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Opinión

La nueva derecha chilena: sobre “anarcocapitalistas” y pinochetistas “libertarios”

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En la marea de información de las redes llama la atención la proliferación de expresiones de la Nueva Derecha chilena, que van más allá de los grupos de choque que se armaron como “Vanguardia” del Rechazo, dos de cuyos líderes van a ser formalizados por lesiones durante el mes de julio (y no nos hagamos ilusiones: es muy improbable que la Fiscalía pida y el tribunal decrete prisión preventiva. En cambio, si fueran mapuche o anarquistas de seguro se les imputaría además por asociación ilícita, Ley de Seguridad del Estado y/o Ley Antiterrorista, enviándolos a Santiago 1 o la Cárcel de Alta Seguridad).

No cabe duda de que el espectro político en lo que va del siglo XXI se ha diversificado bastante en comparación al “mapa” que teníamos en la cabeza en la segunda mitad del siglo pasado, cuando en plena Guerra Fría las opciones parecían reducirse en la derecha a “fachos” y “momios”, en la izquierda a “amarillos” y “ultrones”, y en el centro a una Democracia Cristiana tensionada entre su ala derecha (“guatones”) e izquierda (“chascones”).

La posmodernidad, la política de las identidades y el Nuevo Orden Mundial han agregado muchas más opciones, y mucha gente ya no se siente identificada con la dicotomía derecha/izquierda que nos ha acompañado desde la Asamblea Nacional francesa de 1789. Así, las tradicionales dicotomías asociadas (conservadurismo/progresismo y burguesía/proletariado) si bien conservan algo de su sentido original, parecen parcialmente superadas en un mundo donde  es posible desde la extrema izquierda criticar la noción de progreso como propiamente capitalista (desde Walter Benjamin a los “antidesarrollistas”), y donde muchos entienden que el género y la etnia, o el nacionalismo versus el “globalismo”, son más importantes que las tradicionales adscripciones de clase surgidas en el siglo XIX.

En la marea de información de las redes llama la atención la proliferación de expresiones de la Nueva Derecha chilena, que van más allá de los grupos de choque que se armaron como “Vanguardia” del Rechazo, dos de cuyos líderes van a ser formalizados por lesiones durante el mes de julio (y no nos hagamos ilusiones: es muy improbable que la Fiscalía pida y el tribunal decrete prisión preventiva. En cambio, si fueran mapuche o anarquistas de seguro se les imputaría además por asociación ilícita, Ley de Seguridad del Estado y/o Ley Antiterrorista, enviándolos a Santiago 1 o la Cárcel de Alta Seguridad).

Varios neoderechistas se califican a sí mismos de “libertarios”, y suelen usar la bandera de Gadsden: una serpiente cascabel junto al lema “Don´t tread on me” (o: “no pases sobre mí”), que data de la Guerra de Independencia de EE.UU. y es usada como símbolo de quienes defienden el libre mercado oponiéndose a una intervención excesiva del Estado.

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Existe incluso una organización política en proceso de formación, el “Partido Libertario”, que usa banderas negro-amarillas, y que a fines del año pasado trajo a Chile al que parece ser su principal referente intelectual, el economista argentino Javier Milei. El amarillo simboliza acá el oro y el libre mercado, y suele usarse colocado en diagonal junto al color negro, imitando así el rojinegro del anarcosindicalismo.

Hasta antes del surgimiento de estas corrientes también llamadas “liberal-libertarias” la expresión del francés “libertaire” era entendida casi como sinónimo de “anarquista”. Desde fines del siglo XIX fue usual hablar de “socialismo libertario”, para deslindarlo de la dura criminalización de los anarquistas en la época de la “propaganda por la acción”, además de dejar en claro que era una expresión política del movimiento obrero en su lucha contra el capitalismo, pero diferenciándose del socialistas “autoritario”.

El anarquismo clásico fue la extrema izquierda del movimiento obrero y socialista, y los únicos que desafiaban esa identificación eran los anarquistas de la corriente individualista. Pero el concepto “anarkhia”, usado por primera vez por Homero en La Ilíada para designar el momento en que un ejército se queda sin jefe, es en efecto mucho más amplio que el que le da el anarquismo de los siglos XIX y XX, y ciertamente que podría incluir dentro de su frondoso árbol a otras formas incatalogables de disidencia radical, en la medida que compartan al menos una cierta voluntad “anti-autoritaria” (en la que muchos incluyen, por ejemplo, a Thoreau, Godwin, Tolstoi, el músico John Cage y el científico Paul Feyerabend).

