Inmigrantes y Covid-19: La muerte de Wislande Jean y el abandono del campamento Villa Dignidad

Inmigrantes y Covid-19: La muerte de Wislande Jean y  el abandono del campamento Villa Dignidad

El viernes 3 de julio, se dio a conocer la muerte de una mujer haitiana en un campamento en Batuco donde hoy viven 750 familias sin agua, baños ni alcantarillado. Wislande tuvo síntomas de Covid-19, pero se descartó sin hacerle examen PCR. Después de soportar varias semanas enferma, murió en una silla esperando la ambulancia y su cuerpo estuvo 11 horas en el mismo lugar sin que nadie lo retirara. Su marido dice que llegaron a Chile engañados, con la promesa de un futuro mejor que nunca se cumplió. Aquí, la historia de Wislande y de un campamento que lucha contra el frío, el barro y la desidia de las autoridades.

Es el lunes 6 de julio, y en el campamento Villa Dignidad de Batuco una pequeña casa construida con madera prensada y latones, está rodeada por una cinta amarilla delimitadora. Desde hace tres días esa especie de mediagua está vacía, debido a la muerte de una mujer en su interior. Su nombre era Wislande Jean, inmigrante haitiana. Tenía 30 años.

La repentina partida aún tiene consternados a los vecinos, quienes la recuerdan por su carácter afable y humilde. Llegó a Chile en el año 2017 -como la mayoría de sus compatriotas- en busca de nuevas oportunidades y así dejar atrás los recuerdos de extrema pobreza vividos en Haití y un hijo de 13 años. Su idea era trabajar, juntar dinero y traerlo al país.

-Pese a todo, ella siempre estaba alegre y feliz. Era muy buena persona y mamá. No discutía con nadie, no le gustaban las peleas. Muy entregada a nuestra familia-, explica Michael Duclas, marido de Wislande, quien es traducido por una vecina haitiana. A simple vista se nota su desesperación por no ser comprendido. Ni él ni su esposa hablaban español, así que el idioma siempre fue un impedimento.

Ambos vinieron a Chile. porque quienes se encargaron de su viaje, les aseguraron que tendrían un trabajo estable, el que finalmente nunca existió. Eso al menos es lo que los vecinos saben sobre su origen.

Marcela Concha, abogada y voluntaria del campamento, confirma que muchos de los inmigrantes de la toma también llegaron engañados, algunos bajo estafas.

La cesantía de Michael y el avanzado embarazo de Wislande, gatillaron que la joven pareja buscará un lugar, algo económico, puesto que no contaban con el dinero para pagar un arriendo. Y es así como llegaron al campamento Villa Dignidad de Batuco en enero de este año. Con la ayuda de otros vecinos haitianos, lograron construir una pequeña casa, para poder recibir a la hija que estaba por nacer. Era la promesa de una nueva etapa en sus vidas.

Las escasas posibilidades de trabajo informal se acabaron con la llegada de la pandemia. Después vinieron las lluvias, la humedad y el barro que arrasó con las pequeñas casas de construcción precaria. El frío que existe en el campamento- o un probable contagio de Covid 19- provocaron que su salud empeorara.

La primera semana de junio Wislande presentó dolor muscular y fiebre. El miedo de estar contagiada de Coronavirus se acrecentó con el paso de los días, sobre todo porque era madre de una recién nacida de cinco meses.

El miércoles 10 asistió al Cesfam de Batuco, la fiebre ya marcaba de 38,5 grados. A pesar de sus antecedentes de asma- es decir que era paciente de riego- no le realizaron el test PCR, ya que, según los médicos, no presentaba síntomas adicionales a la fiebre y el dolor muscular.

Ese mismo día fue derivada a su hogar, solo con Paracetamol y Salbutamol. Al paso de las semanas su estado de salud empeoró. La madrugada del viernes 3 de julio ya estaba grave.

-Los vecinos empezaron a llamar a la ambulancia a las ocho de la mañana, y me vinieron a pedir ayuda a las nueve y media. La ambulancia llegó a las 11 solo para ser testigos del deceso, porque ya no había más que hacer-, relata Nicole Moya, vecina del campamento.

Wislande Jean murió sentada esperando en la silla de su hogar. A las 12 y media llegó Carabineros para constatar la muerte. La vivienda estaba rodeada de gente esperando saber la razón del fallecimiento. Según carabineros, la mujer había muerto de Covid-19, así que se corrió el rumor de que Wislande había fallecido por estar contagiada. Pero no había ningún examen que lo confirmara.

