La ciencia como derecho, justicia epistémica y su anclaje regional

Foto: Agencia Uno

La asamblea contó con la participación de más de 300 personas por zoom además de ser transmitida por Facebook live. Dorador remarcó el deber del Estado de reconocer, garantizar y promover el ejercicio del derecho a conocer, a la creación y las ciencias, así como también a la relación entre la producción de conocimiento y el desarrollo integral.


El domingo 22 de agosto Cristina Dorador convocaba a una Asamblea abierta mencionando la necesidad de solicitar una comisión sobre conocimiento, ciencia y tecnología (CCT) en la Convención Constitucional (CC) donde ya se habían creado 8 comisiones y 8 subcomisiones y ninguna trataba este tema tan gravitante para el devenir de cualquier sociedad.

La asamblea contó con la participación de más de 300 personas por zoom además de ser transmitida por Facebook live. Dorador remarcó el deber del Estado de reconocer, garantizar y promover el ejercicio del derecho a conocer, a la creación y las ciencias, así como también a la relación entre la producción de conocimiento y el desarrollo integral.

El lunes 23 de agosto Cristina Dorador solicitaba a la Comisión de Reglamento la creación de la Comisión sobre Sistemas de Conocimiento, Ciencia y Tecnología, la que fue aprobada por Unanimidad. Esta solicitud fue apoyada por los constituyentes Carolina Vilches, Damaris Abarca, Alejandra Flores, Loreto Vidal, Gloria Alvarado y Constanza Schonhaut y con el respaldo de más de 60 organizaciones y más de 1.300 personas vinculadas a estas temáticas.

La Comisión sobre Sistemas de Conocimiento, Ciencia y Tecnología estableció abordar los siguientes temas:

  1. Institucionalidad, gasto fiscal y políticas públicas en la Cultura, Artes, Humanidades, Ciencia y Tecnología.
  2. Rol del Estado en Cultura, Artes, Humanidades, Ciencia y Tecnología.
  3. Presupuesto e inversión en Cultura, Artes, Investigación y Desarrollo.
  4. Derecho a la Ciencia, Conocimiento y Tecnología.
  5. Derecho a participar de los beneficios de la Ciencia y la Tecnología.
  6. Derecho a la libertad de investigación.
  7. Derecho a la protección contra los usos indebidos de la Ciencia y Tecnología.
  8. Derecho al resguardo de la propiedad intelectual, industrial y saberes ancestrales.

El logro de esta comisión es un gran primer paso en materia de generación de nuevo conocimiento en el campo de las ciencias, tecnología, artes, cultura, patrimonio. No obstante, se deben tener algunas consideraciones relevantes con respecto al funcionamiento de este espacio que podría significar un cambio sustantivo del modo en cómo se investiga, para quién se investiga y quién financia estas investigaciones o podría quedarse en una declaración servil al mismo sistema hegemónico en el que estamos inmersos donde las estructuras económicas dominan el modelo de desarrollo.

Al respecto, mencionar algunas consideraciones que esta Comisión tendría que considerar para una visión integral:

Primero, es necesario revisar los 8 temas anteriormente expuestos declarados por esta Comisión como su ámbito de acción, esta revisión es necesaria ya que tal como están abordados en su literalidad no logran salir de las lógicas dominantes puramente de mercado incrustadas en nuestra sociedad.

Se hace tremendamente necesario el desarrollo de dispositivos de análisis pluralistas e inclusivos que sean ecointegradores y a escala humana. Lo anterior ameritará un debate ético-político importante donde los convencionales participantes de esta Comisión tendrán que ser capaces de definir para quién y cómo se crea conocimiento.

Se trata de escapar de la visión antropocéntrica donde el concepto de utilidad atendido hasta ahora supone poner al ser humano en el centro de todo y, por tanto, invisibiliza a los otros seres vivientes de la biosfera. Por otro lado, abrazar un nuevo lenguaje de valoración donde se consideren valores inconmesurables mucho más allá de la crematística de los precios. La antigua pero vigente discusión sobre precio y valor. Un valor que sea más amplio que un valor antropocéntrico definido por la utilidad que prestan los objetos a los seres humanos sino un valor ecointegrador que considere que somos parte de una biosfera contenedora.

Segundo, generar dispositivos de participación inclusivos y deliberativos que permitan recoger las demandas de distintos sectores participantes del proceso de creación de conocimiento, ciencia, tecnología, cultura, artes y patrimonio y de sus beneficiarios. Reconociendo en este proceso la pluralidad de orígenes de saberes y además un elemento de enorme relevancia relacionada al anterior: el conocimiento situado que combata lo que se conoce como ignorancia asimétrica. Es decir, superar la supremacía de conocimientos dominantes sobre otros. Por tanto, se requiere un diálogo de saberes situado que genere justicia epistémica a tantos saberes que han sido invisibilizados a la hora de generar distintos conocimientos que se aplican y que violentan todo tipo de otros saberes como los de comunidades locales, comunidades ancestrales, comunidades de mujeres, etc.

Tercero, el derecho a conocer, a la creación y las ciencias, así como también a la relación entre la producción de conocimiento y el desarrollo integral, sin duda tiene un carácter territorial por esencia. Se trata de ir en contra del centralismo imperante. Ejemplos característicos, en este sentido, lo constituyen las soluciones tecnócratas del centro hacia el resto del país que no consideran la realidad de los territorios particulares con su diversidad sociocultural, económica y ambiental. Este elemento es fundamental para proponer un sistema regional de ciencia, conocimiento, tecnología, arte y cultura capaz de recoger las brechas particulares de cada territorio.

La nueva Constitución debe reconocer la descentralización como un elemento clave de desarrollo. Los convencionales están llamados a articularse con los gobiernos regionales considerando el diseño del sistema de traspaso de competencias actualmente en desarrollo que permita, en el caso de esta Comisión, generar las políticas regionales de investigación e innovación del conocimiento, desarrollo y transferencia de tecnologías, necesarias para el desarrollo regional, en el marco de la planificación nacional. Lo anterior cobra sentido considerando que Chile se caracteriza por tener distintos ecosistemas, modos de vida y condiciones socioeconómicas que requieren ser abordadas en el diseño de estas políticas públicas considerando estas configuraciones particulares.

En síntesis, la Comisión está a la espera de la aprobación del pleno de constituyentes en septiembre y comenzará a funcionar en octubre. La responsabilidad de la conformación y de su modo de operar es imperativa y estará siendo seguida por una gran comunidad de científicos, artistas y comunidades locales y ancestrales que esperan un nuevo contrato social para sostener y proyectar un sistema de producción y circulación de conocimiento para un Chile del futuro.

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