Mediante el uso difuso de la expresión “anarco” el componente político de la posición anarquista se difumina o pierde completamente, siendo posible encontrar desde series como “Sons of Anarchy” y el uso publicitario masivo del símbolo de la A circulada (diseñado por anarquistas ibéricos a fines de los años 60), a anarquismos meramente estéticos o de “estilo de vida”,  híbridos anarco-izquierdistas, anarco-misticismos e incluso el llamado anarcocapitalismo. No olvidemos que al vaciar completamente de contenido la expresión es posible escuchar cosas como la que afirma uno de los protagonistas de Saló (1975), la última película de Pasolini: “Nosotros los fascistas somos los verdaderos anarquistas”[1].

El mencionado Javier Milei, entusiasta de la escuela austríaca de Economía, en entrevista con Matías del Río dice que se considera filosófica y conceptualmente “anarcocapitalista”, pues cree que merecemos “un mundo sin Estado”, pero que entiende que “el mundo por el momento tiene restricciones” y por eso es “minarquista”: partidario del Estado mínimo, que para lo único que sirve es para brindar seguridad y justicia, aunque incluso eso podría ser privatizado[2].      

“+ MERCADO / – ESTADO” y “+ HAYEK / – KEYNES” son consignas que se vieron hace un par de años diversas partes del centro de Santiago, firmadas por Capitalismo Revolucionario, que también usa el negro/amarillo y está contra los impuestos por ser un “robo” (desviación reaccionaria de la famosa afirmación proudhoniana de que “la propiedad es un robo”).

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En su libro “El anarquismo” (2013) Éduard Jourdain aborda la existencia de autores que cabe calificar como “anarquistas de derecha” (entre ellos: Louis-Ferdinand Céline y León Bloy), caracterizados por un “pesimismo con respecto a la sociedad y la naturaleza humana, de la mano con un cierto desprecio de la democracia y del parlamentarismo, de las masas, de los intelectuales y del conformismo”. Su “anarquismo” sería “anticonformista con respecto a los bienpensantes, cultor de una forma de aristocratismo individualista, entre el Único de Stirner y el Yo de Barrés”.

Otra cosa sería para Jourdain el anarcocapitalismo, noción que “remite a la unión de una ausencia de Estado (que reúne aquí los deseos de los anarquistas ‘socialistas’) y del capitalismo (aquí en contradicción con la tesis de esos últimos)”. Entre sus precursores estaría Gustave de Molinari (1819-1912), “quien afirma que toda intervención del gobierno es nefasta y que todo puede ser privatizado (justicia, policía, etc.), en la medida que solo el individuo puede ser dueño de su propia persona”, y el jurista norteamericano Lysander Spooner (1808-1887), que demostraba “la dimensión ilegal y  criminal del Estado”. En esta línea parece insertarse al antropólogo Pablo Ortúzar, ex militante del Frente de Estudiantes Libertarios (hoy Izquierda Libertaria, integrante del Frente Amplio) reconvertido en “pensador” de la nueva derecha, que ha señalado que “de su militancia en el anarquismo, solo conserva la desconfianza en el rol del Estado”[3].

Por su parte, Noam Chomsky en “Razones para la anarquía” (2013) dice que el “libertarismo” constituye una aberración que “es lógico que nadie se la tome muy en serio”, pues mientras en la tradición libertaria europea “todo anarquista era necesariamente socialista”, este libertarismo no es más que un “capitalismo desbocado”, posición que obviamente no sería anarquista, dado que “en un capitalismo desenfrenado existen toda clase de autoridades: es un sistema extremadamente autoritario”.

Lo curioso es que el joven presentador del libro de Chomsky, Nathan Schneider, reivindica a esos “libertarianos de derecha” como “primos lejanos” del anarquismo, admira la “vitalidad” que demuestran sus jóvenes en las campañas presidenciales de Ron Paul[4], e incluso se lamenta de que a pesar de participar al inicio del movimiento Ocupa Wall Street (llamando a asediar el edificio de la Reserva Federal) finalmente se hayan apartado, puesto que a su modo de ver la “izquierda anarcocuriosa” podría aprender muchas cosas de ellos e incuso vislumbra la posible fusión a futuro en otra clase libertarismo que “valga la pena”.

De todos modos, si revisamos la página del Libertarian Party de Estados Unidos (fundado en 1971 y que ahora con 400.000 afiliados es el tercer partido del país) parecen bastante diferentes a los “fachos libertarios” que han surgido en Chile, en una curiosa mezcla de Milton Friedman, Pinochet y Axel Kaiser. En efecto, mientras nuestros libertarios de derecha son “neoliberales” en economía y en política suelen ser simples partidarios de la “ley y orden” y el Estado policial, el Partido gringo está a favor de los vaporizadores de marihuana y la “legalización de todo”[5].

