropa. Ese día Nicolás vestía short celeste, polera naranja y un jockey.

Cuando Paola llegó a la 33° Comisaría, el carabinero que la atendió le señaló que Nicolás estaba detenido y acusado de la quema del furgón policial. Ante la sorpresa de Paola, el uniformado le dijo que tenían pruebas. “Le hicimos un seguimiento a su hijo y él andaba entero de negro, con antiparras y con una bolsa de basura en el cuerpo”, le dijo el policía.

“Las personas que increparon a mi hijo, que le dijo que era paco infiltrado, él andaba con una bolsa en el cuerpo. Él se puso las manos en la cintura y me dijo, ¿está segura de lo que está diciendo? Sí, le respondí. Y luego le señalé, esas personas, las que increparon a mi hijo, son colegas suyos”.

Paola Palomera

Después de que Paola le señalara al uniformado que las características de la persona que quemó el furgón policial eran las mismas que la de los funcionarios de Carabineros que detuvieron a Nicolás, el tono del policía cambió radicalmente e incluso comentó que él entendía a la gente que salía a protestar.

Luego de eso, Paola entró al calabozo donde se encontraba Nicolás. El carabinero que recibió a Palomero recalcaba, una y otra vez, “nosotros no le hemos pegado”. Nicolás estaba todo ensangrentado y le comentó a Paola que había sido el peor día de su vida. Ella aún no sabe por lo que pasó Nicolás desde el momento que personal del OS9 de Carabineros lo subió a la camioneta y lo trasladó a la 33° Comisaría.

El 13 de febrero se realizó el control de detención de Nicolás Piña, el cual fue transmitido en vivo por el canal de televisión del empresario Andrónico Luksic, Canal 13, y en donde se transmitió a todo el país los datos personales y rostro de Piña.

Paola Palomera en la manifestación del 4 de julio, día que se instaló la Convención Constitucional

Las pruebas de hidrocarburo que se le realizaron a Nicolás en sus manos salieron negativas. Además, como se pudo apreciar en los videos que el Ministerio Público ocupó como prueba, la persona que lanzó la bomba incendiaria vestía con un polerón negro, antiparras y máscara. Cuando Piña fue detenido no portaba nada de lo anteriormente señalado. Paola comenta que Carabineros presentó como prueba un encendedor que la misma institución policial le colocó a su hijo. En lo único que se sustenta la investigación son las declaraciones del personal del OS9 y que se autodenominan “los cazadores”.

Intentando vivir con la ausencia

Este lunes 30 de agosto, Nicolás Piña cumplió 35 años. Paola comenta que es el primer cumpleaños que no pasa con su hijo. Ella, junto a su nieta y nieto, llegaron hasta Santiago 1. No era un día de visitas, varios accesos fuertemente resguardados los separaban de Nicolás y ni siquiera pudieron verlo ni oírlo. Sin embargo, llegaron hasta el centro penitenciario para estar lo más cerca posible de su ser querido.

Paola junto a sus nietos en las afueras de Santiago 1

“Hoy mi hijo cumple años desde que yo decidí maternar. Son 200 días que no siento su olor, que no puedo compartir la cotidianeidad, que no lo veo llegar por la puerta con su sonrisa. Son un poco más de 6 meses que, Nicolás, mi hijo, no ve a sus hijos, que no los toca, no los oye, no los siente” escribió Paola en su red social.

“Qué ganas Nicolás de albergarte nuevamente en mi útero, de cobijarte en mis brazos y que sepas que nada pasará, que estás aquí, que estoy ahí y que en esa mirada tan pura del amamantar nos perdamos otra vez, para así creer que estos 200 días sí han sido un oscuro sueño y que ese 12 de febrero nunca ocurrió. Hoy mi pequeño hijo que se pierde en las estrellas, debes saber que tan sólo perdimos una batalla, mas no la guerra, que si tengo que gritarle al mundo que eres inocente, lo haré”, señaló Paola para luego añadir que “en tus hijos te veo siempre a ti y no quiero, me niego a que crezcan con una alita rota como diría Lemebel, yo quiero que vuelen libres, porque lamentablemente en este país, a los niños se les roba la inocencia, se les encarcela su libertad y se les niega la oportunidad de ver a su papá. Feliz cumpleaños hijo mío“.

Paola junto a sus nietos en las afueras de Santiago 1

Paola comenta que ha sido muy duro estar sin Nicolás. Recuerda la fuerte afinidad que tiene con su hijo desde niño. A él le gustaba mucho ir a la escuela de fútbol y su madre siempre lo llevó. “Yo hice todas las actividades que normalmente hacen los papas con sus hijos, todas esas cosas, las hacía yo con él”.

Con cada preso de la revuelta que ha sido dejado en libertad, Paola señala que “nosotras como madres nos alegramos, solamente por el hecho de saber que ya no están ahí, que no tienen que convivir, porque en el módulo donde ellos viven los chiquillos de la revuelta, viven con presos comunes. Una madre siempre quiere proteger a sus hijos. A pesar de que Nicolás tiene 35 años, pero nunca dejará de ser mi hijo”.

Paola, visiblemente emocionada, señala que después de tanto petitorio que levantó la gente movilizada, esto terminó con presos, con muertes, con mutilaciones, violaciones y muchas cosas terribles que pasaron. Ahora, comenta, solo tienen una Convención Constitucional y que espera que sea mejor de lo que tienen ahora.

“Hay muchos chicos que salen a protestar y no vuelven a sus casas. Hay jóvenes que llevan un año y medio en prisión preventiva a lo largo de Chile. La habitación de mi hijo está intacta, tal cual como él la dejó porque él era muy ordenado. Ha sido duro, sus hijos no entran a esa pieza. Yo tampoco, me siento en su escritorio y es duro. Es muy duro para una madre, sobre todo para él que es mi único hijo. Y aunque tuviera más, el dolor va a hacer igual”.

Paola Palomera
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2 comments
  1. Paola yo también soy madre de un preso del estallido social, Nicolás Rios secuestrado desde el cerro Huelen el 10 de enero del2020. Ambas salimos a la calle junta a otras madres estamos trabajando porque se apruebe en el senado la ley de indulto general para los presos. Sin justicia no abra paz.

  2. Desde la asamblea de familiares de presos políticos de la revuelta exijimos legislar aprobar ley de indulto general ahora.
    Sin judticia no habrá paz.

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