La increíble historia de la alemana que sufrió un atentado y fue deportada de Colombia por apoyar las protestas

Rebecca Sprösser y la Primera Línea de Cali (foto: Instagram)

Días después de un ataque a balazos en que un amigo murió tratando de salvarle la vida, Rebecca Sprösser, ciudadana alemana fue expulsada y tiene prohibición de ingresar al país, por el “crimen” de registrar las marchas y ser amiga de la Primera Línea en Cali.


¿Quién conoce la historia de Rebecca Sprösser? La chica alemana amenazada de muerte y expulsada de Colombia por apoyar a las protestas, y que dejó el país en el mismo momento en el que se moría el hombre que salvó su vida, mientras era difamado como delincuente por la prensa local.

Parece ser una historia impactante y seguramente sería una de las de mayor repercusión del año en todo el mundo si hubiera pasado en Venezuela, Cuba o algunos de los países que gozan de la antipatía de la prensa corporativa. Pero pasó en la Colombia gobernada por la derecha y que vive hace tres meses un estallido social del que pocos medios chilenos e internacionales quieren hablar.

Conozca en estos próximas párrafos la emocionante historia de Rebecca Sprösser, que llama la atención no solo por los sucesos increíbles que ella vivió sino por lo insólito que es saber que estos hechos han sido totalmente ignorados por el mainstream mediático pese a que sucedieron hace ya algunas semanas.

Quién es Rebecca Sprösser

La protagonista de esa trama es Rebecca Linda Marlene Sprösser, una ingeniera alemana de 34 años amante de los viajes (afirma ya haber visitado a 75 países) y de la salsa. Cuando mezcló esas dos pasiones se vio obligada a ir a Cali, ciudad que se jacta de ser la “capital mundial de la salsa”.

Llegó a Colombia en mediados de marzo pensando quedarse por un mes, pero se encantó con el país y su cultura, razón por la cual extendió su permanencia por algunas semanas.

A finales de abril vino el estallido social colombiano, que empezó como una protesta contra una reforma fiscal anunciada por el presidente Iván Duque y que fue fuertemente rechazada por la ciudadanía. Luego la gente pasó a exigir cambios profundos en la política, más derechos y una vida más digna – una evolución de los hechos muy similar a lo vivido en Chile a partir del 18O.

En aquel momento, Rebecca estaba justo en Cali, una de las ciudades donde las protestas fueron más masivas, y por consiguiente donde la represión de la policía fue más brutal y con mayores resultados de abusos y muertes de manifestantes.

Rebecca y el estallido colombiano

Ante esa situación, lejos de sentirse amedrentada por el conflicto, la turista alemana decidió participar de las marchas junto con los cientos de miles de personas que fueron a las calles reivindicar una vida más digna.

“Ayer comenzó la huelga nacional en Colombia por el desgobierno y el liderazgo autoritario del presidente Iván Duque, que es la protesta antigubernamental más grande en más de cuatro décadas”, describió Rebecca en sus redes sociales.

Además, pasó a registrar las marchas con la cámara de su celular y subir las fotos y videos en redes sociales. Se hizo amiga de los chicos de la Primera Línea caleña, protagonistas de muchas de las imágenes que compartió en Instagram.

“Estoy buscando las historias más bonitas de amor, parejas que se conocieron en la marcha, en las bases de la resistencia, en la primera línea. Quiero contar sus historias para que todo el mundo se entere que nosotros somos los que tenemos el corazón bien puesto El Amor es más fuerte que el odio carajo. P.D.: Próximo proyecto en desarrollo: ‘El amor en los tiempos del combate’”, escribió Rebecca junto a una foto con los Primera Línea de Cali.

Ese apoyo a la Primera Línea y a las protestas en general tuvieron poca repercusión en su país, pero generaron una ola de ataques a sus perfiles desde colombianos de derecha y de extrema derecha, contrariados con tener a una mujer europea posicionándose contra su gobierno.

Rebecca llegó a ser trending topic en Twitter, donde algunos alegaban que como turista extranjera ella no tenía el derecho de opinar sobre lo que pasaba en Colombia y tampoco de participar en marchas. Pero había incluso los que iban más lejos y la acusaban de ser una espía, posiblemente ligada a Rusia, con la misión de desestabilizar el gobierno de Iván Duque.