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A la vez que reivindican eliminar la seguridad social y el salario mínimo, criticaron abiertamente las medidas represivas adoptadas por Trump como respuesta a la revuelta ocasionada por el asesinato de George Floyd[6]. Y es que el “libertarianismo” desarrollado a partir de los 60 en ese país, con Murray Rothbard entre sus cabezas visibles, no se ajustaba muy bien al esquema clásico de derecha/izquierda, pues absorbió en gran medida el ambiente contracultural de esos años, relacionándose con la Nueva Izquierda y oponiéndose a la guerra en Vietnam, al punto que la escritora Ayn Rand los catalogaba como “hippies de derecha”. En un sentido diferente a Chomsky, esta influyente filósofa del individualismo capitalista también los consideraba una aberración “monstruosa y repugnante”, pues  “intentan atrapar a los más jóvenes o más descuidados de mis lectores al afirmar simultáneamente que son seguidores de mi filosofía y defensores del anarquismo”[7].

En cambio el Partido Libertario chileno -que para estos días anuncia una Conferencia Internacional con libertarios de 10 países- aunque  se define grandilocuentemente como “un movimiento de matriz liberal-libertaria, compuesto por vertientes liberales clásicas, minarquistas y paleolibertarias”, está claramente ubicado a la derecha de Chile Vamos, diferenciándose  de “ la centroderecha y derecha en particular, heredera directa del modelo de desarrollo exitoso del que hoy Chile aún disfruta y que ejerciendo un rol de autoridad respecto a un cierto sector de la población”, a la que reprochan “su absoluta anorexia de voluntad e intelección” pues “irresponsablemente levanta las banderas de las izquierdas, fijando sus preocupaciones en asuntos electorales, sin contar con una mirada ni con un discurso de trascendencia ideológica respecto al devenir de nuestro país, dejando de lado la batalla ideológica”[8].

Cabe destacar que el interés de la Nueva Derecha por la “batalla cultural” se condice con la obsesión gramsciana de Pinochet a partir de los 80, que llegó a organizar seminarios sobre el pensador comunista italiano.

El grupo se entiende como respuesta de derecha al Frente Amplio. Además de Milei, a quien consideran su “maestro”, admiran a Fernando Villegas y al neonazi Alexis López, quien participa de sus escuelas de formación. Apoyan la opción Rechazo en el plebiscito por una nueva Constitución, rivalizando en ese ambiente con los sectores más violentos como Capitalismo Revolucionario/Vanguardia. En su momento convocaron a marchar desde Paseo Bulnes a El Golf, posando en la estatua ecuestre de Baquedano antes que Piñera, antes de ser correteados de ahí por jóvenes de la Primera Línea.

Su sección juvenil (aunque nadie en las fotos parece muy mayor) se denomina “Juventudes Libertarias”, ¡al igual que la emblemática organización juvenil del anarquismo español![9] Su propaganda no se distingue de la del derechista promedio, criticando al estallido social, “progres”, “zurdos” y “la servidumbre feminista”, mientras apoyan entusiastas la represión policial como un pinochetista más.

En definitiva, se trata de posiciones extremistas neoliberales, que en Chile pretenden pasar por novedosas para atraer adherentes no interpelados por la derecha tradicional. A diferencia de su supuesto símil gringo, se amalgaman sin mayor problema con el fascismo tradicional-autoritario que se expresa en el Rechazo, aunque se diferencian de la “tercera posición” de los Social Patriotas y Chile Digno, a los que me referí en una columna anterior[10].

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Su seudoanarquismo (o “minarquismo”) enlaza con lo que el mismísimo Bakunin dijo en “Dios y el Estado”: que la burguesía, “esa clase tan numerosa  y tan respetable no exigiría nada mejor que se le concediese el derecho o, más bien, el privilegio de la más completa anarquía; toda su economía social, la base real de su existencia política, no tiene otra ley, como es sabido que esa anarquía expresada en estas palabras tan célebres: ‘Laissez faire et laissez passer’. Pero no quiere ese anarquía más que para sí misma y sólo a condición de que las masas, ´demasiado ignorantes para disfrutarla sin abusar’, queden sometidas a la más severa disciplina del Estado”.


