La franja del Rechazo: una gran falta de respeto

Queda la sensación de que los creadores de los clips del rechazo parten desde la base de que los televidentes son tontos; premisa desde la cual despliegan mensajes con escaso sustento político, precaria credibilidad y frágil coherencia.


Cada vez que se termina de emitir la franja del Rechazo uno queda con la extraña sensación de no haber entendido nada, una especie de vergüenza ajena, por una parte, y también de asombro ante una serie de mensajes contradictorios, a veces absurdos, y muchas veces faltos de respeto hacia la inteligencia de las personas que aprecian el despliegue de una opción política por televisión. 

Queda la sensación de que los creadores de los clips del rechazo parten desde la base de que los televidentes son tontos; premisa desde la cual despliegan mensajes con escaso sustento político, precaria credibilidad y frágil coherencia. Personajes populares señalando que las cosas tienen que cambiar ahora y rápido, pero que luego llaman a rechazar una nueva constitución, porque ahí no están los cambios que sí los garantizaría la continuidad de modelo que ha impedido los cambios, parecen más bien un montaje de argumentos puestos a la fuerza que carecen de toda lógica. Cambios que, por cierto, han impedido los partidos que les pasan el espacio para hablar.

Lo mínimo que se exige al ver una exposición política es que diga la verdad. Está bien que un ciudadano, un partido, desee que continuemos con la actual constitución, pero resulta insultante que se abunde en falacias para ocultar el verdadero interés ideológico detrás del rechazo a la transformación. Como aquel clip en que un mecánico arregla una falla de un vehículo con el libro de una nueva constitución, la que finalmente no termina arreglando nada ¿Tan simple creen que es el raciocinio de la gente? ¿Tan básico asumen al electorado? ¿Qué sentido inteligente tiene ese malogrado sketch humorístico?

Pero hay más.

Por otro lado, tenemos a un joven que se arroga la representatividad del amplio y diverso mundo de las religiones protestantes evangélicas para hacer un parangón que raya en lo surreal. Según un expositor de la franja de los evangélicos por el Rechazo, Kevin Valenzuela, Satanás, al informarnos quien vino a matar y destruir, nos demuestra quién está detrás del proceso refundacional de Chile. Ningún hijo de Dios puede dar su aprobación a las obras de las tinieblas. El demonio aprueba, los hijos de Dios rechazan. La interpelación, irrespetuosa con el extenso pluralismo de las religiones cristianas, no sólo instrumentaliza una creencia sagrada, sino también insulta a los televidentes que esperan argumentos de peso para discutir la democracia de nuestro país, no un juego moral que condena al infierno a quienes piensan de una manera determinada.

Pero hay más.

En un afán por posicionar un supuesto “sentido común” establecido por la UDI, aparece dando la bienvenida a la franja del Rechazo, Daniel Rosas, trabajador social, de La Pintana. Entre su casa y paseos por potreros, Rosas asegura que él sí sabe cómo vive la gente pobre y, además, lo que necesitan y quieren esas personas. A él no le cuentan cuentos, y asegura que esa gente -que jamás vemos más allá de lo que podemos imaginar por sus palabras- no necesita gastar “un montón de plata en un proceso que nadie pidió”; “un proceso lleno de mentiras, por eso yo rechazo”.

Las falacias son evidentes, y el desprecio a la ciudadanía también ¿Cómo que nadie lo pidió? ¿Qué sentido común es ese que omite la década de demanda de nueva constitución reflejada en diversos estudios de opinión? ¿Qué sentido común no reconoce el abrumador clamor por una nueva carta magna durante el estallido social que sacó a millones de chilenos a la calle, con aplausos del Presidente incluidos?  ¿Qué mentiras son aquellas que contiene el proceso, las sugeridas por Rosas? ¿Dónde están? Rosas es alguien que dice que no es de izquierda ni de derecha, pese a aparecer en la franja de la UDI, partido que patrocinó el acuerdo que lleva al plebiscito. Es decir ¿Rosas acusa a su propio espacio de propiciar una mentira? una incongruencia incomprensible. 

Luego, en el mismo espacio, vemos a Sonja del Río, técnico jurídico que dice ayudar a sus vecinos, como madre de familia, a través de un comedor solidario. En su intervención, del Río llama a que nos hagamos “cargo hoy, cuidemos a nuestra gente”, e insiste en “que no te digan que se necesita una nueva constitución para cuidar a la gente; hagámonos cargo hoy, cuidemos a nuestra gente”. Es decir, tenemos un llamado a un voluntariado particular, privado, que prescinde del Estado, realizado segundos después de escuchar a Rosas decir que en La Pintana hace rato que ha desaparecido la presencia del Estado. Entonces ¿Qué quiere decir el Rechazo? ¿Más Estado, ahora? ¿o en verdad no necesitamos al Estado? otra incongruencia incomprensible, que esquiva lo realmente importante: la verdad detrás del rechazo a una nueva constitución. 

Luego, una joven recalca que “las personas por el apruebo no tienen una razón, tienen una emoción”; desacreditación acompañada por una analogía absurda: cambiar la constitución “es como romper tu celular viejo, para comprar uno nuevo”. El sentido común ya ha pasado a ser una caricatura que bordea la estupidez. Todo este huracán de odio, insultos y ninguneos, para que luego otro espacio de la franja nos diga que “conversando y en paz podemos avanzar como chilenos”. Increíble.

Quizás la más honesta pieza de la franja del Rechazo vista hasta hoy sea la de una pareja de chilenos conversando con un taxista argentino en Buenos Aires. En ella, el trasandino les pregunta qué les pasó a los chilenitos, que siempre fueron el mejor país de la región, y que de octubre a esta parte cayeron en un hoyo. Ese espíritu del Rechazo parece el más coherente: la constitución actual nos dios crecimiento -desigual- y progreso, en base a binominalismo y statu quo; y una nueva -movida por el caos- es incertidumbre y retroceso. Quizás si insistieran en ello, sin enviarnos al infierno, sin crear falsos sentidos comunes, sin faltarnos el respeto, sin un carnaval de falacias contradictorias, saldrían mucho mejor parados.  

Total
392
Shares
2 comments
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts
¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medio de comunicación hegemónicos.