Juan Sutil es un mal dirigente empresarial

Aunque le cueste a Juan Sutil entenderlo, el 18-O y el anhelo por una nueva Constitución se explican principalmente por el desprestigio del parlamento, el poder judicial, la Contraloría, el Tribunal Constitucional, los partidos políticos y los propios gobiernos de las instituciones, cuyo principal responsable ha sido el gran empresariado.

Juan Sutil, el presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), en un encuentro con sus colegas de Colombia y Perú, se quejó por un supuesto maltrato que sufrirían los empresarios en Chile. Sorprendente observación, que las cifras de distribución de la riqueza desmienten rotundamente.

Sutil reclamó por “la constante condena social” que sufriría el empresariado por la colusión y financiamiento ilegal de la política, de “algunas empresas, que han sido la minoría”. Aprovechó la ocasión para apuntar a lo que más le interesa: intervenir en la política contingente, acusando a la izquierda de estar “degradando la institucionalidad” y, terminó, despotricando contra el Estado porque “traga recursos a través de los impuestos”.

La colusión de precios de los pollos, el papel higiénico, los pañales, las medicinas son sólo algunos ejemplos, pero corresponden a una política generalizada para robar a los consumidores modestos, eludiendo las leyes del mercado, que la demagogia empresarial, y sus economistas, dicen respetar.

Sutil no reconoce que la colusión es una práctica sistemática del gran empresariado para multiplicar sus ganancias, y a costa de los más sectores más débiles de la sociedad. Y precisamente aquí radica uno de los atentados a la institucionalidad chilena

El otro atentado a la institucionalidad es el financiamiento ilegal de la política por parte del empresariado. Éste ha comprado a parlamentarios y funcionarios de gobierno, de distinto signo político, de izquierda y derecha, para multiplicar sus ganancias en el sector pesquero y forestal, en la minería, ISAPRES y AFP. La primera piedra la lanzaron los empresarios; pero, por cierto, los políticos venales comparten responsabilidades.

Sin embargo, tanto en los graves hechos de colusión de precios como en el financiamiento ilegal de la política ningún responsable de los delitos, empresarios o políticos, están en la cárcel. La sanción más dura han sido las “clases de ética” y, por tanto, la institucionalidad se ha degradado aún más por la impunidad.

Aunque le cueste a Sutil entenderlo, el 18-O y el anhelo por una nueva Constitución se explican principalmente por el desprestigio del parlamento, el poder judicial, la Contraloría, el Tribunal Constitucional, los partidos políticos y los propios gobiernos de las instituciones, cuyo principal responsable ha sido el gran empresariado.

La ambición acumuladora del empresariado ha empujado a la colusión y a la corrupción de políticos. Sabemos que la lógica inexorable del capital es ampliar sus ganancias, acumular sin cesar; pero, en el caso del capitalismo rentista chileno, esa acumulación adquiere caracteres delincuenciales.   

Una vez más, el llanterío de Sutil ante sus pares de Perú y Colombia pone de manifiesto su insensibilidad y negación rente a la dolorosa realidad que vive nuestro país. En efecto, hace algunas semanas, Juan Sutil, había cuestionado, de forma rotunda, la propuesta de aplicar un impuesto único del 2.5% a los super ricos del país. También rechazó, con intransigencia, el retiro del 10% de los afiliados a las AFP. La insurgencia de O-18 y los dolores de la pandemia no lo conmueven ni le agilizan el intelecto. 

Para Sutil las desigualdades, los abusos y la corruptela no corresponden al sistema económico que vivimos, ni menos a los empresarios que representa. Ello explica su discrepancia con los dichos del ex timonel de la CPC, Alfonso Swett, quien, en medio del estallido social, había señalado que los empresarios tenían que “meterse la mano al bolsillo” para aportar a la solución de los problemas del país.

Lo que piensa y dice el nuevo presidente de la CPC no le permitirán enfrentar los ineludibles desafíos que enfrentará el país al término del coronavirus. Cambios productivos, sociales y medioambientales son ineludibles, lo que obligará a una nueva Constitución. Pero, Sutil ya se ha pronunciado públicamente contra la modificación de la actual Constitución. Es una mal dirigente para los tiempos que vivimos

Sutil tampoco está preparado para construir un país más democrático, porque no le gusta la libertad de prensa. En efecto, como le molestaba la línea informativa general de CNN y, en particular, la presencia de los periodistas Mónica Rincón y Daniel Matamala, decidió terminar con su apoyo a un interesante programa de ese canal sobre asuntos agrícolas.

Los recientes comentarios de Sutil ante sus pares peruanos y colombianos revelan insensibilidad y escasa comprensión de la realidad que vivimos. Sutil le hace un flaco favor a sus representados. Su comportamiento simboliza lo que la ciudadanía rechaza con sus protestas: la utilización del dinero para dominar a los más débiles, corromper políticos y obligar a un pensamiento uniforme.  

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