[1] En base a la cual Rodrigo Karmy se ha referido a Donald Trump como “verdadero anarquista”, especie horrible y concentrada de “Ubú rey” posmoderno: http://www.eldesconcierto.cl/2017/04/09/siria-trumpista-donald-trump-como-verdadero-anarquista/

[2] https://www.youtube.com/watch?v=v6LZzrW7YXw

[3] https://kilometrocero.cl/el-anarquista-de-la-derecha-e81244758c40

[4]Prominente “libertario” que luego derivó a posiciones republicanas neoconservadoras. De su lema de campaña “rEVOLution” (evol: love, amor) Capitalismo rEVOLucionario imita el destacado de las mismas palabras, demostrando así bastante gringofilia y poca originalidad.

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[5] Según dice una chapita que venden por 1 dólar, junto a otras como “Limited Government/Infinite Freedom” y “Guns save lives”.

[6] https://www.lp.org/libertarian-party-press-release-on-recent-unrest/

[7] “Brief Summary,” The Objectivist, Vol. 10, Sep. 1971. Cabe destacar que Rand es una de las referencias favoritas de gente como Teresa Marinovic.

[8] https://partidolibertario.cl/principios/

[9] https://juventudeslibertariasmadrid.wordpress.com/que-son-las-juventudes-libertarias/

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[10] https://www.eldesconcierto.cl/2020/02/26/nueva-derecha-neofascismos-y-violencia-callejera/. Por cierto, Chile Digno (grupo fundado por el ex diputado RN Gaspar Rivas, que luego se pasó al Movimiento Social Patriota) reaccionó publicando  https://www.chiledigno.cl/post/el-desconcierto-y-su-anti-chile-digno, donde se quejan de haber sido considerados fascistas y/o pinochetistas, aclaran que consideran a la derecha como “vendepatrias”, y dicen apoyar al feminismo y la Primera Línea. Por cierto que en mi columna hacía una distinción con los nuevos grupos de ultraderecha, señalando a este grupo y al MSP como ejemplos clásicos de “tercera posición”. Por cierto, estos dos grupos no apoyan la opción Rechazo.

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5 Comments

5 Comments

  1. Cachimiro

    Septiembre 4, 2020 at 9:55 am

    Pensar que soy amigo del hermano de alexis López, que es un joven abiertamente homosexual que vive en una población periférica y de pensamiento totalmente alejado de lo que defiende este alexis lopez. En fin.

  2. Nabila

    Abril 2, 2021 at 8:43 am

    El arte de hilar falacias de autoridad, así podría definir este artículo. Y como todo zurdo, el autor destila arrogancia, desprecio y odio. Uno más del montón…Nada nuevo, siempre la misma furia y odio contra el que desea ser más libre que la izquierda abusiva necesita ejercer su autoridad siempre destructiva, siempre impune.

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Opinión

Arturo Alessandri. Futuro constitucional y luchas hegemónicas

El nuevo progresismo de Apruebo/Dignidad (2022-2026) es una “fusión” que defiende el vigor mesocrático-institucional y limita los vicios del realismo neoliberal mediante la “morada hegemónica” que debe convivir con la intensidad de las imágenes historiográficas.

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Mi camino en cambio, no es recto, ni curvo, llevo conmigo el infortunio, vamos hacia nunca, hacia ninguna parte. Como un tren sobre el abismo.  Ana Ajmatova                                                                           

Existe un “verbo lumínico” en el texto con que Arturo Alessandri saludaba la nueva época ante la Convención Liberal (1920). El final de su “improvisada” liturgia tiene un broche estruendoso, desbordante en rimas de reconocimiento. Vibrante en pasiones liberales para trascender el invencible “Chile de huachos”. Era la hora de abrir el futuro desde el tiempo Constitucional. Y así, cual mesías de sus aires, el Diputado de Tarapacá comprometía una glosa ante las masas esquilmadas por el hambre y la tuberculosis.

El texto reza así: “Yo quiero antes de terminar haceros una declaración: [yo] no soy una amenaza para nadie. Mi lema es otro: yo quiero ser amenaza para los espíritus reaccionarios, para los que resisten toda reforma justa y necesaria: esos son los propagandistas del desconcierto y del trastorno. Yo quiero ser amenaza para los que se alzan contra los principios de justicia y de derecho; quiero ser amenaza para todos aquellos que permanecen ciegos, sordos y mudos ante las evoluciones del momento histórico presente, sin apreciar las exigencias actuales para la grandeza de este país…”.

Tal declamación, librada a la soberanía popular (la canalla dorada), retrata fielmente la confianza en el tiempo histórico-juristocrático. En las exclamaciones de su oratoria, revela las ambiciones de abrazar los recambios generacionales (época) y exaltar un “pipiolaje de reformas” que sepultaría la noche salitrera. Chile también despertó en 1920 ante la bastardía patronal. Y la imagen reformista fue una lectura de plancha para todos los tiempos  modernizantes. De aquí en más nuestra hacienda no aceptará más que experimentos típicos de un “subdesarrollo exitoso”. Desde ahora, el titular será “Desarrollo del subdesarrollo”, según André Gunder-Frank.