Como ya se podría suponer, muchos de esos mensajes venían cargados de amenazas de muerte y ofensas misóginas sobre su ligación con la Primera Línea – su apodo “La Alemana de la Primera Línea” puede sonar simpático para algunos, pero a veces era cargado de ironías sexistas y alusiones que de doble sentido.

Aunque nada de eso intimidó a Rebecca, que siguió publicando sus fotos y videos, no solo registrando las protestas como incluso denunciando la violencia y las ilegalidades de la policía – en uno de esos videos ella se acerca a un grupo de policiales y les cuestiona por qué sus uniformes no traen identificaciones.

De las amenazas a los hechos

Tras las amenazas por escrito, pasaron a llegar también llamadas anónimas y fueron el primer golpe que hizo con que Rebecca se sintiera intimidada.

Una de las medidas que tuvo que adoptar frente a esa situación fue el cambio frecuente de arriendo, debido a que muchos de los mensajes y llamadas describían su dirección o los lugares por donde solía caminar o juntarse con amigos.

Pero las cosas se pusieron más tensas el día 4 de julio, cuando Rebecca fue víctima de un intento de robo en el barrio San Antonio, realizado por dos sujetos en una moto, que trataron de quitarle el teléfono celular y un maletín. Ella intentó retener sus pertenencias y logró hacerlo, aunque terminó siendo arrastrada por algunos metros. Sus gritos provocaron que vecinos del sector se acercasen para ayudarla, por lo que los asaltantes la soltaron y escaparon.

En un principio ella mismo dijo que le pareció un simple intento de robo, pero también destacó que muchos de los activistas que la conocían desconfiaron de que podría ser algo más, no solo debido a la visibilidad que la alemana tenía en redes sociales sino porque las amenazas en su contra daban cuenta de que había gente que seguía sus pasos y conocía sus comportamientos. Debido a eso, tomó la decisión de siempre andar acompañada, incluso durante el día.

En los medios colombianos Rebecca sí era muy conocida, especialmente por medios de derecha alineados al gobierno de Duque, que encontraron en ella la figura ideal en la cual concentrar la teoría oficialista de que las protestas en contra del gobierno eran una acción de desestabilización orquestada desde el extranjero – ¿a algún chileno sonó el déjà vu al mencionar esta justificación?

La prensa colombiana más conservadora pasó a dedicarle a Rebecca el mismo tono amenazante de Twitter, pero con llamados más institucionales, interpelando a las autoridades a actuar en su contra e incluso pidiendo su deportación.

El momento más increíble de esa campaña mediática contra la turista alemana fue el 19 de julio, en su visita a la radio La FM, de la cadena RCN, donde fue intimidada al aire por el presentador Luis Carlos Vélez, conocido por sus posiciones ultraconservadoras. En un momento de la conversación, el periodista pasó a interrumpir casi todos los intentos de Rebecca de dar su versión de los hechos y a decir cosas como “es muy grave que gente como usted venga a mi país y haga lo que no es capaz de hacer en su país (…) creo que le están engañando, se lo digo con todo el cariño y el respeto, para que coja el periódico y lea un poquito más y se dé cuenta de la gravedad de la situación que está pasando… Colombia, ¿no? ¡Mi país! Al cual usted esta invitada, haciendo cosas que no debería”.

El atentado contra su vida

El peor momento de Rebecca Sprösser en Colombia ocurrió tres días después de ese apriete radiofónico, y tuvo dos consecuencias terribles que la marcarán de por vida.

En la noche de 22 de julio, Rebecca estaba con amigos en el centro de Cali, donde se juntaron para hablar sobre temas relacionados al paro. Estaban sentados en un lugar público y abierto, cuando un sujeto se aproximó con una pistola y empezó a disparar.

El atentado fue direccionado a Rebecca y al joven Johan Sebastián Bonilla Bermúdez, de 26 años, vocero la organización Puerto Resistencia – que reúne a los Primera Línea de Cali –, quien se colocó entre ella y las balas, recibiendo trece disparos en su cuerpo, tres de ellos en su cabeza. A la alemana le llegaron algunos tiros que atravesaron el cuerpo de su amigo pero que solo le causaron heridas menores.

