Javier Milei: el economista farandulero que hizo renacer la extrema derecha en Argentina

Amigo de Franco Parisi, llegó a la fama como panelista de programas televisivos donde se destacó por sus rabietas, sobre todo contra mujeres. Fomenta el odio a la izquierda y al feminismo, defiende la extinción del Estado y colecciona polémicas por plagio y por trabajar como asesor de un represor de la última dictadura argentina.


La derecha ganó las primarias legislativas realizadas el último domingo (12/9) en Argentina, pero no solamente los sectores tradicionales, sino que uno nuevo, que trata de impulsar en el país un fenómeno que en muchos aspectos se ve parecido al que llevó el exmilitar Jair Bolsonaro a la presidencia en Brasil.

Su nombre es Javier Milei, un economista que quiere llegar al parlamento y fue el tercero más votado en la ciudad e Buenos Aires, con un 13% de los votos, algo poco común para alguien en su primera disputa electoral. Aunque su hazaña esta concentrada en la capital, y su influencia en las provincias y en el interior del país es bastante menor, hay puntos sobre su historia y la de su movimiento que deben ser considerados no solo para entender cómo alcanzó este nivel de apoyo, pero sobre todo hasta donde su proyecto puede llegar.

Milei se volvió una figura pública en Argentina en mediados del año 2016, cuando empezó a lucirse como panelista de economía en diferentes programas televisivos, no solo programas periodísticos, sino que especialmente en programas de farándula.

Sus performances lo hicieron rápidamente una celebridad en redes sociales, por diferentes razones. En términos económicos llamó la atención su discurso que defiende conceptos tan extremistas como la extinción del Estado. “El Estado no es la solución, es la base de todos los problemas que tenemos”, dijo en una entrevista al diario trasandino La Nación, en febrero de 2021.

Tanto es así que en algún momento se definió a si mismo como un “anarcocapitalista”, para luego adoptar un concepto muy particular de “libertario”, entendido por él como un defensor a rajatabla de los principios de libertad establecidos por algunos filósofos austriacos de su preferencia, como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek – la nueva palabra también sirve para marcar que su posición va mucho más allá de lo que sería un neoliberal o un liberal más tradicional.

De hecho, Milei no solo sigue a pensadores ultra liberales de la llamada “escuela austriaca”, sino que los copia: un blog acusó el economista de “plagiar escritos de los principales autores austriacos, a los que copió palabra por palabra”. La denuncia tiene que ver con las columnas publicadas a nombre del economista en el diario El Cronista, y no fue desmentida por el mismo – todo lo contrario, el acusado confirmó que así lo hizo, pero alegó que no se trató de un plagio: “dado que todo está en la lógica de los parámetros de la divulgación, en el plano de la divulgación, la acusación no tiene sentido”.

Antifeminismo y ataques misóginos

Pero el gusto por la polémica fácil y sus repercusiones en redes sociales lo llevó a alimentar un perfil muy distante de un concepto más consistente de libertad. Por ejemplo, Milei es un feroz enemigo de la libertad de las mujeres, no solo por promover el odio al feminismo como movimiento sino por ser violentamente contrario a iniciativas en favor de despenalizar el aborto o incluirlo en los protocolos de los servicios de salud pública, pese a que ser una bandera defendida por los que se consideran liberales o libertarios en casi todos los países del mundo, entendida como la defensa de la libertad de las mujeres a su propio cuerpo. La excusa de Milei es la misma de los extremistas religiosos: alega que defiende “la libertad del niño que está por nacer”.

Pero no solo el contenido, la forma como defiende sus ideas es lo que hace del libertario un fenómeno en redes sociales. Sus rabietas al aire son parte de su show particular y no son pocos los casos en que ha faltado al respeto con otros panelistas de los programas en que participa.

Quizás no sorprenda que la mayoría de los ataques de ira de Javier Milei sean con mujeres, a las que suele tratar a los gritos, descalificaciones y burlas misóginas. Un ejemplo es lo que pasó en una conferencia que realizó en Salta, en la que le dice a una periodista local que “sos una burra (…) no sabés un carajo y opinás de lo que no sabés” – eso luego de tergiversar una pregunta en la que cuestiona algunos de sus conceptos económicos, lo que es otra de sus características, la agresividad que nace especialmente para defenderse de comentarios o preguntas críticas.

Además de ser un crítico acérrimo de los movimientos feministas argentinos, Milei también se opone a la ley de cuotas para las mujeres en la política, vigente en su país desde 2017, y que él considera “aberrante”.

Para completar el combo, también defiende la idea de que la diferencia salarial entre hombres y mujeres es una mentira: “entre el hombre y la mujer hay igualdad laboral y remunerativa, lo que pasa es que los datos están mal tomados (…) cuando empezás a descomponer los datos y los llevás bien al límite, esas discriminaciones no existen. Un empresario quiere ganar plata. Si pudiera contratar mujeres y a un salario más bajo va a contratar a las mujeres y vas a ver las oficinas llenas de mujeres”, señaló en otra entrevista al La Nación de Argentina, hace solo una semana.

Bolsonaro, Parisi y la dictadura argentina

El odio a la izquierda también está en el menú retórico de Milei, y fue la base de su plataforma como precandidato a diputado en estas primarias, la primera de su partido La Libertad Avanza, creado recién en julio de 2021. Aunque su concepto de izquierda es demasiado amplio: según él, el empresario y expresidente Mauricio Macri es un “zurdo”, por no ser tan liberal como debió ser – o cómo él quería que fuera.

Esa idea de situar a todos los que piensan distinto a él como “zurdos” o de izquierda, incluso a los de derecha que no están de acuerdo con sus ideas, es otro elemento que lo aproxima de Jair Bolsonaro y de la extrema derecha en general – aunque la mejor forma de aproximar a Milei del bolsonarismo es destacar su amistad con algunos de los hijos del mandatario brasileño, sobre todo el diputado Eduardo Bolsonaro, con quien suele intercambiar elogios por Twitter y que participó del cierre de su campaña a través de una videoconferencia, en la que calificó como “interesantes” algunas de las políticas de su padre.

La alabanza al gobierno militarista de Brasil abre espacio para otra curiosidad sobre Javier Milei: su concepto de libertad no le impide adorar a regímenes violadores de derechos humanos, incluso el último que vivió su país.

De hecho, Milei trabajó durante dos años como asesor del exgeneral Antonio Domingo Bussi, cuando este era diputado, en los Años 90 – lo que además genera una contradicción con su defesa del fin del Estado, ya que revela que fue funcionario público, y de hecho trabajó no solo con este violador de derechos humanos, sino que con otros parlamentarios de derecha.

Antes de ser jefe de Milei, en sus años como militar, Bussi fue una figura muy activa en la última dictadura argentina, y llegó a ser nombrado gobernador de facto de la Provincia de Tucumán, por lo que estuvo involucrado con diversas acciones de secuestro y desaparición forzada de opositores, casos por los que recibió una condena a prisión perpetua en el año de 2008. Falleció tres años después, antes de ver la sentencia de otras causas que enfrentaba en la Justicia, algunas por violaciones a los derechos humanos, pero la mayoría por corrupción.

Uno podría imaginar, por esa proximidad de Milei con un genocida argentino y con una familia de extremistas brasileños, que su acercamiento con Chile sería a través de José Antonio Kast. Pero no. Al parecer, sus redes de este lado de la cordillera lo vinculan sobre todo con Franco Parisi. No es que sean los mejores amigos, pero los une el historial de economistas faranduleros y una serie de videos que hicieron juntos en redes sociales, donde han demostrado algunas coincidencias ideológicas.

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