Los temibles lastres de la cuestión social “forzaban” un viraje que debía asumir la alborada de modernidad y propiciar la restitución de un orden ético. Todo sucedió tras las luchas populares que denunciaban la obsolescencia moral que acompañó la celebración del centenario. Una lengua de la reforma intentaba profanar los vestigios del París Americano e instaurar el tren del porvenir mediante una nueva legislatura social: la convención de 1925 capturaba los pueblos excedentarios y las demandas de Luis Emilio Recabarren.

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El ensayismo oligárquico pudo conciliar la institución presidencial y la tutela representacional; la política quedaba encerrada en los cerrojos del derecho. Lo anterior derivó en un Estado de compromiso -hacia 1938- que dejó tibiamente atrás las figuras de la “misericordia”, la “caridad” y el sistema de dadivas. Figuras intimas del repertorio parlamentario (1891-1920) y su desidia oligárquica con los rebaños populares.

En aquellos días, aparentemente más nítidos o menos intricados que los nuestros, quedaba de manifiesto la reivindicación de los derechos seculares bajo el “iluminismo dieciochesco”. Tras este ímpetu identificamos la teología republicana que se extiende desde 1938 hasta 1973. Un institucionalismo portaliano dibujó el paisaje hasta septiembre de 1973 y abundó en revueltas caudillistas, perpetrando la conflictividad entre tiempo homogéneo y temporalidad medial en la Convención Constitucional de nuestros días. Todo ello tras el asedio del Leviatán Portaliano cobijado en el actual “catolicismo de izquierdas”.

La “revolución preventiva” (1920) fue la realización de la facticidad portaliana (De Mario Góngora a Hugo Eduardo Herrera). En cambio, la fractura de 1973 aleccionó a las izquierdas sobre desbordes e insurrecciones (tiempos imaginales) que terminan en la resaca de El Leviatán. En suma, el programa consistía en separar Estado de Iglesia, inaugurando un campo de reformas que incluía el reconocimiento de los derechos de la mujer, el incremento de las remuneraciones, la construcción de habitaciones obreras, la ley de instrucción primaria obligatoria, el impuesto a la renta, el Código del Trabajo, la fundación del Banco Central [que aún nos asedia] y que inclusive nos permiten sugerir una “moderada similitud” con la actual coyuntura social. Bajo el clivaje orientalista, civilización y barbarie, el programa de reformas compromete un momento de inflexión que inaugura el proyecto civilizatorio y “formaliza” el ingreso al pequeño siglo XX.

Cien años más tarde, tras el actual ciclo de demandas populares y contratos modernizantes (demandas de género, plurinacionales, de convivencia, ecológicas, identitarias, estudiantiles, cibercultura, etc.) nos hace presumir que la política del siglo XXI experimenta otro fulgor de derechos -cuarta generación-. Ello ha estimulado una intensa liturgia en torno a ritos generacionales e izquierdas meméticas -plasmados en una nueva Constitución. Un proyecto tibiamente regulacionista que pretende destrabar la furia consumista mediante el favoritismo fiscal, pero siempre en favor de una “subsidiariedad ampliada” que entremezcla ordoliberalismo y socialdemocracia.

Telón de fondo del nuevo pacto juristocrático. Cual sea el caso, la teología liberal encuentra su fuente de inspiración en el reconocimiento de los nuevos territorios ciudadanos y populares. Es importante rescatar que este desafío supone ritos paritarios y los textos pastorales que nos impone el mainstream católico-reformista cuando la democracia es limitada al formato liberal. Entonces, el desafío consiste en superar la vigencia de progresismos conservadores -adversarios de la democracia- que restringen las energías vitales del “pueblo ausente” al futuro del mito institucionalista (1925).

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El imaginario anti/oligárquico que se inicia en 1920 invoca una separación radical entre Estado e Iglesia y empieza a remover el armatoste jurídico que perpetuaba los “estrechos moldes” denunciados en el primer Gobierno de Arturo Alessandri (1920-1925). Tal “promesa democrática”, tan propia de los tribunos laicos, aquella oratoria cargada de baños de masa, establece el trazado que la sociedad chilena asume posteriormente, al precio de disentir en los énfasis ideológicos y culturales. Qué duda cabe, los lastres de la cuestión social pavimentaron el camino a un álbum de reformas que también ilumina nuestro presente político si concebimos la actual coyuntura como una extensión de derechos y gravámenes institucionalistas.

