La política es asunto de ciudadanos y no de generales y almirantes en retiro

Si los señores oficiales en retiro desean participar en política como todo ciudadano, deben desprenderse de su rol como soldados y no invocar su carácter de tal para legitimar su acción en la política contingente. No hacerlo implica caminar en la delgada línea que separa la opinión de la sedición y el golpismo.

Circula en las redes una carta del Almirante Rodolfo Codina, escrita con ocasión del 77 aniversario de la institución de derecho privado sin fines de lucro que él preside (Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro de la Defensa Nacional).

La carta, dirigida a los Generales y Almirantes de dicha corporación, se refiere al proceso constituyente en términos absolutamente descalificatorios. Plantea el señor Codina, entre otras cosas, que el proceso podría poner en juego los valores y principios que inspiraron la independencia nacional y han cohesionado al país. Califica el intento de transformación que se vive como una situación de anormalidad impulsada por sectores violentos y aparentemente anarquistas, para pasar seguidamente a defender la Constitución de 1980 y la opción del rechazo. Afirma el almirante: “no parece en absoluto razonable, que sin un estudio y análisis serio de su contenido, se propicie su derogación y reemplazo por otra, ya que, al hacerlo sin saber los fines que la motivan ni los objetivos reales perseguidos por sus promotores, sería una imperdonable irresponsabilidad con nuestro pasado y el futuro de nuestra patria”. Su opinión avala una campaña mal intencionada orquestada desde la UDI.

¿Puede el Cuerpo de Generales y Almirantes permitirse este tipo de comunicados? En atención a sus Estatutos y a las acciones que se describen como propias de su rol, nos parece que no.

Dicen sus Estatutos en el artículo primero que sus finalidades son: 1. Mantener y estrechar los vínculos de amistad y compañerismo entre sus miembros. 2. Fomentar el amor a la Patria y mantener el espíritu y tradición de las Fuerzas Armadas y el respeto a sus héroes.3. Mantener contacto permanente con las Instituciones Armadas y con sus miembros. Disponiendo el artículo segundo: “Con el objeto de mantener el valer profesional de sus miembros y permanente interés por la carrera de las armas, procurará el debate sobre temas profesionales mediante conferencias dictadas por Oficiales en servicio activo o por personalidades del ambiente intelectual, político o económico; por visitas a Reparticiones, Militares, Navales o Aéreas, a fábricas militares o a instalaciones civiles, fiscales o particulares de interés para la Defensa Nacional; por medio de publicaciones, y cualquiera otra actividad que diga relación con sus fines”.

En efecto, en los Estatutos se señala que el objetivo de la corporación de derecho privado: “es reunir a los Generales y Almirantes que, por este solo hecho, tienen una solvencia moral especialmente calificada, una fuerza espiritual y una preparación intelectual que pueden ser útiles a las instituciones en que sirvieron al país”. Dicha solvencia y fuerza se ponen al servicio de las instituciones armadas a las que sirvieron, y para ello visitan los señores generales y almirantes reparticiones militares, navales o Aéreas, fábricas militares o instalaciones fiscales de interés para la Defensa Nacional.

Dado que sus Estatutos los habilitan para visitar los recintos militares y que ellos se conciben como un recurso moral y fuerza espiritual, deben ser particularmente cautelosos en mantener una conducta estrictamente profesional y ajustada al código militar.

Como es evidente, la posición política que adopta esta institución privada se proyecta profundamente en el seno de las Fuerzas Armadas, contando sus miembros con ascendiente sobre los cuerpos armados a través de sus visitas y declaraciones. Al hacerlo exponen a los oficiales y tropa a la pérdida de su neutralidad política, garantía de todo sistema democrático. Más todavía cuando sus declaraciones implican un grave cuestionamiento de las decisiones políticas y judiciales.

Los Estatutos prohíben a los señores generales y almirantes tomar posición sobre el proceso constituyente, así como representar a la autoridad política su pésimo manejo del orden público o la negativa a beneficiar a los condenados de Punta Peuco (como lo hiciera Codina en marzo de 2020).

Si los señores oficiales en retiro desean participar en política como todo ciudadano, deben desprenderse de su rol como soldados y no invocar su carácter de tal para legitimar su acción en la política contingente. No hacerlo implica caminar en la delgada línea que separa la opinión de la sedición y el golpismo.

Cabe proponer la modificación de sus Estatuto para eliminar la proyección de su accionar en los recintos de los cuerpos armados. Del mismo modo, para cautelar que su opinión como militares no tenga impacto en la acción política, debe prohibirse en sus estatutos todo tipo de acción o manifestación que implique deliberar o pronunciarse sobre cuestiones políticas. Vigente estas reglas, sólo integrarán la corporación los que tengan interés auténticamente profesional y no los que aspiren a ser protagonista de la política contingente.

Si así no ocurre el Ministro de Defensa deberá velar porque no mantengan contacto directo con la oficialidad y la tropa, o de seguir aceptando este contacto, dar instrucciones precisas a los mandos respectivos de vigilar porque en los actos que ellos participan como oradores no se formulen juicios políticos que puedan implicar directa o indirectamente un afán o espíritu de deliberación.

Si los soldados del Cuerpo de Generales y Almirantes desean actuar en la política contingente, deben desprenderse de su rango militar o de su condición de miembro de las Fuerzas Armadas, de otro modo su actuación es ilegítima e ilegal.

La visita de estos soldados en retiro a los cuarteles con un discurso altamente politizado y contrario a las decisiones del Ejecutivo, Parlamento y el Poder Judicial, constituye una violación grave de la tradición militar forjada por los padres de la patria y que se manifestara incluso en la Constitución de 1833: ““La fuerza pública es esencialmente obediente. Ningún cuerpo armado puede deliberar”.

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