Rebecca y otros activistas tuvieron que llevar el cuerpo de Johan a tres hospitales, debido a que los dos primeros no quisieron atenderlo. El joven llegó vivo al tercer centro médico, pero en estado gravísimo.

Pasado algunos días, mientras su salvador de debatía entre la vida y la muerte, Rebecca supo que las autoridades colombianas reaccionaron a lo ocurrido, pero se equivoca quien piensa que trataron de investigar la identidad del autor del atentado.

De hecho, el departamento que actuó fue Migración Colombia, que utilizó los hechos para justificar la deportación de la ingeniera alemana y además prohibir su regreso al país por diez años. Los argumentos para adoptar tal medida parecen una copia de los alegatos derechistas en Twitter y repercutidos en la prensa conservadora: el “crimen” de Rebecca sería el de “llevar a cabo actividades que no tenían que ver con su condición de turista, las cuales afectarían el orden y la tranquilidad ciudadana” – aunque el párrafo siguiente carga con un poco de hipocresía, al asegurar que la decisión “busca salvaguardar su integridad personal, así como mantener el orden y la seguridad nacional”.

Sobre el autor del atentado, la policía de Cali simplemente descartó una investigación más profunda de los hechos, alegando que se trataría presuntamente de un intento de robo o ajuste de cuentas por motivos personales.

Rebecca Sprösser tuvo que dejar el territorio colombiano el día 28 de julio, no sin antes sufrir otro momento de intenso dolor: minutos antes de abordar el avión que la llevaría de vuelta a Alemania, recibió la noticia de que Johan Bonilla no pudo más resistir y falleció producto de los disparos que sufrió al intentar salvarla.

“Primero no pude respirar y pensé que mi corazón iba a dejar de latir. Después de algunos segundos empecé a gritar y gritar, y a llorar sin parar. Seguí gritando y llorando durante las 12 horas del vuelo. Pensé que me iba a morir con él en aquel avión. Aterricé en Alemania viva pero muerta por dentro”, contó Rebecca sobre cómo fue el momento en que supo de la muerte del joven quien desde entonces ella llama de “mi ángel de la guardia”.

Lejos de Colombia

La prensa colombiana ha tratado de apoyar el relato policial de que el homicidio del joven es un tema menor, incluso difundiendo un parte policial de hace cinco años sobre un delito de hurto cometido por Bonilla, como si eso justificara su asesinato.

Pero desde Alemania, la ingeniera ha tratado de mantenerse en contacto con activistas e incluso ha tenido acceso virtualmente con personaros de la oposición, como los senadores Gustavo Petro y Gustavo Bolívar, de quienes ha recibido el compromiso de que van a actuar para evitar que el caso de Johan Bonilla quede impune.

Además, la Misión Internacional SOS Colombia, de observadores de los derechos humanos que visitaron el país para averiguar los casos de violaciones durante el estallido social iniciado el pasado 28 de abril, afirmó que “todos estos antecedentes evidencian que Johan Sebastián Bonilla Bermúdez estaba fuertemente amenazado por su rol de liderazgo en Primera Línea y por ser el vocero de Puerto Resistencia. A pesar de las fuertes amenazas y atentados previos, el Estado no cumplió su obligación de garantizar su derecho a la vida”.

Los observadores también recordaron las cifras de violaciones a los derechos humanos durante el estallido en Colombia reconocidas en un informe de Amnistía Internacional que da cuenta de 54 muertes de civiles, 327 personas consideradas “desaparecidas”, más de 2 mil casos de detenciones arbitrarias y 49 casos de abusos sexuales, todos ellos cometidos por la policía colombiana y especialmente en Cali, ciudad donde los enfrentamientos entre manifestantes y la ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios, similar a las Fuerzas Especiales en Chile) han sido más frecuentes. El informe fue publicado el 2 de agosto y reúne casos registrados hasta mediados de julio, antes del atentado contra Rebecca y Johan.

Pese a no poder volver a Colombia, Rebecca Sprösser dijo que seguirá luchando desde donde sea para que haya justicia en el caso de Johan Bonilla. “Cuando lo llevábamos al hospital él nunca se quejó, luchó como un león, y mientras yo tenía a su sangre en mis manos él solo me pedía que no le deje solo. Yo le prometí no abandonarlo y voy a cumplir con mi promesa”, aseguró la alemana en una entrevista a un canal de Facebook.

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