No se trata de murmurar una secuencia arbitraria entre dos imágenes de mundo, inconmensurables en cuanto a representación, o bien, negar el ritmo frenético del presente movilizado que debe convivir con el aceleracionismo de la temporalidad técnica. En este sentido el nuevo progresismo de Apruebo/Dignidad (2022-2026) es una “fusión” que defiende el vigor mesocrático-institucional y limita los vicios del realismo neoliberal mediante la “morada hegemónica” que debe convivir con la intensidad de las imágenes historiográficas.

Con todo, la espectralidad Alessandista es una sombra que nos recuerda que todo orden-futuro se debe a la normalización política. Entonces lo que está en juego es que el presente-futuro solo es posible cuando el mundo destinal se proyecta mediante las leyes oligárquicas. La sombra fantasmal de la reforma de 1920 permanecerá imaginariamente activa como desborde y limite que censura las pretensiones nómades (revueltas en el lenguaje de Karmy-Bolton) por un dominio consolidado de representación política e institucional.

Con todo, en los últimos días Maquiavelo irrumpe mediáticamente como el primer post-marxista de las nuevas formas enunciativas-expresivas. Todo en medio de una performatividad que, al parecer, no podrá superar el golpismo republicano, ni menos la insustancialidad ontológica del presentismo neoliberal. Si bien la destrucción de La Moneda, a manos de la Dictadura, fue el último ritual de la vieja república, nos interesa subrayar un “parecido de familia” centrado en un conjunto de demandas insatisfechas, que nos obliga a interpretar el cambio histórico-generacional, en vías de des/pinochetización, la inclusión de nuevos territorios ciudadanos y el estupor ante la fisonomía de la reforma.

He aquí una tenue analogía entre el liberalismo clásico (1920) y el Chile de la post-revuelta en cuanto a la promesa del tiempo constitucional. El futuro trazado por la nueva Constitución (deseado y conflictivo), no solo debe considerarse a salvo de los tumultos desencadenados por los meses de la revuelta octubrista (2019), sino fundamentalmente por el martillo de la herencia feudal (La Hacienda) y sus compromisos con el mundo ensayístico-experimental de Diego Portales. Una identificación que hoy se viste ordo-liberalismo y no termina de llegar.

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Por de pronto podemos citar un nombre que junta las intersecciones entre tiempo moderno y temporalidad tecnológica: Martín Rivas.

Calle Trizano.

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Balas locas

Es necesario avanzar en una ciudadanía activa y superar la aplicación de políticas públicas que no reconocen el rol de las y los interlocutores, de quienes vivencian tales contextos, para así pensar desde el diálogo con dichas comunidades a partir del ejercicio de sus derechos

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Madrugada de un día de semana, balazos al aire acompañados de fuegos artificiales y en ciertos momentos autos en exceso de velocidad. A los días siguientes, un funeral narco y el uso excesivo de armas de grueso calibre, transmisiones en vivo de los asistentes acompañan el cortejo fúnebre, esto sucede al medio día, agentes del Estado observan, pero no intervienen. No es la primera y de seguro no será la última vez que esto suceda.

Lo antes mencionado, es la tónica de muchas poblaciones. A veces, incluso, cámaras e iluminación se instalan en dichos sectores, para luego retratar aquella realidad a través de un videoclip de trap o mambo que repercutirá en plataformas digitales. Así, a través de youtube, principalmente, se producen y reproducen el contraste de quienes hoy se han inmiscuido en el éxito de la sociedad neoliberal, a partir de la marginalidad que ésta produce. En aquel contexto, al amanecer cientos de trabajadores, estudiantes, niños y niñas realizan sus labores diarias.

En el año en curso, tras 14 años de tramitación, luego de pasar por Comisión Mixta, la cámara de diputados y el senado aprobaron la reforma a la Ley de Control de Armas. Permitiendo así, que la legislación sea más estricta en materia de posesión, tráfico y utilización de armas de fuego. Con esto, el Gobierno recalcó la importancia de regular el uso de armas de fuego, el ministro del Interior y ex alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado expresó que “para nosotros como gobierno es tremendamente importante porque esto nos acerca a la realidad que estamos viendo en los barrios, en las poblaciones, en distintas comunas”.