Ese día Michael estaba en shock, aún lo está. Siente impotencia por ver a su esposa morir y no poder hacer nada al respecto.

A las cuatro de la tarde el cuerpo de Wislande aún estaba en la misma posición. Las personas comenzaron a retirarse y Nicole solicitó que acordonaran la vivienda, porque no quería que la gente entrara a la casa a ver el cuerpo.

-Nadie nos dijo lo que había que hacer. No hicieron examen, nada. Recién a las 10 de la noche vinieron a retirar el cuerpo. El caballero del Servicio Médico Legal, me dijo que si a él lo hubiesen llamado en la tarde, lo hubiera retirado mucho más temprano, pero aseguró que nadie lo había llamado-, comenta Nicole.

Recién el lunes 6 de julio Michael supo la causa de muerte de su esposa: “Tromboembolismo pulmonar”. Se descartó el contagio por Covid-19 sin hacer un examen PCR. Además en el acta de defunción se informa que falleció en un recinto asistencial y no en su casa.

***

Era noviembre de 2019 y Marisel Cabrera estaba muy agobiada porque ya no podía seguir pagando el arriendo de su casa. Un día, mientras pensaba en soluciones, su hija la llamó y le contó que había una toma de terrenos en Batuco y que ya había reservado un puesto para la futura casa de la familia. Marisel no podía creerlo, no dudó ni un segundo. Desde aquel instante comenzó a armar su propia vivienda y se cambiaron en marzo de este año.

-El miedo que nos saque Carabineros siempre está. Había gente que no quería construir su casa por miedo a que nos desalojaran-, dice Marisel.

El campamento Villa Dignidad está ubicado en la comuna de Lampa, al lado de la línea férrea de Batuco, y allí viven 750 familias. Durante el verano lucharon contra la escasez hídrica, tenían que caminar kilómetros para conseguir agua en negocios y casas aledañas. Tampoco hay luz, alcantarillado ni baños.

El invierno ha golpeado fuerte a sus habitantes, con mucho barro, frío y humedad. Para proteger los hogares cubren sus techos con nylon y cuando las temperaturas bajan- como fue el caso de esta últimas semanas- ponen frazadas al interior de las viviendas, para que no se cuele el frío. Pero nada es suficiente. Además, debido a la gran cantidad de lluvia, los pozos que funcionan como baños se inundaron.

-He visto a niños a pie pelado, enterrados en el barro, todos sucios porque no hay agua. Hice un escándalo y les trajeron tarros con agua, pero están a kilómetros-, explica Marcela Concha, quien es voluntaria del campamento.

Las precarias condiciones en las que se encuentran hoy los vecinos no son la única problemática, durante el mes de junio se enteraron que no iban a recibir las cajas del gobierno ya que se encontraban en una toma de terreno privado. En ese momento organizaron manifestaciones para solicitar las canastas de mercaderías, sorpresivamente llegaron un par de días después.

Marisel y Nicole confiesan que desde la Municipalidad de Lampa no han recibido ningún tipo de ayuda, y mucho menos de su alcaldesa, Graciela Ortúzar, misma edil que aumentó su sueldo en 42% durante la pandemia – de $5.665.163 bruto en el mes de abril a $8.059.328 en mayo de este año.

La mañana del domingo 5 de julio el Intendente de la Región Metropolitana, Felipe Guevara, junto a la Seremi de Salud, Paula Labra, y la alcaldesa de Lampa, realizaron un operativo de tomas de muestras de test PCR en el campamento a raíz del fallecimiento de Wislande. La actividad se repitió el lunes 6 de julio, ante la presencia de la subsecretaria de Salud, Paula Daza.

-Aquí hay una cosa sumamente importante que es educar a las personas. La importancia de usar mascarilla, de lavarse las manos, del distanciamiento físico-, señaló la subsecretaria en el mensaje que entregó a los pobladores durante su visita.

Los vecinos aún están muy afectados con la muerte de Wislande. El funeral será el jueves 9 de julio, a las 11:30 de la mañana, en el Cementerio General de Recoleta.

-Si no nos hubiesen traído con engaños ella estaría viva, esto nunca hubiese pasado. Ella murió por falta de atención-, confiesa Michael, antes de despedirse a través de su traductora, quien no es más que una cercana de buena voluntad.

Los vecinos planean bautizar una de las calles principales del campamento con su nombre, como homenaje y una forma de que nadie la olvide.

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