La corta vida de “El Papelucho”: La historia del adolescente abatido por una funcionaria de la PDI

El lunes siete de septiembre, a través de distintos medios nacionales, se dio a conocer la muerte de un “delincuente” baleado por una funcionaria de la PDI durante una encerrona en la autopista. Lo que no publicaron fue que se trataba de un niño de solo 14 años y que al parecer, según información preliminar, habría estado desarmado. Su nombre era Joseph Ponce y vivía en La Pintana. Esta es su historia.


El siete de septiembre, cerca de las doce del día, Joseph (14) camina por los angostos pasajes de la población Santo Tomás de La Pintana. Quizá a simple vista trata de imponerse a paso seguro ante el mundo que lo vio crecer, con aires de adultez impostada, quizá dudó también de ir al encuentro con sus amigos. Carga un bolso en el hombro.

Su cuerpo enjuto y metro cincuenta y ocho de estatura deja al descubierto su edad, incluso por ese aspecto en extremo infantil le apodaron en su barrio “El Papelucho”.

Han pasado dos semanas desde ese día donde encontró la muerte, pero Antonio Ponce, su padre, tiene la sensación de que su hijo va a cruzar el umbral de la puerta, que avisará que llegó a la casa y con un grito preguntará a qué hora estará listo el almuerzo. Antonio vive una suerte de negación.

Joseph Ponce

-Joseph era muy protector con sus dos hermanos menores (de 8 años y 11 meses). A pesar de mostrarse maduro, seguía teniendo esa esencia de niño-, relata y trata de contener la emoción, sentado en una pequeña silla de playa, que es el sillón improvisado de una casa humilde.

Joseph nació el 25 de agosto del 2006 y remeció la vida de sus padres, dos adolescentes que aún cursaban enseñanza media. Su padre habla de ese niño que obtuvo diez medallas por fútbol, cueca y rendimiento escolar, las mismas que ahora cuelgan en una muralla blanca a la entrada de la casa.

– Acá todos pueden afirmar que era un niño que saludaba a los vecinos. Muy preocupado por sus hermanitos y amaba a su familia-, comenta Patricio, vecino de Joseph, y quien lo conoció desde recién nacido.

El año 2018 obtuvo el primer lugar del curso en el colegio Aurelia Rojas Burgos. A Joseph le encantaba estudiar. Pero el cambio vino después.

La pobreza es algo que palpó desde muy pequeño, los cinco vivieron de allegados en casas de familiares y algunas veces no hubo para comer. Su padre trabajaba como cantante en las micros; su madre es dueña de casa y también hacía malabares para llegar a fin de mes.

A mediados del 2019 empezaron las malas juntas, Joseph comenzó a salir a la calle, decía que iba a juntarse con nuevos amigos del sector.

Dos meses después Antonio hurgó entre sus cosas y encontró cuarenta mil pesos. Le consultó que de dónde había sacado tanta plata. Pelearon, le insistió que le dijera de dónde venía el dinero, hasta que reconoció que había sido un robo.

-Él empezó a juntarse con amigos más grandes, con delincuentes. No puedo negar que mi hijo robó, porque lo hizo. Lo retamos, hicimos de todo para que cambiara de vida, pero no hubo caso, él ya estaba en el mundo del hampa-, confiesa Antonio.

Joseph Ponce y su papá.

Con la llegada de la pandemia el escenario se volvió más complejo. Joseph no tenía computador ni internet en su casa, por lo que no pudo asistir a sus clases online de séptimo básico, tampoco tuvo acceso a las guías de sus asignaturas. A lo que se sumó que Antonio ya no podía cantar en la vía pública y el dinero se acabó.

-Yo les decía “niños voy al súper” y en verdad iba a caminar por las calles, pidiendo puerta a puerta mercadería para poder llevar a la casa. No teníamos para comer-, dice.

Cree que ese fue el punto de inflexión en la vida de su hijo.

En mayo de este año, Joseph fue detenido por Carabineros de la comuna, el auto en el que andaba él y un grupo de amigos era buscado por encargo de robo, fue liberado horas después por ser menor de edad. Para sus padres, el adolescente ya había tocado fondo. Lo castigaron sin poder salir. “El Papelucho” salía igual.

