Kast, el afiebrado pinochetista

Foto: Agencia Uno

Kast es el pinochetismo UDI. Es esa fusión entre gremialismo y neoliberalismo que fundó las bases del régimen militar. Es ese autoritarismo corporativista que vio en el mercado desregulado todo lo opuesto a la posibilidad del socialismo o cualquier cosa que se le pareciera, aunque doctrinariamente, como Jaime Guzmán, no haya sido originariamente muy cercano a las ideas excesivamente libremercadistas. Es decir, no hay sorpresa en todo lo que dice y en lo que evita decir.


En una declaración en la que condenaba el régimen autoritario de quien fuera el héroe de la revolución sandinista, y hoy un dictadorcillo latinoamericano más, Daniel Ortega, José Antonio Kast comparaba lo que pasa en Nicaragua con lo que pasó en Chile durante la dictadura de Pinochet. Al referirse a esta, dijo que acá al menos no se había apresado a los opositores al régimen y, como suele decir mucho pinochetista encubierto, entregó el poder luego de un plebiscito.

Todo esto, como sabemos, es falso. Pinochet no solo metió presos a periodistas opositores, sino que también, por otra vía, una más terrorífica, tenía policías secretas que perseguían y hacían desaparecer a quienes eran considerados enemigos del gobierno. Eso no es un mito ni nada parecido, ni menos una propaganda. Son hechos, como le gusta decir tanto al periodismo por estos días.

Pero sorprenderse por lo que dice el candidato del Partido Republicano es bastante cínico. Su candidatura nació como una reivindicación del pinochetismo y todo lo que trae consigo. Gusta a sus votantes porque supuestamente traería orden y autoridad, cuestión que el poder en este país le agradeció al militar por haberlo dejado haber hecho negocios tranquilo. Por eso es que no debería llamar la atención que algunos medios, los que dicen enarbolar la lucha de la democracia y la libertad de expresión, no se detengan ni un solo minuto en su programa, ya que lo ven como la oportunidad para que no cambie nada de lo que explotó en octubre del 2019.

Kast, a diferencia de lo que pasa con los sectores de izquierda, donde uno que otro afiebrado defiende nostálgicamente lo que alguna vez fueron revoluciones y hoy no son más que burdas autocracias, es él el principal afiebrado que defiende lo hecho por la dictadura. Según dice, condena las atrocidades cometidas durante los 17 años de terror, pero lo cierto es que lo hace someramente, siempre instalando un manto de duda en las condenas a violadores de los derechos humanos y a los fallos judiciales. Curiosamente, le parecen más cuestionables las resoluciones de la justicia en democracia que en dictadura, donde el Poder Judicial estuvo intervenido por el Ejecutivo.

Kast es el pinochetismo UDI. Es esa fusión entre gremialismo y neoliberalismo que fundó las bases del régimen militar.  Es ese autoritarismo corporativista que vio en el mercado desregulado todo lo opuesto a la posibilidad del socialismo o cualquier cosa que se le pareciera, aunque doctrinariamente, como Jaime Guzmán, no haya sido originariamente muy cercano a las ideas excesivamente libremercadistas. Es decir, no hay sorpresa en todo lo que dice y en lo que evita decir. Es el derechista construido por esa fusión ya mencionada. Y, por lo mismo, es un trago no tan amargo que la economía nacional puede consumir con tal de mantener todo tal como está. O al menos dejar los principales pilares en pie.

Si quien alguna vez pensó votar por este personaje, hoy se dice sorprendido por lo que señaló, lo cierto es que se está mintiendo a sí mismo. Nada, en ningún momento, dio indicios de que el hermano de Miguel Kast fuera otra cosa de lo que es. Su principal activo, entre quienes se dicen patriotas y defensores de la nación, es que su incorrección polìtica consiste en decir cosas que durante la transición no se dijeron, pero se hicieron y se consolidaron, como por ejemplo creer que defender la brutalidad era solo una forma de pensar que debía dejar de ser escuchada, pero nunca desactivada. La época concertacionista jamás pudo desarticular política ni intelectualmente al pinochetismo. Intentó silenciarlo haciendo como si no existiera, mientras el dictador seguía siendo la figura principal del debate nacional, saliendo de la Comandancia en Jefe cuando quiso y luego dándose el lujo de ser senador vitalicio.  Es decir, el precio de terminar con los asesinatos no solo era hacer propio el sistema económico implementado durante los años en que se cometieron estos, sino también comer en la misma mesa con el horror durante los primeros años de democracia.

Kast no es exitoso solo por los errores de una izquierda a veces ensimismada. Lo es también porque hay una tradición cultural autoritaria muy fuerte. No solo es Pinochet, también son Diego Portales y el mencionado Jaime Guzmán, quienes se alojan involuntariamente en las cabezas de quienes nunca siquiera han escuchado sus nombres, ni saben qué rol han jugado en la historia patria. Por esto es que el trabajo hoy es más difícil de lo que se cree. Hay un problema histórico que ningún político ha querido intentar resolver. Y este no se resuelve con cancelaciones ni nada parecido. Cancelar es negar el conflicto y hacerlo crecer en las sombras. Y por eso Kast, un afiebrado pinochetista, es hoy un candidato que podría tener posibilidades de ganar. O al menos eso dicen.

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