La prensa “prensa”: La TV abierta como campaña de rechazo

La Prensa siempre se viste del ropaje democrático para impedir toda democracia abrazando así una campaña implícita del Rechazo. Los miserables minutos del Rechazo son complementados y aceitados por la TV abierta. En realidad, no hay más que campaña del Rechazo durante todo el día. Solo aparece el término Apruebo en los pocos minutos de una Franja ininteligible y fragmentaria.



La prensa prensa las luchas populares. Esta es nuestra tesis, de formulación sencilla, pero devastadora: desde el 18 de Octubre el Partido Neoliberal se vio en apuros e intentó subsanarlo con la convergencia de todos los frentes que asumían a este, sino como el mejor, al menos como el único mundo posible. Fuerzas Armadas y de Orden (soberanía) –pequeña facción aristocrática del Reyno de Chile; Empresarios (economía) que no conocen más economía que la de la “hacienda” y la Prensa (religión) –perteneciente a esos mismos grupos económicos; configuran los pivotes del Partido Neoliberal que, podríamos definir, como una fuerza política transversal a los diversos partidos políticos que jamás pretendió ir a plebiscito para transformar institucionalmente los fundamentos tan bien catalizados durante 30 años. Al Partido Neoliberal se le impuso el plebiscito.

Nunca lo quiso, jamás lo pretendió. Fue la “formación de compromiso” adquirida para salir del impasse del 18 de Octubre. Por eso, la prensa se orienta a prensar las luchas sociales constituyéndose en una sistemática campa del Rechazo las 24 horas del día. No es cierto que hay minutos equivalentes para el Apruebo y el Rechazo.

El Apruebo apenas tiene la simpatía de pocos minutos, el Rechazo el despliegue del noticiero central que infunde miedo al coronavirus, pero no cuidado; exhibe la delincuencia sistemáticamente todos los días –en pleno proceso constitucional- y muestra las víctimas de la “violencia” que se ha tomado las calles o, en último término, el fútbol que sigue siendo el pasajero “olvido” de multitudes.

La estrategia es clara: el Partido Neoliberal requiere restituir el miedo para instituir un nuevo Pacto Oligárquico que supere al de 1980. Sin embargo, no puede decir “no vayan a votar”, tampoco “rechacen”, menos puede defender el “orden constitucional” porque todo ese pinochetismo rancio está pasado de moda. El propio Partido Neoliberal tiene la oportunidad de renovarse inoculando un poco de temor en la población haciendo el simulacro para invitarles a votar: tenga miedo, luego vote si quiere. Pero el contagio, la posibilidad que la delincuencia o que los “políticos de siempre” vuelvan al ruedo será su “responsabilidad”. Puede fomentar la “participación ciudadana” al pasar, mientras expone a los narcos de alguna población durante horas. Si pudiéramos medir lo que ocurre en el país a través de su Televisión, diríamos que nadie parece experimentar el entusiasmo de un momento político decisivo.

La Prensa siempre se viste del ropaje democrático para impedir toda democracia abrazando así una campaña implícita del Rechazo. Los miserables minutos del Rechazo son complementados y aceitados por la TV abierta. En realidad, no hay más que campaña del Rechazo durante todo el día. Solo aparece el término Apruebo en los pocos minutos de una Franja ininteligible y fragmentaria.

Para la campaña del Rechazo –es decir, para la TV abierta- un chico de 16 años “cayó” al Mapocho, los mapuches son terroristas, los camioneros pobres víctimas de asaltos, Carlos Cáceres un jurista de alto vuelto, los pobladores un conjunto de violentistas y la policía una institución respetable, pero cuyos individuos cometen “excesos”; los informes de Amnistía Internacional existen, pero no tienen mucha importancia como las carreras clandestinas que se dan en Vitacura; la pandemia algo incontrolable a la que hay que temer, aunque la gente “irresponsable” no hace caso. Poco a poco, pulso a pulso se va docilizando el afecto para transfigurarlo en miedo; técnica a técnica la estrategia se consolida: prensar a la multitud; no impedir que ésta no vaya a votar, sino aminorar su ánimo, bajar su intensidad, introduciéndole algunas cuotas de miedo para neutralizar la enorme politización experimentada por la sociedad chilena.

Insisto: la idea no es impedir la votación sino la producción técnica de las condiciones afectivas necesarias para que la sensación de caos y destrucción reine que permita que la “gente” exija más mano dura y considere la cuestión constitucional un asunto menor frente a tanta urgencia sobre la que habría que actuar.

Dicho de otro modo, la TV abierta está completamente lavinizada. Lavín no es un simple candidato presidencial, sino el paradigma del Rechazo con el que está jugando el Partido Neoliberal para asaltar la Convención Constitucional y articular al nuevo Pacto Oligárquico. Sin embargo, hace demasiado tiempo que la TV abierta se mira pero no se ve. La multitud irá en masa a votar desafiando la “prensa” impuesta por la Prensa. Será su forma de mantener la intensidad del 18 de Octubre que, después de mucho tiempo, supo imponer las condiciones al Partido Neoliberal.

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