La enseñanza de la filosofía en el nuevo escenario de priorización curricular: el “éxito” se mide en números

La prioridad de las Orientaciones no pretende que las escuelas promuevan una comprensión crítica de los acontecimientos, por el contrario, las faculta para prescindir, finalmente, de las asignaturas más desplazadas – como las artes, historia o filosofía – las cuales podrían sin duda potenciar una mirada democrática y transformadora atendiendo a las crisis que vive nuestro país”, dice la Red de profesores y profesoras de Filosofiá de Chile REPROFICH.

Estos últimos días, el carácter estructural de la violencia en Chile se ha hecho más evidente que nunca. Frente a esto, es preocupante evidenciar cómo la educación no ha logrado el status de un asunto público más allá de las organizaciones docentes: es más simple instalar en el debate público la pena de muerte que la necesidad, imperiosa, de una nueva educación.

Lo que al gobierno le interesa respecto a la educación, es claro cuando escuchamos a Raúl Figueroa: presión por los resultados, vaciamiento del sentido educativo y precarización de las condiciones laborales de docentes y funcionarios. La violencia que el Ministro de Educación ha ejercido con el retorno a clases bajo el pretexto de resolver la “brecha de aprendizajes”, no tiene sentido alguno para quienes trabajamos en educación y sabemos que la realidad educativa en Chile nunca ha sido igualitaria.

El desconocimiento de la realidad escolar y sus necesidades se evidencia en las “Orientaciones para la Implementación de la Priorización Curricular en Forma Remota y Presencial”, elaboradas por el Ministerio, apoyadas por el Consejo Nacional de Educación (CNED) en su Acuerdo N° 080/2020 del 13 de Mayo y aprobadas bajo el Decreto 2765. La forma de organizar las asignaturas en la priorización del MINEDUC instala una idea de la educación que contradice los principios de las nuevas Bases Curriculares y de la Ley General de Educación (LGE), obviando leyes y procesos anteriores para empobrecer el sentido de las escuelas y precarizar las condiciones laborales de sus funcionarios/as.

El “piso común” que pretendía proporcionar la Reforma Educativa para las tres modalidades (científico humanista, artística y técnico profesional), que vendría a “equiparar la cancha”, según Cubillos, o los principios de la Ley General de Educación (LGE) que promueven como objetivo central “desarrollar puntos de vista alternativos en la evolución de la realidad y de las formas múltiples del conocer”, las cuales “deben considerar los aspectos físico, social, moral, estético, creativo y espiritual, con atención especial a la integración de todas las ciencias, artes y disciplinas del saber” fueron obviados.

Las Orientaciones facultan a los establecimientos a excluir asignaturas, pues sería más conveniente “profundizar en menos asignaturas en vez de dedicarse a varias, con pocas horas”, al tiempo que ponen los aprendizajes en función de la preparación para las pruebas estandarizadas, señalando que “en todos los escenarios, el Plan de Estudios tiene que incluir las asignaturas de Lenguaje y Comunicación (Lengua y Literatura) y Matemática, con las horas  asignadas en el Plan de Estudios vigente”.

Como era de esperar, no menciona nada respecto a qué sucederá con los contratos de las y los docentes que no sean contemplados en dicha priorización, ni sobre el modo en que las escuelas tomarán estas decisiones. Tampoco la prioridad de las Orientaciones pretende que las escuelas promuevan una comprensión crítica de los acontecimientos, por el contrario, las faculta para prescindir, finalmente, de las asignaturas más desplazadas – como las artes, historia o filosofía – las cuales podrían sin duda potenciar una mirada democrática y transformadora atendiendo a las crisis que vive nuestro país. Pareciera ser que mediante este documento, se pretende dejar fuera aquello que no fue posible con la reforma.

Si bien las “Orientaciones” se presentan con un nombre ofensivo, en la práctica los establecimientos deben generar planes que las consideren, o bien, implementar el documento emanado del Ministerio, opción más usual debido a la ausencia de tiempos. Al MINEDUC no le preocupa si los liceos toman sus decisiones democráticamente, por lo cual las y los docentes quedan al arbitrio de sus sostenedores.

Así, pese a que el profesorado ha sostenido la educación a distancia a costa de su salud, de su descanso y sus ingresos (invirtiendo en una cámara para grabar videos, poniendo un internet más estable, autocapacitándose, comprando una silla que resista la cantidad extraordinaria de horas que pasan frente a la pantalla o un computador que resista una reunión online), las “Orientaciones” del MINEDUC no garantizan siquiera que conserven sus puestos laborales o su sueldo íntegro si no están dentro de las asignaturas “imprescindibles”.

Por lo demás, suma labores frente a un eventual retorno: las y los docentes, en caso de enfrentarse a cursos con asistencia presencial y remota al mismo tiempo, deberán “planificar las clases para ambas modalidades”, cuando en la práctica esta tarea ya ocupa tiempo fuera de la jornada laboral. Además, deberán “planificar horarios diferidos por grupos de estudiantes, para profundizar la enseñanza según sus necesidades”. La suma de tareas, que no considera además la fiscalización sanitaria que implicaría reabrir las aulas y de la cual seguro deberán encargarse también las y los docentes, parece obviar además que la reapertura no implicaría “volver al punto donde estábamos” y que, al igual que en crisis pasadas, los sistemas educativos deberían prepararse para lidiar con los efectos de salud potenciales de sus integrantes, tanto físicos como mentales

¿Quién está detrás de estas decisiones tan cruciales, cuando incluso los y las docentes desconocemos los criterios para seleccionar una asignatura por sobre otra? ¿Qué impacto tendrá la disponibilidad horaria de las y los profesores, obligados a trabajar en más de un establecimiento, en la priorización curricular y la formación de las y los estudiantes? ¿Por qué no fomentar la reflexión dentro de las comunidades educativas, cuando los Consejos Escolares o de convivencia podrían tomar decisiones sobre aquello que precisan? 

Las Orientaciones ministeriales no sólo se presentan como marco para la modalidad presencial o virtual,  sino que además tendrán vigencia hasta fines de 2021. El documento es una muestra perfecta del lugar que este modelo ha dado a la educación: en la última línea, lejos de la prensa, de las reivindicaciones transversales y de las respuestas a los problemas que nuestro país tiene hoy.

En las escuelas aún se contrarresta la consolidación de una ciudadanía crítica, educando en un paradigma en el cual los saberes están segregados, donde el “éxito” se mide en números y donde la competitividad aún tiene sentido. En un país tan empobrecido en derechos sociales la educación vale más como comedor comunitario, como oportunidad de familia presente o como espacio para suspender la desigualdad del entorno. La escuela es todo, menos el espacio de construcción de lo común. Por más que sea una experiencia compartida de las desigualdades y las violencias su lugar es el mismo: al fondo, a la derecha.

Red de profesores y profesoras de Filosofiá de Chile REPROFICH

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