La entrevista de Regis Debray a Salvador Allende

La entrevista constituye, en varios momentos, una lucha. Debray busca ser un entrevistador punzante y Allende responde en el mismo tono.


El 4 de noviembre del 2020 se cumplieron cincuenta años del momento en que Salvador Allende asumió el gobierno, después de la decisión de reconocer su triunfo por parte del Congreso Pleno, como lo preveía la constitución de 1925.

Un momento para recordar, pues se trató del gobierno más democrático de la historia de Chile contemporáneo. Por ello no hay que olvidarlo, sobre todo porque las grandes alamedas, de las cuales mencionó Salvador Allende el día de su muerte, no han reaparecido.

En esta ocasión hablaré de la entrevista que Regis Debray le realiza a Salvador Allende al principio de 1971 y cuya segunda edición es de junio de ese mismo año.

Primero hay que decir quién era entonces el entrevistador.

Regis Debray es hijo de una familia francesa acomodada. Desde el punto de vista intelectual fue influido por la corriente estructuralista, especialmente por Louis Althusser. Debray, igual que el filósofo marxista, estudia en la Escuela Normal Superior.

En la década del sesenta viaja a Cuba, donde traba amistad con Fidel Castro y Ernesto Guevara. En 1967 publica su primer libro, titulado “Revolución en la Revolución”, un análisis muy favorable a la experiencia cubana, en el cual se muestra de acuerdo con las tesis del Che sobre los caminos de la revolución latinoamericana.

Viaja a Bolivia y trata de incorporarse a la guerrilla boliviana, no siendo aceptado por el Che. Al tratar de salir de la zona fue capturado por el ejército el 20 de abril de 1967.

Estuvo preso hasta que fue liberado en 1970 por el presidente Juan José Torres.

Se dirige a Chile, donde a principios de 1971 le realiza una entrevista al presidente Salvador Allende, la cual publica inmediatamente, en Buenos Aires, en la editorial Siglo XXI.

La introducción del libro comienza con el siguiente párrafo: “A los aficionados a las epopeyas se les ruega ir a tomar sus vacaciones a otra parte: la “ilusión lírica” no tiene cabida en Chile. En un continente donde cualquier coronel hace tres discursos por día sobre la Revolución Nacional, los chilenos deben contentarse con un gobierno que se llama modestamente a sí mismo “popular”.

La entrevista constituye, en varios momentos, una lucha. Debray busca ser un entrevistador punzante y Allende responde en el mismo tono.

La primera pregunta es la siguiente “Compañero Presidente: ¿cambia un hombre cuando está en el poder?” Allende responde diciendo que solo cambia el nombre.

Pero inmediatamente después Debray vuelve al ataque y pregunta “¿Cambia un militante socialista cuando es jefe de estado?”. “No” responde Allende y continua: “Yo creo que el jefe de Estado que es socialista sigue siendo tal, eso sí que su actuación tiene que estar de acuerdo con la realidad”

Durante toda la entrevista Debray conserva el tono y Allende defiende la posibilidad de la vía chilena, de lo que llamará luego “la revolución con empanadas y vino tinto”.

Incluso Allende le muestra a Debray que el socialismo chileno planteaba la necesidad de superar al capitalismo desde antes de la revolución cubana.

Le señala también que la posibilidad de un tránsito pacífico y por la vía institucional es anterior a las tesis que, en 1956, en el XX* Congreso del PCUS, plantea Nikita Kruschev.

También Debray le pregunta por sus relaciones con Cuba. Allende le cuenta como llegó a la isla al poco tiempo de que comenzará la revolución. También le dice que la revolución cubana ha sido una lección extraordinaria, pero manteniendo siempre la idea de la particularidad del proceso chileno.

Cuenta también que sus relaciones con Fidel Castro siempre han estado atravesadas por discusiones “profundas y fuertes”.

La entrevista finaliza cuando Allende dice en un momento: “Para nosotros vale mucha más hacer que decir”. Debray dice entonces que a lo mejor no le queda mucho por decir y lanza su última pregunta, la que versa sobre cómo ve Allende el porvenir de América Latina.

Este responde que el continente es un “volcán en erupción”. Que “los pueblos no pueden continuar muriéndose a medio vivir”. Por ello no tienen otra posibilidad que luchar, ¿para qué? Para conquistar su independencia económica y “ser pueblos auténticamente libres…”. Y profetiza que algún día América Latina tendrá “una voz de Continente”, una voz de pueblo dueño de su propio destino.

Termina invitando a Debray a decir lo que ha visto y a decir “lo que queremos”. A lo que el entrevistador responde, con un gesto de modestia, “Tratare de hacerlo”.

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