La caída de Google y la frágil dependencia tecnológica

Se trata de mirar de qué nos hemos hecho dependientes, a veces por decisión propia y otras porque las decisiones sobre qué tecnologías usamos las toman otros, y cuánta información nuestra está repartida en diversas nubes. Pero sobretodo, nos debe preocupar porque parece  que no tuviéramos otras opciones a la mano si estas aplicaciones y plataformas no están disponibles. Y este punto, da cuenta de nuevas brechas de  acceso información y de educación en temas digitales y tecnológicos.


La caída global de Google no es menor y nos debe preocupar y ocupar. Más allá de la agradable sensación de que el lunes laboral o productivo en la mañana de Latinoamerica (y justo en el momento del eclipse solar para Chile), iba a estar accidentado por culpa de la plataforma, el punto es que implicó una serie de efectos y consecuencias que dan cuenta de la frágil dependencia creada en estas soluciones tecnológicas de las empresas monopólicas de Internet.

En escuelas, liceos y universidades públicas que tienen ahí su centro de servicios de comunicación (en servicios como classroom), y de acceso a plataformas para hacer las clases vía la plataforma pudo ser un mal dolor de cabeza, no poder acceder cuentas de Gmail- donde seguro hay acumulada una vida de emails y comunicaciones, no poder acceder a la nube donde hay tesis, memorias y documentos de trabajo claves compartidos, no poder transmitir por youtube, etc. Todo esto en tiempos de una pandemia que ha forzado la ultra dependencia del estar conectadas y conectados para cualquier actividad cotidiana.

Ese es el mal chiste de una caída, que por ahora, ha sido justificada apenas por la megaempresa como que “el error se debió a la falta de espacio de almacenamiento en las herramientas de autenticación, lo que provocó que el sistema se bloqueara” , como se informó a la prensa.

Sólo tomando datos para Chile, el sobre-uso y dependencia de Google queda claro viendo cifras que dan cuenta que un 98% lo usa como motor de búsqueda (igual que el navegador asociado Chrome), de acuerdo a un estudio que tuvimos la oportunidad de sistematizar para Observacom sobre Indicadores de Concentración de Internet

Hace un rato que se viene advirtiendo sobre esta “privatización” de Internet en diversos foros y debates que tienen que ver con su gobernanza. Tim Berners Lee, uno de los creadores de la web, invento que facilitó nuestro uso e interacción cotidiana de todo lo que hay en Internet), hace un par de años invitaba a realizar un nuevo trato para salvar una Internet y la web que han perdido el rumbo. El poder de las 4 grandes corporaciones  tecnológicas: Apple, Amazon, Alphabet (dueña de todo el universo Google) y Facebook (que incluye WhatsApp e Instagram), está siendo cuestionado en Estados Unidos con las actuales demandas antimonopolio contra Facebook y Google por sus prácticas acaparadoras y dominantes.

Para muchas y muchos durante todos estos meses en pandemia y confinamiento, ha tomado sentido qué significa conectarse a Internet, más allá de lo que era lo usual (videojuegos, memes, redes sociales). Se trata de mirar de qué nos hemos hecho dependientes, a veces por decisión propia y otras porque las decisiones sobre qué tecnologías usamos las toman otros, y cuánta información nuestra está repartida en diversas nubes. Pero sobretodo, nos debe preocupar porque parece  que no tuviéramos otras opciones a la mano si estas aplicaciones y plataformas no están disponibles. Y este punto, da cuenta de nuevas brechas de  acceso información y de educación en temas digitales y tecnológicos.

¿Y cómo no dependemos entonces?

Cómo avanzar hacia una Internet más robusta y accesible para todas y todos, también se trata sobre decisiones tecnológicas: quién las toma, con quién las acuerda y para qué y pensando en quiénes serán. Ejemplos en el caso chileno –latinoamericano suman y se acumulan en los modelos o alianzas públicos – privado: acuerdos con Microsoft para la transformación digital de todo, o con Amazon para los servicios de nube. En otros países, los acuerdos con Facebook para cerrar la brecha digital, y la promesa del uso “gratis” de sus servicios que ya incluyen los de educación. Claro son más convenientes en costos y a veces van asociados a la promesa de crear nuevos puestos de trabajo especializados en áreas claves del desarrollo digital. Los riesgos de situaciones como las que se vivieron este lunes 14 /12 en todo el mundo se minimizan, porque caídas globales y graves de google, o Facebook ocurren de vez en cuando.

Pero resulta que hay cuestiones claves que se pasa por alto. De partida, el modelo de negocios gratuito de estas plataformas está basado en el extractivismo de datos, de las huellas digitales que dejamos tras cada clic o link que hacemos en ellas. Cada subida de fotos, cada comentario o posteo alimenta el perfilamiento que tienen sobre para qué usamos estas plataformas y qué comunicamos, informamos, opinamos, buscamos con el anhelo de darnos las mejores respuestas.

Por ello, la posibilidad de potenciar lo que se ha llamado la  soberanía tecnológica o  digital, de volver a apostar por decisiones locales que ponen al centro a las personas, a las comunidades y al contexto social y cultural real de una sociedad en relación a sus necesidades tecnológicas, es una oportunidad para pensar en otros lentes de diseño y creación de soluciones, basadas en otras éticas para hacer viables y sostenibles por supuesto su desarrollo y funcionamiento (o el modelo de negocios). Pero también nuestras prácticas más cotidianas, desde la pregunta de ¿por qué la educación pública no puede volver a potenciar el uso de sus soluciones locales. Un ejemplo de esto para Chile: el programa Enlaces, pionero en América Latina en la creación y  uso de tecnologías en el aula , fue reemplazado por un modelo más acorde a las lógicas de la economía y transformación digital.

Solo en materia de soluciones para cerrar las brechas digitales de acceso, una mirada en América Latina nos muestra el avance a través del modelo de las redes comunitarias de Internet en México, o Colombia o Argentina , de nuevas soluciones que están apostando en la co-creación, diseño y gestión de comunidades que han estado esperando por décadas una respuesta desde el mercado para resolver sus problemas de conectividad, y que han asumido el desafío de crear sus soluciones y de perder el miedo a abrir  la caja negra que parecen ser cables, routers  y equipos.

Sólo a modo de recomendaciones, hay una serie de soluciones que se han generado gracias al espíritu original de Internet en comunidades de desarrolladores de tipo software libre/open source y de gestión colectiva:

– A falta de Google, pruebe con Firefox o DuckDuckGo que no tienen sistemas de rastreo asociados a las búsquedas. O si puede, pruebe con TorProject, que anonimiza toda su conexión a la red.

– A falta de Gmail: fastmail o protonmail (en modalidades de uso sin pago).

– Si no puede pagar las licencias de Office, LibreOffice es el paquete completo que se sigue robusteciendo para descargar el procesador de texto, de planillas de cálculo y de presentaciones.

Aún más estratégicos son todos los proyectos que están apostando por una #Internetfeminista en todo el mundo: desde servidoras y plataformas tecnológicas con éticas no extractivistas de datos, con lógicas de consentimiento sororas, hasta el acceso a servicios y contenidos, información y conocimiento necesarios para muchas mujeres y diversidades.

Las decisiones tecnológicas son decisiones políticas. El acceso a Internet hoy como nunca es un catalizador del ejercicio y garantía de derechos sociales (no sólo individuales) como el acceso a la educación, al trabajo, a la salud, al conocimiento, el derecho a la comunicación y nos debe importar a tod@s. #Notamental: pensando también el debate hacia la Nueva Constitución.-

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