La lesbiana “impresentable”

Si una no es bonita o blanca o joven o delgada, pero similar a una modelo alternativa de país desarrollado, pasaría. O si una tuviera algún estatus o –al menos- un auto bien parecido, podría llegar a calzar. Pero si esa lesbiana visible se delata “empobrecida” y habitante de suburbios, ahí surgen los peros: Es “malagestada”, “un macho”, “parece hombre”… Y ya sabemos que “parecer hombre”, solo pueden los hombres.


Hay lesbianas presentables, por ejemplo, las de las publicidades de “Wom” o “Benetton”[1], pero las que no coinciden con la versión holding de la Diversidad, pueden ser asesinadas o criminalizadas.

El duopolio de la prensa chilena ya anunció el documental (Netflix) del caso Wanninkhof-Carabantes, y lo hace lamentándose de la “lesbofobia” porque parece que a los derechistas, ahora, les importamos. En realidad el documental, habla más de “femicidios seriales”, muy a la occidental, que de lesbianas. Ya Beatriz Gimeno, antes de Netflix, había escrito y publicado su libro “La construcción de la lesbiana perversa”[2], sobre el mismo caso, y con una reflexión harto más importante.

Se trata de la acusación, que, en la Europa Medieval, pudo haber sido “de bruja” pero que en la España actual fue criminalizar a una lesbiana antipática, vieja y visible (de Málaga).

D.V.[3], la lesbiana, tuvo una relación con una mujer, la relación terminó y cuatro años más tarde, la lesbiana fue interpretada como “despechada” y “culpable” del femicidio de Rocío Wanninkhof, joven de 19 años e hija de su ex. La lesbiana construida “perversa”, por la prensa, la sociedad y por su ex pareja, fue acusada y encarcelada por un crimen que no cometió. El femicidio fue en 1999, y solo en 2003, se develó que el feminicida era un violador de mujeres.

Lesbo-odio en América Latina

El lesbo-odio tiene muchas aristas y siempre objetivos funcionales. Uno es el “victimato”, o sea la utilización que hace la Derecha política de los crímenes contra las mujeres, entre las que cuenta a las lesbianas, para justificar sus “agendas de seguridad”, colocando la violencia machista como un hecho de delincuencia habitual y metiendo ahí –de paso- las protestas sociales. Y dos, el fortalecimiento de la heterosexualidad obligatoria, dejándonos a las lesbianas de perversas.

En muchos países de Abya Yala somos “fenómenos”. Tal vez por eso, para algunas compañeras y compañeros migrantes, Chile suena como un país “en apertura”. Pero fíjese usted que igualmente, acá, muchas resultan “inadecuadas” ya que esta es una sociedad de gente “muy adecuada”, funcional, capaz, y tolerante. Aunque no tanto como para aceptarnos a las lesbianas (y a otros fenómenos), si no tenemos una apariencia hegemónica.

Es más, hay una molestia particular y hasta terror hacia la lesbiana visible que parece “empobrecida”. Esa es la que desagrada. En claves occidentales, ni es artista ni es “exótica”. Pero si la misma tuviese una piel más “luminosa”, si estuviese en un decorado territorial más similar a barrios altos, si tuviese detalles estéticos con pinta de sector acomodado, si hablara con una fonética de “gente educada”, sería “presentable”.

Incluso si una no es bonita o blanca o joven o delgada, pero similar a una modelo alternativa de país desarrollado, pasaría. O si una tuviera algún estatus o –al menos- un auto bienparecido, podría llegar a calzar. Pero si esa lesbiana visible se delata “empobrecida” y habitante de suburbios, ahí surgen los peros: Es “malagestada”, “un macho”, “parece hombre”… Y ya sabemos que “parecer hombre”, solo pueden los hombres. Ocupar sus performances no es permitido, si no se trata de algo “muy sofisticado”.

Así somos los pueblos blanqueados. La colonialidad criolla e incluso los intelectuales, pueden aceptar que las razas son fantasía, pero no liberar los territorios. Pueden sentirse “clase media”, pero no “subalterna”. Pueden aceptar “un tercer género”, pero, jamás, abolirlo. Cuando la apariencia no se justifica por algún discurso e ideología, o por algún curriculum académico, recibiremos desprecio y humillación, implícita o explícitamente. La generización y racialización llegan a la violencia extrema si nos resistimos

Indignación selectiva y lesbicidio

Es visible la discriminación contra los hombres homosexuales. Se han usado Estados, cámaras de gas, FF.AA., centros de tortura, ghettos, penalizaciones explícitas, pero a las lesbianas, ya solo verlas es una molestia confusa y disonante. Somos invisibles, nos tratan de “señoras”, a menos que “escandalicemos” con rapados populares.

Todos saben que somos castigadas y/o burladas por hombres cercanos, en el matrimonio, en la población, en las calles, en la organización mixta. Pero no se dice.

El lesbicidio es un crimen político, no una cuestión privada. Se nos mata, burla y violenta porque ser lesbiana, en sí, podría interpretarse como rebeldía al régimen heterosexual obligatorio. Los homosexuales son hombres y se les juzga públicamente por traicionar la masculinidad viril, pero nosotras, en cambio, deberíamos dar muestras de “pertenencia” y “disponibilidad” a esa misma masculinidad viril. Si nos resistimos, “nos corrigen”.

Los lesbicidios no suelen desglosarse. No solamente en Chile, sino en toda América colonizada, cuando una denominación es sostenida solo por colectivas autónomas, no tiene reconocimiento, pero cuando es extraída por alguna academia, ahí queda “sacramentada” y “bautizada”. Comenzamos a existir: Antes éramos ficción.

Incluso la indignación con lo que llaman “violencia de género” o “las violencias”, es selectiva con los femicidios, porque para indignarse particularmente con el lesbicidio, tendrían que adentrarse en la materialidad del rol de los cuerpos en la reproducción y la producción, y no eso no va a pasar porque somos un continente educado en los símbolos como si fueran verdades.

Tanto es así que mujeres antisistémicas curiosean en lo lesbiano, por erotismo e ideología, pero sin desarmar la misoginia lésbica ni la competitividad entre mujeres.

Nos siguen mostrando peligrosas como brujas de cuentos infantiles, y no porque no nos hayan cooptado ya: Lesbianas con partidos gobernantes, muchas haciendo familia burguesa y privilegiando a los hombres. ¿Pero qué pasaría si las mujeres dejaran de admirar a los hombres solo por hombres? ¿Y si finalmente nos convenciéramos de que NO somos mujeres, solo humanas? ¿Si dejáramos de reproducirles su estructura familiar? Entonces lesbiana podría ser -por fin- acción directa antipatriarcal.

Ya sé que no lo es, pero podría. Hablo de una utopía posible.

Finalmente, si le interesa el documental, recomiendo el libro. Ya sé que no son tiempos de lectura, pero leerlo en vez de mirar redes sociales, es otra utopía posible.


[1] Benetton arrebató territorio a comunidades mapuche de Argentina, pero hace publicidad “incluyente”

[2] Libro de Beatriz Gimeno, Ed. Gedusa, publicado también por Traficantes de Sueños

[3] No la nombro acá pues ya ha sido mucho el daño contra ella. Si ve el documental o lee libro lo conocerá.

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