“La Jauría”: Las leonas necesitan un para qué

Una dura realidad golpea a toda Latinoamérica. Las mujeres, por el solo hecho del género, son víctimas de una sociedad misógina. En esta premisa, y en el caso que en España se conoció como “La Manada”, basa su historia la argentina Lucía Puenzo para la ficción chilena “La Jauría”, de Amazon Prime. La serie cuenta con un elenco de lujo, el cual palidece ante un guión poco reflexivo y cargado de personajes estereotipados .

Una dura realidad golpea a toda Latinoamérica. Las mujeres, por el solo hecho del género, son víctimas de una sociedad misógina. Es en esta premisa y en el caso conocido como “La Manada” en España, basa su historia Lucía Puenzo para “La Jauría”, de Amazon Prime. La serie chilena cuenta con un elenco de lujo, el cual palidece ante un guión poco reflexivo y cargado de personajes estereotipados.

Lucía Puenzo está en la cresta de la ola hace tiempo. La escritora y cineasta argentina fue incluida en la lista Granta en 2010, que distingue a los mejores escritores y escritoras en español menores de 35 años; tuvo muchísimo éxito con sus novelas El Niño Pez (2009) y Wakolda (2013), mientras que XXY (2007), su primera película, obtuvo el Gran Premio de la Crítica en el Festival de Cannes y un Goya a la Mejor Película Extranjera. Puenzo ha sabido hablar, con talento, de familias disfuncionales y de mujeres que se enfrentan a su destino con decisión. Por eso, cuando Amazon anunció que sería la guionista principal y directora de La Jauría, era inminente que se haría un gran trabajo.

La Jauría habla del Chile de clase alta, ese que tiene militares que usan sus influencias, hombres de iglesia que ocultan inmensos secretos, de pervertidos que convencen soltando sus billetes y de la misoginia instalada que permite acosar mujeres en todos los ámbitos. Su trama es totalmente contemporánea y latinoamericana, porque el relato está situado en este momento de cambio del paradigma; por eso, el guión de la serie nos ofrece como heroínas a un grupo de adolescentes activistas y a tres mujeres policías. Y, por supuesto, como bando oponente, a varones que reproducen la violencia de género.

Sin embargo, a pesar de estar sostenido por este momento de cambios profundos, el guión que lleva adelante la serie se queda en lo superficial. El tratamiento que le da al tema de la violación en grupo, del profesor abusador, del bullying, del actuar como hermandad despreciando a otras, de la violencia ejercida, podrían haber sido el punto de partida para ir en busca del concepto de “reivindicación”. Pero en el desarrollo, el hilo conductor se enreda y aparecen subtramas que se le vienen encima al relato.

La serie no busca el morbo, pero termina sumándose a la lista de historias que alzaron la voz ante la misoginia desde la ejemplificación y no desde la educación. Al estar inspirada por el caso “La manada”, que movilizó masas femeninas en todo el orbe, y al haber incluido capas relativas al tráfico de recién nacidos, el bullying  y la arista del videojuego, había carbón para que la historia rindiera algo más que el ejemplo manoseado de la toma de un colegio por jóvenes de clase alta, varones con físicos fuertes y mentes débiles, más alguien que, desde la oscuridad, quiere joderle la vida a todos y todas.

Nuevamente, se hace necesario que estas producciones (que además tienen apoyo gubernamental), hagan algo más que mostrar una situación para que el espectador debata en familia; hoy se necesita visibilizar estas realidades buscando generar un impacto en la educación en temáticas de género. Es aquí donde La Jauría solo logra salir empatando y queda por debajo de otras ficciones que, con menos, profundizaron más. Top of the Lake, Gentleman Jack, Poco Ortodoxa o Unbelievable son algunos ejemplos de aquello.

La Jauría

Lobo contra leona

Otro elemento de un guión basado en temas es que deja de lado a sus personajes y son pocos los que logran salirse de la caricatura y transmitir realismo. La comisario Elisa Murillo (Daniela Vega) va sacando conclusiones de la nada y se salta la ley varias veces; la comisario Olivia Fernández (Antonia Zegers) utiliza diálogos ya repetidos en el cine y la literatura; el bullying que está sufriendo Gonzalo Fernández (Clemente Rodríguez), hijo del personaje de la oficial de la PDI, queda sin resolución. Y, lo que es más extraño, de la nada termina siendo compinche del compañero que lo acosa, sin que medie siquiera una conversación al respecto.

Por otro lado, el añejo recurso del niño adoptado y padres que ocultan el secreto por décadas y los nulos arcos dramáticos de tremendos actores como Alejandro Goic, Claudia Di Girolamo y Alfredo Castro, expresan que la idea tenía todo los elementos para funcionar. Pero algo falló en el ensamble de La Jauría, lo que posibilita que no solamente sepamos desde temprano cuál será el destino de los personajes, sino que se extrañe profundidad en la propuesta y queden a la vista. Incluso, algunos errores de grabación y edición, los que las redes sociales ya se han encargado de delatar.

Otro detalle –no menor– es que tampoco se puede decir que las víctimas obtuvieron justicia, entendida como el pago que el orden civil y legal hace cumplir a los culpables/antagonistas. El profesor acusado de abuso sexual, Mario Ossandón (Marcelo Alonso) se suicida. El personaje de “El Lobo” es asesinado por una de las propias encargadas de defender la aplicación de la justicia. El rostro inmutable de Daniela Vega –la detective Murillo– habla más de venganza.

Pero hay puntos altos y uno de ellos es el  rugir de la voz feminista al ritmo de Ana Tijoux. El “no estamos solas”,  “mi cuerpo, yo mando” y “tocan a una, tocan a todas”, es el verdadero himno de esta oleada de cambio. Además, ha sido la banda sonora de las marchas contra la violencia de género. Anita es la indicada y la precisa. Además, la MC tiene un pequeño cameo. En eso hubo pleno acierto.

La Jauría habla de lobos contra leonas. La ventaja de los lobos es que siempre atacan juntos, pero un lobo, por si solo, no es capaz de tumbar a una leona. La moraleja de la serie sería entonces que, si las leonas se mantienen unidas y no se separan, serán más poderosas que cualquier manada. Pero es justo señalar que ya no podemos quedarnos en las reproducciones de los noticieros ni en relatos cuadrados; de esos donde el mayordomo siempre es el asesino.

En la era dorada de las series, donde las plataformas de streaming se han metido en la agenda de las familias, es necesario que se profundice en las historias de abuso, se analicen sus causas y se expliquen los caminos para lograr una equidad. La segunda temporada de La Jauría acaba de ser confirmada, por lo que hay muchas aristas que repensar para que las mujeres sepan para qué se cuentan este tipo de historias. Más aún, si Puenzo continuará al frente. No es necesario inventar cofradías cibernéticas que hablan de un lobo invisible. Las mujeres enfrentamos a ese lobo todos los días y en cualquier lugar.

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