La intelectualidad poco intelectual de Cristián Warnken

La falla del análisis de Cristián Warnken, más allá de esta mirada de lo “popular” desde una especie de podio, es que confunde la intelectualidad con juntar frases. Cree que romantizar el pasado le da una ventaja por sobre quienes se paseaban frente a su jardín. Pero lo cierto es que se perdió la oportunidad de ver la historia en movimiento que caminaba frente a él, mientras veía las fotos de otro Chile más cómodo para él y sus lecturas diarias.


                

Una carta de Cristián Warnken, el eterno conversador de la televisión chilena, ha rondado por redes sociales suscitando un sinfín de interpretaciones. Y lo cierto es que lo contradictorio del texto y cierta petulancia mal aplicada (hay intelectuales que ejercen ese arte de manera bastante más inteligente y brillante), dieron como resultado una pésima manera de abordar un tema que es bastante relevante.

¿Cuál es este? El de la alimentación del sujeto medio chileno. El de la obesidad, más bien dicho, o el estilo de vida si es que hablamos en términos generales.

Si es que lo tratamos seriamente, este es un problema que tiene directa relación con el modelo de desarrollo en el que vivimos-y que Warnken halaga al comienzo de su escrito- porque revela las ambivalencias con las que este funciona. O como diría el filósofo francés Edgar Morin en su “Para una política de la civilización”: el malestar parasita el bienestar.

¿A qué bienestar se refiere? A aquel en el que las expectativas de vida han crecido y los índices de mortandad disminuido. ¿Pero a qué costo? Al de ese malestar intrínseco con el que funciona la vida diaria. Ese que pone en evidencia que los resultados generales que dan buenos números en el Excel, provocan la precarización de la vida individual de cada ciudadano. Cuestión paradójica y que explica, entre otras cosas, el estallido en Chile en 2019, ya que fue ese individuo al que le dijeron que era dueño de su destino el que sintió, de manera consciente a veces e inconsciente muchas otras, que los costos de su supuesta libertad era la nula existencia de certezas.

El problema es que Warnken no planteó nada de eso o lo expresó mal si es que quiso hacerlo. Su carta es un gran cúmulo de referencias Pablo Neruda, y una alabanza, como dijimos al comienzo, del sujeto construido en los últimos 30 años en Chile, desde el paternalismo con el que un humano va a ver una jaula con monos y analiza sus comportamientos y los compara con los de la última vez que fue al zoológico hace un par de décadas.

Negar que la obesidad, como toda problemática social, no responde a un solo fenómeno, sino a un asunto que transita entre el individuo y lo sistémico, sería botar por la borda décadas de estudios sobre el cerebro humano y su relación con el ambiente en el que se relaciona. Sin embargo, en lo expuesto por el poeta no hay una reflexión lo suficientemente maciza al respecto. Más bien hay un espanto con lo que existe; una especie de miedo al presente, como si viniera saliendo del siglo pasado y de una conversación de sobremesa con Neruda.

El asombro de Warnken con lo que veía desde su “segundo jardín”- como dijo con una siutiquería de aquellas- es parecido al con que algunos veían lo que pasaba en las calles en octubre del 2019. Es no entender la complejidad de la llamada “modernización capitalista” y la relación del ser humano con ella. Y esta falta de entendimiento no la sufre solo él, sino que muchos de quienes estuvieron en contra y a favor de la explosión; quienes satanizaron y glorificaron al ciudadano/cliente.

La falla del análisis de Cristián Warnken, más allá de esta mirada de lo “popular” desde una especie de podio, es que confunde la intelectualidad con juntar frases. Cree que romantizar el pasado le da una ventaja por sobre quienes se paseaban frente a su jardín. Pero lo cierto es que se perdió la oportunidad de ver la historia en movimiento que caminaba frente a él, mientras veía las fotos de otro Chile más cómodo para él y sus lecturas diarias.

El ejercicio intelectual no es el de la eterna nostalgia, sino el que se desarrolla mientras los hechos están pasando. De lo contrario, lo único que se podrá obtener será un texto pasado a naftalina e inundado en una modesta petulancia que, si se lee detenidamente, no debería molestar a nadie. Pero hoy todo molesta.

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  1. Interesante que un ciudadano cuestione las reflexiones de Warnken.Sin embargo,sus escritos siempre son un aporte en contra de la mediocridad reinante.

  2. No falta el denso que quiere analizar todo era una carta muy certera de la situación de Chile desde hace mucho tiempo y que no se trata como política pública de salud

  3. Hay demasiados prejuicios en su columna atentatorios a Warken, que no vienen al caso ya que no consultan a este cual es su parada, solo es interpretado. En el mismo estilo literario de Warken ud le hace una critica barata por su plagio retorico, más allá del fondo del tema tratado, la obesidad que es lo realmente importante. Al respecto les quiero decir, actuan como si creyeran que los sistemas resuelven per se los problemas de la gente, como si fuera una boton que hace andar una licuadora. Nada más lejos de la realidad, no importa la banda ideologíca que tenga el sistema, si una de sus componentes, en este caso la cultura de un país, no esta bien calibrado, el sistema no cumplirá con su propósito y se levantarán las voces miopes pidiendo el cambio de sistema. Ahi es para decir, la intelectualidad poco intelectual de algunos compatriotas.

  4. Ese Warnken, pese a algunos aciertos en sus textos y entrevistas, no le alcanza para el podio que él mismo se forja. Cree que con fraguar su discurso en anatemas del siglo XIX logrará llegar a ese público nostálgico de un pasado que ya fue y no volverá. Mira pa delante, aweonao Cristian.

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