La derecha y el mundo popular

La derecha y el mundo popular

Chile es una sociedad capitalista atrasada y dependiente del imperio estadounidense. No era, por tanto, una sociedad con residuos feudales, como lo han demostrado numerosos autores.

Pero, pese a su indiscutible carácter capitalista, sus sectores dominantes operaban como si fueran señores feudales. Esto significa que explotaban y agraviaban al dominado, usando para ello la lógica brutal del esclavizador.

Esto significa que el campesino pobre vivía atrapado en un cuadro de costumbres donde estaba forzado a actuar como los siervos. Sobre todo, lo era el inquilino, quien debía trabajar de sol a sol y además estar dispuesto a que el patrón ojeara a sus mujeres y si quería las hiciera suyas.

El poblador pobre, quien muchas veces servía de jardinero y por ello debía reverenciar al dueño de casa, quien lo miraba desde la altura de su poder, sin otorgarle ningún derecho; otro siervo urbano, a quien no le quedaba otro camino que bajar la vista y someterse a las vejaciones del oligarca.

El obrero pobre, también explotado en la construcción o en la industria, muchas veces impedido de sindicalizarse a riesgo de perder el trabajo. Otro sometido por el dueño, quien muchas veces también lo miraba de arriba abajo y también operaba como un señor feudal, aunque no tuviera feudo.

Estos oligarcas han operado largo tiempo en la sociedad chilena, hasta que llegaron los gobiernos reformistas de los sesenta, uno moderado, el otro avanzado.

Ambos realizaron importantes reformas, unas centradas en el campo, como la reforma agraria y la sindicalización campesina; las otras centradas en las ciudades donde se impulsa la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, se estatiza la banca y el cobre.

Por supuesta que esa oligarquía actúa: no podía aceptar que los sectores populares tomaran la palabra y actuaran realizando sus derechos.

Por ello impulsan el golpe, que encuentra la aquiescencia de militares cómplices, con Pinochet a la cabeza, quienes restauran el orden, el de los dominantes, el de la oligarquía con métodos de señores feudales.

Esa larga dictadura por fin termina, después de dieciséis años de abusos, de largas prisiones, de duras torturas, de desaparecidos y cuerpos arrojados al mar.

Vuelve la democracia, primera una semi representativa con senadores designados y vitalicios, luego una representativa convencional con progresismo limitado, como dice Manuel A. Garreton.

No se han abierto «las grandes alamedas» para que pase el hombre libre camino al socialismo. Ahora gobiernan los que recibieron la medalla del dictador en Chacarillas, con la ministra de la mujer, quien desea rescatar lo bueno de Pinochet, cuando en realidad todo lo que realizó está marcado por la neoliberalización de la economía y la mercantilización de la cultura.

Lo mejor que hizo fue viajar a Londres donde fue detenido, abriendo paso a los juicios que en Chile le realizó el juez Guzmán.
Eso es lo único que se puede rescatar de él, sus errores, sus cuentas en el Banco Riggs, que echaron por tierra sus pretensiones de hombre probo.

Esta derecha chilena pocas veces ha tenido programas modernizadores. Sus proyectos fueron y son conservadores. Cuando pretendieron tener uno con pretensiones de avance a través de acuerdos, como con Jarpa entre 1983-1985, fracasaron rotundamente, porque se impuso la lógica anti negociadora de Pinochet.

Las derechas han tomado en sus manos «las riendas del poder», como dijo Sofia Correa, pero siempre con programas reaccionarios. Un ejemplo es el de Jorge Alessandri, quien realiza otro intento fracasado de liberalizar la economía, como le había ocurrido entre 1948 y 1950, cuando colabora con el gobierno represivo de González Videla.

¿Qué están haciendo en estas circunstancias, esta derecha que gobierna en la pandemia? Están regalando cajas de mercancías, las cuales sirven para una semana; e implementando un programa que le permite a los patrones prescindir de sus trabajadores, los cuales financian con sus ahorros está pérdida.

Las políticas de compensación las hacen sin ningún dialogo con la oposición, como si quisieran que ésta se sometiera sin más a las iniciativas del gobierno: de nuevo la derecha que actúa con criterios de señor feudal.

Creo que la actitud de las oposiciones debería ser: o se negocia o no cuenten con nosotros. no hay que dejarse manipular con la fuerza de la pandemia porque ella debería enfrentarse con acuerdos y no con políticas llevadas adelante en solitario.

Sobre el Autor

Tomás Moulian

Sociólogo y Cientista político chileno, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales de Chile 2015

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