-Él siempre se dio cuenta de las cosas que pasaban, y de las necesidades que tenían. Podría asegurar que Joseph comenzó a robar para alimentar a sus hermanos-, confiesa Patricio, un vecino de la población Santo Tomás.

Para sobrellevar estas últimas semanas de cuarentena, Antonio junto a su esposa, Leidi, vendían ceviches en distintas ferias libres de la comuna, los que transportaban en un carro de supermercado. Al mismo tiempo Joseph debía cuidar de sus hermanos.

El 25 de agosto, celebró su cumpleaños número 14, esos días ya parecía algo inquieto, preocupado. De regalo pidió “comer algo rico”, le hicieron pollo a la piamontesa. Los más contentos eran sus hermanos menores.

Joseph Ponce y su papá.

Dos semanas después, el 7 de septiembre al mediodía, Joseph salió y dijo que volvería al rato. A las dos de la tarde los llamó y les avisó dijo que no llegaría a almorzar porque estaba comiendo con unos amigos. Se le escuchaba tranquilo. Se despidió. Esa fue la última vez que su padre habló con él.

En el sector nororiente de la comuna de La Pintana, está ubicada la población Santo Tomás. Sus habitantes luchan contra la estigmatización, la delincuencia, el narcotráfico, la pobreza y violencia del sector. Al transitar por la calle principal del mismo nombre, un rayado gigante de la hinchada de la Universidad de Chile da la bienvenida. Un par de departamentos sociales se avistan, y un lienzo blanco en contra de la alcaldesa Claudia Pizarro (“Menos Tele”), advierte sobre las tensiones del sector.

Se avistan viviendas de dos pisos con antejardines diminutos, la decoración de banderines chilenos y el olor a asados en algunos pasajes son parte de paisaje del fin de semana de Fiestas Patrias. La casa de Joseph está ubicada en el corazón de la población.

El niño entendió de desigualdad de forma precoz y en esa competencia por status entre adolescentes, comenzó a codiciar zapatillas y celulares, a decir que tendría plata y que un día compraría una casa grande a su mamá, tal vez una mansión.

A las nueve y media de la noche del siete de septiembre, un vehículo con cuatro jóvenes en su interior realizó una encerrona en Américo Vespucio, a la altura de Departamental, en la salida 40. Uno de sus ocupantes era Joseph Ponce.

Nadie sabe bien por qué, pero él fue la carne de cañón. Es decir mientras los otros tres iban armados, el habría ido sin arma. Golpeó el vidrio de la mujer para decirle que saliera del auto.

Todos desconocían que el vehículo interceptado era conducido por una funcionaria de la Policía de Investigaciones.

Durante el forcejeo para bajarla, ella disparó en contra de Joseph, quien cayó al suelo y fue abandonado por el resto de la banda. Murió de forma inmediata. Su certificado de defunción dice “Traumatismo torácico por proyectil balístico”.

El teniente coronel Pedro Álvarez Ortega, de la Prefectura Cordillera, declaró ante la prensa que efectivamente había una persona fallecida como resultado de este delito, en tanto los antecedentes confirmaron que hubo un intento de sustraer un vehículo de una persona particular que resultó ser una oficial de la PDI.

“Dos de ellos apuntaban con armas de fuego y el sujeto que estaba al costado de ella golpea el vidrio, forzándola a bajar, el sujeto se abalanza de forma inmediata sobre ella, por lo que hace uso de su arma de servicio”, explicó Marisela Gárate, jefa de PDI Metropolitana Oriente, a distintos medios nacionales.

La oficial de la PDI resultó ilesa, y afirmó que usó su arma de fuego en legítima defensa.

Ante esto el teniente coronel Álvarez, comentó que se haría un seguimiento, analizando la forma en que interceptan el vehículo y el contexto del uso del arma de fuego. Nadie sabe el paradero de los otros integrantes de la banda.

El fiscal Omar Mérida de Fiscalía Oriente sostuvo ante la prensa que el OS-9 y el Laboratorio de Criminalística de Carabineros determinarán la dinámica de los hechos, cómo ocurrieron y si se ajusta a la ley o no el actuar de la funcionaria de la PDI, al usar su arma de fuego.