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¿Cuál es esa realidad a la que se refiere el ministro, cuando habla de barrios, poblaciones y comunas? aquella realidad a simple vista no responde a un hecho en específico, menos a situaciones aisladas, sino que, a un sinnúmero de circunstancias que traen a la palestra identidades e imaginarios de grandes sectores de la sociedad, atravesados por el empobrecimiento y la exclusión, que no permiten y que ya no se permiten, la sombra gris del reflejo perturbante del Costanera Center en sus territorios.

Qué podemos esperar de los cambios a la Ley N°17.798 en aquellos territorios, en donde su configuración espacial determina la convivencia, allí en las denominadas zonas rojas, que no cuentan con equipamiento ni áreas verdes y en donde la presencia del Estado se reduce a uno que otro programa de intervención que no logra paliar la desigualdad estructural. En aquel lugar nadie quiere estar y los nadie fueron condenados. No podemos esperar nada, no basta con reformar la Ley de Control de Armas.

Reducir la violencia al uso de armas de fuego es no entender cómo se han configurado aquellos territorios y es atacar el síntoma mas no la enfermedad. Pensar que el problema comienza en las balas y fuegos de artificios es no entender cómo se han ido constituyendo actores y legitimando experiencias de vida que hoy tienen a sus propios vecinos y vecinas encerradas antes que caiga la noche, a niñeces y juventudes ensimismadas en los costos/beneficios y la urgencia de adquirir para “tapizarse” y así estar en sintonía con las exigencias del mercado. Es definitivamente mirar para el lado cuando el problema se presenta y no asumir la responsabilidad histórica con aquellas comunidades que ante la ausencia de una oferta estatal que garantice el ejercicio de sus derechos han articulado soluciones que hoy horrorizan al resto de la sociedad.

Es necesario avanzar en una ciudadanía activa y superar la aplicación de políticas públicas que no reconocen el rol de las y los interlocutores, de quienes vivencian tales contextos, para así pensar desde el diálogo con dichas comunidades a partir del ejercicio de sus derechos. Se requiere avanzar en las instancias participativas de evaluación, planificación y organización de los territorios, en donde la participación de las comunidades sea vinculante y protagónica y, no se limite tan solo a lo consultivo (PLADECO, PRC, COSOC, entre otros). La incidencia de las y los sujetos en los asuntos que son atingentes en su realidad, condiciona su propia lectura en torno al lugar que habita y la posibilidad de identificarse y apropiarse del espacio territorial, para así postergar la sobre-intervención, clientelismo y la relación instrumental entre los sectores postergados y las instituciones y, que solo, reproduce la pobreza.

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Opinión

“The Lost Daughter” o la Mala Madre

Leda se roba una muñeca, esa es la hija perdida. No está robándole los afectos de un ser vivo a una niña, está librándola de un objeto inanimado que tiene el peso de la maternidad en las vitrinas del capital.

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Muchas podrían imaginar que “a las mujeres no hay nada que explicarnos sobre ser madres”, acto seguido aparecerá la retórica sobre ¡la maravillosa maternidad!, la admiración por las madres sacrificadas (mientras más sufrientes, mejor), y por qué no, hay quienes imaginan hoy en Chile, que “el feminismo” es una madre exitosa profesional joven, que tendrá un puesto importante en el gobierno venidero (pero ese, es otro tema). Igualmente, contra algunas de esas falsedades, “The Lost Daughter” desnuda, un poco, a la institución materna.

“Netflix” la tradujo como “La hija oscura”, y aunque no sé inglés, me parece que es la hija “perdida”. “Oscura” sería entonces, solo otro destello inquisidor racista-misógino de esa empresa privada con capitales trasnacionalizados, y ahora “con género” incluido.

Por otra parte, algunos críticos de cine han decidido que deben “explicarnos” la película. No pueden descalificarla, pero sí “explicarla”, “empoderándonos” cuando permiten decir que la maternidad es aplastante. En tiempos de utilización del feminismo (muy a diestra, y siempre a siniestra) hay tanta condescendencia que incluso se evade que enjuiciar la maternidad es sacrílego y desviado: un desvío de las mujeres para quitarles privilegios a todos los hombres (también a los políticos que capturan úteros para sus campañas).

