La historia judicial de Pablo Longueira, el aún acusado de cohecho que quiere redactar la nueva Constitución

Es Longueira, el mismo perseguido por la Fiscalía, el mismo contra quien se querelló el mismísimo Consejo de Defensa del Estado, por presunto delito de cohecho. Es Longueira, el mismo exsenador y exministro que no recibió una condena por delitos tributarios a partir de la decisión de no querellarse del Servicio de Impuestos Internos, ya que el sistema judicial chileno no puede perseverar en una acusación de carácter tributario sin el patrocinio del todopoderoso SII. 

Da entrevistas en el diario y la televisión con total propiedad. Habla como una autoridad política actual, e incluso moral, de pronto. Es Pablo Longueira, el reaparecido, el que vino desde el sur para zamarrear a su coalición, para alertarnos a los chilenos del peligro de una constitución bolivariana, y para presentarse como un verdadero rostro de la derecha popular, el hombre épico que se postulará para redactar la nueva constitución de este país, una constitución correcta y decente; y que a la vez tomará el mando de la UDI, su partido, para liderar el proceso histórico del camino al nuevo Chile. Se siente hasta una energía de mesías, una suerte de salvador de su sector, arrinconado por el cambio constitucional; y del país, acosado por ideas totalitarias de izquierda, fuerzas poco amigas de una buena democracia.

Es Longueira, el mismo perseguido por la Fiscalía, el mismo contra quien se querelló el mismísimo Consejo de Defensa del Estado, por presunto delito de cohecho. Es Longueira, el mismo exsenador y exministro que no recibió una condena por delitos tributarios a partir de la decisión de no querellarse del Servicio de Impuestos Internos, ya que el sistema judicial chileno no puede perseverar en una acusación de carácter tributario sin el patrocinio del todopoderoso SII. 

Recordemos entonces, por qué se querellaron contra Pablo Longueira, el reaparecido, el que llegó a estar con arresto domiciliario nocturno como medida cautelar, el sometido a firma quincenal y arraigo nacional que hoy quiere salvar a Chile de la maldad de los malos demócratas de la izquierda extrema a quienes tilda, una y otra vez, de bolivarianos. 

Fue en junio de 2016 que Pablo Longueira, alma y corazón del gremialismo, junto a Patricio Contesse -ex gerente general de Soquimich- fueron formalizados por cohecho y soborno, respectivamente. La razón: el exsenador UDI hizo llegar al Gobierno de entonces unas minutas enviadas por Contesse sin mencionar el origen del documento (SQM, empresa que se quería beneficiar de la nueva Ley de Royalty minero). “Longueira promovió ante el Ejecutivo el interés de una empresa privada, con quien mantenía un vínculo de dependencia por múltiples aportes económicos o dádivas que venía recibiendo de SQM y, por lo tanto, tenía conflicto de intereses que le impedían actuar con imparcialidad”, sostuvo en la época el Fiscal Regional de Valparaíso, Pablo Gómez. En plena investigación, además, se consignó -según constató Ciper- que de acuerdo a un informe de la consultora Shearman & Sterling -encargado por la propia SQM-, fueron $730 millones los aportes entregados por la minera no metálica a personas naturales y jurídicas vinculadas al ex senador UDI, a través de numerosas boletas falsas; el mismo tipo de boleta falsa que, en otro caso, generó condenas contra los dueños de Penta, por ejemplo.  

El mismo año 2016 se develó – a través de La Segunda y una solicitud por Ley de Transparencia- que SQM fue hasta ese momento la única empresa nacional que se benefició de la invariabilidad tributaria, el beneficio incluido en la ley que fue redactado por la misma SQM, y que Longueira envió al gobierno sin informar de dónde venía la brillante idea -la idea de otorgar el beneficio a empresas nacionales y no sólo a extranjeras-.

Un escándalo absoluto que parece olvidarse cuando el señor Longueira, con varias canas más en sus cabellos, pero con el mismo tono de autoridad moral republicana, arenga a sus compañeros de coalición y sermonea al país en peligro de las garras de quienes dañan a la democracia. Este es el Pablo Longueira que está de vuelta, que sigue defendiendo su pureza en televisión -a la que accede sin problemas y usa a su favor, hasta promocionando sus redes sociales-, que anuncia querellas a quienes lo acusaron, y que aclara que jamás ha recibido un peso inadecuado. 

“Longueira anuncia demanda en contra de la Fiscalía por persecución. También deberá demandar a los tribunales que establecieron medidas cautelares y al CDE que se querelló en su contra. Al único que no debe demandar es al SII que nunca se querelló por las reiteradas boletas falsas”, escribió estos días en su cuenta de Twitter el ex fiscal Carlos Gajardo, quien junto a Pablo Norambuena renunció a la Fiscalía en 2018, apuntando en una carta que “se ha impuesto pírricamente la postura de no intentar obtener una sanción penal proporcional a la gravedad de los hechos para personas respecto de las cuales existe fundamento serio para presentar acusación en su contra”; aquello, redactado en días en que se ofrecían salidas alternativas a sujetos como Iván Moreira, quien terminó pagando sus delitos de corrupción en cómodas cuotas a modo de multa.  “En los últimos días se han acordado suspensiones condicionales del procedimiento en los casos SQM y Penta por hechos de los más graves que ha conocido nuestra institución, acuerdos que no compartimos y que significan la inexistencia de reproche penal para dichas conductas”, añadía la carta.

Pablo Longueira, en tanto, fue sobreseído, tiempo después, en la causa por delitos tributarios -boletas falsas- luego de que el Servicio de Impuestos Internos  se negara a presentar una querella en su contra. Al ser consultado el director del SII, por el diputado Gonzalo Winter, la respuesta que llegó fue considerada como insólita: “No existen antecedentes probatorios que acrediten su participación (de Pablo Longueira) en la comisión de algún delito tributario, circunstancia que constituye el motivo por el cual se resolvió no accionar penalmente en su contra”, detalló Barraza en su respuesta al parlamentario.

Agregó que, de acuerdo a la ley, la decisión adoptada por el SII solo incide en la investigación por delitos tributarios, y que “no implica restricción alguna por parte del Ministerio Público en la investigación de otros delitos”. En ese tiempo, Longueira aún tenía una causa abierta por la acusación de cohecho, surgida de los mismos antecedentes que sustentaban la causa tributaria. Pues bien, mientras Longueira da la entrevista en El Mercurio, mientras va a la televisión, mientras anuncia su candidatura a la constituyente y a la presidencia de su partido, la causa por cohecho sigue pendiente; a septiembre de 2020 no ha sido sobreseido. Ahí radica lo insólito del argumento del SII: para ellos no habría antecedentes para acusar a Longueira, pero usen los mismos antecedentes -parecen decir entre líneas- para que lo investiguen por cohecho.

Así, con la candidatura de Longueira anunciada para la convención constituyente, y con una causa por cohecho aún abierta, cabe preguntarse ¿Quién va a redactar nuestra nueva constitución? Por otro lado ¿Quién ha dañado más a la democracia, los bolivarianos que asustan en el discurso del Longueira reaparecido, o los investigados por corrupción que se libran sin pagar sus pecados?

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