La política de alianzas de la izquierda

¿Cómo hacer una política de alianzas sin revivir lo peor de la Concertación?

En muchas ocasiones las alianzas de la izquierda con el centro son vistas como una forma de caer en políticas minimalistas. De revivir lo que fue la Concertación, en especial en el gobierno de Patricio Aylwin.

Por eso la izquierda se plantea a menudo la pregunta ¿cómo hacer una política de alianzas sin revivir lo peor de la Concertación?

Pero ese temor olvida parte de la historia de la izquierda chilena. No toda política de alianzas conduce a la lógica de “en la medida de lo posible”, a la cual se le puede aplicar con razón la fórmula de Manuel Antonio Garreton “neoliberalismo corregido, progresismo limitado”.

Una política de alianzas entre la izquierda y el centro también puede dar lugar a la Unidad Popular. Como la memoria falla hay que recordar que políticas realizó esa coalición, pese a que participaba en ella un partido de centro clásico, como el Partido Radical. Pero este en vez de actuar como moderador fue una fuerza que se izquierdizó en el transcurso del gobierno de Allende. Incluso Allende tuvo que intervenir para evitar que ese partido se convirtiera en otra fuerza marxista, dejando de lado su ideología socialdemócrata.

El gobierno de Salvador Allende fue un intento de avanzar desde el capitalismo al socialismo a través de la vía pacífica e institucional. Un esfuerzo original, casi único en el mundo. La mayor parte de los otros procesos de construcción socialista tuvieron componentes armados, aunque solo fuera la situación de Rusia, la del pueblo en armas con ocasión de la guerra.

¿Qué políticas realizó el gobierno de Allende? Para refrescar la memoria aquí las indicamos brevemente. Estatizó la banca a través de la fórmula de la compra de acciones; nacionalizó el cobre; promovió el área de propiedad social con empresas de carácter monopólico; desarrolló la participación popular a través de los comandos comunales y de los cordones industriales, el principal de los cuales fue el Cordón Cerrillos; intensificó la reforma agraria; busco controlar el desabastecimiento a través de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP).

Es decir, intentó desarrollar una política de superación del capitalismo, por lo que puede decirse que el proceso tuvo características de fiesta, especialmente por impulsar la participación popular.

Pero una fiesta que debió enfrentar una guerra declarada por la oposición conjunta de la derecha y del centro demócrata cristiano. Una guerra que fue creando las condiciones para el golpe militar.

La fiesta derivó en la tragedia: dieciséis años de dictadura. Pero esa derivación no era inevitable. Fue el resultado de la radicalización de la oposición, de las divisiones de la Unidad Popular y de la imposibilidad de ampliar la coalición hacia el centro. Si esto último se hubiera conseguido otra hubiese sido la correlación de fuerzas.

La izquierda chilena tiene que aprender de los éxitos y de los fracasos del gobierno de Allende y también de los de la Concertación.

Como se ha dicho esta última realizó políticas que permitieron corregir el modelo neoliberal, la cual fue especialmente intensa cuando se crea la Nueva Mayoría. El segundo gobierno de Michelle Bachelet significó un avance considerable, especialmente por la reforma tributaria.

Por lo tanto, las izquierdas actuales, la del Partido Comunista con Daniel Jadue a la cabeza y la del Frente Amplio deben buscar revivir un tipo de coalición más cercana a la Unidad popular que a la Concertación. No se trata de hacer lo mismo que lo que se hizo entonces sino de plantear un proyecto progresista para los tiempos actuales, para este periodo donde se combina el llamado estallido social con el proyecto de restauración conservadora de Sebastián Piñera.

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