La Nueva Normalidad y Plan Paso a Paso

No deja de llamar la atención que en los cinco pasos el toque de queda sea uno de los primeros puntos que se informan de manera destacada. Cabe preguntarse por qué una medida de estas características, que solo rige bajo un estado de excepción constitucional ocupa ese lugar en una emergencia donde la gestión social es realmente el punto más crítico. Al leer el plan solo se observa un largo listado de prohibiciones, sin orientar sobre el cuándo, qué y cómo se abordará cada paso, especialmente desde la comunidad.

Casi una semana después de que se comenzaron a relajar las medidas en las regiones de Aysén y Los Ríos, el Gobierno anunció el plan “Paso a Paso nos cuidamos”, algo que por cierto llama la atención, pues se habría esperado que aquella decisión hubiese sido parte del proceso contemplado en el plan. Esto implica, por ejemplo, escuchar a las comunidades, involucrarlas, comprometer al nivel local, pero lamentablemente no ocurrió, algo que sin duda se transforma en una señal compleja en un contexto de desconfianza y falta de conducción.

Esta emergencia se ha caracterizado por una estrategia comunicacional que ha puesto énfasis en los números, sumando a ellos una permanente polémica sobre la transparencia y acceso a la información, elemento fundamental para la toma de decisiones y también para el correcto accountability público, impactando la credibilidad, conducción y confianza.

La “leve mejoría” no ha estado ajena a esta polémica, pues trajo de inmediato a la memoria el llamado a establecer un retorno seguro cuando aun Chile no enfrentaba el peak, ni por cierto el momento más trágico de esta primera ola.

La “leve mejoría” y este plan se instalan bajo una línea comunicacional que se basa en las cifras asociadas a promedios nacionales, pero sabemos que los promedios ocultan información y no permiten tener la necesaria claridad de las realidades locales. En estos momentos esto es especialmente preocupante, pues el centralismo puede establecer percepciones de seguridad sumamente peligrosas.

Los números en la región Metropolitana son tan relevantes, que tienen la capacidad para impactar fuertemente una evaluación si solo se hace a partir de los promedios nacionales. Es así como este plan y la “leve mejoría” pueden colaborar a generar un relajamiento de las medidas de precaución por parte de la comunidad. Mientras en la región Metropolitana el número de casos ha disminuido, existen cerca de 10 regiones que no se encuentran en una situación similar. Algunas aun en niveles altos de casos diarios y otras en una disminución que pareciera recién comenzar.

De esta manera, el plan Paso a Paso se comunica en un contexto complejo, que requiere de mayor esfuerzo comunicacional que en uno donde el liderazgo y conducción no estuviese tan cuestionado. Por eso llama la atención que el plan se presentara con posterioridad al relajamiento de medidas en Aysén y Los Ríos, regiones que claramente no cumplieron con las fases establecidas, ni tampoco con la debida progresividad.

De igual manera no deja de sorprender que, a pesar de las recomendaciones de la OMS, de expertos, la comunidad científica, e incluso a partir de las mismas palabras del Gobierno, en lo concreto el Plan no haya sido parte de una construcción que considerara actores relevantes como la comunidad, autoridades locales, instituciones como Colegio Médico, sociedades científicas, entre otros, más allá de una mera consulta. Exponer un plan en una reunión no es establecer una escucha activa, involucrar o co-construir un elemento que es fundamental para proteger y salvar vidas, recuperar la conducción ya debilitada y generar mayor confianza, para un proceso que es complejo y que requerirá de una profunda colaboración y compromiso de los diversos actores sociales, siendo los más relevantes la comunidad en el territorio.

No deja de llamar la atención que en los cinco pasos el toque de queda sea uno de los primeros puntos que se informan de manera destacada. Cabe preguntarse por qué una medida de estas características, que solo rige bajo un estado de excepción constitucional ocupa ese lugar en una emergencia donde la gestión social es realmente el punto más crítico. Al leer el plan solo se observa un largo listado de prohibiciones, sin orientar sobre el cuándo, qué y cómo se abordará cada paso, especialmente desde la comunidad.

Una información tan simple como señalar que las comunas que se encuentran en el paso 1 Cuarentena, entrarán al paso 2 Movilidad Personal, 15 días después del respectivo aviso, el cual además será seguido de un fortalecimiento de las medidas sociales, comunicacionales y logísticas que hagan viable su implementación, se encuentra totalmente ausente, abriendo el espacio para que el cumplimiento de la totalidad de los pasos esté sujeta a una serie de cifras que aun siguen siendo cuestionadas por científicos y expertos, y dejando a la comunidad a merced de decisiones que pueden ser de un momento a otro, con escaso espacio para reorganizar sus vidas frente a un nuevo escenario.

Pero sin duda lo que más preocupa es que no se cambie la forma de hacer las cosas, que sigamos administrando el contagio, a pesar de que esto nos llevó al trágico resultado que se refleja en estar dentro de los 10 países con mayor cantidad de personas fallecidas por millón de habitantes en el mundo, de seguir creyendo que el papel lo aguanta todo, de seguir gestionando una emergencia desde el decreto, una bonita gráfica o simplemente el timbre y la firma.

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