Según las Disposiciones Generales y Especiales de los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego descritas en el Código de Ética de la PDI, “los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no emplearán armas de fuego contra las personas salvo en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida”.

Además, el documento consigna que cuando el empleo de las armas de fuego sea inevitable, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley: Ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del delito y al objetivo legítimo que se persiga; Reducirán al mínimo los daños y lesiones y respetarán y protegerán la vida humana; Procederán de modo que se presten lo antes posible asistencia y servicios médicos a las personas heridas o afectadas”.

Los medios de comunicación que cubrieron la noticia, titularon “Delincuente fallece tras recibir disparo de PDI en intento de encerrona” y “Funcionaria de la PDI mató a delincuente que intentó asaltarla mediante una encerrona”, sin especificar que se trataba de un niño de 14 años.

-Tipo 10 de la noche vino un amigo de Joseph a avisarme que le habían disparado. Realmente sentí que me caía. Fuimos al Hospital Padre Hurtado y no estaba, comenzamos a preguntar y nos dijeron que estaba en Américo Vespucio. Fuimos con mi señora lo más rápido que pudimos, llegamos y nos confirmaron que Joseph estaba muerto. No nos dejaron verlo, no nos daban información-, relata Antonio y por primera vez rompe en llanto.

El cuerpo de Joseph estuvo en el Servicio Médico Legal durante ocho días. Su familia realizó campañas a través de redes sociales y protestas a las afueras del recinto, para pedir que les entregaran el cuerpo. Incluso, llevaron a cabo un velorio sin féretro, mientras esperaban, decoraron la casa con fotografías de él. Los días pasaron, las flores se secaron y aún hay vestigios restos de velas consumidas en la entrada de la casa.

Finalmente, el cuerpo fue entregado el martes 15 de septiembre a las tres de la tarde. Pero, para la sorpresa de la familia, el pasaje fue acordonado por Carabineros, quienes no permitían el ingreso al lugar y mucho menos al velorio.

Dos carros policiales custodiaban los accesos.

El funeral de Joseph se realizó el jueves 17 de septiembre en el Cementerio El Manantial de Maipú.

– Nosotros como padres solo queremos saber la verdad, sobre qué pasó realmente ese día, cuántos disparos recibió mi hijo, por qué no le disparó en otra parte del cuerpo, y si podría haber recibido ayuda médica. Tenemos tantas dudas, y nadie nos dice nada. Solo queremos que nos ayuden, porque a pesar de todo era un niño-, dice Antonio antes de despedirse.


Nota de la redacción:

La legítima defensa es completa cuando se cumplen las tres circunstancias del artículo 10 del Código Penal, que son agresión ilegítima, racionalidad del medio empleado para repelarla, es decir, que exista proporcionalidad y falta de provocación por el que se defiende. En este caso, y suponiendo que a la persona que le disparo no tenía arma, y la funcionaria disparó contra él y no contra los que tenían armas, entonces podría existir legítima defensa incompleta, porque no se cumpliría la proporcionalidad-, explica Roberto Gutiérrez, abogado especialista en derecho penal.

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  1. Que tristeza como la pobreza cambia la vida y el futuro, era un buen estudiante, un niño; sus padres merecian verlo antes de sepultarlo, abrazarlo y besarlo para despedirse; no sé si la oficial de la PDI hizo lo correcto, pero los ritos de despedida son muy importantes para poder seguir viviendo después de una perdida de un hijo

  2. Lamentablemente son los riesgos que se corren en el mundo del hampa.. Los padres fallaron un menor de edad de solo 14 años ya sabe lo que hacía de echo ya llegaba con plata de robos a la casa.

  3. Que terrible!!! Solo era un niño. No puedes culpar a los padres quienes hicieron todo en sus manos para sacarlo de ese circulo. Tomo malas desiciones y ahora su familia sufre y probablemente también subre la persona que le disparo. Su procedimiento no se ajusta a legitima defensa, pero quiza le ganaron los nervios en la situación.

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