La CEP, la crisis de representatividad encarnada en Jiles y el fantasma del “error” con Beatriz Sánchez

Agencia Uno

Tras la nueva entrega de la encuesta más esperada por la clase política y los medios tradicionales en Chile, no tardaron en aparecer las observaciones y cuestionamientos, siendo recordado el hecho de que en 2017 la consulta le dio un 8% de apoyo a la carta presidencial del Frente Amplio, terminando finalmente la periodista con un 20%.


Este jueves se dieron a conocer los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), realizada entre el pasado 12 y 23 de abril, a un total de 1.655 personas que fueron entrevistadas vía telefónica. La consulta centró sus preguntas en el escenario político, social y económico que enfrenta nuestro país a raíz de la pandemia de Covid-19 y el manejo que de ella ha hecho el gobierno de Sebastián Piñera.

Como ya ha sido ampliamente difundido, es la irrupción de la diputada Pamela Jiles (PH) como la figura política mejor evaluada, con un 54% de respuesta positiva, lo que más ha sido destacado durante esta jornada. Un reconocimiento condicionado objetivamente a su rol fundamental en la concreción de los tres retiros de los fondos de las AFP, los que han contado con un respaldo mayoritario en la sociedad chilena ante la crisis económica que atraviesan las familias.

Esa misma lógica -que parece tener que ver más con un hecho puntual (retiro del 10%) que con algún ideario político declarado y sólido encarnado por los personajes mencionados a los encuestados- podría explicar el hecho de que a Jiles la sigan en popularidad personajes públicos sin un domicilio político partidista concreto, como son Izkia Siches (49%) y Enrique Paris (32%), una presidenta de Colegio Médico y el Ministro de Salud en el marco de una crisis sanitaria. El caso de Joaquín Lavín no estaría tampoco lejos de esa lectura, considerando su reconocida facilidad para situarse en sectores que no necesariamente responden a sus verdaderas convicciones políticas y que lo han llevado a definirse, dependiendo del termómetro político que use, como “bacheletista-aliancista” o “socialdemócrata”.

En ese sentido, cabe destacar que es la misma encuesta la que se encarga de destacar que “la evaluación positiva de personajes públicos no es lo mismo que la adhesión política”.

Lo mismo correría para el resultado de la clasificación que se pide que los encuestados hagan de su propia persona dentro de la lógica izquierda-derecha, donde izquierda es representada por el número 1 y derecha por el 10. Ocurre que allí las personas se situaron mayoritariamente (41%) en los números 5 y 6, es decir, en el centro, llegando además el porcentaje de aquellos que “no se identifican con ninguno, no saben o no contestan” a un total de un 20%, el mismo atribuido a la izquierda (20%) y muy similar a lo asignado a la derecha (18%).

Una respuesta que podría ser asociada a una lectura todavía binominalista de la realidad política por parte de la CEP con la cual la ciudadanía -como quedó demostrado durante el estallido social- ya no se identifica, pues la gente continúa entendiendo a ambos sectores (izquierda y derecha) vinculados necesariamente a los partidos políticos y no a ideas y anhelos políticos que justamente no han sido respondidos en décadas por esa lógica binaria de izquierda-derecha.

Una mirada que planteó una vez conocida la nueva edición de la Encuesta CEP Juan Pablo Luna, PhD en Ciencia Política en la Universidad de Carolina del Norte y profesor del Instituto de Ciencia Política y Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile. A su juicio, la “polarización” izquierda-derecha ya no funciona, porque lo que ha ocurrido en realidad es que se ha producido una “politización de clase” bajo una lógica anti-sistema.

La metodología y el antecedente de Beatriz Sánchez

Sin perjuicio de las lecturas que se hagan de todos estos resultados, lo cierto es que los cuestionamientos a la consulta de la CEP abundaron una vez que esta fue dada a conocer, los que se centraron principalmente en la metodología utilizada, en la estructuración de las preguntas y en el todavía presente “error” en la evaluación del apoyo que en ediciones pasadas se le otorgó a la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez.

En ese sentido, se ha criticado que a diferencia de las entregas anteriores de la CEP, esta última fue realizada a través de llamados telefónicos y no de una consulta presencial.

Por otra parte, se advierte el hecho de que la encuesta se centra en una evaluación de determinados personajes que -como destaca el propio CEP- termina leyendo popularidad y no necesariamente una adhesión política a estos. En esa misma línea, se ha cuestionado el hecho de que no se haya realizado la tradicional pregunta respecto a una intención de voto, como se hizo en versiones anteriores, sobre todo cuando se está ante un inminente e histórico proceso eleccionario.

En esa línea, el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, enumeró algunas de las razones que a su juicio impiden realizar mayores conclusiones respecto a los resultados de la CEP.

Por último, lo ocurrido con el caso de Beatriz Sánchez fue también tema obligado en redes sociales, siendo destacado, entre otros usuarios, por la diputada Camila Rojas (Comunes), quien recordó que mientras en su encuesta de fines de diciembre de 2017 -es decir, en la previa a la primera vuelta de la elección presidencial- la CEP le dio solo un 8% de respaldo a abanderada del Frente Amplio, en circunstancias que la periodista terminó finalmente alcanzando un porcentaje mucho mayor, llegando a un 20% de apoyo.

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