Justicia para “el conejo”: A siete meses de su muerte habla la familia de Cristian Valdebenito

El siete de marzo, Cristián Valdebenito murió por el impacto de una bomba lacrimógena en su cabeza a metros de Plaza Dignidad. Su familia habla sobre el poco avance de la investigación y el sentimiento de impunidad que tienen muchos familiares de víctimas de la represión durante el estallido social. “Mi papá murió por el disparo de la lacrimógena, a mi papá lo asesinaron, los Carabineros lo mataron y tienen que pagar”, dice su hijo.


Es sábado 17 de octubre, y el sol pega fuerte en las calles de  la población Bajos de Mena. Marcos limpia la gruta construida en honor a su hermano mayor, Cristián Valdebenito (48). Es un ritual al que parece acostumbrado. Observa una y otra vez las fotografías que recuerdan al “Conejo”, como lo llamaban de cariño. Ya han pasado siete meses desde la muerte de Cristián, siete meses en que el impacto de una bomba lacrimógena en su cabeza terminó con la vida de un padre, esposo, hijo y sobrino. Un obrero de la construcción que conoció desde pequeño la desigualdad.

Cada vez que puede, la familia se reúne afuera de la gruta, es el punto de encuentro de parientes y amigos, la emoción sigue a flor de piel. Sin embargo, el lugar también es visitado por vecinos del barrio quienes saludan la imagen de Cristián, o le solicitan alguna “ayudita divina”, de hecho, en medio de un ramo de flores, hay una tarjeta que dice  “Gracias por su ayuda”.

-Acá siempre pasan vecinos y le piden que les vaya bien en sus cosas. El Anthony, el niño arrojado al Mapocho, quien también es de por aquí, pasó un par de veces por la grutita, ya que tanto él como Cristián tienen la misma lucha, y lo ven como un referente de la población. Mi hermano era Primera Línea, él realmente luchaba contra la fuerza policial para que el pueblo se manifestara. Desde niño fue así-, relata Marcos, mientras acomoda su mascarilla.

Cristián del Tránsito Valdebenito Valdebenito nació el 4 de junio de 1971. Vivió su infancia en el campamento Villa O’higgins, de la comuna de La Florida, y como era el mayor creció de golpe cuidando a sus cinco hermanos. Desde niño tuvo que trabajar para apoyar a su madre, mientras lidiaban con la falta de comida y la pobreza. Un día llegó a la casa con una caja llena de pan que robó de un camión, sin que el chofer se diera cuenta. Pese a los retos que recibió, con el botín pudo alimentar a sus hermanos.

Era un niño, y en ese mismo tiempo, invitaba a su primo Alejandro a acarrear carretones en la feria, así con esos “fletes” llegaba con un poco de dinero a la casa.

-Mi hijo siempre fue mi apoyo, era muy trabajador y siempre vivía preocupado de los demás, y ahora ya no está-, dice Ángela Valdebenito, madre de Cristián, sentada en un sillón cerca de la gruta.

En los años 90, junto a su familia llegó a vivir a los departamentos sociales en  Bajos de Mena. El Conejo ya era un joven y vio en el oficio de la construcción una oportunidad de salir de la pobreza. Le fue bien, se enamoró y vivía en una casa en la Villa Santa Teresa de Calcuta cerca de su mamá. Formó una familia con Evelyn Hernández y tuvo cuatro hijos.

El 18 de octubre, al ver cómo la gente salía a las calles a manifestarse, Cristian revivió esas imágenes que le quedaron grabadas desde niño, cuando los militares llegaban a reprimir los campamentos. Le dijo a su familia que tenía que unirse a la lucha. Invitó a su primo Alejandro para ir a Plaza Dignidad, y esa fue la rutina de las tardes hasta el seis de marzo del 2020.

-Mi papá era Primera Línea, se ponía su máscara antigases, su casco, y una bolsa de basura, y estaba de los primeros para que las demás personas se manifestaran. Por cómo iba, era súper reconocible. Una vez le llegó un perdigón en la frente y otra vez le llegó una bomba lacrimógena en el pecho, menos mal que esa vez andaba con mochila-, relata Cristián Valdebenito (28), quien lleva el mismo nombre de su padre.

Cristián, trata de buscar consuelo en los últimos audios que envió su padre por WhatsApp, días antes de morir en la Primera Línea. Los escucha una y otra vez, ya se los sabe de memoria. Es una forma de mantenerlo cerca.

Primo voy con una medalla. Estaba ahí adelante en la tole tole y andaba con la mochila en el pecho y como Dios es grande y todavía me quiere, me pegó en la mochila la bomba lacrimógena. Pegó en la mochila compadre, me pegó en el pecho. Y como dice la consigna, hasta vencer o morir no más”, se oye en el mensaje de WhatsApp.

Aquel viernes seis de marzo, Cristián y Alejandro quedaron de juntarse a las siete de la tarde en Plaza Dignidad para ir a protestar como todos los viernes, pero Cristián llegó antes. Se puso su indumentaria y se dirigió rápidamente a la Primera Línea para enfrentarse con el guanaco.

A las 20 horas, Alejandro no sabía nada de Cristián. Le envió varios mensajes por WhatsApp, nos recibió respuesta. “¿Primo donde estái?”, fue el mensaje que más se repitió.

Cuando Alejandro llegó a la “zona cero”, se acercó a la calle Ramón Corvalán y vio como un grupo de brigadistas intentaba reanimar a un hombre que estaba tirado en el suelo. Sintió una punzada en el estómago. Horas después, supo que aquel manifestante era su primo, quien ya se encontraba con muerte cerebral en la ex Posta Central.

A las 13:06 horas del sábado siete de marzo, Cristián Valdebenito fue desconectado, no había nada más qué hacer. Según su certificado de defunción murió por una “laceración de arteria comunicante anterior derecha y traumatismo cérvico cráneo encefálico por impacto con objeto”

-Mi papá murió por el impacto de la lacrimógena, a mi papá lo asesinaron. Los Carabineros lo mataron y tienen que pagar. Exigimos que haya avances lo más pronto posible, la muerte de mi papá no puede quedar impune-, confiesa Cristián, apoyado en la entrada de la gruta, mientras de cerca lo mira a su tío Marcos.

La esposa de Cristián, Evelyn, recibe ayuda económica de sus familiares para sobrevivir, ya que su marido era el sustento del hogar y por la pandemia, su situación empeoró.

La familia dice que Carabineros sabe quién le disparó a Cristian y no han querido entregar nombres. Con la pandemia el caso quedó estancado. La fiscal del caso es Ximena Chong y eso les da algo de esperanza.

-Con otras familias de asesinados durante el estallido hemos pensado crear una agrupación y luchar juntos. La muerte de Cristián no puede quedar en el olvido-, explica Marcos.

Antes de despedirse, la familia se organiza para conmemorar el primer aniversario del Estallido Social. Cristián Valdebenito dice que asistirá a la marcha con la máscara y el casco de su padre, como una forma de honrar su memoria.

-Iré a Plaza Dignidad mañana, necesitamos justicia para mi papá ahora-, dice Cristián, mientras sostiene en sus manos la foto de su padre.

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