Shirley Valentine

Desde “Shirley Valentine” 1989 a esta hija perdida de 2022

“Shirley Valentine” (de Lewis Gilbert), hace menos de 30 años vacacionaba en una Isla Griega, y Leda (Olivia Colman), en este siglo nuevo, también. Ambas tienen en común que, con su poder adquisitivo, pueden rozar un instante sin interrupciones en la arena, y acariciar una autonomía que no va a durar. Pero nada más: Shirley Valentine, creada por un hombre, le pone fin voluntario a su libertad con un amante griego. En esto, ella es más como la madre joven, Nina (Dakota Johnson), con la que se encuentra Leda después. Shirley y Nina (desde distintas películas), podrían ser socias de feminidad, pues ambas le suman a su tedio matrimonial, un amante. Pero Nina no llega sola a la playa, sino con su familión “aclanado” y disruptivo, con su marido agresor y con su hermana enjuiciadora y muy embarazada, y así le ponen fin a la libertad de consumo de Leda. Son de esas familias extendidas que esconden daño y crían a “sus” mujeres para que coronen la maternidad. De hecho habrá consecuencias si no lo hacen, por eso ellas siempre lo pregonan: “¡Adoro ser madre!”.

Leda es un bicho raro para el familión: Está sola, sin hijos, sin marido, tampoco “marida”, ya que estamos en 2022 y podría darse un giro a la “inclusión”, pero no (lo que fue un alivio para continuar viendo la película). Lo que sí sucede, es que realmente a nadie le gustan las mujeres solas, mayores y que no estén criando nietos. Justo lo que es Leda. Las esposas pueden llegar a odiarla, las jóvenes a burlarla, y los hombres a acosarla y despreciarla, que es lo mismo.

Para los críticos de cine, Leda actuaría de una manera “misteriosa”. Al parecer sería “un misterio no resuelto” esto de mujeres sin hombres con ganas de vivir placeres que no involucren amantes ni maridos.

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Leda

Leda más me parece una voyerista (ese ocio maravilloso) que observa pasar el patriarcado que ha intentado abandonar, pero a la vez, es una mujer “culpable” (como todas), y se debate entre el placer de la autonomía y no haber sido “suficiente”. Abandonó la frustrante castración de su matrimonio por tres años, y sabe que “nunca antes de eso había estado tan bien”. Lo dice, pero claro, las mujeres no entienden, no quieren entender, pues les costaría caro.

Leda, siendo joven, abandonó su matrimonio por tres años, probó el sexo fuera, que suele ser fugazmente bueno, olvidó el estrés doméstico, estuvo en hoteles escuchando y dando conferencias, y se ganó por un tiempo limitado esa libertad capitalista de que le lleven la comida al cuarto y el placer de dormir sola en una cama sin despertarse con llantos de guaguas ni acoso sexual del marido. Imaginamos que como Mrs. Dallaway (de Las Horas, novela, película y homenaje a Virginia Woolf), Leda logró en esos años abrir un libro en la mañana sin deberles atención a nadie.

Apenas un guiño lésbico

Siendo lesbiana (y habiéndolo no sido justo antes) sé de miradas ganosas entre nosotras. Ella la tiene con una mochilera cuando su marido “aliade”, invita a una pareja de desconocidos a casa. La mujer es la amante del mochilero con la que Leda termina emborrachándose. Se miran y se admiran. También Leda se entera de que el mochilero dejó a sus hijos con su esposa para irse con su atractiva novia, y que no siente ni pizca de culpa por ello.

Pero no es solo la mirada deseante entre mujeres, es así mismo la indiferencia de Leda ante los halagos masculinos de un hombre machista que la ronda. Esos halagos que otras sienten que una (“a su edad”) debería agradecer, y que Leda no agradece (es una malagradecida). Supo bastante en su juventud de tipos hablándole de poesía mientras la cosificaban. También se le ve entretenida en un bar conversando con un joven inteligente, y no parece ser para follárselo. Tampoco se traga que las otras mujeres le digan que se ve “genial”, que “ni se le nota la edad” porque esa es solo la violencia moral hacia las viejas, una que tiene expectativas machistas con nuestra apariencia.

Leda se roba una muñeca, esa es la hija perdida. No está robándole los afectos de un ser vivo a una niña, está librándola de un objeto inanimado que tiene el peso de la maternidad en las vitrinas del capital.

Todo el tiempo temí un ataque lesbofóbico de los machos a Leda, la miran, la burlan, la acosan, la cercan, pero no, la que se encarga de eso es una mujer, claro, la feminidad secunda el poder de los patrones de manera eficiente siempre.

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Esta película no es sobre que los hombres no cooperan en la casa y por eso pierden a sus esposas (otra idea absurda de críticos de cine algo femilistos), es sobre la asfixiante maternidad que a su vez asfixia a las demás.

Si al final Leda muere o no, si superó la maternidad para amar y ser amada por sus hijas, son cuestiones que quedan a la interpretación.

Interesante “The Lost Daughter” de la directora Maggie Gyllenhaal, basada en la novela del mismo nombre de la autora italiana Elena Ferrante, que parece saber bastante de esas familias aclanadas que tanto enorgullecen al chileno.

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