Inequidad de género, investigación y humanidades en Chile

¿Por qué si la ANID tiene, desde hace cuatro años, una política institucional orientada a aumentar la participación de las mujeres en proyectos de investigación, mediante un tratamiento diferencial para corregir la inequidad de género, la tasa de adjudicación de proyectos FONDECYT regular por investigadoras sigue siendo tan baja?


1. Inequidad de género: los números

El Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) es el principal fondo público de apoyo a la investigación en ciencia básica y desarrollo tecnológico en Chile desde su creación, hace casi cuarenta años. Se trata de un fondo que financia investigaciones con el objetivo de generar conocimiento de punta en nuestro país y es administrado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), ex Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). El financiamiento es otorgado a los proyectos postulados que superan el puntaje de corte de adjudicación establecido por cada uno de los 28 grupos de estudio, que se encargan de los respectivos procesos de evaluación. La duración de los proyectos fluctúa entre 2 y 4 años, con un presupuesto anual máximo de 57 millones de pesos para cada proyecto. 

Las áreas de Humanidades y Ciencias Sociales están conformadas por 11 de los 28 grupos de estudios. En estas áreas, los resultados no fueron nada alentadores para las investigadoras el año pasado, que solo se adjudicaron 28 de cada 100 proyectos (FONDECYT 2020a), una cifra aún menor que el promedio de un 34% del año anterior (FONDECYT 2020b). Esto significa que 72 de cada 100 proyectos en ejecución en Humanidades y Ciencias Sociales este año son liderados por hombres, tendencia que, con variantes, ha sido una constante en toda la historia del programa FONDECYT (Gráfica 1).

Inequidad de género y adjudicación de proyectos en Ciencias Sociales y Humanidades. FONDECYT 2020- 2021. Gráfica 1:

Gráfica Víctor Martínez Mellado

En dos grupos de estudio, Psicología y Antropología-Arqueología, de 22 proyectos financiados, las investigadoras no se adjudicaron ninguno. En el resto de los grupos de investigación, el panorama no fue muy distinto. En Geografía-Urbanismo y Ciencias Económicas y Administrativas, la adjudicación no superó el 14%. En Historia, Ciencias Jurídicas y Filosofía, la adjudicación estuvo por debajo del promedio del concurso de 28%. Los grupos de Artes-Arquitectura, Educación y Lingüística-Literatura-Filología superaron el promedio, aunque no significativamente. La única excepción dentro de la muestra fue el grupo de Sociología, en donde la tasa de adjudicación para las investigadoras fue de un 60% (FONDECYT 2020a) (Gráfica 2).

Inequidad de género y adjudicación de proyectos en Ciencias Sociales y Humanidades por grupo de estudio. FONDECYT 2020- 2021. Gráfica 2:

Gráfica Víctor Martínez Mellado

2. Inequidad de género: la política institucional 

Con los resultados a la vista, pareciera ser que la inequidad de género en la adjudicación de proyectos FONDECYT regular no es tema en la ANID. O tal vez podríamos pensar que sí es un tema incómodo y pendiente, como otros temas que permanecen en el limbo de lo políticamente correcto. Pero, el punto es que la ANID sí tiene una política institucional de equidad de género desde marzo de 2017, cuando aún era CONICYT, orientada a otorgar “igualdad de oportunidades a las mujeres en el ámbito de la investigación, ciencia, tecnología, educación e innovación” (CONICYT 2017, 4). Uno de sus objetivos estratégicos explícitamente plantea “aumentar la participación de las mujeres en formación avanzada y proyectos de investigación y de divulgación y educación científica” (CONICYT 2017, 25).

¿Por qué es necesario, según esta política institucional de equidad de género, aumentar la participación de mujeres en el ámbito científico? Porque las investigadoras se enfrentan a la tensión permanente que implica conjugar los desafíos propios de una carrera académica con el trabajo reproductivo y doméstico no remunerado que conlleva el cuidado de otros. Esta tensión es aún mayor en instituciones donde los círculos de conducción y toma de decisiones están compuestos mayoritariamente por hombres, como sucede en las universidades y en el ámbito académico. Así lo demuestran estudios realizados en distintos países por la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en los cuales CONICYT basó el diagnóstico para trazar la hoja de ruta de su política institucional de equidad de género (CONICYT 2017, 7-12).

La ejecución de esta política institucional se proyectó para el periodo 2017-2025 y plantea la necesidad de implementar tratamientos diferenciales para corregir la inequidad de género y aumentar la participación de mujeres en proyectos de investigación, de manera que las oportunidades, derechos y responsabilidades en el ámbito académico no dependan de si eres un investigador o una investigadora (CONICYT 2017, 16). La hoja de ruta contempla no solo la elaboración de un plan anual para definir acciones concretas, sino también la implementación de un sistema de monitoreo y seguimiento permanente, a partir del cual se proyectaría el plan de trabajo para el año siguiente (CONICYT 2017, 5).

La pregunta, entonces, es ¿por qué si la ANID tiene, desde hace cuatro años, una política institucional orientada a aumentar la participación de las mujeres en proyectos de investigación, mediante un tratamiento diferencial para corregir la inequidad de género, la tasa de adjudicación de proyectos FONDECYT regular por investigadoras sigue siendo tan baja? Sabemos que el monitoreo de la política institucional de género de CONICYT, por lo menos hasta el 2019, sí estaba en vigencia (CONICYT 2019). Sin embargo, ninguna medida tendiente a corregir la desigualdad de género en la adjudicación de proyectos FONDECYT, que representan el corazón de los programas de investigación en Chile, había sido implementada.

Reconozcamos que la ANID, cuando aún era CONICYT, implementó beneficios que contribuyen a la conciliación del trabajo académico y el reproductivo. El más significativo fue el pre y postnatal para becarias e investigadoras. No obstante, este beneficio data del año 2006, es decir, no forma parte de la política institucional proyectada a partir del año 2017 (Etnográfica 2013, 24). Y si bien es cierto que en las bases de los proyectos FONDECYT regular de este año se incorporó una cláusula que favorece la asignación de recursos al género con menor representatividad dentro de la adjudicación, esta disposición solo rige en la eventualidad de que existan proyectos con el mismo puntaje y no haya financiamiento suficiente para ambos. Es decir, la cláusula solo aplica al proyecto cercano al puntaje de corte, tanto en la lista de adjudicación como en la de espera. En consecuencia, no está diseñada para asegurar la equidad de género en las distintas fases del proceso de evaluación y adjudicación (FONDECYT 2021, 10-11). De otra parte, en la guía de evaluación de proyectos FONDECYT publicada por la ANID el año pasado, la equidad de género se menciona como un elemento a considerar en la conformación de los grupos de estudio y no en el proceso de evaluación y adjudicación de proyectos FONDECYT (FONDECYT/ ANID 2020, 17-18). 

La experiencia del proceso constituyente, que garantizó la paridad de género mediante mecanismos de corrección, ajuste, reemplazo y alternancia que evitaran la sobrerrepresentación de un género sobre otro, debiese orientar el diseño de futuros planes de acción institucionales, tanto en organismos públicos como en la empresa privada. Si la ANID ya cuenta con una política institucional de equidad de género, con un plan estratégico para el periodo 2017- 2025, no debiese ser imposible implementar acciones concretas para corregir la baja tasa de adjudicación de proyectos por investigadoras. Más aún hoy, ad portas del cierre de la convocatoria 2022 y con más de un año de pandemia a cuestas, donde el cuidado de otros y el trabajo doméstico no remunerado ha recaído, precisamente, en mujeres.

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