Israel admite que reapertura de escuelas fue “un gran fracaso”

La decisión de reabrir las escuelas en Israel fue tomada en mayo tras caída del promedio diario de nuevos casos de coronavirus y la urgencia en recuperar la economía, pero terminó adelantando la segunda ola de contagios, mucho más intensa que la primera.

Algunos países de Sudamérica debaten actualmente sobre si reabrir o no las escuelas para clases regulares, con los estudiantes presentes y no más haciendo tareas desde su casa. Entre ellos están Chile, Argentina e incluso Brasil – sí el país más afectado por la pandemia en la región, y que está lejos de aplanar su curva. Ante ese afán de algunos políticos en “retomar la normalidad” a fuerza, es interesante observar algunos ejemplos mundiales, y el caso más elocuente a este respecto es de Israel.

Un reportaje reciente del diario estadunidense The New York Times informa lo que sucedió en ese país cuando reabrió sus escuelas a mediados de mayo, impulsado por una caída en el promedio diario de nuevas infecciones por coronavirus – situación no muy distinta a lo que pasa en Chile actualmente, que bajó sus índices en comparación a los meses de mayo y junio, aunque todavía está lejos de una situación que podría considerarse segura para una reapertura.

En el caso de Israel, el regreso a clases fue considerado “un gran fracaso” por las propias autoridades del país, lo que está reforzado por algunos números señalados por el diario neoyorquino: varias escuelas registraron brotes de COVID -19 entre estudiantes, familiares de estudiantes, maestros y sirvientes, pocas semanas después de la reapertura, lo que ayudó a adelantar segunda ola del virus en pleno verano del hemisferio norte, cuando se suponía que el calor podría contener la propagación del virus. .

Dos meses después de la implementación de la medida, el país ya cuenta con 240 establecimientos cerrados y 22 mil personas en cuarentena, incluidos maestros, estudiantes y funcionarios escolares.

Esta situación llevó a un curioso contraste, ya que antes de tomar esta decisión, Israel era considerado uno de los países que estaba haciendo frente a la pandemia: sin ser un ejemplo exitoso como Nueva Zelanda, Vietnam o Cuba, pero lejos de ser un desastre, como los Estados Unidos, Brasil o Italia, entre otros.

Prueba de ello es el testimonio de Danniel Leibovitch, director del colegio Gymnasia Ha´ivrit, en Jerusalén, uno de los que enfrentaron un brote de coronavirus después de la reapertura. Según el docente, “hubo una euforia general en la sociedad, la sensación de que habíamos superado el virus de forma definitiva, algo que descubrimos más adelante que no era cierto”.

Cuando anunció la reapertura de las escuelas, el Ministerio de Educación de Israel emitió instrucciones sobre medidas de seguridad, incluyendo el uso obligatorio de una máscara por los estudiantes de cuarto grado en adelante, mantención de las ventanas siempre abiertas, lavado de manos con más frecuencia y distancia mínima entre los estudiantes.

Sin embargo, en muchas escuelas esta distancia era imposible de aplicar, y las autoridades locales prefirieron hacer la vista gorda ante esta situación. Además, durante una ola de calor reciente en el país, algunas escuelas también decidieron ignorar el uso obligatorio de máscaras, y permitir que se cerrasen las ventanas para usar el aire acondicionado.

Después de conocer los casos de brotes en diferentes escuelas del país, especialmente en las ciudades de Haifa, Tel-Aviv y Jerusalén, el Ministerio de Educación decidió que cualquier escuela que tenga un único caso de COVID-19 debe regresar al sistema anterior, con clases remotas y los estudiantes en sus casas.

La reapertura también fue el principal factor que desencadenó la segunda ola de la pandemia en el país, que fue aún más fuerte que la primera: el promedio diario de nuevos infectadas en mayo fue de 130, en junio fue de 800 y en julio se disparó: alrededor de 2 mil.

El profesor Eli Waxman, del Instituto de Ciencias de Tel-Aviv y jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Israel, fue la autoridad encargada de admitir que la decisión de reabrir las escuelas “fue un gran fracaso”.

“Definitivamente fue un error, que cometimos debido a la baja cantidad de infecciones en aquel momento, lo que nos llevó a la ilusión de que la enfermedad estaba bajo control. Recomendamos que otros países no hagan lo que hicimos”, analizó el académico israelí.

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